A mediados de abril, Interferencia lanzó su primera campaña de suscripción en más de cinco años. A poco más de un mes de ese hito, nuestro medio ya alcanzó una cuarta parte de la meta propuesta.
Queremos agradecer a quienes se han sumado como nuevos suscriptores y suscriptoras, así como también a quienes decidieron volver a apoyar el trabajo de esta redacción.
En tiempos en que la democracia enfrenta riesgos y las dificultades económicas atraviesan la vida cotidiana de muchas personas, valoramos profundamente a quienes siguen creyendo en el periodismo independiente.
Hoy estamos más cerca de nuestra meta y queremos alcanzarla.
El horizonte es nuestro octavo aniversario, que celebraremos durante la llegada de la primavera. Si quieres sumarte y apoyar nuestro trabajo, puedes hacerlo en el siguiente link.
La línea editorial de Interferencia
Todos los medios de prensa tienen una visión editorial que subyace a su labor de informar de manera honesta a sus audiencias. La famosa ‘objetividad’ es un mito que las autoridades y los poderosos quieren imponer a la prensa con tal de, si bien no silenciar, al menos aminorar el impacto de una cobertura que consideran negativa. Para los poderosos, la objetividad muchas veces consiste en simplemente reproducir sus propias declaraciones.
En Chile, la línea editorial de gran parte de los medios tradicionales es de derecha, aunque entre éstos existan a veces diferencias en temas valóricos o culturales.
Nuestro medio está anclado en una visión de centroizquierda. Es decir, en la firme creencia de destapar los abusos de los poderosos a cualquier nivel, de avanzar en eliminar las injusticias sociales ancladas en privilegios, apellidos o conductas depredadoras, y en respetar el avance en libertades de los llamados ‘grupos minoritarios’ por alcanzar algo que, en teoría, todos aceptamos desde hace casi dos siglos: la igualdad ante la ley.
Para nosotros, por ejemplo, la verdadera noticia en el mercado de viviendas no es la ganancia anual de las grandes inmobiliarias, sino que cuán accesible y asequible es para una familia corriente arrendar o comprar un casa o departamento.
La acumulación sin precedentes en la riqueza de unos pocos durante las últimas décadas no sólo gatilla un profundo resentimiento social, sino que se convierte en tierra fértil para sentimientos antidemocráticos. A ello se suma la fuerte ola inmigratoria que Chile enfrenta hace una década, que muchos ciudadanos comunes ven como una amenaza a la poca seguridad social que han conquistado en los últimos años. Esto han sido temas que la centroizquierda ha dejado de lado a favor de una constelación de intereses minoritarios que, siendo importantes, no configuran una visión ideológica para el mundo actual.
Con todo, nuestra línea editorial no es un impedimento para criticar y exigir responsabilidades a la centroizquierda. Durante el gobierno de Gabriel Boric publicamos algunos artículos y reportajes que no sólo cayeron muy mal en La Moneda, sino que llevaron a muchos lectores a dudar de nuestra visión editorial e incluso a cancelar sus suscripciones.
Sin embargo, nuestro deber editorial es publicar artículos, columnas e investigaciones cuyo contenido, según lo que hemos reporteado y verificado, ha sucedido y es relevante. Aunque a algunos de nuestros lectores no les guste, tenemos que ser honestos a la hora de publicar lo que hemos indagado. No pocas veces, los resultados de nuestra labor contradicen nuestra propia línea editorial y las convicciones personales de nuestros periodistas. Pero no publicar esa información, es equivalente a ocultarla o aplicar una autocensura, lo que va en contra de nuestra ética periodística.
Nos pueden criticar, nos pueden acusar de sesgados, a veces también nos pueden felicitar, pero deben saber que en Interferencia tenemos un axioma: creemos en la inteligencia de nuestros lectores y no los tratamos como niños, sino como ciudadanos pensantes.
Hoy en día la mayoría de las personas consumimos las noticias a través de redes sociales. Y como los algoritmos están programados para mostrarnos lo que queremos ver y escuchar, eso nos lleva a habitar burbujas de información donde cada usuario vive en la ilusión de que ‘todo el mundo’ piensa como él o ella.
La labor de la prensa, como nosotros la entendemos, no es esa. No se trata de confirmar a nuestros lectores que nuestra visión ideológica es la correcta. No se trata de ‘encerrarlos’ en un loop progresista. Nosotros mismos, al reportear la actualidad, muchas veces nos enfrentamos a la incomodidad de descubrir que al que creíamos bueno no era tan bueno, y al que creíamos malo no es tan malo. Es la vieja constatación universal de que entre el blanco y el negro existe un sinfín de tonos grises.
Al final del día, tratamos de hacer nuestra labor diaria con la mente abierta y de no olvidarnos nunca de que nos debemos a nuestros lectores. Nos pueden criticar, nos pueden acusar de sesgados, a veces también nos pueden felicitar, pero deben saber que en Interferencia tenemos un axioma: creemos en la inteligencia de nuestros lectores y no los tratamos como niños, sino como ciudadanos pensantes.





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