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Lunes, 21 de octubre de 2019
Entrevista a la hija del 'Nobel Verde' encarcelado

Belén Curamil: “Tuve que madurar. Tuve que ser fuerte aunque doliera”

Paula Huenchumil

Belén Curamil

Belén Curamil
Belén Curamil

La joven mapuche con solo 18 años debió tomar un rol protagónico en la defensa de su padre, el lonko Alberto Curamil. No se sentía preparada para vivir su ausencia, la que la ha golpeado a ella y su familia con la pena y la rabia que producen la injusticia. Pero es lo que le tocó y dice que va a seguir la lucha por la libertad de quien ha defendido a su comunidad de las forestales y las hidroeléctricas. Aquí su historia.

El día que tomaron detenido a su padre, Belén Curamil Cañio estaba en el internado de Curacautín cursando cuarto medio. Su madre la llamó por teléfono, y no lo creyó. Minutos después la llamó un abogado: “Belén qué pasó, supe que tu papá estaba preso -cuenta Belén que le dijo el profesional- ahí rompí en llanto, ahí supe que era verdad”.

Belén es la mayor de tres hermanos, este año había entrado estudiar Turismo al Inacap de Temuco, pero tuvo que desertar. Su papá -el lonko (autoridad ancestral mapuche) Alberto Curamil- no pudo acompañarla en su graduación de la secundaria, pese a que solicitó permiso a Gendarmería. Desde hace más de un año que ha tenido que estar ausente de cumpleaños, navidad y otras fechas importantes. 

Su madre, Isabel Calio Nahuelpi es educadora intercultural, enseña mapudungun en la Escuela República de México en Curacautín. Hoy es el sustento económico de la casa, sin embargo a veces la plata no alcanza para ir a visitar a Alberto Curamil a la Cárcel de Temuco.

"Me preguntaba ¿Qué hago? Estudio o represento a mi papá. En la casa igual teníamos problemas de plata. Opté por estar con mi papá, porque puedo estudiar en otro momento.  Cambia la vida muy rápido, fue muy fuerte el golpe que recibimos, asumir este cargo de ser vocera, de hablar. No fue fácil tampoco, tuve que aprender varias cosas, comunicarme con la gente, poder hablar y dejar la vergüenza de lado, hablar con los medios. Lo sentimental también, me preguntaban, me decían ¿Puede contar la historia de su papá? Y me costaba mucho hablar lo que estábamos pasando, porque era muy triste y doloroso. Ahora hemos ido sanando heridas poco a poco", dice la joven mapuche.

"No fue fácil tampoco, tuve que aprender varias cosas, comunicarme con la gente, poder hablar y dejar la vergüenza de lado, hablar con los medios".

El martes 14 de agosto de 2018, el día de la detención, Moisés Curamil de 15 años y Weliwen Curamil de ocho años también estaban en el colegio. Eran cerca de las 11 de la mañana cuando a su padre, Alberto Curamil, lonko del lof (comunidad) Radalko en Curacautín, lo detuvieron acusado de un asalto a una Caja de Compensación en la localidad de Galvarino, delito en el que la defensa niega fehacientemente la participación del lonko.

Meses antes, Alberto había reunido a sus hijos para advertirles lo que podía pasar. Él sabía que podría ser detenido, pues estaba en la mira de poderes muy grandes. "Hijos tengo que conversar con ustedes, por toda la lucha que llevo, en algún momento me pueden tomar preso. Ustedes tienen que ser fuertes y estar preparados", recuerda Belén. "Uno nunca va a estar preparado para recibir una noticia así, ese día cuando lo vimos de imputado fue muy doloroso".

La lucha del lonko implicó la detención de dos grandes proyectos hidroeléctricos que hubiesen afectado su comunidad. Una de las represas, llamada Alto Cautín, fue suspendida por la Corte de Apelaciones de Temuco en 2014, mientras que en 2018 la central hidroeléctrica Doña Alicia, la Corte Suprema de Chile ratificó decisión del Tribunal Ambiental de Valdivia de cancelar los planes por ilegalidades durante la evaluación ambiental.

No lo pudieron ver hasta el día siguiente de la detención. "Mi mamá no fue capaz, no tenía fuerzas para despedirse de él. Lo único que hice fue abrazarlo y llorar. Me dijo que teníamos que ser fuertes y que saldríamos de esta, que estudiara y que nos cuidáramos", dice Belén Curamil.

Para los tres hermanos el proceso ha sido diferente, el más pequeño, Weliwen estuvo mucho tiempo sin comer, no lloraba. "Él pensaba todos los días que mi papá iba a aparecer, que iba abrir la puerta". Moisés no hablaba del tema, se encerraba, había momentos en lo que lloraba, "pero como se convirtió en el hombre más grande de la casa, trataba de hacerse el más fuerte".

Alberto Curamil lleva un poco más de un año en prisión preventiva, durante este proceso, ha sido Belén quien tomó el cargo de vocera y de explicar el caso de su padre en diferentes lugares. Nunca había salido del país, tampoco había tomado un avión hasta que su papá fue reconocido como uno de los seis ganadores del Premio Medioambiental Goldman 2019, prestigioso galardón internacional conocido como el Nobel verde. Fue escogido para quedarse con la condecoración en representación de América Central y del Sur. Sin embargo, no pudo asistir a Estados Unidos a recibir su premio.

Belén Curamil, recogió la condecoración dando un discurso que emocionó a los asistentes, señalando que la "lucha mapuche es una lucha por la vida". Y a finales de septiembre, presentó el caso de su papá en Comisión Interamericana de Derechos Humanos, situaciones en la que destaca el apoyo del werkén (vocero) de la Alianza Territorial Mapuche, Miguel Melín y de la abogada Manuela Arroyo.

"Tuve que madurar, como estudiante andaba en otra, y de un momento a otro tomar este cargo, había que ponerse seria, empezar hablar. Me costó mucho, a veces me daban ganas de no seguir, pero no podía”.

- ¿Qué pasó con tu familia cuando detuvieron a tu papá?

- Cuando mi papá cayó preso mi vida cambió, la vida de toda nuestra familia, se nos vinieron más responsabilidades. Yo estaba en otra, como joven estaba pendiente de otras cosas. Yo quería estudiar, pero no pude, tenía que estar con mi papá, hablar por él, representarlo y por tiempo no podía estudiar, porque me llamaban y tenía que salir.

- ¿Qué te dio fuerza para tomar ese rol?

- Mi familia. Si yo me quedaba sin hacer nada, si no le levantaba el ánimo a mi mamá, les decía a mis hermanos “quédense tranquilos, yo voy a luchar y haré todo lo posible por la libertad de mi papá”. Ellos me dieron fuerzas y mi papá también, él siempre me dijo que tenía que ser fuerte aunque me costara, aunque doliera.

" Si yo me quedaba sin hacer nada, si no le levantaba el ánimo a mi mamá, les decía a mis hermanos 'quédense tranquilos, yo voy a luchar y haré todo lo posible por la libertad de mi papá'. Ellos me dieron fuerzas y mi papá también, él siempre me dijo que tenía que ser fuerte aunque me costara, aunque doliera".

Para mi mamá ha sido más duro aún, que para nosotros como hijos. Ella es la persona que sustenta la casa ahora, y que tiene que ser mamá y papá a la vez. Ella es la única que trabaja y se saca la cresta por nosotros. Para ella es mucho más difícil porque es su marido de toda una vida  y de un día para otro se quedó sola.

- ¿Qué recuerdas del día del allanamiento?

- El 14 de agosto de 2018 nosotros estábamos estudiando, como a las 11:00 de la mañana, yo estaba en el internado almorzando y mis hermanos estudiando. Yo ese día me sentía rara, quizás presentía que iba a recibir una noticia mala, al rato me llama mi mamá y me dice “necesito hablar contigo” para que salga del internado y me dice “a tu papá lo tomaron preso”. Yo quedé sorprendida, no lo podía creer, no lo asumía, no le creía a mi mamá. Después me llamó un abogado y me dice, “Belén qué pasó, supe que tu papá estaba preso". Ahí rompí en llanto, ahí supe que era verdad.

Ese día que lo tomaron detenido, llegamos a la casa, estábamos esperando a la abogada, a Manuela, porque no podíamos llegar solos.

Llegamos a la casa, estaba la gente de la comunidad y vimos que la puerta estaba hecha tira, los sillones dados vuelta, el pan debajo de la mesa, todas las tazas quebradas, las puertas estaban enumeradas. Aún así, viendo eso, no podía creer que estuviera mi papá preso. Después en la tarde nos fuimos a la comisaría de Curacautín y ahí nos dijeron que habían pasado por ahí, pero que se lo habían llevado a Temuco, así que ahí compramos pancito, llevamos un termo con café y la abogada se los pudo pasar. Al otro día era la audiencia y ahí recién lo vimos.

- ¿Cómo fue ese momento?

- Fue fuerte, porque nunca me lo imaginé, aunque él una vez nos lo advirtió. Pero obviamente uno nunca va a estar preparado para recibir una noticia así, ese día cuando lo vimos de imputado fue muy triste. Estábamos todos y pensábamos que la jueza iba a decir que estaría libre, con reclusión nocturna o algo así, pero nos empezamos a dar cuenta que no iba a ser así. Dijeron que ninguno de ellos [son cuatro los acusados] podía quedar en libertad porque eran un peligro para la sociedad. Ahí fue peor aún. La jueza dio permiso para que alguien de la familia pudiese despedirse y ahí pasé yo, porque mi mamá no fue capaz, no tenía fuerzas para despedirse de él.

Lo único que hice fue abrazarlo y llorar. Lo único que me dijo es que teníamos que ser fuertes y que saldríamos de esta. Lo único que me dijo fue que estudiara y que nos cuidáramos.

Luego fue pasando el tiempo, nos daba miedo estar en la casa, porque nos vigilaban, teníamos pena.

A mí papá desde antes lo venían siguiendo, pero cuando cayó preso, a nosotros nos vigilaban con drones, en las calles. En mi último desfile de cuarto medio, me acuerdo que fuimos a almorzar con mi mamá al frente de la plaza y andaban unos tiras, nos andaban siguiendo.

"A mí papá desde antes lo venían siguiendo, pero cuando cayó preso, a nosotros nos vigilaban con drones, en las calles. En mi último desfile de cuarto medio, me acuerdo que fuimos a almorzar con mi mamá al frente de la plaza y andaban unos tiras, nos andaban siguiendo".

Para mi graduación habíamos pedido un permiso para que mi papá pudiera estar conmigo, pero Gendarmería se negó con la excusa que siempre tiene, que no tienen muchos gendarmes, que se puede escapar. Mi hermano también se licenció de octavo y nos dieron la misma respuesta.

Mi papá siempre me decía hija estudia, en ese momento que había terminado una etapa, lo necesitaba. Quería estar con mi mamá y papá, cuando me di cuenta que no estaba, a uno se le pasan muchas cosas por la cabeza. Veía cómo iban mis compañeros, fue triste, pero había que ser fuerte.

Muchas veces me ha dado mucha rabia, a veces me dan ganas de mandar todo a la cresta, sentía que no podía seguir adelante. Me hice la pregunta y me la sigo haciendo ¿por qué tanta injusticia?

No somos la única familia que está pasando por este proceso, entonces muchas veces me da rabia e impotencia, que no teníamos la fuerza. De tanta rabia me iba a mi pieza a llorar sola y mi mamá llorando acá abajo también. Ha sido un año muy triste y duro.

El otro día pasaba afuera de la cárcel y decía "no puede ser que mi papá esté encerrado", pasamos navidad solo, licenciaturas y cumpleaños sin él. Te cambia la vida. Hay que seguir luchando, es lo único que nos queda por ahora.

- ¿Cómo se organizan para ir a visitarlo?

- Es rara la vez que lo visitamos todos, porque para poder viajar hay que tener plata, de repente no alcanza los pasajes para todos. La casa tampoco puede quedar sola, hace poco entraron a la casa cuando andábamos en una actividad. Nos vamos turnando para poder ir a verlo.

Le llevamos cositas para cocinar, le matamos una gallina a veces, unos huevitos de campo, zanahorias, pancito y tortilla, porque el pan winka [no mapuche] le aburre. Mi mamá le hace tortilla, a veces le llevamos harina tostada, mote, le llevamos hierbitas para el mate.

- ¿Qué es lo que más destacas de tu papá?

La lucha que comenzó a llevar contra las forestales, las centrales hidroeléctricas. Porque siempre él ha estado en la lucha, nunca se ha cansado de luchar y nunca le ha tenido miedo a nadie, ni a los pacos. Logró juntar a la gente de Curacautin para que vieran la realidad que estamos viviendo como pueblo, de las empresas que se quieren instalar a secar los ríos.

Siempre nos dice que tenemos que luchar por la ñuke mapu [madre tierra, en mapudungún], porque es por el futuro también de todos.

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