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Sábado, 14 de diciembre de 2019
Más allá del kirchnerismo

Quién es Alberto Fernández, el más probable nuevo presidente argentino

Andrés Almeida

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Fernández ha sido colaborador de Raúl Alfonsín, pese a que este no es peronista, y recaudador de la campaña de Domingo Cavallo, el ministro de Finanzas de Carlos Menem
Fernández ha sido colaborador de Raúl Alfonsín, pese a que este no es peronista, y recaudador de la campaña de Domingo Cavallo, el ministro de Finanzas de Carlos Menem

La carrera de Alberto Fernández se ha desarrollado en todos los rincones del laberinto peronista, un conocimiento que le permitió fraguar una estrategia electoral de unidad justicialista que lo tiene muy cerca de lograr la más alta investidura de Argentina.

"Con ella no alcanza, pero sin ella no se puede". Quizá esta es la frase que sintetiza el mejor diagnóstico de la política argentina de cara a la elección presidencial de 2019. Ella es Cristina Fernández de Kirchner, y quien la profirió es Alberto Fernández, luego de la primera reunión en diez años entre ambos líderes peronistas, sostenida a inicios de 2018, cuando comenzó a fraguarse la fórmula que tiene a esta dupla de políticos a un paso del poder.

Pasaron 15 meses y en mayo de este año, Cristina Fernández anunció el detalle de un acuerdo político que sorprendió a Argentina, por su extremado pragmatismo y -a la vez- osadía: la candidatura presidencial peronista sería para Alberto Fernández, mientras que ella se limitaría a ser la postulante a la vicepresidencia.

Era primera vez que un candidato a vicepresidente se encargaba de anunciar a quien sería su compañero candidato a presidente, y no al revés, lo que alimentaba la idea de que Cristina iba a titiritiar a Alberto, pero también era una cesión objetiva de poder por parte de quien fue presidenta del país y -por tanto- la dueña de la estructura política más grande y aceitada dentro del justicialismo; es decir, la candidata presidencial en la pole position

¿A quién atribuir el mérito de llegar a esta fórmula? Al final poco importa, pues el hecho es que la cosa es con ella y sin ella, a la vez. Y todo indica que alcanza, como lo prueba el resultado apabullante que acaba de obtener la dupla en las primarias argentinas, en el cual que le sacó 15 puntos de ventaja a la lista encabezada por el presidente en ejercicio Mauricio Macri. Una ventaja que parece irremontable.

Cómo se dio la negociación que llegó a la fórmula Fernández-Fernández, y cuales son los acuerdos tácitos tras ella, es una historia que todavía no se ha escrito. Menos se puede saber si va a funcionar una vez que lleguen al poder, si es el caso. Sin embargo, la carrera política de Alberto Fernández es muy ilustrativa de cómo debieron darse las cosas.

UN OMNÍVORO EN LA EXHUBERANTE FLORA Y FAUNA PERONISTA

Alberto Fernández tiene 60 años de edad, de los cuales casi 36 fue militante del Partido Justicialista. En ese tiempo ha ocupado distintas posiciones de poder, primero como joven abogado en los gobiernos de Raúl Alfonsín (el único gobierno no peronista en el que ha participado) y Carlos Menem, y luego como hábil operador de los más importantes políticos peronistas de la primera década del 2000: Domingo Cavallo, Eduardo Duhalde y Néstor Kirchner.

Con el ascenso de Kirchner al poder en 2003, Alberto se convirtió en su poderoso jefe de Gabinete, una especie de ministro del Interior, pero que además tiene funciones de recaudación tributaria y control de la ejecución del presupuesto. Como tal, Fernández gravitó fuertemente en las decisiones más importantes de la política argentina, entre las cuales se encuentró, por ejemplo, la tarea de descartar el acuerdo comercial de provisión a Chile del gas argentino en 2004, durante el periodo de Ricardo Lagos de este lado de la cordillera (razón por la cual, entre otras, ni Kirchner ni Fernández fueron muy cercanos a la Concertación).

Luego, en 2007, la esposa de Kirchner, Cristina Fernández, fue electa presidenta, y mantuvo en el cargo a Alberto Fernández entre 2007 y 2008, hasta que entraron en conflicto por posturas distintas respecto de qué hacer con las movilizaciones de los poderosos empresarios agrícolas contra el gobierno. Alberto salió del gobierno para "permitir que se oxigene la gestión de Cristina Fernández de Kirchner", según declaró. Alberto y Kirchner mantuvieron una relación cercana -a veces a espaldas de Cristina- lo que tuvo el efecto de que el ex poderoso ministro tuviera una actitud crítica hacia el gobierno, pero no frontal. Esto, hasta 2010, con la muerte del ex presidente. 

Sin Kirchner en escena, Alberto fue cada vez subiendo más el tono, hasta que en 2012 dijo que Cristina "tiró por la borda todo lo que hizo Néstor", para luego criticarla por las facetas más autoritarias de su gobierno. Eso le fue significando menos espacio en el justicialismo, por lo que empezó a rondar alternativas disidentes peronistas, tales como las opciones de Sergio Massa o Florencio Randazzo. Sin embargo, Fernández no descuidó su relación con los gobernadores peronistas de las provincias argentinas, y además fue tejiendo puentes hacia sectores más de centro dentro del peronismo e incluso hacia sectores empresariales refractarios a Cristina. Hoy mucho de ese trabajo se nota en la composición de la lista electoral Frente de Todos, cuyo nombre denota unidad, justamente.

En este tiempo de relativo ostracismo del justicialismo, Alberto no ha descuidado la perspectiva internacional. Se ha acercado tanto a Lula da Silva, aunque preso en Curitiba, y en Chile se sabe que es cercano a Marco Enríquez-Ominami, con quien come en su casa cuando visita Santiago.

Toda esa trayectoria revela la capacidad de Alberto Fernández de moverse a través de los distintos puntos cardinales del laberinto peronista y por lo tanto conocer muy bien sus vericuetos. También muestra su pragmatismo, pues no ha tenido problemas en participar tanto del gobierno de Menem como el de Cristina -quienes están en las antípodas del eje derecha-izquierda- moviéndose tanto en el plano de la exposición pública de un candidato presidencial, como en las sombras de un operador, como lo fue cuando recolectaba las platas de varios candidatos peronistas, como lo fue con Cavallo. 

O sea, un político omnívoro, que se alimenta de lo que sea que de la -eso sí- exhuberante flora y fauna peronista.

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