La ley miscelánea salió de la Cámara de forma holgada y entró al Senado con un mapa político mucho más estrecho. El Gobierno necesita al menos tres votos que hoy no tiene asegurados, negocia con senadores que piden cambios sustantivos, y encima monitorea dos procesos judiciales que podrían costarle escaños antes de que se vote.






















