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Miércoles, 25 de noviembre de 2020
Iglesia

Ex seminaristas de Concepción relatan situaciones de acoso sexual tras renuncia del rector Juan Carlos Marín

Camila Fox
Renate Uslar

El 29 de julio la Red Nacional de Laicas y Laicos exigía explicaciones por la renuncia sorpresiva de Juan Carlos Marín, ahora ex rector del Seminario Mayor de Concepción, quien además pidió voluntariamente la dimisión clerical. Si bien la respuesta oficial fue que era por una decisión personal, miembros de la iglesia y ex seminaristas afirman que Marín tenía “actitudes indecorosas” al interior del Seminario. 

“No hay nada más que decir, una situación personal, renunció y está en su casa. Renunció, se fue y cualquier cosa le pregunta a él”. Estas fueron las palabras del arzobispo de Concepción, Fernando Chomali, cuando se le preguntó sobre la renuncia de Juan Carlos Marín sin dar más detalles respecto de su petición por la dimisión del estado clerical, según una nota de Radio Cooperativa. Además, informó que ya había un reemplazo listo para sucederlo: Bernardo Álvarez.

Juan Carlos Marín, de 54 años, fue formador para la mayoría de los sacerdotes que ingresaron al Seminario Menor y Mayor de Concepción en los últimos 20 años. Además, fue nombrado Vicario General y Moderador de la Curia en Concepción en enero de 2013. Hasta que en 2016, obtuvo su último cargo como rector del Seminario Mayor. Es decir, ha formado a la mayoría de los sacerdotes del sur de chile

Su larga trayectoria e importancia en la formación de sacerdotes son algunos de los motivos por los que su renuncia inesperada y sin mayores explicaciones llamó la atención de la comunidad eclesiástica. Carol Crisosto, vocera de la Red Nacional de Laicas y Laicos, califica de “sorprendente” este suceso, “más aún sabiendo que fue formador de formadores, un formador de pastores por encargo del obispo Chomali en el Seminario Metropolitano de Concepción. No solo la salida del cargo sino su dimisión clerical ‘voluntaria’... Cualquiera hubiese esperado un proceso de discernimiento alejándose primero del Seminario”.

No es de extrañar que luego de esto las miradas se centraran en Marín. Tras este hecho, se comenzó a comentar sobre ciertas actitudes que tenía el ex sacerdote que podrían ser catalogadas como abuso o acoso sexual. Lo que antes no se comentaba públicamente ahora se evidenciaba.

La vocera afirma que cuando habló de “actitudes indecorosas” se refirió a cómo “se relacionaba con sus estudiantes, en este espacio que se supone es de experiencia espiritual… ex seminaristas se han quejado de acoso sexual y abuso de poder, quienes confiaban en desarrollar su vocación que fue mermada y obstaculizada, saliendo decepcionados, donde el director Marín tuvo mucho que ver”.

El actual rector del Seminario Metropolitano de Concepción, Bernardo Álvarez, afirma que “no tiene noticias sobre posibles denuncias en relación al anterior rector”. Cosa con la cual coincide el Vicario General del Arzobispado de Concepción, Pedro Gómez, quien asegura que “en los 19 años que ha ejercido sus funciones” no ha escuchado algo que “comprometiese al padre Juan Carlos Marín”.

“Golpecitos” y “cariños”

En 2008, un ex seminarista acusó a Juan Carlos Marín por acoso sexual a la Iglesia. Afirma que tenía 17 años cuando su formador comenzó a comportarse de forma extraña tanto con él como con otros. Pidió resguardar su identidad por protección, por lo tanto, lo llamaremos Diego. Hoy, a sus 33 años, cuenta los comportamientos del sacerdote que considera que deben salir a la luz.

En 2005, Juan Carlos Marín fue formador de Diego en el Seminario Menor, lugar en que recuerda cómo el sacerdote “se acercaba de forma extraña y que daba una especie de golpecitos, así como de juego, que me daba la sensación de arrancar de él... En las nalgas”. Esto era un comportamiento reiterado que tenía con él y los demás seminaristas.

“Marín se acercaba cuando uno estaba conversando en grupo. Era imposible decir algo. Lo hacía habiendo más personas. No sé si no se daban cuenta. O lo normalizaban. Yo no podía… Se acercaba con una suerte de risa nerviosa. Aún la recuerdo… Dientes juntos y un sonido nervioso. Como con cara de loco”, describe el ex seminarista.

Su amigo y ex compañero del Seminario Menor, Andrés Vejar, menciona que el sacerdote tenía la costumbre “de aguachar gente, de tener ciertos predilectos, con los que salía a caminar, a conversar, a fumar un cigarro”. Además, se acuerda que Diego “decía que de repente [Marín] como que lo acorralaba, le tomaba la pierna”.

Luego en el año 2006, Diego y Andrés ingresaron a la siguiente etapa: el Seminario Mayor, donde volvieron a encontrarse con el sacerdote, quien ahora era formador de primer año. Diego afirma que, durante su primer y segundo año, no sólo vio a otros ser acosados sexualmente, sino que él experimentó lo mismo. “Vi a Marín tocar la parte interior de los muslos, a modo de ‘cariño’ o ‘chiste’ a más de un seminarista. Incluido yo. Sin permiso. Sin nada previo”, describe.

Decidió alejarse para evitar cualquier contacto con él. “Si sabía que él estaba cerca, yo ni me asomaba. O si lo veía venir, yo me alejaba. Si me hablaba, yo respondía monosílabos. Evité cualquier contacto posterior. Sentía rabia y asco”, confiesa el ex seminarista.

A principios de 2008, habló de los comportamientos de Marín en un paseo con algunos compañeros. Luego, al ingresar en marzo a clases, recuerda que el rector del Seminario Mayor lo llamó a su oficina. En ese entonces el cargo lo llevaba Francisco Javier Stegmeier, actual obispo de Villarrica. “Me dijo que había escuchado lo que yo andaba diciendo...que yo no podía decir esas cosas. Que no podía ensuciar la honra del padre Juan Carlos. Básicamente me enseñó la puerta de salida”, relata.

Cuando Diego comenzó a cuestionar los comportamientos del sacerdote Marín, su rector lo interpeló. “Me dijo que era un inmaduro, que atentaba contra la Iglesia… Y que era peligroso para los seminaristas más chicos que yo”, afirma. Pero esto no se mantuvo solamente en una conversación privada.

La fama de Diego dentro del Seminario cambió, comenzó a ser cuestionado por su “postura disidente a Stegmeier” y criticado por seminaristas mayores que él según recuerda. “Me decían que les habían dicho que no se acercaran a mí. Que yo era mala influencia”, cuenta.

Un par de semanas después, las conductas que presenció y vivió lo llevaron a contactar al entonces arzobispo Ricardo Ezzati para informarle acerca de la situación. “No hizo nada por supuesto. Finalmente me voy indignado, si todos sabían todo... No había nada más que hacer”, expresa el ex seminarista.

Ese mismo día Diego abandonó el Seminario.

Ricardo Ezzati y Juan Carlos Marín afuera del Seminario de Concepción durante Fiesta Patronal en junio de 2009 / Recuperado en Iglesia.cl

Denunciar el acoso sexual

En 2001, se dictó el motu proprio “Sacramentorum Sanctitatis Tutela”. Este estableció las normas para los delitos más graves, entre los cuales se encuentra el abuso sexual a menores de 18 años. Su publicación fue anterior a los hechos que experimentó Diego cuando era menor de edad y que se perpetraron hasta cuando ya dejó de serlo. 

El documento no contiene especificaciones respecto al acoso sexual, sin embargo, el abogado experto en derecho canónico, Camilo Cortés, explica que esto no implica que no pueda ser denunciado o castigado. “Es entendido como conductas de naturaleza sexual no deseadas ni aceptadas por la víctima, se puede reconducir a un delito de abuso de autoridad agravado y, dependiendo de la gravedad y reiteración del hecho, puede ser perfectamente asimilado a un abuso sexual”, señala el abogado.

Por otro lado, en Chile el acoso sexual está tipificado y sancionado sólo en el contexto laboral, pero no como delito. No obstante, se puede denunciar como “abuso sexual sin contacto”.

En una entrevista con Radio Bío Bío, la jefa de la Brigada de Delitos Sexuales y Menores (Brisexme) de la Policía de Investigaciones (PDI) en Valdivia, Ingrid Ortiz, afirmó que “situaciones de acoso sexual pueden ser denunciadas como abuso sexual sin contacto”. Es decir, “aquella persona que siente vulnerado su espacio íntimo, desde las palabras hasta el roce”. Precisamente como Diego cuenta que se sintió dentro del Seminario.

El Seminario a puertas cerradas

Juan Carlos Marín no es el único ex rector del Seminario de Concepción que ha sido acusado de tener actitudes indecorosas con los seminaristas.

Hernán Enríquez, ex rector del Seminario Menor de Concepción, fue acusado en 2009 de violar a un joven de 14 años. Se realizó una investigación eclesiástica, pero no se pudieron comprobar los hechos porque el menor no testificó. Hasta que en 2018, su papá publicó una carta en el medio penquista Sabes y se retomó el caso en la Iglesia. La investigación sigue actualmente en curso.

Andrés Vejar, quien estuvo en el Seminario Menor de Concepción con Hernán Enríquez como rector, dice que cuando se enteró de la denuncia no le extrañó. Explica que el sacerdote mantenía un “círculo cercano” compuesto de personas que tenían ciertos privilegios. “Él trabajaba mucho el tema de las lealtades, entonces quizás fue más de alguno, pero por este mismo tema de las lealtades nadie dijo nada”, agrega.

Según cuenta Andrés, Enríquez invitaba a sus “predilectos” a jugar en privado con una consola de autos que tenía un volante y pedales. También los llevaba a sus salidas, los sacaba a pasear y les compraba algo. Después, al entrar al Seminario Mayor, vio cómo Enríquez conservó el vínculo con los mismos seminaristas.

Eduardo Valenzuela, decano de la Facultad de Ciencias Sociales en la Universidad Católica, experto en Sociología de la Religión y Sociología del Crimen y la Desviación Social, señala que este tipo de vínculos pueden llevar al abuso, ya que “depende esencialmente del contacto frecuente y de la calidad del contacto. Muchos curas tienen contacto con ciertos niños y es significativo…. Se requiere una relación de confianza bien fuerte. El niño e incluso la familia confían a ciegas”. Además, agrega que “es un ambiente sin control que favorece el abuso”.

Diego también tuvo a Enríquez como rector en el Seminario Menor. Relata haber visto que “cuando alguien estaba en la mesa sentado [el sacerdote] llegaba por detrás a acariciarle la oreja a los seminaristas menores”.

Esto es algo que también rememora otro ex seminarista que vivió 4 años con Enríquez. Prefiere resguardar su identidad porque trabaja en educación y teme que hablar sobre esto perjudique sus oportunidades de empleo. Él recuerda que el sacerdote “tenía la costumbre de hacer cariño como en la cabeza, tomarte la oreja, pasarte los dedos por la cara cuando de repente hablaba con alguien”.

También cuenta que cuando los seminaristas tenían sus salidas de fin de semana “era común que recibiera visitas de chicos que eran ex seminaristas… Se iban a quedar al seminario, como a acompañarlo. Era un poco rara esa situación, de hecho, recuerdo que generalmente había que dejarle preparada una cama, un dormitorio a este chico que se quedaba con él cuando nosotros no estábamos”. Recuerda que había un joven que iba más seguido que el resto y que debe haber tenido 19 o 20 años en ese entonces.

Pero las historias no terminan aquí. Andrés Vejar asegura que muchos de sus ex compañeros se retiraron del seminario habiéndole dicho a Ezzati “todo lo que habían visto”. Sin embargo, “no hacía nada” porque quería “protegerles la carrera eclesiástica a los otros sacerdotes… Eso era lo que más nos dolía a todos en el fondo. Que se hacía el tonto... Finalmente, ellos se hacían los locos y se cuidaban la espalda entre ellos". 

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