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Miércoles, 19 de febrero de 2020
Historia social

1° parte: “Pan, trabajo, justicia y libertad”: Las luchas de los pobladores en dictadura (1973 -1990)

Mario Garcés Guzmán

INTERFERENCIA presenta en dos artículos, extractos de este libro recientemente editado por LOM de Mario Garcés, en el que se aborda los antecedentes históricos más inmediatos de la protesta social.

Hace algunos días LOM Ediciones presentó este nuevo libro del historiador Mario Garcés, donde en casi 230 páginas el investigador revisa minuciosamente las experiencias de los pobladores tras el golpe de 1973 y la recuperación del tejido social de ese sector de la población, entre otros temas. Entre los aspectos analizados destacan en el primer capítulo: Reconstrucción del tejido social y la izquierda; Las Protestas Nacionales; El fracaso del “año decisivo; Camino al plebiscito de 1988; La transición a la democracia y los movimientos sociales.

En el segundo capítulo se abordan aspectos como: Los pobladores y el golpe de Estado; La acción social y política de la Iglesia; La reconstrucción del tejido social en las poblaciones; Herminda de La Victoria y El Montijo Sur; Huechuraba; La Legua; Malaquías Concha; Santa Adriana; Los Centros de Apoyo, las ONG y la Educación Popular.

El tercer capítulo refiere a: Las protestas sociales; El protagonismo de los pobladores; El protagonismo juvenil; El movimiento de mujeres; El “año decisivo" y la represión a los pobladores en ese tiempo; y, Las detenciones y otras formas de represión.

Acá un extracto de los momentos inmediatos al Golpe:

El día del golpe, en Villa Francia, un pequeño grupo de jóvenes dirigentes del Comité de Abastecimiento Popular (CAP) decidió vender la mercadería que aún mantenían almacenada en su bodega. La acción comenzó muy ordenada, pero lentamente se fue generando un pequeño tumulto que fue creciendo en la medida que se divulgaba la noticia de lo que estaba ocurriendo: “los vecinos comenzaron a perder la calma, estiraban sus manos con el dinero y se les entregaba casi a tientas algún producto, el desorden fue en aumento y pronto se transformó en caos. Dentro del pequeño local no cabía más gente”. El mesón colapsó y algunos vecinos “fuera de control quebraron botellas, y con el gollete en la mano amenazaron a los dirigentes, quienes huyeron por una puerta exterior... echaron andar para alejarse del lugar que había representado la máxima expresión del poder popular en Villa Francia durante el gobierno de Allende. Todo había terminado”. 

Como indica Eugenio Cabrera, protagonista de los sucesos que narramos como líder juvenil del CAP y actualmente historiador de Villa Francia, se comenzaba a vivir otro tiempo histórico con los bandos militares que repetían las radios al servicio de los militares, y algunos grupos, incluidos los pobladores de Villa Francia, celebraban el golpe cantando e insultaban a los vecinos más reconocidos como partidarios de la Unidad Popular. 

Sin embargo, algunos militantes de izquierda se reunieron y buscaron algunas formas de organización para defender al “gobierno popular”. En la escuela de la población instalaron altoparlantes por medio de los cuales convocaban a la población a la defensa del gobierno. Una y otra vez resonaba la voz de Margarita, una joven militante que invitaba a los pobladores a reunirse y a resistir. Otra vecina, militante del Partido Socialista, recolectaba elementos para hacer curaciones y atender a los heridos de la probable resistencia. Otros vecinos juntaban botellas para hacer bombas molotov y se especulaba sobre la posibilidad de atacar a un tanque con estos medios. Esa noche, a oscuras, y con toque de queda vigente, un grupo de unos cincuenta vecinos se reunió en la escuela y uno de los dirigentes hizo un breve recuento del golpe, de lo acontecido durante el día y de la probabilidad de que llegaran armas para defender al gobierno. También preguntó quiénes de los de allí reunidos contaban con experiencia con las armas o si habían disparado alguna vez. Sólo un joven contestó; el resto guardó silencio. Como comenta Eugenio Cabrera, “era un dramático testimonio de la real capacidad que existía para defender al gobierno y el proceso bárbaramente interrumpido”. Hay que agregar que esa misma noche se reunieron algunos miembros de la comunidad cristiana en la casa del sacerdote Mariano Puga, donde se confirmó la muerte de Allende, se realizó una pequeña liturgia, y luego se retiraron a sus casas en pleno toque de queda. 

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Muertos en el Mapocho en septiembre de 1973
Muertos en el Mapocho en septiembre de 1973

En la población La Legua, don Luis Durán, dirigente histórico del Partido Comunista en La Legua, recuerda que desde temprano los legüinos trataban de informarse de lo que estaba ocurriendo, que la gente se reunía, “pero sin saber qué hacer, o estaban indecisos de ir al centro, porque la locomoción ya no pasaba”. Y mientras permanecían en las calles, vieron aparecer a un grupo de jóvenes armados que se enfrentaron con carabineros, “pero los carabineros se fueron, no sé, se arrancaron, pero después volvieron, pero más preparados, volvieron por acá, por Álvarez de Toledo, con una micra de carabineros”. Margarita, hija de don Luis, que estudiaba en el Pedagógico, fue a clases esa mañana, pero ya al mediodía se encontraba en casa de su padre; allí se reunió con su pareja, Luis Orellana, almorzaron, y luego decidieron salir y caminar hacia Legua de Emergencia por la calle Comandante Riesle. Por el camino se encontraron con una columna de militantes socialistas, que dirigía Amoldo Camú, encargado militar del Partido Socialista, al que ambos conocían. Luis Orellana le indicó al grupo que no dispararan, que “la zona es toda de izquierda y que hay harta gente en la calle en ese momento”, La columna se desplazó hacia la industria Sumar-sección Poliéster, donde trabajadores armados disparaban y lograron impactar a un helicóptero, que fue averiado y se vio obligado a devolverse hacia la Base Aérea de El Bosque. Una vez reorganizadas las fuerzas en Sumar, decidieron desplazarse hacia la industria Madeco, cruzando nuevamente la población La Legua. Durante la tarde se registraron al menos dos enfrentamientos, el más importante en calle Los Copihues, donde un joven del grupo de los socialistas impactó con una bazuca a un bus de carabineros, produciéndose varios heridos. 

Según los relatos de carabineros, el tiro solo rompió el vidrio delantero del bus, pero luego los enfrentamiento s continuaron y el bus resultó completamente destruido. y cuando ingresó una ambulancia de carabineros, que rescató solo a uniformados y se negó a trasladar civiles, también fue atacada. Según Margarita Durán, entre los legüinos más activos estuvieron jóvenes militantes del PC, unos quince aproximadamente, la mayoría de los cuales fue ejecutado o hecho desaparecer en los días posteriores al golpe. Pero también la población se mostró muy movilizada: 

Participa mucha gente cuando ve toda esta cosa muy activa, que vienen estos militantes, que viene esta columna, y después del enfrentamiento mismo la gente es muy solidaria, toman armas, digamos, los chicos mirando [ ... ] La población participó como en pleno, como abriéndole las puertas a los compañeros, como ayudándolos, como haciéndoles coartadas para que entraran, una cosa así impresionante, yo te digo, nunca lo hubiera esperado de cierta gente que ni siquiera era de izquierda, pero había una cosa como de conciencia de clase". 

Luego de los enfrentamientos, según nos relató Margarita Durán, vino un compás de espera, en que todavía algunas personas pensaban que La Legua podía ser una zona liberada. Sin embargo, la realidad era muy distinta, La Legua era un caso aislado, y las energías de los militantes que permanecieron en la población, se orientaron a esconder armas y personas. En los días siguientes comenzó a correr el rumor de que La Legua sería bombardeada, lo que hizo que algunos pobladores abandonaran el barrio buscando refugio en casas de familiares de otras poblaciones. La incertidumbre se prolongó hasta el día 16 de septiembre, en que La Legua fue allanada, previo vuelo rasante de aviones, con un enorme dispositivo policiaco-militar". 

En la población Santa Adriana, por los testimonios que conocemos, los pobladores fueron testigos de una serie de sucesos represivos que marcaron la historia de la población. Como indica la historiadora Nicole Acevedo, los primeros relatos que escuchó sobre el golpe fueron los que le proporcionó su madre: “Ella me contó que ese día, como cada mañana, los miembros de su familia se dirigían al trabajo cuando los sorprendió un cerco de agentes militares en Callejón Lo Ovalle con Ochagavía (actual Avenida José Joaquín Prieto). La intersección estaba bloqueada por un número importante de efectivos con armamento de guerra, lo que impidió que los pobladores pudieran transitar por esas calles. Arriba, en la Carretera Panamericana Sur, se situaban francotiradores que apuntaban en distintas direcciones. Mis abuelos, mis tías y mi madre tuvieron que devolverse a la casa en un clima de incertidumbre”. 

Continúa mañana.

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