En 2025, se registraron 1.927 muertes por suicidio en Chile, lo que equivale a un promedio de más de cinco defunciones diarias. Detrás de estas cifras hay personas, familias y comunidades afectadas, y una tarea de prevención que no comienza ni termina en septiembre. Esta convoca al Estado, la sociedad civil y las comunidades, porque prevenir el suicidio requiere sumar miradas, conocimientos y, sobre todo, capacidad de escuchar, comprender y acompañar.
Por eso, quienes trabajamos en prevención insistimos en la necesidad de hablar del suicidio durante todo el año, de manera responsable y sin estigmas, pero también de avanzar más allá de la sensibilización. Prevenir supone, entre otras acciones, reconocer señales, facilitar la atención oportuna, promover condiciones para una vida digna y fortalecer comunidades donde las personas encuentren vínculos sólidos, pertenencia y razones para seguir adelante.
Septiembre Amarillo puede ayudarnos a poner el suicidio en la conversación pública. El desafío es que, cuando termine el mes y se apaguen las campañas, la prevención continúe en las políticas públicas y los servicios, pero también en nuestras familias, barrios, lugares de trabajo y estudio; en definitiva, allí donde construimos comunidad.
Ana Paula Vieira
Psicóloga
Presidenta Fundación Míranos





Comentarios
Añadir nuevo comentario