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Jueves, 22 de agosto de 2019
En el poblado de Epuyén, en Chubut

Crónica desde la zona cero del hantavirus

Manuel Salazar Salvo

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Fotografía: Clarín
Fotografía: Clarín

La cepa más virulenta –denominada Andes Sur– se transmite de persona a persona en la provincia patagónica de Chubut, muy cerca de la frontera con Chile. Un equipo especial del diario Clarín de Buenos Aires visitó Epuyén y diversas otras localidades de Chubut e hizo un inquietante relato de lo que se vive por estos días en esa zona. INTERFERENCIA transcribe a continuación parte de ese informe.

Cerca de 30 casos de hantavirus, con una docena de fallecidos, casi todos en el poblado sureño de Epuyén, en la Provincia de Chubut, mantienen en máxima alerta a las autoridades de salud argentinas debido a que la propagación del brote podría ser de persona a persona, confirmándose la mutación del virus emanado del ratón colilarga.

La confirmación de un caso en la provincia de Entre Ríos, en el noreste del país trasandino, elevó ayer jueves a 12 el número de fallecidos en el país austral, según informaron fuentes médicas. También se detectaron casos en Salta y Bueros Aires, aunque se trata de cepas diferentes a la que circula en el sur. Ayer había cerca de 150 personas bajo aislamiento respiratorio selectivo a fin de detener la propagación del virus.

El secretario de Salud de Argentina, Adolfo Rubinstein, manifestó el martes que desde el Gobierno sospechan que el brote de hantavirus es una mutación, ya que puede se puede dar el contagio interhumano. “Fundamentalmente, hasta ahora la vía de contagio eran los casos esporádicos por inhalación de las secreciones de los ratones (...). La diferencia es que es contagio interhumano, esto es lo que es mucho más preocupante desde el punto de vista epidemiológico”, afirmó el titular de Salud en una entrevista en Radio Mitre de Buenos Aires.

La Administración Nacional de Laboratorios e institutos de Salud, ANLIS, está trabajando aceleradamente en la secuenciación genómica del virus ya que es muy importante para confirmar si hubo una mutación que aumentó la transmisibilidad vía interhumana.

Zonas endémicas

En Argentina, según datos de la Secretaría de Gobierno de Salud, se han identificado cuatro regiones endémicas: Norte (Salta, Jujuy), Centro (Buenos Aires, Santa Fe y Entre Ríos), Noreste (Misiones) y Sur (Neuquén, Río Negro y Chubut). Entre el 2013 y 2018 se reportaron en Argentina 111 casos fallecidos de hantavirosis. El promedio para el mes de enero de los últimos cinco años a nivel país es de entre 10 y 12 casos, informó el periódico Perfil.

La Sociedad Argentina de Infectología publicó un informe donde califica de “grave” e “infrecuente” el actual brote patagónico por su capacidad para transmitirse de persona a persona. Recuerda que el primer antecedente de transmisión interhumana fue una cepa del mismo virus registrada en la provincia de Río Negro, vecina a Chubut, en 1995.

El periodo de incubación del virus es de una a tres semanas y los primeros síntomas suelen confundirse con una gripe: fiebre, dolores musculares, escalofríos y cefaleas. También pueden producirse náuseas, vómitos y diarrea. Pasados unos días algunos pacientes comienzan a sufrir dificultades respiratorias que, de agravarse, pueden derivar en un síndrome pulmonar por hantavirus.

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Fotografía: Clarín
Fotografía: Clarín

Hace algunos días, un equipo especial del diario Clarín de Buenos Aires visitó Epuyén y diversas otras localidades de Chubut e hizo un inquietante relato de lo que se vive por estos días en esa zona. INTERFERENCIA transcribe a continuación parte de ese informe.

-En Epuyén, las autoridades municipales transformaron los consejos en órdenes urgentes destinadas a evitar que el brote alcance mayores dimensiones. En el pueblo quedaron prohibidas las reuniones de cualquier tipo incluyendo los velorios de las víctimas.

La pretensión del área de Salud es que la población permanezca en sus casas por los próximos 40 días sin salir salvo para hacer sus compras. El plazo no es caprichoso puesto que se trata del tiempo en el cual el contagio evoluciona y muestra sus síntomas. No es una regla. Se han visto casos, como el de una de las mujeres fallecidas el 9 de enero en el hospital de Esquel, en que el cuerpo no manifiesta cambios significativos y la muerte se desata en horas.

La provincia dispuso que se entreguen 700 máscaras especiales y botellas de alcohol a los vecinos y se instalaron 400 trampas en todo el pueblo. Fuentes cercanas al municipio indicaron que se capturaron alrededor de 20 roedores pero sólo uno habría estado infectado. Por otro lado, una fuente policial indicó que fueron enviados alrededor de 50 efectivos hacia el pueblo para realizar diversas labores de ordenamiento y control de vehículos. Al menos cinco policías se habrían negado a aceptar la orden de movilizarse hasta el epicentro del brote. “Hay personas que tienen responsabilidades, hijos pequeños, no quieren ir por miedo de contagiar a sus familias”, confirmó un agente.

Epuyén es un pueblo de luto. Hasta hace apenas unas horas los números de contagiados por hantavirus en la Cordillera no superaban a los del anterior brote, que tuvo lugar en el año 1996: 16 infectados y seis fallecidos. Pero la situación comenzó a dar un giro preocupante cuando se registraron tres muertes y siete infecciones nuevas confirmadas entre el 9 y el 10 de enero. El temor a lo que se está desarrollando en el epicentro del brote, este pueblo cordillerano ubicado en los límites fronterizos entre Chubut y Río Negro, irradia también a los pueblos y ciudades próximas en los que no se han informado casos, como San Carlos de Bariloche, El Bolsón y Esquel, pero cuyos hospitales recibieron a algunos de sus enfermos.

Barreras en Chile

En la localidad de Palena, Chile, el servicio de Salud de Los Lagos impuso una barrera sanitaria para prevenir contagios luego de que una chilena de 29 años regresó infectada después de visitar a familiares en Epuyén. A los trasandinos las autoridades les recomiendan utilizar mascarilla y lavarse las manos constantemente si visitan el pueblo.

Las calles de Epuyén permanecen vacías en una época en la que, de acuerdo a lo que marca la tradición del verano, deberían estar pobladas de visitantes amantes de la naturaleza y el aire puro. Hoy el aire es sospechoso, una posible vía de transmisión entre una persona y otra, según han comenzado a concluir los médicos de la Cordillera. El hantavirus podría estar inmiscuyéndose en cualquier conversación. Las sospechas de que la cepa Andes del hantavirus mutó y ahora se traslada con mayor facilidad en la saliva aerosolizada es la hipótesis más firme que manejan los médicos en el sur. Esto explicaría el número creciente de nuevos contagios.

“No podemos abrazarnos, tenemos dudas de que él otro esté enfermo”, dice la dueña de una hostería, que hoy solo es habitada por su familia. Los turistas se esfumaron. Todas las reservas que tenía para el verano se cayeron. Ella y los suyos no salen durante el día. Si van a un comercio utilizan máscaras y luego se lavan cuidadosamente las manos. No son los únicos dolidos. Los vecinos de Epuyén viven entre el enojo y el dolor. Nadie está seguro de qué ocurre en verdad. Y las hipótesis afloran. ¿Comenzó todo en un galpón a principios de noviembre? ¿Hubo un portador? ¿Fue la comida?

Algunos vecinos indicaron que semanas antes del primer caso se registraron unas 60 muertes de perros en los alrededores. “Eso es verdad, se murieron y nadie sabía por qué”, contó una mujer. Un joven llegó al extremo de ponerle una mascarilla a su perro. La mayoría de las hosterías, cabañas y hoteles de Epuyén tiene sus ventanas cubiertas, sus portones cerrados. Los restaurantes atraviesan el mismo camino. Hay apenas un minimercado que se mantiene activo. Pero antes de ingresar, una advertencia: “Por favor si no tiene mascarillas, aquí hay”. Todo aquel que ingresa al lugar debe colocarse una. Después de ser atendido los propietarios le ofrecen como gentileza un frasco de alcohol.

Los pobladores se han vuelto monotemáticos, solo hablan del hantavirus y las precauciones que hay que tener. Uno de los aspectos de constante discusión es justamente el grosor de las mascarillas. Las farmacias de la zona recomiendan utilizar aquellas de mayor grosor. Lo cierto es que los stocks de mascarillas de esa calidad en El Bolsón, Esquel y, Epuyén, ya se agotaron. Se ha vuelto natural mantener diálogos a varios metros de distancia y con el cuerpo inclinado hacia atrás.

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Fotografía: Clarín
Fotografía: Clarín

Los cerca de cuatro mil habitantes Epuyén están condenados a la inmovilidad y a una rutina que tendrá que resolverse entre las paredes de su hogar. “Nos vamos a volver locos allá dentro, deprimidos, mal, encerrados”, dice un joven del lugar.

El Ministerio de Salud de Chubut informó cómo se produjo la cadena de contagios del hantavirus en la localidad de Epuyén. El 11 de enero se confirmaron otros casos positivos y ya suman 28, de los cuales 9 fueron fatales. De los fallecidos, ocho eran de Epuyén y uno de Trevelin, localidad cordillerana cercana a Esquel. De acuerdo a la información brindada, todo se originó el 3 de noviembre durante el festejo de un cumpleaños de 15 en un salón, hasta donde llegó como invitado un peón que había trabajado en un galpón cerrado y allí contrajo el virus. Este hombre es considerado el caso índice. La primera en contagiarse fue una adolescente de 14 años, que dos semanas después se convirtió en la primera víctima fatal del hantavirus.

Cadena de contagios

De acuerdo con la información oficial, además de la joven se contagiaron otros cuatro invitados a dicha fiesta: en total, allí contrajeron el virus tres varones y dos mujeres, una de ellas, la hija del caso índice. El séptimo contagiado fue un compañero de trabajo de uno de los tres anteriores. Le siguieron una empleada administrativa del Hospital de Epuyén, de 64 años y tía de la primera joven fallecida. También se contagió un boletero de una línea de colectivo, que estuvo en contacto con alguno de los afectados. Con estos primeros datos ya no hay dudas de que el contagio de persona a persona durante los tres primeros días de fiebre del afectado es el principal motivo de este brote. Por esta razón, el municipio decretó la cuarentena en la localidad y hasta prohibieron los velatorios.

La décima contagiada fue la esposa de uno de los invitados a la fiesta fatal y después un trabajador municipal que estuvo colaborando en el hospital cuando comenzaron a producirse los casos. Es una de las víctimas fatales. A él le siguen la hija y el hijo de uno de los que fue se infectó en el cumpleaños. La ex esposa del caso índice y madre de la hija del peón que también se infectó se convirtió en el caso positivo número 14. Después llegó una cadena de familiares y amigos que estuvieron en contacto con el caso índice, los cinco infectados en el cumpleaños y la empleada del hospital. Entre otros, son dos hijos de una de las infectadas, la amiga de una mujer y hasta una enfermera chilena que visitó Epuyén (Patricia Martínez, funcionaria del hospital de Palena), fue internada en Puerto Montt y más tarde falleció en el Hospital del Tórax en Santiago.

Casi todos los que contrajeron el virus no estuvieron en contacto con las heces, la orina o la saliva del ratón colilargo (Oligoryzomys longicaudatus), principal reservorio del virus. La mayoría de los contagios se produjeron de persona a persona.-

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