Paro Nacional en Ecuador: registro de una jornada de furia

Fotografías: Fluxus Foto.

La madrugada de este jueves, Ecuador terminó por sellar una semana inolvidable para la región. Sudamérica, que tras un ciclo dominado por dictaduras en los 70 y 80 alardeó de cierta estabilidad democrática, comienza a sentir el colapso de la política que dominó las primeras dos décadas del milenio, abriendo una sensación de incertidumbre generalizada a lo largo del territorio, a meses de internarnos en la próxima veintena. 

En las imagenes, el colectivo Fluxus recorrió las calles de Ecuador en medio de una jornada de movilización y protestas que el gobierno respondió decratando el estado de excepción. Tras el anuncio oficial de el paquete de medidas económicas que negoció el ejecutivo con el FMI a cambio de un préstamo de 4.000 millones de dólares, la población salió a desencadenar su rabia con la decisión del ejecutivo y desde temprano el gremio de transportistas regó a lo largo de las principales vias del país cientos de llantas ardiendo que dejaron prácticamente a toda la población sin transporte público. 

Con la producción paralizada y los transportistas encabezando el llamado a desobediencia, milles de personas salieron a rechazar los acuerdos propuestos por el gobierno. Dentro de las medidas más sentidas, está la eliminación del subsidio a la gasolina extra y al diesel, cuestión que provocaría un aumento inmediato en su precio del 120% de los costos de transporte. De la mano, el gobierno anunció una rebaja en el sueldo mínimo, una reforma que compromete la flexibilización de los derechos laborales y recortes en los beneficios que tienen actualmente los funcionarios públicos. 

Esta combinación detonó un día de violencia que sumó con el pasar de las horas a estudiantes de la Universidad Central que marcharon hasta el palacio de Carondelet para rechazar las política económica impulsadas por Lenín Moreno, presidente de Ecuador. 

En respuesta a las protestas, el gobierno desplazó al contingente policial para restablecer el orden y contener los disturbios, junto a ordenar el estado de excepción. Al mismo tiempo, Lenín Moreno apuntó a quienes llamaron a la movilización como golpistas e intransigentes, defendiendo su propuesta y argumentado que el país necesita tener credibilidad y confianza internacional para atraer la inversión e incentivar el crecimiento económico. 

Como un reflejo de lo que ocurre entre Magallanes y el Canal de Panamá, la discusión entre crecimiento y derechos sociales se toma las calles del país, en medio de un clima de polarización en el que la población comienza a desatar su rabia sin referentes claros y completamente desconectada de los partidos y sectores que se disputan la conducción del estado. 

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