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Jueves, 28 de mayo de 2020
'Zoonosis'

La humanidad consume carne de especies que pueden traer otros virus

Manuel Salazar Salvo

En algunas partes de Asia y África siguen comiendo carne y cerebro de perro sin cocinar.

China -debido al coronavirus- prohibió el consumo de animales salvajes de forma temporal, una medida que no incluye usos medicinales o para la investigación.

El control del consumo y comercio es muy difícil por cuatro razones: la falta de estadísticas, poblaciones humanas enormes, tradiciones muy arraigadas y escasez de medios para aplicar la ley. Por eso, la posibilidad de ver nuevas dolencias transmitidas por animales a humanos en el futuro es muy real.

Los mercados callejeros, donde se mezclan muchos animales en muy malas condiciones de salubridad, despiertan los recelos de la comunidad científica. “Coges a especies salvajes, las pones bajo una situación de estrés y las mezclas con otras. Este es el hábitat perfecto para los virus”, ha dicho Rikkert Reijnen, investigador del Fondo Internacional para el Bienestar Animal.

“El ser humano caza animales desde el principio de su existencia, eso no es algo nuevo, pero sí las cantidades que se consumen ahora y la capacidad de que los animales viajen de un lado a otro del globo en cuestión de horas”, agrega Reijnen.

La ONU calcula que el tráfico de especies protegidas mueve cada año entre ocho mil y 20 mil millones de dólares. La convención sobre el comercio internacional de especies amenazadas ya regula los intercambios entre países, pero el problema es que en el mercado interior no tiene jurisdicción y la demanda en países como China, Vietnam y otros es enorme. 

Martha Pedraja, investigadora española de a Universidad Complutense de Madrid, ha estudiado el comercio y tráfico ilegal de carne de perro. “En casi todo Asia, los puestos tienen una parte visible, donde puedes comprar una gallina. Pero después está la trastienda, donde están las especies prohibidas. Cuanto más grande es el país y más arraigadas las costumbres, más difícil es conseguir un cambio. Parece mentira que no hayamos podido erradicar una enfermedad como la rabia, que lleva con nosotros miles de años. Pero si miras las zonas rurales de África y Asia aún hay muchos sitios en los que siguen comiendo carne y cerebro de perro sin cocinar. Algunas comunidades en Nigeria, por ejemplo, creen que la carne canina les defiende contra las brujas”, declaró la experta hace unos días a medios de prensa hispanos.

Bhere Tekola, director de Salud Animal de la FAO, afirmó al respecto a la BBC: “Cuando hablamos de consumo de carne salvaje simplemente no hay datos. Los países no aportan esta información porque normalmente pertenece al mercado informal. Y la falta de certezas lleva al pánico”. Este especialista etíope ha trabajado sobre el terreno con muchas comunidades rurales que siguen comiendo gracias a la caza y recolección.

“¿Y cómo se explica lo que se puede comer y lo que no en un continente como el africano, en el que 275 millones de personas no tienen asegurado su alimento del día siguiente? Difícil respuesta. No podemos ir a decirles a los agricultores pobres ‘come esto, no te comas lo otro’. ¿Qué alternativa tienen si se les prohíbe cazar? ¿Les estamos dando a cambio una granja de pollos o de cerdos?”, añadió. 

Consumo de animales del bosque

El consumo de productos silvestres existe, aunque sea casi imposible cuantificarlo. El informe “El estado mundial de la biodiversidad para la alimentación y la agricultura” recoge una encuesta realizada en algunas comunidades en Asia, África y América Latina entre 2004 y 2010 en la que se concluyó que más del 53,5% de los hogares se abastecían con animales y plantas de los bosques. 

El informe hace una recopilación de diferentes estadísticas aportadas por los propios países y algunas organizaciones internacionales que incluyen plantas, animales, setas y microorganismos. Según sus datos, hay 2.800 especies diferentes de especies salvajes que se usan para consumo humano en el mundo. “Sin embargo, estos números están incompletos. Por ejemplo, los países solo registran que se consumen 21 tipos de insectos, cuando sabemos que esa cifra asciende a más de dos mil”, especifica Belanger.

Especies amparadas

Desde 1975 existe la Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Fauna y Flora Silvestres, CITES, un acuerdo suscrito por 175 países para velar por el comercio internacional lícito de animales y plantas silvestres. Hoy, unas cinco mil especies de animales y cerca de 28 mil especies de plantas están amparadas por el CITES.
El mayor consumidor de especies salvajes en Occidente sigue siendo Estados Unidos. Hace unos diez años, los yacarés eran las mascotas de moda en Nueva York, aunque terminaron en su mayoría en las alcantarillas de la ciudad. En Alaska están ocurriendo gravísimas matanzas de morsas para obtener marfil alternativo al de los elefantes.

Otro ejemplo alarmante, según el FBI, son las más de 100 mil serpientes enviadas por correo cada año. Pero, además, los ciudadanos estadounidenses importan ilegalmente más cacatúas, más pieles prohibidas, más simios, más aves en peligro de extinción que ninguna otra nación de la Tierra. Le siguen en este ranking  la Unión Europea, Japón y los Emiratos Árabes

En Tailandia, Birmania, Camboya y Laos, región que coincide con el llamado Triángulo de Oro de la heroína, las mafias de la droga son las que controlan también el contrabando de loros, cuernos de rinoceronte, pieles de felinos y saurios.

Los narcotraficantes gustan alardear de su poder adquiriendo animales salvajes. Pablo Escobar,  el tristemente célebre capo del cartel de Medellín, tenía cerca de dos mil animales de cien diferentes especies en su zoológico privado, el cual, según la Sociedad Mundial para la Protección de los Animales, era la colección más valiosa de animales en extinción de toda América.

Desde mediados de los años 90 los animales exóticos se han vuelto cada día más populares como compañía. En el Reino Unido, por ejemplo, se importan unos 115 mil reptiles y anfibios al año para su venta al público. Allí, el número de personas que poseen tortugas de agua dulce y serpientes es casi igual al de los dueños de caballos y la cifra sigue aumentando.

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