Ben Wood abrió Beervana en 2013, y desde esa época empecé a ir. En los últimos años ya no, pero fue el palacio de la cerveza. Fueron los primeros que trajeron Ballast Point, los primeros que trajeron Stone, los primeros que trajeron la Westvleteren 12, que era una cerveza prácticamente imposible de encontrar, reconocida como la mejor cerveza del mundo, de los monjes trapistas de Bélgica.
Fue el gran promotor de la cerveza artesanal en Chile, donde además de las marcas importadas, que eran muy exclusivas, vendía cerveza de la explosión de las microcervecerías nacionales. También promovió que la gente se hiciera más culta respecto a este brebaje. Formó gente, formó personas que vendían cerveza en distintos lugares, generó una comunidad.
Era una persona extraordinariamente simpática, una de las personas más agradables que he conocido en el mundo del comercio. Se acercaba a ti, conversaba contigo, te enseñaba cosas. Un promotor de un cierto estilo de vida que él conocía muy bien y para el cual había sido prácticamente criado, que era finalmente conectar mundos, hacer que la gente se encontrara al calor de una chela, al calor de la amistad.
Descansa en paz.







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