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Sábado, 20 de abril de 2019
Dirigentes sindicales

¡Amenazados!

Pedro P. Ramírez Hernández

Son tiempos difíciles para los líderes sociales. Luego de las extrañas muertes de Alejandro Castro, Macarena Valdés y Alex Muñoz, son varios los sindicalistas que han sido amedrentados violentamente usando un mismo patrón que asocian a la formación militar. En este reportaje, mostramos cinco testimonios asociados a la huelga portuaria y a la negociación colectiva de Codelco.

Francisco Báez se despertó con el sonido del teléfono. Lo llamaban desde el puerto. Diez para las ocho de la mañana, un par de compañeros habían sido detenidos y como secretario del Sindicato de Trabajadores Eventuales de la empresa Uniport tenía que ir de inmediato a constatar el estado en el que estaban.

Fue al baño, se tiró agua en la cara -cansada y ojerosa tras una semana de huelga- se puso la ropa que pilló y salió al pasaje de su casa ubicada en el cerro Cárcel de Valparaíso. Ya era de día. Enfiló hacia la calle principal, cruzó para caminar hacia la comisaría y sintió un tirón por la espalda.

En menos de tres segundos, dos sujetos de barba y pelo largo lo azotaron con las puertas laterales de un Hyunday Accent gris, estacionado a un costado de la acera.

Una vez inmovilizado, apareció un tercero, un tipo que parecía un ropero, por sobre el metro ochenta de altura, que se colocó frente a él. Francisco, con los brazos fuera de combate, utilizó los pies y le mandó un puntete al voleo, pero su destinatario ni se inmutó, sacó una pistola, lo apuntó en la frente y le dijo con voz golpeada: “¿Sabís qué? te vengo a entregar un mensaje. Termina con el paro porque tenemos listo el hoyo donde te vamos a enterrar".

Después de la amenaza, lo golpeó con el puño en la cabeza y lo mandó al suelo. Los tres hombres se subieron al auto sin patente y se esfumaron. “En ese momento, cuando me amenazó, se me pasó toda la vida por delante. Mi familia, mis hijos. Fue terrible”, relata el dirigente.

“¿Sabís qué? te vengo a entregar un mensaje. Termina con el paro porque tenemos listo el hoyo donde te vamos a enterrar".

Aún aturdido, Báez se levantó, se devolvió a su casa y le envió un mensaje por whatsapp al resto de sus compañeros de sindicato. Luego llamó a sus amigos más cercanos y en menos de 30 minutos, seis de ellos ya estaban en la puerta de su casa. Juntos partieron hasta la Policía de Investigaciones a estampar la denuncia, la que aún se encuentra en proceso de investigación.

Francisco Báez es hijo de un oficial de Carabineros y pasó parte de su vida en villas de uniformados. Según él, quienes lo están amedrentando son personas que tuvieron que ver con las fuerzas armadas o de orden. “Hablan bien golpeado y tienen muy claros sus objetivos. Además hay cosas que son muy propias de ellos, como la forma en que toman las armas o el hecho de que usaban fundas para estas”, dice el dirigente.

Tres muertes sospechosas de contexto

Entre agosto y diciembre de 2018, al menos cinco sindicalistas fueron amenazados en medio de negociaciones y conflictos laborales. INTERFERENCIA conversó con una quincena de dirigentes pertenecientes a distintos rubros: forestales, portuarios, mineros, agrícolas y del retail, recogiendo el testimonio de los trabajadores afectados y testigos.

Al interior del mundo sindical advierten que no se dejarán amedrentar, pero asumen que están preocupados luego de la sospechosa muerte de Alejandro Castro, el dirigente de los pescadores artesanales de Quintero, que apareció la madrugada del 4 de octubre, colgado a un costado de las líneas del tren en Valparaíso, luego de su mediática participación en el conflicto socioambiental que sacudió el sector de Puchuncaví y Quintero.

Tras la pérdida, la familia y los amigos de Castro encendieron inmediatamente las alarmas cuando declararon públicamente que el sindicalista había recibido amenazas durante el periodo de movilizaciones.

El caso no es aislado.

En agosto de 2016 fue encontrado por uno de sus hijos, el cuerpo de la activista medioambiental Macarena Valdés, colgado de una de las vigas de su casa en Panguipulli, donde había asumido una disputa territorial junto a la comunidad mapuche Newen de Tranguil.

En un comienzo, la autopsia del Servicio Médico Legal determinó que su deceso había sido producto de un suicidio, pero una segunda pericia, encargada por la familia, descartó esta tesis. Hasta el día de hoy, su caso no ha sido dilucidado.  

Una tercera muerte sospechosa ocurrió el domingo 9 de diciembre de 2018. Al interior de su casa en el sector Santa Adela de la Montaña, el dirigente sindical de la empresa Paneles Arauco de Teno, Álex Muñoz García, fue encontrado sin vida.

Con la muerte de Alejandro Castro aún fresca en la memoria, el movimiento Despierta La Montaña, publicó inmediatamente que Muñoz no había manifestado conductas depresivas o tendencias suicidas y que al momento de su deceso se encontraba llevando adelante una serie de peticiones a la empresa para lograr mejorar las condiciones laborales que se viven al interior de la planta, luego de que se registraron dos explosiones que expusieron la vida de sus trabajadores.

Valparaíso, una vez más

Francisco Báez no fue el único dirigente amenazado durante el conflicto laboral que se vivió el puerto de Valparaíso entre noviembre y diciembre de 2018, y que tuvo en huelga por más de 35 días a los trabajadores eventuales.

La tarde del 2 de enero, la jefa de Antonio Páez, dirigente regional del Sindicato de Starbucks Chile, le pidió que se dirigiera al otro local de Viña del Mar, ubicado en la calle 9 norte, para ir a buscar una caja de productos que necesitaban en el café.

Páez había comenzado su turno de part time al medio día y ya eran las dos de la tarde. Caminó las cuatro cuadras que separan al otro local del Boulevard donde trabaja y cuando caminaba de vuelta, divisó a un hombre, alto de camisa blanca, manga corta. Cuando estaban por cruzarse, el hombre agachó su cabeza y lo golpeó en el hombro.

El golpe fue tan brusco, que Páez cayó de inmediato al suelo. Pensando que había sido un accidente se puso rápidamente en cuclillas para recoger sus cosas y pedir disculpas, pero el hombre se acercó y le dijo: “Ten cuidado cuando te vayai pa la casa”. Tras la amenaza, se dio media vuelta y se fue.

Asustado, Páez llegó a la oficina y llamó a sus compañeros del sindicato. Inmediatamente lo vinieron a buscar y en la empresa le dieron permiso para interponer un recurso de amparo en la Corte de Apelaciones de Valparaíso.

“Nuestro sindicato estuvo desde el día uno con los portuarios, participamos con ellos en las marchas, en cortes de calle, haciendo ollas comunes y ayudando campañas solidarias. También habíamos estado en Quintero, apoyando el conflicto socioambiental y a fines de noviembre, varios activistas comenzaron a recibir mensajes con amenazas”, afirma el dirigente sindical.

“Ten cuidado cuando te vayai pa la casa”.

Una semana antes del incidente físico, Páez ya había sido amenazado en varias ocasiones a través de internet. Durante los primeros días de la huelga sindical levantada por los portuarios, desde diferentes perfiles falsos en Facebook, sin fotos ni información, comenzaron a escribirle a Páez: “Comunistas de mierda, los estamos siguiendo. Están siendo investigados".

A la semana, el amedrentamiento pasó a los mensajes de texto: “Ten cuidado cuando te vayas. Sabemos que trabajas en el Starbucks del Boulevard de Viña del Mar. Te vamos a estar esperando a la salida”.

Las amenazas se detuvieron tras la primera semana de diciembre, pero volvieron después de navidad, hasta un día después del año nuevo, cuando interceptaron a Antonio en la calle, en un punto ciego, debido a una construcción en la cuadra, justo en un momento en el que nadie más transitaba por la vereda.

Páez dice no saber quien puede estar detrás de los amedrentamientos, pero sospecha que los von Appen, los principales empresarios portuarios, pueden estar detrás. Así, como Báez, piensa que la ejecución de las amenazas debe ser realizada por ex uniformados o tal vez militantes del Movimiento Social Patriota que tiene sede en Playa Ancha.

Codelco: un piedrazo y tres llamadas

- ¿Aló? ¿Quién es?

- ¿No te acuerdas de mí?

- No ¿Quién es?

- Sabes, yo te tengo un regalo para ti y para tus hijos. Ahora voy camino para tu casa ¿y tú?

- Yo voy directo a la fiscalía.

Carolina Zumarán cortó desesperada. Estaba en Santiago en una reunión sindical y llamó a su esposo en Calama, quien dejó tirado su puesto de trabajo y voló para su casa.

Minutos antes, su hija menor, de 10 años, había recibido una llamada en su celular. Le dijeron que le tenían un regalo a ella y su mamá y que se lo iban a ir a entregar.

"Sabes, yo te tengo un regalo para ti y para tus hijos. Ahora voy camino para tu casa ¿y tú?"

La niña sabía que su madre tenía algunos problemas. Hace un tiempo le había comentado a ella y a sus dos hermanos mayores que no estaba recibiendo su sueldo y que estaba con algunos conflictos. Sin entender mucho lo que pasaba la llamó y le comentó la llamada. Zumarán le pidió un pantallazo del número y lo llamó, sin obtener respuesta.

Carolina Zumarán es la vicepresidenta de la Federación de Supervisores del Cobre (FESUC) de Codelco, y esta no era su primera amenaza.

La primera llamada la recibió la madre de la dirigenta a principios de noviembre. “Si su hija no detiene la campaña en redes sociales y en la prensa, vamos a matarla a ella y a su nieto”, le dijo un varón anónimo, quien detalló con precisión dónde se encontraba cada uno de los miembros de la familia de su hija.

Con la “campaña”, se referían a una serie de denuncias que en ese momento estaba haciendo públicas Zumarán.

En junio había perdido las elecciones al interior de su sindicato de base, perteneciente a la Vicepresidencia de Proyectos, pero fue reelecta en la FESUC.  

Ante eso, la gerencia de Codelco no reconoció su calidad de dirigente  y a partir de julio comenzaron a descontarle el total de su remuneración, cuestión que se mantiene en la actualidad y que se extenderá mientras no termine el proceso judicial en el que se encuentra.  

Frente a este escenario, la ingeniera en ejecución y administración de empresas, en conjunto con la FESUC, comenzó una campaña por redes sociales, haciendo pública su situación.

“Todo este tiempo ha sido súper complejo, porque uno de mis hijos tiene problemas de salud y dependo económicamente de mis recursos para poder comprarle sus medicamentos”, reflexiona Zumarán.

La sindicalista, reclama que desde 2014 su sindicato y la federación no han dialogado con la empresa. “Quienes no han querido dialogar con nosotros y han provocado, lamentablemente, que tengamos que judicializar nuestra relación”, dice.

Tras las amenazas que sufrió la familia de Zumarán, la madrugada del 3 de diciembre, trabajadores pertenecientes al Frente de Trabajadores Mineros y la Unión Minera de Chile cortaron la ruta que va a la división Radomiro Tomic de Codelco, en señal de rechazo a las “amenazas de muerte” y “persecución” de sus dirigentes.

El comunicado fue en plural, porque al caso de Zumarán, se le suman otros dos. Se trata de Miguel Véliz y Ana Catalán, quienes también acusan a Codelco de judicializar sus relaciones y llevar adelante prácticas antisindicales.

En ese contexto, la mañana del día 13 de agosto de 2018, fue que Véliz, el presidente del Sindicato Número 3 de Chuquicamata, salió a las siete y media de la mañana a dejar a sus hijos al furgón. En ese momento se percató que el parabrisa trasero de su auto estaba quebrado. Fue a verlo y se encontró con una piedra que tenía un papel amarrado que decía: “Comunista de mierda no sabes dónde te metiste”.

Véliz  le comunicó a la empresa lo sucedido, pero esta no dijo nada.

 “Comunista de mierda no sabes dónde te metiste”.

“No tenemos relación. Junto a los sindicatos 1 y 2 representamos a más de 4500 trabajadores, pero no dialogamos con la empresa. Todo es a través de juicios, pero ellos tienen que hacerse cargo, tienen que sumarse a las acciones judiciales y rechazar este tipo de prácticas. Yo no puedo decir que fueron ellos, eso lo dictamina la justicia, pero tienen que aparecer”, dice Véliz.

En la misma situación se encuentra Ana Catalán, ingeniera civil industrial con más de once años de antigüedad en la división Gabriela Mistral de Codelco, donde actualmente preside el Sindicato de Profesionales y Analistas.

La amenaza que sufrió se dio en medio de una negociación con la empresa. Ella se encontraba junto a los otros dos directores de su gremio, Jerónimo Massardo y Patricia Vergara, preparando una reunión que tendrían con la gerencia al día siguiente.

Mientras trabajaban sonó su teléfono y lo puso en altavoz, ya que pensó que se trataría de algo relacionado a la negociación anticipada que estaban tratando de llevar. Para su sorpresa, un hombre le dijo que si no aceptaban la propuesta que les iban a entregar al día siguiente, la matarían.

“Ahí yo no entendí el tema. Fui hasta Carabineros y dejé la constancia, también lo hice en la Fiscalía. Al día siguiente, la empresa nos entregó su propuesta final y nos dijo que no tenían nada más que conversar”, relata Catalán.

Tras la amenaza, de inmediato el sindicato le envió un correo a Relaciones Laborales con copia al jefe de Recursos Humanos, indicándoles que Catalán había recibido una amenaza, pero “ellos no nos dieron respuesta, no se pronunciaron y al otro día tuvimos la mesa”, cuenta la dirigenta. “Nuevamente les expliqué lo que me había pasado, les comenté que les había enviado un correo, pero el comunicado formal, repudiando esta acción, llegó tres días después”, se queja. 

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