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Sábado, 15 de agosto de 2020
Covi-palabras

El lenguaje de la pandemia: los nuevos términos que aprendimos con el coronavirus

Alberto Dufey (Desde Ginebra, Suiza)

Palabras como "pandemia", "Covid-19" y "distancia social" se han vuelto parte de la cotidianidad en este momento. La nueva enfermedad nos ha obligado a aprender nuevos conceptos, la mayoría provenientes de la medicina, y así ha modificado nuestra forma de hablar y comunicarnos. 

El coronavirus no solo ha cambiado la economía y la forma de relacionarnos estos meses, también ha generado un "efecto mariposa" en el ámbito lingüístico. De este efecto derivan consecuencias impredecibles, como ha sido el nacimiento del lenguaje Covid-19.

Un lenguaje que se expandió rápido, como la pandemia, y en su corolario configuró su propio campo semántico. El Coronavirus impuso un léxico en todos los idiomas del planeta, incluyendo el de pueblos indígenas.

Este nuevo vocabulario comenzó el 7 de enero de 2020 cuando en Wuhan (China) los científicos identificaron el coronavirus SARS-CoV-2, causante de las neumonías detectadas antes en trabajadores de un mercado de animales vivos. Luego la Organización Mundial de la Salud (OMS) acordó nombrar la enfermedad  con el acrónimo del inglés COVID-19, (por coronavirus disease y el año que apareció, 2019), por más que el presidente de los EE.UU se empeñara en designarlo como "el virus chino”.

Desde esa fecha comenzó a circular por el mundo un repertorio de términos, expresiones y terminologías especializadas que se vulgarizaron y se convirtieron en moda. Los lingüistas saben que en circunstancias excepcionales nacen palabras nuevas, pero suelen ser efímeras.

En este caso, lo excepcional ha sido la "vulgarización" del lenguaje científico que se fue incorporando en todos los idiomas del mundo. Primero fue la enfermedad, que pasó a llamarse epidemia, hasta que finalmente la OMS, la elevó al rango de pandemia. A partir de ahí, surgen una serie de expresiones a las cuales ya estamos todos familiarizados. Un corolario semántico con un léxico muy amplio.

Un ejemplo de esa diversidad es la representación de la pandemia misma: estado de alarma global, crisis sanitaria, contagio mundial, emergencia de salud pública, brote pandémico etc. Luego la OMS definió pautas para abordar la crisis e instó a los países a poner en práctica medidas preventivas, como el lavado de manos y mantener distancia entre las personas. Se recomendó el uso de mascarillas, (tapabocas) guantes, gel hidroalcohólico, denominadores comunes que se resumen en un kits (equipo) de protección. Siguieron los test PCR.

La distancia social fue una medida que ciertos gobiernos la entendieron como establecer diferencias de clases sociales, de barrios y familias. Para evitar polémicas de enunciados, la OMS precisó que se trata de la distancia física que deben mantener las personas para no correr riesgos de contagio. Después vino la cuarentena, el confinamiento, encierro, la prohibición de viajar, el aislamiento obligatorio o voluntario, como el caso de Suiza. Algunos le agregaron el estado de sitio, toque de queda, y otras acciones represivas ya experimentadas sin éxito en el pasado.

El contexto social del lenguaje

Una compleja situación que el lingüista holandés Simon C. Dik, analizó en su libro Functional Grammar, un enfoque sobre el lenguaje aplicado en el ámbito de lo social. Dick recurre a la "pragmática", enfatizando en las funciones comunicativas, el uso y el contexto social en que se produce las nuevas formas de hablar.

En el caso que nos preocupa, las palabras clave para describir la presencia del invisible virus han sido las relacionadas con los síntomas: dolores, malestares, tos y "romadizos" (como dicen en mi pueblo del sur de Chile) y las "insuficiencias respiratorias". La gente comenzó a familiarizarse con los "respiradores o ventiladores mecánicos" e integró en su lenguaje la noción de "paciente intubado", como una situación extrema.

El vocabulario Covid-19 se amplió a nuevas definiciones: los agentes o vectores de los contagios, las personas asintomáticas y ahora los "supertransmisores" o "supercontagiantes", aquellos que contagian a más personas que el promedio. Más complicado de entender es la "carga infectante" que se refiere a la cantidad de agentes que influyen en que alguien se infecte.

El espectro de médicos, enfermeras y auxiliares de salud, unificaron un denominador común, el llamado "personal sanitario", los nuevos héroes, a los que durante los primeros días de la pandemia la gente aplaudía desde las ventanas o balcones de sus casas. Aunque la mayoría de ellos preferían menos aplausos, mejores salarios y más seguridad laboral.

La descripción del manejo estadístico de la epidemia también aportó al lenguaje Covid-19 con "la curva de contagios", la que se debe aplanar como sea, a veces manipulando las cifras de los contagiados, o peor aún, ignorando su existencia. Curvas asociadas al desconfinamiento, fase que en España denominan "desescalada".

Neologismos populares

Por último asistimos al desarrollo de la jerga Covid-19, llenas de acepciones o giros nuevos. Un campo de estudio de la filosofía del lenguaje que toma en consideración factores extralingüísticos que condicionan su uso.

La economía informal, tan propia de los países latinoamericanos, aportó con expresiones de la semántica popular. Entendida aquí como esa parte de la filosofía del lenguaje (y de la lingüística) que se ocupa de la relación entre el idioma y el mundo. Necesario para intentar buscar algo de sentido a lo que está pasando. Así, la cuarentena se transformó simplemente en vivir en "modo Covid". Al despedirnos, agregamos ahora "¡cuídese!".

Los ejemplos abundan y cada día surgen nuevas inventivas. El acrónimo (en sus variantes Covid-19, cov, co) se ha convertido en un prefijo creativo, de multi uso universal, adaptado a todo tipo de situaciones. Ya son ultra comunes los covi-precios, covi-ofertas, los covi-chefs (aquellos que en cuarentena encontraron vocación de cocineros), los cov-idiotas (para denunciar a los que no respetan las medidas de confinamiento). También han surgido las covi-mentiras, para referirse a ciertos noticieros de TV, y las covi-faks news de las redes sociales. Lo último ha sido el covid-sexo, (variante Coronasutra) con un arsenal de enlaces para enfrentar el confinamiento conectándose a sitios eróticos por Internet.

En Suiza, país de donde escribo esta crónica, el gobierno lanzó los Covid-créditos, para ayudar financieramente a las PYMES en banca rota. Una firma telefónica creó Swiss-covid, una nueva apps para rastrear con el celular a las personas infectadas. Pero también aparecieron las covi-estafas, covi-engaños, etc. 

Tal vez pasado el efecto de moda, este lenguaje desaparecerá. Sin embargo, es muy probable que continuaremos recordando el coronavirus, porque es una palabra asumida en el hablar cotidiano, además de que el virus ha llegado para quedarse.

Como colofón, valga mencionar inspiraciones poéticas, como la del ministro suizo de la salud, Alain Berset, que en su llamado a enfrentar la epidemia, proclamó: "Debemos actuar rápido como sea posible y despacio como sea necesario".

El mensaje se hizo viral y resultó un negocio rentable, pues con ese lema se han impreso miles de camisetas. El producto de la venta ha sido destinado a la ONG "Cadena de la felicidad" para ayudar a las víctimas precarias de la crisis, los covi-pobres, que en este país también existen.

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