Análisis y Opinión

Nuestro medio lanza su primera campaña de suscripciones en más de cinco años. En un mundo comandado por Trump, Netanyahu, Milei y Kast, apuntalar a la prensa independiente es más importante que nunca. Lo que está en juego es, nada más ni nada menos, la democracia.

“En ese tránsito, lo que se pierde no es solo una estética del juego, sino una forma de aprendizaje. El jugador de barrio necesitaba ese espacio sin control para desarrollarse plenamente: un entorno donde el error no fuera penalizado, donde la repetición no estuviera guiada, donde la creatividad surgiera como respuesta a lo imprevisto. En cambio, el modelo actual —más eficiente, más seguro, más ordenado— tiende a producir jugadores más completos desde el punto de vista físico y táctico, pero también más predecibles. La improvisación, que antes era una herramienta central, hoy aparece muchas veces como un riesgo a corregir. Y en un deporte donde la diferencia suele definirse en un gesto inesperado, esa transformación no es menor”.

Tras 16 años en el poder, los húngaros propinaron ayer una aplastante derrota a uno de los líderes más carismáticos de la nueva ultraderecha y uno de los mejores aliados de Kast en Europa. La oposición liderada por Peter Magyar, un político de derecha, pero pro europeo, podría incluso obtener dos tercios del Parlamento, lo que les permite hacer cambios a la Constitución elaborada por el oficialista Fidesz, un partido que se define como nacionalista, cristiano y conservador.

El fútbol chileno lleva años atrapado en una ilusión peligrosa: creer que todavía pertenece a una élite sudamericana. No señores, eso se acabó y no existen expectativas de que vuelva a ocurrir. Se sigue hablando de Chile como si fuera el país que ganó dos Copas América, cuando en realidad hace rato que se parece mucho más a las selecciones que entonces mirábamos por encima del hombro.

La Copa de la Liga aparece como un duplicado sin identidad. Más partidos entre los mismos equipos, con incentivos difusos y sin un relato que la sostenga. Nace anémica. Se dirá que sirve para dar minutos a los planteles, para generar ingresos o para mantener activo el calendario. Pero esas son razones funcionales, no deportivas. Si el objetivo es desarrollar jugadores, hay herramientas más eficientes: torneos de reservas, políticas formativas, reglas de minutaje bien diseñadas. Si el problema es económico, el camino no es multiplicar productos débiles, sino fortalecer los que ya existen. Y de eso, nada. Por eso es que la conclusión obvia es que se trata de un distractor: una medida que pretende encubrir que decisiones y medidas en serio no se quieren adoptar.

“La crisis que sacudió a la Corte Suprema de Chile en 2025 no fue un accidente ni una suma de excesos individuales. Es la manifestación tardía de un problema estructural: un poder del Estado que durante años operó con controles débiles, relaciones opacas y una cultura de autogobierno que confundió independencia con inmunidad”.

La pregunta sobre la emergencia como facilitadora de la excepción no es en absoluto delirante ¿Qué pasará cuando la invocación a la emergencia sea inane, estéril para seguir mutilando el cuerpo social infectado? Si está la emergencia misma condenada desde su origen a desaparecer en el tris de tiempo que es el aquí y ahora ¿qué es lo que viene como nueva figuración restaurada para ecologizarnos del mal que llega desde todos los puntos cardinales?

“La paradoja es evidente. En el peor momento del fútbol chileno —con selecciones menores irrelevantes, exportación decreciente de talento y ligas formativas desordenadas—, un club fuera del eje Santiago logra lo que los grandes no pueden. No porque tenga más, sino porque hace mejor lo básico. Lo hace con convicción. Consideremos, eso sí, que aún les falta un paso decisivo: que la gloria de los menores se traslade al primer equipo, que actualmente tiene un rol no protagónico en la Primera “B”. Sería inconcebible que en definitiva no lograran con tal tremendo insumo arribar en el corto plazo a la categoría de honor”.

La volatilidad del mercado y los riesgos de desabastecimiento están empujando a grandes economías a replantear con urgencia sus estrategias de seguridad energética.

El gobierno entrante no tiene un discurso explícito al respecto, pero implícitamente debemos entender que, para las nuevas autoridades, mientras el fútbol no de problemas, que se enriquezcan con él los que se enriquezcan, que los clubes mueran, junto a su historia y tradición, no es inconveniente. Lo central es que sea en orden y generando riqueza para los poderosos de siempre.

En la mayoría de los casos los sistemas tributarios en los países de la América Latina y El Caribe cobran preservando privilegios de unos cuantos y ajustando el bolsillo de las mayorías: recaudan menos de quiénes más tienen y más de quienes menos tienen. Las cifras son claras, mientras el 50% más pobre aporta el 45% de sus ingresos en impuestos, el 1% más rico contribuye con menos del 20%. El resultado son estados con limitada capacidad redistributiva.

La muerte de cuatro personas arrastradas por el mar en Algarrobo, generó gran conmoción durante los últimos días. Entre los fallecidos, se encuentran Benjamín “Ben” Wood y su pareja, María José Duarte. Originario de Connecticut, Wood fue un empresario gastronómico con doble nacionalidad chileno-estadounidense, conocido por haber sido fundador de populares cervecerías como Beervana, el Honesto Mike, Alameda Beer Company y Pocha Bang Bang.

El fútbol femenino chileno no carece de talento. Tampoco de interés. La selección ha tenido momentos competitivos en Sudamérica y varias jugadoras han emigrado a ligas extranjeras. Incluso en un momento en que la selección masculina atraviesa una de sus crisis más profundas, el potencial del fútbol femenino sigue siendo evidente.

“El fútbol chileno atraviesa un momento crítico. La discusión de fondo no es si los clubes fueron escuchados lo suficiente. La discusión es si el modelo de sociedades anónimas deportivas cumplió su promesa de profesionalizar, transparentar y fortalecer el deporte. Si la respuesta es ambigua -o derechamente negativa-, entonces la profundidad de la reforma no es una exageración: es una consecuencia”.

“En algún momento, Asskha transformó el escenario en un café-concert, algo dificilísimo de lograr en Viña, porque el festival exige un formato masivo, de estadio. Pero ella se echó al público al bolsillo. Las pifias duraron hasta la 1:35 de la madrugada, una hora después de que terminara su rutina, porque la gente exigía su regreso. Esa reacción demuestra que Asskha logró sintonizar a la perfección con la Quinta. Sin embargo, aquí asoma la gran tensión histórica que el certamen arrastra: la idea misma de lo que es el festival. ¿Es un show estrictamente televisivo o es un espectáculo en vivo para la Quinta Vergara?”

“En un fútbol que hace tiempo convive con estadios semivacíos, cuestionamientos dirigenciales y sospechas estructurales, el Superclásico sigue siendo una de las pocas ceremonias que todavía convoca atención total. Aunque añoremos los tiempos en que en cada justa los hinchas de ambos cuadros repletaban los coliseos”.

“Cuando la imparcialidad se reduce a una fórmula declarativa y el deber de revelación se relativiza, la justicia deja de operar como límite al poder. Se transforma, más bien, en un espacio donde el poder aprende a moverse con ventaja, protegido por la corrección ritual del proceso. Ese es el riesgo que estos episodios revelan, y ese es el patrón que merece ser observado con atención”.

“Cuando un club diminuto encabeza la tabla, la reacción automática es condescendiente: “ya se va a caer”, “no le va a durar”, “cuando enfrente a los grandes se acaba la historia”. Esa narrativa no es análisis, es defensa del orden simbólico. Es la necesidad de que la jerarquía histórica se imponga para restaurar la calma”.

Hay uniformados en retiro y en servicio que comentan y sienten que por fin llegó su momento. Se perciben reivindicados. Creen que el péndulo de la historia vuelve a su favor y que esta vez nadie los cuestionará. Se juntan en cafés para crear lo que ellos llaman un servicio de inteligencia anexo, listas negras de opositores y diseño de operaciones para “salir a las calles a buscar octubristas”. Ya no hablan de ganar debates, sino de “aplastar enemigos”. Esa sensación de protección política es un combustible peligroso para Kast.

En tal escenario, pierde la “U”, pierde el fútbol, perdemos todos. Salvo aquellos obnubilados con maximizar su riqueza personal que logran distraer la atención de su abuso, para continuar haciendo lo único que quieren hacer: Seguir enriqueciéndose, sin ética ni códigos.

Llamar despectivamente a elegir entre “lauchas” o personas, no solo reduce e infantiliza el necesario rigor frente a esta tragedia, sino que pone de manifiesto un desprecio hacia la vida, impropio de una persona que deberá asumir prontamente un rol clave en el desarrollo del país. Además, contradice el debate democrático y pluralista que debe existir en estos espacios, en que la Universidad abre sus puertas para recibir a actores territoriales como alcaldes, empresarios, ex ministros, autoridades, profesionales, académicos, entre otros.

En Chile, ese síndrome tiene nombre propio desde hace años, pero ahora se verbaliza sin pudor. Las palabras: “roto”, “picante”, “flaite”, son la “chusma” en Chile. No es un insulto marginal, sino que ahora se usa como categoría política. La derecha dura la aplica para marcar territorio moral. Y lo más inquietante es que esa retórica es amplificada por sectores populares que votan contra sí mismos, convencidos de que pertenecen a otra sociedad, aunque nunca salen de la vecindad.

La ANFP puede sancionar clubes, dirigentes y jugadores conforme a sus estatutos. Pero cuando pretende sancionar a personas individuales —hinchas— sin identificarlas ni oírlas, cruza una línea que no le corresponde. El orden no se construye con arbitrariedad, y la seguridad no se logra renunciando a las garantías más elementales. En este caso, más que disciplina, lo que hubo fue un castigo colectivo impropio de un sistema que aspire a llamarse justo.

La crisis de la democracia no proviene de las masas movilizadas, sino de élites económicas que, desde dentro, han aprendido a gobernar sin rendir cuentas.

La Kings League —y su derivación mundialista— representa una tendencia clara: el desplazamiento del fútbol como fenómeno deportivo hacia el fútbol como contenido. No importa tanto el proceso, la táctica o la historia previa, sino el impacto inmediato. No hay épica de largo aliento ni memoria acumulada: hay marcas de audiencia, métricas y engagement. El resultado es menos relevante que la reacción. En ese contexto, la Kings World Cup es un éxito indiscutible. Convoca audiencias que el fútbol tradicional ya no logra seducir, especialmente entre jóvenes que crecieron más cerca de Twitch que de la radio, más familiarizados con Ibai Llanos que con Pedro Carcuro o Víctor Hugo Morales.

El patio trasero, “our backyard”, fue explícitamente invocado por Marco Rubio. ¿Significa esto, realmente, que Estados Unidos está renunciando a su hegemonía mundial para aceptar una hegemonía hemisférica desde la que podría negociar con otras potencias regionales de peso equivalente?

“¿Ha mejorado la calidad y transparencia de la televisión chilena? No. Todo sigue igual. Aunque ya no hay un cura predicando al país antes de cesar las transmisiones. Aún es una televisión sin valores ni moral como para que sus conductores pontifiquen, critiquen, griten y lloren buscando rating o reels en redes sociales. Si quieren hablar de verdad, deberían comenzar por ellos mismos y sus casas televisivas, y no esperar que sus colegas mueran por sobredosis”.

Este jueves 15 de enero se presentará en el Café Literario (Washington 116, Plaza Ñuñoa) el libro 'APSI: Periodismo en dictadura', a 50 años de su edición original. Esta revista, fundada por el periodista Arturo Navarro Ceardi, con el apoyo de la Vicaría de la Solidaridad fue abordó la realidad nacional con humor y denunció las violaciones a los derechos humanos de la dictadura civil-militar.

"Somos testigos de una reconfiguración del equilibrio entre capital y comunidad. Después de años donde las sociedades anónimas parecieron imponerse como modelo único, emerge una crítica cada vez más sólida: el fútbol no puede ser exclusivamente un negocio financiero, porque independientemente de los resultados, el rendimiento y de de las ganancias, es una lógica que lo desnaturaliza. Deja de ser fútbol, como siempre lo conocimos".

Si el sistema no garantiza libertades, justicia, participación e igualdad, otros actores, a menudo autoritarios y populistas, ocuparán ese vacío.




