Estamos donde tú estás. Síguenos en:

Facebook Youtube Twitter Spotify Instagram

Acceso suscriptores

Viernes, 14 de agosto de 2020
Adelanto de "En un país llamado Chile"

Cheyre versus Cheyre

Juan Pablo Cárdenas S.

Padre e hijo, entonces activos en el Ejército, enfrentaron sus posiciones durante el “Tacnazo” de 1969. Además, Juan Pablo Cárdenas, fundador de la revista Análisis, relata en su nuevo libro que el general del “nunca más” le contó que Pinochet había sido quien filtró a la revista que dirigía el expediente de la “Caravana de la Muerte”, en un operativo de “contrainteligencia” del dictador contra Sergio Arellano Stark.

“Tacnazo” es el nombre que se le dio a la insurrección militar del general Roberto Viaux Marambio durante el gobierno de Eduardo Frei Montalva, el 21 de octubre de 1969. Un acuartelamiento que puso en la cuerda floja nuestra institucionalidad y que pudo ser sorteada cuando el militar rebelde y sus cómplices entendieron que su movimiento no lograba adhesión dentro del Ejército y las Fuerzas Armadas y, por el contrario, concitaba el más amplio repudio ciudadano y una masiva y espontánea concentración de personas enfrente de La Moneda. Allí donde por largas horas permaneció un nervioso Presidente de la República impartiendo instrucciones para abortar el conato militar y lograr la rendición del oficial rebelde. Después, en todo caso, de atender y satisfacer varias de sus demandas relativas a aumentos de sueldos, remoción del comandante en Jefe y otras exigencias. Como la historia posteriormente lo demostró, este incidente anotó un nefasto precedente para que el 11 de septiembre de 1973, Pinochet tuviera éxito en su conspiración y Golpe de Estado.

A la sazón, yo era un estudiante de Periodista y había tenido la suerte de conocer a la familia Cheyre Espinoza, gracias a que fui compañero de curso de mi amiga Consuelo, hija del general Cheyre Toutin. Por lo mismo es que, apenas conocida la noticia del Tacnazo, corrí a la casa de don Emilio y su encantadora esposa Mara para enterarme de primera fuente de lo que empezaba a ocurrir, cuando ya muchos pensaban que podría tratarse de un acto destinado al derrocamiento del gobierno demócrata cristiano de la época. Una administración que, dicho sea de paso, no expresaba mucha simpatía por las fuerzas castrenses, aunque con los años algunos de los dirigentes de este Partido golpearon las puertas de los cuarteles para promover el derrocamiento de Allende y justificar la acción militar por largos meses y años. Mal que mal, estábamos en plena “Revolución en Libertad”, con reforma agraria, recuperación del cobre y otros logros que ciertamente no eran del agrado de los uniformados ni de la derecha.

La cuestión es que llegué a la casa de los Cheyre en el momento mismo que el general había sido nombrado Comandante de las fuerzas leales al estado de derecho y se aprestaba para salir al Tacnazo a enfrentar al general Viaux. Lo vi, justamente, poniéndose el uniforme de combate completamente decidido a irrumpir lo más prontamente posible en el regimiento de Artillería tomado por los insubordinados. Dispuesto a asumir una actitud que hiciera gala de su fama de militar duro, leal y decidido. A pesar de que en la intimidad siempre lo aprecié como un hombre afable, con un particular humor, bondad y sentido común. Tal como pude comprobarlo habitualmente los domingos en su casa a la hora del té, donde nunca faltaba una torta de mil hojas, hasta ahora, mi pastel favorito. Como también pude apreciarlo en su fundo en las cercanías de Temuco, donde presenciamos por televisión la llegada del primer hombre a la Luna. Algo inolvidable, por cierto.

No alcanzó Juan Emilio a justificar su adhesión a Viaux cuando escuchamos un estruendoso grito de su padre: ¡Arrestado! Al tiempo que le exigía recluirse de inmediato en su dormitorio donde permanecería los días siguientes hasta que la situación quedara superada y se disipara cualquier sospecha del terrible desacuerdo y contrariedad entre el padre y el hijo.

De repente, en medio de toda esta tensa y expectante situación, irrumpe apresuradamente en la casa Juan Emilio Cheyre Espinoza, el hijo mayor del General, sin saber que su padre había sido recién encomendado por el Gobierno para hacer frente al Tacnazo. Venía muy a la carrera para partir presto a enrolarse en el movimiento del general Viaux, lo que notificó a su progenitor y superior jerárquico. Claro; se trataba de un joven militar que apenas iniciaba su carrera y, por cierto, se hacía ingenuamente parte del descontento castrense que existía entonces y siempre con la política. En la idea de que los chilenos estaremos siempre en deuda por las glorias y triunfos bélicos de nuestro “Ejército jamás vencido”, como acostumbran a ufanarse sus integrantes. Pese a que en las guerras fratricidas que nuestro país ha acometido, las víctimas han sido regularmente los civiles reclutados y caídos en los campos de batalla. Mientras los altos oficiales seguían los combates contra peruanos y bolivianos desde la Capital, a miles de kilómetros de distancia.

No alcanzó Juan Emilio a justificar su adhesión a Viaux cuando escuchamos un estruendoso grito de su padre: ¡Arrestado! Al tiempo que le exigía recluirse de inmediato en su dormitorio donde permanecería los días siguientes hasta que la situación quedara superada y se disipara cualquier sospecha del terrible desacuerdo y contrariedad entre el padre y el hijo respecto de este histórico episodio. Aunque fui un testigo privilegiado de esta circunstancia, siempre pensé guardar silencio sobre lo que había presenciado porque, mal que mal, Juan Emilio acató la orden del general Cheyre y se trataba de un incidente al interior de una familia que quise mucho y guardo hasta hoy los más gratos recuerdos.

Incluso, debo reconocer, soy de los que creyó que Juan Emilio Cheyre había logrado escapar de todas las repugnantes acciones represivas de la Dictadura. Confiando, además, que el nombramiento que le hizo Ricardo Lagos estaría precedido de una eficiente y minuciosa indagación sobre su conducta. 

Con el tiempo, el ya retirado general Cheyre Toutin fue nombrado por Frei como Director General de Investigaciones, la policía civil, cuando también lo visité en sus nuevas dependencias y me confiara lo fascinante que era ejercer ese cargo y poder revisar o solicitar informes de quien se le antojara. Parecía que estaba disfrutando plenamente de un botín de información,para entonces en fichas de cartón, cuando todavía no asomaban los computadores, las redes sociales y los recursos más modernos y siniestros, incluso, para rastrear a todo el mundo.

Incluso, debo reconocer, soy de los que creyó que Juan Emilio Cheyre, quien alcanzara después el grado de Comandante en Jefe del Ejército, había logrado escapar de todas las repugnantes acciones represivas de la Dictadura. Confiando, además, que el nombramiento que le hizo Ricardo Lagos estaría precedido de una eficiente y minuciosa indagación sobre su conducta, liberándolo de cualquier cargo o duda al respecto…

Como director de Radio Universidad de Chile tuve la oportunidad de entrevistarlo y ser visitado por él en dos oportunidades, donde conversamos de lo humano y lo divino. Aportándome, por lo demás, información que para mi resultó muy valiosa respecto de cómo a nuestra revista Análisis había llegado el expediente de la “Caravana de la Muerte” y del detalle de sus horribles crímenes que tuvimos la oportunidad de denunciar en una edición que causara alto impacto público pero, curiosamente en este caso, sin ningún requerimiento judicial en nuestra contra. Asegurándome que la recepción por nosotros de este acopio se debía a un acto de “contrainteligencia” de Pinochet para desbaratar las pretensiones del cabecilla de esta operación criminal, el general Sergio Arellano Stark, de quien el Dictador supuso o supo que estaba conspirando en su contra.

"La entrega del expediente fue un acto de “contrainteligencia” de Pinochet para desbaratar las pretensiones del cabecilla de esta operación criminal, el general Sergio Arellano Stark, de quien el Dictador supuso o supo que estaba conspirando en su contra.

Sin embargo, ahora resulta que el general Cheyre Jr. está siendo imputado por algunos de los graves incidentes precisamente de esta secuencia de cobardes y alevosos homicidios de la Caravana de militares que viajó por el país matando y torturando a decenas de presos políticos. Por lo que se sabe o se rumora, algunos abogados me aseguran que el ex Comandante en Jefe sería próximamente condenado a una pena aflictiva. Que ni el benevolente juez de Derechos Humanos, Mario Carroza, podría seguir soslayando las acusaciones en su contra y dejar de aplicarle una ejemplar condena. La que posteriormente pueda ser ratificada o desestimada por las cortes superiores de nuestros Tribunales. Instancias que, debiendo aplicar la Ley, la verdad es que muchas veces contemporizan con los intereses de los otros poderes del Estado y, desde luego, son sensibles a las presiones que saben ejercer instituciones como las uniformadas.

Está por verse lo que ocurra en tal sentido, pero de lo que no hay duda es que el grito y la orden de arresto dictada por el general Cheyre contra su hijo Juan Emilio, ciertamente salvó a su heredero de involucrarse en una acción sediciosa a inicios de su carrera militar, permitiéndole después empinarse hasta la superioridad del Ejército. Para cumplir, de todas maneras, una importante misión en los albores de nuestra interminable Transición a la Democracia, y en que ha debido soportar los más enconados odios de los uniformados condenados por sus crímenes y que piensan que él pudo o debió hacer más a favor de quienes cometieron delitos de lesa humanidad y son hasta hoy imputados y condenados. Sobre todo si él mismo se habría involucrado en uno de los episodios más horribles de la represión.

*Esta crónica inédita forma parte de la nueva publicación del periodista y Premio Nacional de Periodismo, Juan Pablo Cárdenas. El libro, titulado En un país llamado Chile y editado por el Centro de Formación Memoria y Futuro, se presenta este martes 16 de octubre en el salón de honor del Instituto de Chile, a las 19 horas. Dirección: Almirante Montt 454, Santiago Centro (metro Bellas Artes).

Ya que estás aquí, te queremos invitar a ser parte de Interferencia. Suscríbete. Gracias a lectores como tú, financiamos un periodismo libre e independiente. Te quedan artículos gratuitos este mes.

Comentarios

Comentarios

Añadir nuevo comentario