Marcelo Salas

Hoy el proceso es otro. Apenas un jugador destaca, el objetivo deja de ser consolidarlo y pasa a ser venderlo. El club necesita recursos; el representante busca una oportunidad; el futbolista entiende que quedarse puede significar perder el tren hacia Europa. Todos tienen razones atendibles. El resultado, sin embargo, es devastador para el campeonato. Los hinchas apenas alcanzan a aprender el nombre de una promesa cuando ya está haciendo las maletas.

El jogo bonito brasileño, el catenaccio italiano, el fútbol total holandés, el tiquitaca español, el juego directo de los alemanes; son filosofías sobre cómo entender el balompié que, además, expresan la idiosincrasia de los habitantes de una nación. En algunos casos, la mera disposición mental a enfrentar el juego, identifica a ciertos cuadros, como es el caso de la “garra charrúa” o la “casta guaraní”. Sin embargo, existen también equipos veleta que no han logrado consolidar su personalidad y se conforman con alinear once jugadores que busquen el triunfo o evitar la derrota. Lamentablemente, ese es el caso de la Roja.


