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Domingo, 20 de septiembre de 2020
Extracto del libro “Piñera y los leones de Sanhattan”

“Queríamos sacar a Luksic del banco porque era un problema para el negocio”

Sergio Jara Román

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Arriba: Carlos Lavín, Andrónico Luksic y Carlos Alberto Délano. Abajo: Alfredo Moreno, Leonidas Vial, Juan Bilbao y Francisco Pérez Mackenna.
Arriba: Carlos Lavín, Andrónico Luksic y Carlos Alberto Délano. Abajo: Alfredo Moreno, Leonidas Vial, Juan Bilbao y Francisco Pérez Mackenna.

En 2001 la SVS multó -en el marco de la venta del Banco de Chile a Andrónico Luksic- a varios ejecutivos ligados a los grupos Penta y Consorcio. Por casi dos décadas nadie supo lo que dijeron a las autoridades. INTERFERENCIA publica ahora en exclusiva las declaraciones que muestran cómo operaron Carlos Délano, Carlos Lavín, Juan Hurtado Vicuña, Eduardo Fernández León, Alfredo Moreno, Leonidas Vial, Juan Bilbao, Francisco Pérez Mackenna y el propio Luksic, entre otros.

En un lado de la mesa estaban sentados Alfredo Moreno y Juan Bilbao. En el otro, frente a ellos, Leonidas Vial, el dueño de LarrainVial. Tres de los mayores corredores y empresarios de Sanhattan, tres viejos conocidos, coincidían en la misma oficina, aunque no para palmotearse las espaldas. Ese martes 5 de diciembre de 2000, Moreno, Bilbao y Vial vestían colores de guerra y seguramente lucían sobresaltados, como quemados por un hierro candente, cuando se miraron y comenzaron a sacar números con sus calculadoras.

Moreno y Bilbao eran amigos, habían sido socios en los años ochenta y académicamente siguieron un camino similar en la Universidad Católica y luego en Chicago. Ahora fungían como los negociadores del grupo controlador del Banco de Chile, compuesto por Consorcio, Penta, grupo Moreno, grupo Cúneo Solari (Falabella) y el grupo Larraín (del empresario Sergio Larraín Prieto). En conjunto, el pacto manejaba el 35% del banco y Moreno con Bilbao eran dos de sus hombres más hábiles en los negocios.

Leonidas Vial estaba ahí por encargo del grupo Luksic. Había sido contactado como su negociador en las tratativas que estaban haciendo para comprarle un paquete de acciones relevante al pacto. Luksic ya lo tenía todo resuelto en su cabeza y, días antes de la reunión entre los negociadores de ambos bandos, había hablado con su brazo derecho, Francisco Pérez Mackenna, otro antiguo Citi boy, para que ambos fueran directamente a Empresas Penta a ofrecerles el negocio a los “Carlos” (Carlos Délano y Carlos Lavín, los controladores de Penta).

La idea de Luksic era llegar al 20% de la propiedad del Banco de Chile, pues ya tenía cerca del 13%. Para eso necesitaba comprarle acciones al pacto, o a cualquiera de sus integrantes. Si lo lograba, luego lo fusionaría con el Banco Edwards, del cual ya era dueño.

La idea de Luksic era llegar al 20% de la propiedad del Banco de Chile, pues ya tenía cerca del 13%. Para eso necesitaba comprarle acciones al pacto, o a cualquiera de sus integrantes. Si lo lograba, luego lo fusionaría con el Banco Edwards, del cual ya era dueño.

El viernes 1 de diciembre de 2000, Andrónico Luksic reunió al directorio de Quiñenco, su holding de inversiones, y les contó sobre sus planes. Luego suspendió la reunión y partió con Pérez Mackenna y Leonidas Vial donde Carlos Délano y Carlos Lavín para ofrecerles el negocio. Les dijo que estaba dispuesto a comprar casi un 8% más del Banco de Chile en acciones y que por cada una de ellas pagaría cincuenta pesos, lo que implicaba un premio para el que le vendiera, pues las acciones del banco, en ese momento, valían mucho menos.

Los Penta, sin embargo, lo tomaron como una oferta hostil, que no aceptarían por ningún motivo.

“Nos preocupaba que quisiera entrar con dos directores, lo que nosotros estimábamos malo para el banco y los accionistas, porque los que querían hacer esto eran dueños de un banco de la competencia, y podía haber un uso indebido de información (...) Queríamos sacar a Luksic del banco, porque como competidor era un problema para el negocio. Le pregunté (a Luksic) si le gustarían dos directores de Carozzi en el directorio de Luchetti y que la relación se estaba tornando en una compra hostil”, dijo Carlos Délano cuando fue interrogado por la SVS (la actual Comisión para el Mercado Financiero) en este caso.

Délano había tocado una tecla sensible en Luksic. Lo había puesto en un escenario complejo al preguntarle si le gustaría que su competencia en la industria de los alimentos, Carozzi, tuviera participación con directores en Luchetti, su propia empresa. La reunión no duró mucho más. Pero quedaron de hablar el lunes 4, cuando todos calmaran sus pasiones, los Penta les comunicaran al resto del pacto la oferta de Luksic, y la opacidad diera paso a nuevas negociaciones, ya sin caretas.

El problema fue lo que sucedió ese lunes 4, cuando ambos bandos debían reunirse. Así lo describió Andrónico Luksic en su propio testimonio ante la SVS: “El día lunes, el precio de las acciones (del banco) se disparó, las transacciones se suspendieron y la respuesta nunca llegó. Yo estaba en Marbella y me llamaron el lunes en la noche, o el martes siguiente. Me vine a Santiago”.

 “Queríamos sacar a Luksic del banco, porque como competidor era un problema para el negocio. Le pregunté si le gustaría (tener) dos directores de Carozzi en el directorio de Luchetti y que la relación se estaba tornando en una compra hostil”, dijo Carlos Délano cuando fue interrogado por la SVS.

Juan Bilbao, el negociador junto a Alfredo Moreno por el pacto, declararía algo similar ante la SVS, agregando eso sí que el fin de semana, mientras Luksic andaba en Marbella, el pacto se reunió varias veces para ver cómo le hacían frente, si le vendían o se iban a la guerra con él. Esto dijo Juan Bilbao el 22 de enero de 2001, cuando le tocó dar su testimonio en el caso:

“Me interioricé el día lunes 4 de diciembre (de 2000) después del mediodía, al llegar a la oficina, por intermedio de Patricio Parodi. La información que me dio a grandes rasgos fue: Luksic quería una participación más activa en el banco, que fue a hablar con Carlos Eugenio Lavín y Carlos Alberto Délano el viernes primero, que los miembros del pacto analizaron durante el fin de semana la situación -Penta y Consorcio, no sé si grupo Cúneo Solari- y concluyeron que era una amenaza para mantener el control del Banco de Chile y, por lo tanto, había que reforzarlo comprando acciones”.

El pacto se había reunido primero el sábado y luego el domingo para analizar la oferta de Luksic, la cual, a esas alturas, consideraban hostil. Juan Hurtado Vicuña y Eduardo Fernández León, miembros del pacto representando a Consorcio, reconocieron que durante esos días optaron por ir a la guerra en contra de Luksic y, en vez de venderle sus acciones en el Banco de Chile, decidieron comprar más para el pacto, con la idea de subir su participación y asegurar el control ante cualquier amenaza.

“¿Quién o quiénes tomaron la decisión de invertir en dichas acciones el día 4 de diciembre?”, le preguntó un funcionario de la SVS a Fernández León, cuando este tuvo que declarar en el caso.       

“Todos por unanimidad. José Antonio Garcés, Patricio Parodi, Juan Hurtado y yo”, respondió.

Hurtado Vicuña, a su turno, agregaría más datos:

“La decisión se tomó el día (domingo) 3 de diciembre en mi casa, por parte de Eduardo Fernández, José Antonio Garcés, Juan Hurtado, con total respaldo de los miembros del pacto: Penta, Carlos Alberto Délano y Carlos Eugenio Lavín. Se instruyó a Patricio Parodi que la implementara a través de la corredora de bolsa de Consorcio el día lunes 4 a primera hora”.

La compra de acciones del Banco de Chile por parte del pacto para asegurar el control y dejar sin opciones a Luksic no habría tenido nada de anormal si, ese mismo pacto, no hubiese acordado días después venderle todo a Luksic. Lo que tenían antes y lo nuevo, lo que habían comprado el lunes 4. Todo, por supuesto, a un precio bastante mayor a la primera oferta de cincuenta pesos por acción que había hecho Luksic.

“La intención de Luksic era comprar o vender. Primero rechazó una oferta nuestra de comprar a 50 pesos y luego volvió con una oferta de comprarnos a 55 pesos. Le dijimos que no. Le ofrecimos 52 pesos por las de él y nos dijo que no. Le preguntamos si vendía a 55 pesos y nos dijo que no. Quedó abierta solo la posición de vender. Nos pidió un precio, le dijimos 62 pesos. Nos contestó que hasta 60 pesos pagaba”, dijo Alfredo Moreno ante la SVS, al describir las negociaciones de ambos bandos.

Alfredo Moreno, ministro de Piñera en sus dos gobiernos y un hombre clave de Empresas Penta, cuando declaró en este caso, dijo que el inicio de las negociaciones entre ambos bandos había comenzado el martes 5, luego de ese lunes en que el pacto parecía atrincherarse comprando acciones del Banco de Chile y dejando sin opciones a Luksic.

Primero, se desarrolló una reunión en la que no hubo acuerdo nuevamente. Después, hubo una llamada en la que Luksic, supuestamente, se abría a negociar una venta de su propio paquete de acciones al pacto. De pronto, todo había cambiado. Luksic, al parecer, ya no era el comprador, sino el vendedor. Pero el pacto también se estaba abriendo a vender. El asunto ahora tenía que ver solo con poner un precio atractivo por cada acción y ver quién se quedaba con el control del banco.

“Propusieron un método que consistía en poner en un sobre (cerrado) el precio que cada parte estaba dispuesta a comprar o vender. El que tenía el precio mayor compraba y el otro vendía. Esto inicia las negociaciones, esta es la primera señal de que Luksic quiere negociar con nosotros y nos pide que designemos representantes del pacto. Así lo hicimos y se designó a Juan Bilbao y a mí”, declaró Moreno ante la SVS.

Bilbao y Moreno, los representantes del pacto, acudieron ese mismo martes a las oficinas de Leonidas Vial, el representante de Luksic, con la intención de negociar. En el lugar solo estaba Vial, no había nadie de Quiñenco, así es que conversaron, sacaron números, estimaron escenarios, pero no acordaron nada. Luego de eso, se reunieron con el propio Luksic. Moreno describió así el tira y afloja entre ambos bandos para quedarse con el control accionario del Banco de Chile:

“Nos reunimos, la intención de Luksic era comprar o vender. Primero rechazó una oferta nuestra de comprar a cincuenta pesos y luego volvió con una oferta de comprarnos a cincuenta y cinco pesos. Le dijimos que no. Le ofrecimos cincuenta y dos pesos por las de él y nos dijo que no. Le preguntamos si vendía a cincuenta y cinco pesos y nos dijo que no. Por ello es que se descartó la opción de comprar. Quedó abierta solo la posición de vender. Nos pidió un precio, le dijimos sesenta y dos pesos. Nos contestó que hasta sesenta pesos él pagaba, pero que no tenía el financiamiento para hacer la operación. Decidimos aceptar la oferta y darle el financiamiento para pagar el saldo de precio, luego se firmó el acuerdo el día 14 de diciembre”.

En mayo de 2001 SVS multó con unos 27 millones de pesos actuales a Patricio Parodi, Juan Hurtado Vicuña, Eduardo Fernández León, José Antonio Garcés, Juan José Mac Auliff, Carlos Eugenio Lavín y Carlos Délano. Aún era el tiempo de las multas bajas, las que no desincentivaban a nadie. Pero al menos funcionaban como una pequeña advertencia, un recordatorio de que alguien los estaba mirando.

En breves palabras Moreno había resumido una hora y media de una tensa negociación. El pacto había acordado vender su participación a Luksic en sesenta pesos por acción, pero en el trajín de la negociación habían olvidado algo: Consorcio, a través de Patricio Parodi, había comprado acciones del Banco de Chile el lunes, justo después de la primera oferta de Luksic y antes de que ambas partes acordaran el negocio.

Es decir, habían comprado acciones con información privilegiada, con datos que nadie más en el mercado conocía y que, por supuesto, harían subir el precio de la acción, tal como sucedió cuando Luksic se las compró a sesenta pesos, y no a cincuenta pesos, el valor de la oferta original.

“Yo di la orden de que se ejecutara la compra. La intención de Consorcio era comprar hasta el 6% y la del pacto era asegurar el control político de la sociedad”, declaró Parodi ante la SVS, antes de ser sancionado por la operación.

El 8 de mayo de 2001, la Superintendencia de Valores y Seguros multó a Parodi con 1.000 UF, unos 27 millones de pesos actuales. Ese aún era el tiempo de las multas bajas, las que no desincentivaban a nadie. Pero al menos funcionaban como una pequeña advertencia, un recordatorio de que alguien los estaba mirando. La sanción, por el mismo monto para cada uno, también recayó sobre Juan Hurtado Vicuña, Eduardo Fernández León, José Antonio Garcés, Juan José Mac Auliffe, Carlos Eugenio Lavín y Carlos Délano.

Los corredores y empresarios apelaron con éxito en primera y segunda instancia, pues las cortes consideraron que actuaron sin dolo. Hubo debate entre académicos y abogados. Incluso, algunos como José Miguel Ried, profesor de derecho de la Universidad Católica y asesor del primer gobierno de Piñera, han llegado a plantear, a raíz de este y otros casos, que es debatible sancionar el uso de información privilegiada; que aquello es una quimera, pues la igualdad en la información nunca existe en las transacciones comerciales.

En 2005, sin embargo, la Corte Suprema zanjó el asunto y ratificó el criterio que había aplicado la SVS, al estimar que la Ley del Mercado de Valores es aplicable a “todas las personas que, en razón de su cargo, posición, actividad o relación, tengan acceso a información privilegiada”.

El uso de información privilegiada, sus consecuencias y lo difícil que ha sido para la autoridad detectarla y sancionarla, se pondrá a prueba una vez más. Sebastián Piñera, el espejo de todo Sanhattan, el guía y promotor de la generación Citicorp, el corredor que se convirtió en empresario y luego en político, sería el protagonista y LAN, quizás su empresa favorita de su larga cartera de inversiones, la tentación.

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