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Martes, 20 de abril de 2021
Especial Independientes 2021

Alondra Carrillo, la ex 'pingüina' y vocera de la Coordinadora 8M que apuesta por un enfoque feminista para los derechos sociales

Joaquín Riffo Burdiles

Psicóloga de profesión y con activa participación política durante su etapa universitaria, esta candidata obtuvo la mayor cantidad de patrocinios de la lista “Voces Constituyentes” del Distrito 12, el nuevo territorio que abordará este especial Independientes 2021 de INTERFERENCIA. En esta entrevista Carrillo aborda cómo representar en el texto constitucional las directrices del bullente movimiento feminista.

Como parte del especial periodístico “Independientes 2021”, INTERFERENCIA se traslada al Distrito 12 -que aglutina a las comunas de La Florida, La Pintana, Pirque, Puente Alto y San José de Maipo- para seguir entrevistando a candidatos que no cuentan con apoyo de partidos políticos y que encabezan la primera o segunda mayoría de patrocinios en sus respectivas listas. 

Alondra Carrillo Vidal, psicóloga clínica, encabeza la lista “Voces Constituyentes” con 9.168 patrocinios. “Soy candidata por la Asamblea de Organizaciones Sociales y Territoriales del Distrito 12. Fui precandidata de la Coordinadora Feminista 8M luego de los procesos de plenarias y asambleas que tuvimos internamente. Luego, se presentó mi candidatura a esta asamblea que es conformada por alrededor de 40 organizaciones sociales y territoriales de las comunas que componen el distrito, y fueron estas organizaciones las que votaron por los respectivos precandidatos”, explica sobre su proceso de candidatura. 

Vocera de la Coordinadora Feminista 8M entre 2018 y 2020, Carrillo relata que sus primeras experiencias políticas las vivió en 2006 con la “revolución pingüina” que ocurría en el primer período de Michelle Bachelet. “En ese momento estaba en 1º medio y participé como estudiante de base de las asambleas en La Florida y Puente Alto. Fue la primera vez que tuve la experiencia de enfrentarme a un diagnóstico político transversal sobre los efectos de la educación de mercado, y por otro lado tener una experiencia de democracia directa que para mí en ese momento fue muy impactante e interesante, y me abrió la ventana a un mundo que yo no conocía que era el de las posibilidades de organizarse y deliberar desde abajo colectivamente”, describe.  

Al entrar a la PUC en 2010 militó en la plataforma de política universitaria Crecer, espacio donde alcanzó a ser consejera territorial y presidenta del Centro de Estudiantes de la Escuela de Psicología, además de ser candidata a las elecciones de la federación. 

“Además de mi militancia en Crecer, entre a militar a una organización que ya no existe pero que se llamaba “La Alzada - Acción Feminista Libertaria”, donde fueron mis primeros encuentros orgánicos con el feminismo en 2014. Mis próximas experiencias políticas más significativas fueron participar en la construcción de la Coordinadora Feminista 8M desde sus inicios y la vocería que me tocó asumir entre 2018 y 2020 durante los procesos de articulación hacia la Huelga General Feminista de 2019 y 2020”, afirma. 

En entrevista con INTERFERENCIA, Carrillo se refiere a los debates internos que tuvieron como Coordinadora para tomar una postura frente al proceso constituyente -el que todavía sienten falto de garantías- y cómo a través de un documento titulado “programa feminista contra la precarización de la vida y las violencias opresivas” pretenden representar esas ideas en el nuevo texto constitucional. 

Habiendo siendo vocera de la Coordinadora Feminista 8M y actualmente siendo candidata a constituyente en su representación, ¿cómo cree que se le puede imprimir un enfoque feminista al nuevo texto constitucional? ¿qué lineamientos consideran básicos pensando en esa nueva constitución?

Lo primero que tendría que decir es que para nosotras son tres cosas. La primera es que el feminismo en este nuevo momento de movilización de masas y de auto-organización desde 2006 en adelante y en especial desde 2018 con los procesos de huelga feminista que levantamos a nivel interregional, plurinacional e internacional, tiene un contenido que quizás es distinto a otros momentos del feminismo. Este momento ha permeado y ha tomado la tarea de ser transversal a todos los sectores sociales y a todos los ámbitos de discusión política. 

Entonces, eso nos llevó a nosotras a construir un programa feminista contra la precarización de la vida y las violencias opresivas, un documento que contiene una serie de reivindicaciones sumamente diversas que tocan múltiples ámbitos de la vida social que también están atravesados por este debate constitucional. Por ejemplo, los derechos sociales en una perspectiva transformadora de las relaciones de género, la profundización y ampliación de algunas reivindicaciones históricas que se han levantado en los últimos 30 años como el fin a las AFP y reemplazarlas por un sistema de seguridad social integral. Para nosotras es también una demanda por un sistema que reconozca los trabajos de cuidado no remunerados, que reconozca la maternidad como un trabajo de carga pesada y que no sólo los reconozca sino que los socialice a través de un sistema único de cuidados.

“Después de muchas plenarias y debate político, resolvimos primero hacer campaña por el “apruebo” y por una asamblea constituyente que suponía llamar a votar “apruebo y convención constitucional” con la perspectiva de desbordar los términos del acuerdo”

Lo tercero es que imprimir una perspectiva feminista en esta clave en el texto constitucional dice relación con poner por delante ese programa que habla de la vida entera y que tiene un horizonte básicamente de socialización de todas las condiciones que hacen posible la vida, como una forma de enfrentar las violencias patriarcales, racistas y coloniales que proliferan en esta forma de vida instalada a sangre y fuego por la dictadura, y luego administrada por todos los gobiernos de la transición en los últimos 30 años. 

Como Coordinadora Feminista 8M, al ser un ente que movilizó a muchas personas durante el período de estallido social y los meses que vinieron después, ¿tuvieron mucho debate en torno a la forma en la que se llegó a establecer este proceso constituyente a partir del acuerdo del 15 de noviembre de 2019? 

Sin duda que sí. Nosotras ese 15 de noviembre salimos a denunciar que lo había sentado ese Acuerdo por la Paz Social y la Nueva Constitución eran dos cosas: por una parte un proceso de cambio de constitucional tutelado, sumamente restringido y que intentaba secuestrar el poder constituyente que se había desatado desde abajo con la revuelta. Y por otra parte, un acuerdo de impunidad que viene a salvar al gobierno criminal de Sebastián Piñera y a darle una nueva vida, sin hacerle responsable políticamente y penalmente de las masivas y sistemáticas violaciones a los derechos humanos que han ocurrido desde el 18 de octubre de 2019 en adelante. 

Con esa lectura, para nosotras fue sumamente desafiante poder pensar cuáles eran las condiciones que se habían abierto de una u otra forma con el acuerdo, más allá de la voluntad de los sectores populares que no fuimos parte de él, y cómo podíamos sostener la voluntad destituyente de la revuelta, que para nosotras es una dimensión que debe estar todo el tiempo presente. Esa negativa a aceptar esa forma de vida y por tanto la posibilidad de abrir un nuevo momento histórico en nuestro país. 

“Nosotras creemos que no hay garantías. De hecho, estamos librando este proceso en condiciones absolutamente brutales. Estamos en un contexto de terrorismo de Estado abierto”

Después de muchas plenarias y debate político, resolvimos primero hacer campaña por el “apruebo” y por una asamblea constituyente que suponía llamar a votar “apruebo y convención constitucional” con la perspectiva de desbordar los términos del acuerdo y demostrar que esos términos no eran imposibles de desplazar o de transformar y que ante este secuestro teníamos que, una vez más, hacer el mismo gesto que ha marcado al feminismo en los últimos años: confiar en nuestras propias fuerzas, aunque los otros no confíen en que esas fuerzas existen. Fue asimismo cuando levantamos el proceso de la huelga general feminista que muchos sectores sociales no pensaban que podía ser lo que fue, una movilización histórica y amplia. 

Decidimos levantar candidaturas independientes que fuesen expresivas de la revuelta y que se levantaran en autonomía de todos los sectores políticos que han administrado el Estado en los últimos 30 años. 

¿Les pareció una garantía suficiente el hecho de que la convención fuese paritaria?

No, nosotras creemos que no hay garantías. De hecho, estamos librando este proceso en condiciones absolutamente brutales. Estamos en un contexto de terrorismo de Estado abierto, esta semana ha quedado más que de manifesto con el acribillamiento en la vía pública de un artista callejero y el suicidio de un joven dentro de una comisaría. El terrorismo de Estado, que se ha llevado cientos de ojos y ha redundado en la violación y violencia política sexual una vez más, en el asesinato, en el secuestro, en la desaparición y la prisión política. Son esas las condiciones en las que se está desarrollando este proceso y esta lucha por una transformación social que irá tomando forma. 

“Ningún otro país ha enfrentado un proceso constituyente desde la potencia del movimiento feminista de los últimos años, de este movimiento social de masas que se ha desatado”

Entonces no hay garantías, sólo hay una deliberación amplia, popular, que se dio sin que nadie lo haya decidido así, que es lo que hemos venido haciendo, que es no soltar el proceso abierto de movilización y la voz de los pueblos que se han levantado en revuelta y la voz de los procesos feministas que hemos venido construyendo es indelegable. No es porque haya garantías de participación que nosotras decidimos disputar la convención, es justamente porque nuestra voz y nuestra potencia es indelegable, y porque tiene que ser esa orientación programática la que tiene que estar presente en este período largo de disputa política, que también será en la calle. 

Pensando en el texto constituyente, ¿tiene algún modelo o referencia de constitución que le gustaría aplicar en Chile?

No, nosotras no hacemos referencia a ningún modelo y la verdad es que yo tampoco tengo ninguno. Nuestra compañera Karina Nohales también fue muy clara en plantear que estamos en un proceso creativo, que nos obliga a pensar cómo podemos disputar un texto que sin duda va a ser el resultado de un debate sumamente álgido que se va a dar. Seguramente será un texto bastante extraño en ese sentido. Pero lo que tenemos por delante es una tarea creativa que nos interpela a pensar un orden normativo en un proceso de transformación de un modelo, de una forma de organizar la vida, cuya experiencia más avanzada es la nuestra. Ningún otro país tiene una experiencia en el neoliberalismo tal y cómo se ha implementado en Chile como la tenemos nosotros. Y ningún otro país ha enfrentado un proceso constituyente desde la potencia del movimiento feminista de los últimos años, de este movimiento social de masas que se ha desatado. 

Esas dos dimensiones, el momento de transformación del neoliberalismo en el que estamos y el hecho de que estamos en medio de un ciclo histórico de movilización feminista, hacen que este proceso sea inédito y que buscar modelos en otras constituciones sea bastante infértil, cuando lo que tenemos que estar haciendo ahora es realizar esos ejercicios de imaginación política radical de cuál es ese horizonte normativo, pero yendo mucho más allá. Cuál es el proceso histórico que vamos a ir abriendo. 

En esta nueva constitución, ¿cuál considera que debería ser el rol del Estado en materias como salud, educación y recursos naturales?

El programa feminista contra la precarización de la vida, que es lo que nos orienta y nos hemos propuesto defender -y que fue construido en los encuentros plurinacionales de los últimos tres años- propone en términos educativos desmontar la educación de mercado. Eso supone erradicar el negocio en la educación a todo nivel y consagrar un sistema no segregador que pueda garantizar una educación pública, no sexista, gratuita y sin segregación. 

“Lo que más me ha conmovido al leer la historia del feminismo en nuestro país son todas esas compañeras cuyos nombres e historias individuales no conocemos, pero que fueron fundamentales para construir un feminismo que tiene más de 100 años de historia”

En cuanto a las perspectivas en salud, lo que hemos planteado es la necesidad de terminar con el sistema dual de salud que tenemos hoy, que lo que termina haciendo es derivar 3/4 del presupuesto público al negocio privado y tener un sistema de salud pública y universal que pueda garantizar nuestros derechos sexuales reproductivos y no reproductivos. También avanzar en terminar con la deuda en salud, tener un Estado que vaya hacia erradicar el negocio en salud. 

Y en términos de recursos naturales, lo que se ha planteado desde ese mismo programa, es avanzar hacia consagrar los derechos de la naturaleza, avanzar en desmontar el sistema extractivista con el que se produce nuestra relación con el territorio y sus bienes, poner por delante que es necesario socializar todos los bienes comunes. Que por sobre las ganancias de unos pocos, se ponga la vida de una amplia mayoría. En ese sentido, esa transformación del Estado es una cuestión que no sólo se juega en la modificación del texto constitucional, sino que estará en cómo se van a desplegar esos conflictos históricos luego de este momento de redacción de una nueva constitución. 

¿Cuál considera que debería ser el status que deberían tener los pueblos originarios en el nuevo texto constitucional? 

Lo que han planteado las compañeras de diversas organizaciones indígenas ha sido la necesidad de reconocer la plurinacionalidad que de hecho existe en nuestro país. Eso implica tanto el reconocimiento como la garantía de los derechos culturales, del derecho a la lengua, del reconocimiento de las prácticas ancestrales, de la cosmovisión. Como también reivindicaciones de carácter territorial y de autodeterminación. Pero serán nuestras compañeras y compañeros indígenas los que durante este tiempo van a poner “los puntos sobre las íes”. Tal como la voz feminista es indelegable en materias de portar la voz de las luchas de los últimos tiempos, también la voz de los pueblos indígenas lo es. Una vez más, será la solidaridad entre pueblos que hemos coincidido en este tiempo, especialmente al calor de la revuelta, los que van a marcar la pauta de esas reivindicaciones. 

En cuanto a referentes, ¿qué personaje histórico de Chile le genera admiración?

Sin duda que las feministas obreras de principio de siglo, donde está Teresa Flores como una de las más notables. Por supuesto, Elena Caffarena que fue secretaria general del Movimiento Pro-Emancipación de las Mujeres de Chile. Durante la dictadura y por su rol en la resistencia las compañeras que fueron partisanas y también las compañeras Sandra Palestro y Soledad Rojas que también tuvieron un rol fundamental en sostener el feminismo de forma autónoma durante los últimos 30 años. 

Pero yo creo que en realidad lo que más me ha conmovido al leer la historia del feminismo en nuestro país son todas esas compañeras cuyos nombres e historias individuales no conocemos, pero que fueron fundamentales para construir un feminismo que tiene más de 100 años de historia. En ese sentido, creo que el movimiento feminista y de mujeres, su larga trayectoria, sus historias de quiebre, de elaboración, de lucha, es lo que más me conmueve como historia colectiva. 

Y de la actualidad, ¿qué personaje político, nacional o internacional, le genera admiración o le parece interesante? 

Me emocionan mucho los procesos de huelgas que se están levantando en distintos lugares del mundo, en distintas partes del territorio. Hace unos días estuvimos en un conversatorio con compañeras de Uruguay, de Argentina, de México, de Brasil y esos procesos colectivos de la huelga general feminista y de la forma en la que las compañeras en distintas partes del mundo se atreven a ser valientes, creo que son parte de esos referentes. 

Nunca me he planteado a ser candidata a gestión del Estado, ni a presidenta, ni a diputada ni a ninguna de esas cosas y en general no tengo una peculiar valoración de esa figura. Pero me parece que de esos procesos colectivos emana la posibilidad de que se levanten cosas que son capaces de cortar reflexiones comunes y creo que son son esos procesos los que más se constituyen para mí como un referente. 

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