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Lunes, 30 de noviembre de 2020
Lejos del ideal actual de 'El Mercurio'

El papel de la 'Aurora de Chile' como promotor del primer 'Chile Despertó' hace más de 200 años

Francisco Oyarzún

Durante el proceso de independencia chileno, la Aurora de Chile, fundada el 13 de febrero de 1812, contribuyó a difundir los ideales de la emancipación y, en sus páginas, Fray Camilo Henríquez instaba continuamente la gesta. “Las revoluciones se asemejan a esos grandes terremotos, que rasgando el seno de la tierra descubren sus antiguos cimientos, y su estructura interior: trastornando los imperios manifiestan la opinión profunda y los resortes misteriosos de la sociedad”.

En la Editorial de El Mercurio publicado con ocasión del Día Nacional de la Prensa –el pasado jueves 13 de febrero–, el diario de la familia Edwards hizo eco del profundo vínculo que desde la primera publicación de la Aurora de Chile ha existido entre la prensa y la historia republicana del país. Muestra de aquello, según el texto, es que “en tiempos de polarización y conflicto, es ella [la prensa] el espacio natural para la confrontación pacífica de ideas, base del diálogo social”.

Luego de deslizar también una crítica hacia quienes ponen en duda la legitimidad de este espacio, la editorial defendió el supuesto actuar ecuánime que han tenido como medio, confrontando a aquellos que cuestionan su ponderación en el tratamiento de los hechos noticiosos:

“El periodismo serio —sin renunciar a tener un punto de vista— expone y cuestiona las distintas visiones, procurando reflejar en toda su complejidad a la sociedad en que se inserta. Es este el esfuerzo que —con los errores propios de todo quehacer humano— ha intentado desarrollar la prensa responsable y es probable que precisamente ello explique el encono en su contra por parte de aquellos cuyas acciones tan profundamente niegan estos valores”.

Ahora bien, ¿qué tanto se apega El Mercurio a este pretendido valor republicano de la prensa inaugurado con la primera publicación de la Aurora de Chile? INTERFERENCIA ofrece aquí una reseña del primer periódico del país, y sus diferencias con el diario de la familia Edwards.

La Aurora de Chile

El 16 de enero de 1812 un decreto de la Junta Nacional de Gobierno, presidida entonces por José Miguel Carrera, nombró a Fray Camilo Henríquez a cargo de la edición del periódico la Aurora de Chile. Con este acto, se dio inicio al despliegue de la prensa en el también incipiente espacio público chileno.

Un mes después, el 12 de febrero, circuló el “Prospecto” del periódico, en el que se leía: “Está en nuestro poder, el grande, el precioso instrumento de la ilustración universal, la Imprenta. Los sanos principios, el conocimiento de nuestros eternos derechos, las verdades sólidas y útiles van a difundirse entre todas las clases del Estado”. Luego agregaba: “Se echaba de menos un Periódico que las anunciase y difundiese, que generalizase las ideas liberales; consolidase la opinión y comunicase a todas las Provincias las noticias del día”.

Esta declaración política reveló un interés del periódico por servir de instrumento para la construcción de un espacio público que, a su vez, allanó el camino para un futuro Estado chileno. Así lo describe Eduardo Santa Cruz en La Aurora de Chile y los orígenes del periodismo chileno (1812-1813), donde señala que el periódico se dio la tarea de impulsar el levantamiento de “un espacio público ilustrado que sirviera de sostén político para la lucha por la independencia”.

En efecto, según se lee en el reseñado texto, el incipiente periodismo latinoamericano existente durante la Colonia tuvo un impulso con los procesos independentistas, de modo que se convirtió en el espacio donde las distintas facciones políticas se disputaban el nuevo poder de las nacientes repúblicas.

Cabe señalar que, de acuerdo a Santa Cruz, dicho espacio estaba abierto predominantemente a las elites oligárquicas criollas que poseían el monopolio de la ilustración y la educación.

Según plantea Jorge Myers en el libro Construcciones impresas. Panfletos, diarios y revistas en la formación de los estados nacionales en América Latina, 1820-1920, no existía en la época un potencial número de lectores entre el grueso de la población. Así, había por el contrario una alta tasa de analfabetismo, el que en algunas regiones podía llegar al 90 por ciento. En consecuencia, la injerencia de la prensa era posible solo al interior de las élites e, incluso, en algunos de sus integrantes.

Los temas de la Aurora

El primer número de la Aurora de Chile fue publicado el 13 de febrero de 1812 bajo el título “Nociones Fundamentales de los Derechos de los Pueblos”. Este ejemplar poseía cuatro páginas a doble columna, un artículo central y una selección de informaciones extraídas de periódicos extranjeros, como la Gazeta de Río de Janeiro.

Un extracto del artículo central de esta primera edición sobre los derechos de los pueblos señalaba lo siguiente: “Dijimos que era uno de los derechos del pueblo reformar la constitución del estado. En efecto la constitución debe acomodarse a las actuales circunstancias, y necesidades del pueblo; variándose pues las circunstancias, debe variarse la constitución. No hay ley, no hay costumbre, que deba durar, si de ella puede originarse detrimento, incomodidad, inquietud al cuerpo político. La salud del pueblo es la ley suprema. Con el lapso del tiempo vienen los estados a hallarse en circunstancias muy diversas de aquellas en que se formaron las leyes. Las colonias se multiplican, se engrandecen, su felicidad no es desde entonces compatible con el sistema primitivo; es necesario variarlo”.

Como se ve, los asuntos políticos fueron centrales en los debates del periódico. Así, en un artículo del 16 de julio de 1812, la Aurora de Chile reflexionó sobre el impacto histórico de las revoluciones:

“Las revoluciones (...) se asemejan a esos grandes terremotos, que rasgando el seno de la tierra descubren sus antiguos cimientos, y su estructura interior: trastornando los imperios manifiestan la opinión profunda y los resortes misteriosos de la sociedad”.

Al día siguiente, se continuó con una reflexión sobre el impacto de las revoluciones en la conducta de las personas. “En las revoluciones se agrandan las almas, se muestran los héroes (...) En las revoluciones se ven esos hechos inmortales, esos ejemplos de generosidad admiración de las generaciones futuras”.

Otro conjunto de artículos, según escribe Santa Cruz, está dedicado al debate sobre la realidad chilena. En ellos se plantea que no existe ninguna razón física para explicar “el atraso de la población de Chile”, sino que este se debía a causas políticas y morales que “encontramos en la imperfección de la agricultura, en el atraso de la industria, comercio, policía, ciencias exactas y naturales, artes útiles, legislación”.

La Aurora también se hace cargo de la salud e higiene públicas, y el 5 de marzo de 1812 publica:

“Parece que entre las principales causas de las enfermedades que padecen las poblaciones, deben numerarse las siguientes: desaseo y miseria de la plebe, inmundicias en las calles, detención de las aguas, corrupción de los cadáveres dentro de la misma población, reunión de muchas personas en lugares de poca ventilación, principalmente si hay fuego y luces”.

Eduardo Santa Cruz también plantea que en la medida en que el periódico era una voz oficial del gobierno, este mantuvo un cierto control sobre la publicación. Al respecto, Raúl Silva Castro sostiene en Prensa y Periodismo en Chile que las causas de dicho control muy probablemente se debieron a desacuerdos con ciertos contenidos y opiniones de Fray Camilo Henríquez, considerados demasiado radicales y que, por lo tanto, podían molestar a los sectores más moderados.

Según consigna Silva Castro, en agosto de 1812 la Junta de Gobierno, presidida por José Miguel Carrera, nombró a una comisión compuesta por Juan Egaña, Francisco Antonio Pérez, Pedro Vivar y Manuel de Salas para supervisar a la Aurora de Chile. De acuerdo con Castro, Henríquez replicó con la no publicación de dicho decreto en las páginas del periódico, como sí ocurría con todos los documentos oficiales de ese tipo y, además, publicó extractos del discurso de Milton sobre la libertad de prensa.

Finalmente, el 12 de octubre de 1812 el gobierno estableció la censura previa a las ediciones del periódico a cargo del Tribunal de Apelaciones. Dicho decreto se publicó el 15 del mismo mes en la Aurora de Chile. Santa Cruz plantea en su artículo que una posible causa de esta medida es que en la edición anterior, Fray Camilo Henríquez, bajo el seudónimo de Cayo Horacio, publicó un artículo que excepcionalmente ocupaba todas las páginas y llamaba a declarar de una vez la independencia:

“Tiempo es ya de que cada una de las provincias revolucionadas de américa establezca de una vez lo que ha de ser para siempre: que se declare independiente y libre”. A ello agregó: “Una de las circunstancias que más nos convida a dar el paso necesario de la declaración de independencia, es la actual impotencia de los poderes de Europa para oponerse a nuestra libertad”.

De forma repentina y sin mayor explicación, el 1 de abril de 1813 se publicó el último número de la Aurora de Chile, después de aparecer regularmente los jueves de cada semana un total de 56 ediciones.

Cuenta Santa Cruz que en su último número la Aurora de Chile reprodujo la proclama “Gobierno a los Pueblos”, en el que se informaba del viaje de Carrera y de las tropas al sur a enfrentar la expedición enviada por el Virrey del Perú para recuperar la hegemonía española en el territorio chileno, y se señalaba “que ya se borró del diccionario político de Chile la funesta voz de ‘moderantismo’”.

Posterior al término de la Aurora de Chile, comenzó a editarse en el país El Monitor Araucano, que al decir de Santa Cruz mantuvo la impronta de órgano oficial y la misma redacción de la Aurora, incluyendo a Fray Camilo Henríquez. Sin embargo, como señala Silva Castro, El Monitor Araucano tuvo un carácter de pragmatismo político mucho más marcado, ya que se dedicaba a divulgar las medidas y decretos del gobierno, y a exhortar al apoyo hacia el gobierno comprometido ahora en la lucha contra las tropas enviadas por el Virrey del Perú.

El estilo mercurial

La Aurora de Chile y El Mercurio, aún al considerar la distancia histórica, se manifiestan como dos modelos periodísticos distintos al enfrentar procesos políticos de magnitud. Para el académico de la Universidad de Chile y coautor de El Diario de Agustín, Hans Stange, El Mercurio es un diario “que precisamente no ha escuchado las demandas, sino que es, más bien, una caja de resonancia de la élite”.

Sobre aquello, agrega que se trata de un medio que no ha logrado desarrollar una sensibilidad social. “Los medios tradicionales, como El Mercurio o La Tercera, han mostrado ser insensibles a ese vínculo social. En ese sentido, más que ser ecuánimes, la prensa ‘seria’ lo que muestra es que es una prensa alineada con la misma institucionalidad que hoy es cuestionada. Es decir, es parte del problema y no parte de la solución”, dice Stange.

Finalmente, en relación al editorial que pretende encarnar la sucesión histórica de una prensa republicana inaugurada por la Aurora de Chile, el académico es enfático:

“Fiel al estilo mercurial, el editorial trata de ponderar esto que llama ‘la prensa responsable’ como aquella prensa que sin abandonar un punto de vista presenta la diversidad de opciones y debates y, al mismo tiempo, intenta presentar a quienes hacen funas contra la prensa como si fueran un grupo de tribalistas intolerantes. Eso evidentemente no se ajusta del todo a la realidad. Las demandas, las denuncias, las funas contra la prensa, contra cierta prensa oficial, son precisamente porque está demostrado que a lo largo de los último veinte, yo diría incluso treinta años, no ha sido capaz de representar la diversidad social”.

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