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Martes, 23 de julio de 2019
Post-gentrificación

Cómo Airbnb amenaza los barrios tradicionales

Ricardo Martínez

Esta plataforma online de arriendos de inmuebles ha convertido barrios tradicionales de artistas e intelectuales a un coto de caza de los turistas. Esto pasa en Barcelona y Venecia, pero también en Santiago.

En los años ochenta el Barrio Italia -en el extremo surponiente de la comuna de Providencia- experimentaba un acelerado proceso de despoblamiento y de aumento de la edad de su composición social, al mismo tiempo que la calidad de vida descendía.

Sin embargo, por aquellos años todavía quedaban rastros de su era de esplendor, de cuando fue una zona de inmigración extranjera, sobre todo italiana, desde los años treinta del siglo XX. Del mismo modo disponía de muy buenos servicios, en tres o cuatro manzanas a la redonda del núcleo de Avenida Italia con Santa Isabel había un sastre, dos electricistas, una clínica dental, un reparador de cajas fuertes, un bar, una botillería, una pescadería, una tienda de abarrotes, una plaza, un peluquero, un restaurante, una vulcanización, un bazar/librería, venta de gas licuado, anticuarios, tres kioscos, una carnicería, una schopería. Lo único que no había era un cajero automático.

Es por eso que a fines de aquella década el barrio empezó a recibir como residentes a artistas plásticos, atraídos por los bajos precios de arrendamiento y los muy buenos servicios y accesos, que les dieron una nueva vida a las calles, pasajes y cités del sector, como hacen ver Elke Schlack y Neil Turnbull de la Universidad Andrés Bello en un artículo académico para la revista ARQ de 2011.

Entonces el Barrio Italia empezó a vivir una etapa de gentrificación.

La gentrificación es un proceso mediante el cual un distrito de vieja raigambre y tiempos mejores, ya idos, recibe un repoblamiento de personas con mayor poder adquisitivo y se vuelve un lugar con onda, que pronto se convierte en un destino para las personas que desde otros puntos de la ciudad se acercan a este barrio para acceder a nuevos restoranes, bares, pubs y tiendas de moda y diseño.

Y los precios de vivienda en el lugar empiezan a subir y subir, a menudo con la consecuencia del desplazamiento o expulsión de sus antiguos habitantes, quienes no se encuentran en condiciones de mantener su estilo de vida bajo las nuevas circunstancias, ni tienen los niveles de inversión suficientes como para subirse al carro de la nueva prosperidad del barrio.

La gentrificación puede ser vista como un peligro para la vida barrial. Pero hay un peligro más grande.

La post-gentrificación

A menudo los dueños de las viviendas en los barrios gentrificados no son los mismos habitantes, sino que capitalistas que arriendan sus casas y departamentos a la masa gentrificadora recién llegada.

Entonces, un arriendo que costaba poco más de cien mil pesos en Chile, puede multiplicar por algunos guarismos la cifra.

Sin embargo, incluso para estos nuevos habitantes con mayor poder adquisitivo existe una amenaza mayor: Airbnb.

De acuerdo con el sitio de arriendos en línea Airbnb, arrendar por solo un día un departamento con casi las “Tres B” en el Barrio Italia en Santiago puede alcanzar un valor que oscila entre los 16.500 pesos y los 35.000 pesos la noche. Si eso se multiplica por los treinta días que tiene un mes, el arrendador puede llegar a hacerse de entre medio millón a un millón de pesos mensuales, lo que supera por mucha distancia al arriendo por mes corrido a los primeros gentrificadores.

En esta post-gentrificación empiezan a ocurrir otros fenómenos anexos. En primer lugar, dado que ahora ya no habrá residentes permanentes en aquellos barrios recientemente descubiertos por el turismo, la textura o el tejido social del distrito se verá expuesta a una renovación permanente de viandantes. Personas que vendrán por un par de noches al lugar a hacer una bacanal de tres días, para ser reemplazadas luego por otros turistas, y a veces edificios casi completos que viven del arriendo por un par de días donde los residentes antiguos deben ver un cambio de vecinos semana tras semana, todos los meses del año.

Del mismo modo, como señalaba un reportaje de El País de España, los antiguos servicios del sector, se irán cerrando, cambiando la verdulería por una tienda de souvenirs, y la antigua carnicería por un pub hípster.

La post-gentrificación tiene todas las características de una invasión, como las antiguas invasiones europeas de la Edad Media. Nada puede dejarlo más claro que el mapa dinámico de los barrios más tradicionales de Barcelona que levantó Kor Dwarshuis con los arriendos de Airbnb entre 2009 y la fecha actual, donde se puede observar cómo la ciudad ha sido asediada por el turismo de manera devastadora.

Lo ilustra muy bien la respuesta que dio el escritor Rafael Gumucio, en una charla que dictó en esa misma ciudad a inicios de 2016, a la pregunta de cómo había cambiado la urbe desde cuando él vivía allí en los años noventa: “lo que más ha cambiado en la ciudad es el ahora persistente retumbe de las rueditas de maletas de turistas en las aceras del Born”.

El movimiento antiturístico

Muchos de los vecinos de lugares como la propia Barcelona o las islas Baleares en España, o Venecia en Italia, están viviendo por estos días la post-gentrificación como una pesadilla. En este último destino abundan carteles en los canales y plazas que invitan a los turistas Airbnb a darse cuenta de que están destruyendo la vida urbana con sus estadías, sus salidas y sus libaciones de Aperol Spritz.

Ana Atorresi, académica de la Universidad Nacional de Río Negro, en Bariloche, comenta que en dicho balneario invernal esto también es un problema, toda vez que los habitantes de la ciudad son desplazados a los extramuros por los turistas Airbnb.

De acuerdo con The Guardian, en un reportaje de 2017, respecto del emergente movimiento antituristas, “el punto focal de gran parte de esto ha sido España, que tuvo un récord de 75,6 millones de turistas el año pasado, incluidos 17,8 millones del Reino Unido. En Barcelona, donde las tensiones han estado aumentando durante años por el aumento incontrolado de visitantes y el impacto de sitios como Airbnb en el mercado local de la vivienda, Arran, el ala juvenil de la CUP (Candidatura de Unidad Popular), ha sido filmada cortando los neumáticos de bicicletas de alquiler y un bus turístico. Un portavoz de Arran dijo a la BBC: 'El modelo de turismo de hoy expulsa a las personas de sus vecindarios y daña el medio ambiente”.

Un ejemplo que deja claro la invasión de turistas a las grandes urbes turísticas está en los mensajes que emanan por los altoparlantes de las grandes tiendas, porque los turistas con fruición van a hacer compras a esos lugares. En los tradicionales Almacenes Lafayette en París se hacen los anuncios en vivo en francés y en chino, y en el Costanera Center de Santiago, el aviso para subir a ver el panorama desde lo alto de la torre se realiza en castellano… y en portugués, dado el turismo de brasileños.

En España les han puesto un nombre a estos vecinos sorpresivos, los guiris, turistas del norte de Europa que beben con placer y sin control, desde las locales sangrías, hasta los tragos de moda como el Gin-Tonic, el Moscow Mule o el Cynar Julep, cuyos vómitos en las calles deben ser esquivados y saltados por los residentes en permanencia cuando a la mañana siguiente salen a hacerse de su baguette para el desayuno

¿Hay alguna defensa contra la invasión post-gentrificante?

De acuerdo con un reportaje de The New York Times de 2017, la asociación de hoteleros de los Estados Unidos, se ha dado cuenta de que Airbnb no presenta los estándares mínimos que se exigen a la hotelería respecto de las reglas que se imponen a los servicios, “como la legislación contra la discriminación, las leyes locales de recaudación de impuestos y las normas de seguridad e inspección de incendios”.

Este último punto esta relacionado evidentemente con el caso de los seis turistas brasileños que fallecieron en el Barrio Bellas Artes de Santiago en mayo del presente luego de intoxicarse con monóxido de carbono.

De este modo, la batalla contra la post-gentrificación está en pleno desarrollo, donde diversos actores, de muy diversa naturaleza, pugnan por defender a las ciudades que son destinos turísticos de su eminente decadencia.

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