A menos de una semana de la primera vuelta electoral en Brasil, la campaña de Luiz Inácio Lula da Silva quedó en el centro de una disputa con Meta. El miércoles 23 de septiembre, la empresa de Mark Zuckerberg desactivó la cuenta de anuncios de la campaña, lo que impidió la creación y difusión de nueva publicidad electoral en Instagram y Facebook. Ese mismo día, la página oficial de Lula en Facebook también quedó deshabilitada, aunque la compañía la restableció horas más tarde sin ofrecer una explicación pública sobre el origen de la restricción.
El aviso que Meta envió a la campaña tampoco aclaró demasiado: la empresa se limitó a señalar que algunas de las actividades de la cuenta no seguían sus reglas, sin precisar qué conducta motivó la sanción, aunque dejó abierta la posibilidad de pedir una nueva revisión.
El Partido de los Trabajadores no se quedó callado. El PT exigió explicaciones a Meta y calificó lo ocurrido como un grave riesgo para la igualdad de armas en el proceso electoral. Un día después, la coalición que respalda a Lula presentó un recurso formal exigiendo el restablecimiento de la cuenta en un plazo máximo de seis horas, además de pedir revisión humana directa y la preservación de los registros digitales vinculados a la cuenta. Los abogados de la campaña fueron duros en su descripción del episodio: calificaron la desactivación como unilateral, sin motivo y sin ninguna justificación objetiva.
El trasfondo político le da otra capa al episodio. Días antes, en su discurso ante la Asamblea General de la ONU, Lula había advertido que Brasil no permitiría que los enemigos de la democracia, internos o externos, socavaran la voluntad popular. El PT, de hecho, ya venía denunciando ante la Corte Suprema brasileña presuntos vínculos entre Rockbridge Network —un grupo ligado al vicepresidente de Estados Unidos, JD Vance— y sectores que apoyan la candidatura de Flávio Bolsonaro, lo que alimenta la lectura de una interferencia externa en plena campaña.
Todo esto ocurre en un escenario que las encuestas describen como extremadamente ajustado. El último sondeo de Datafolha, levantado el 18 de septiembre, ubicó a Lula con 37% frente a un 33% de Flávio Bolsonaro, acortando una brecha que a inicios de mes era de cinco puntos. Nexus, por su parte, midió a Lula con 40% contra 37% de Bolsonaro, y en el escenario de segunda vuelta el empate es casi total: 46% contra 45%. AtlasIntel, la encuestadora que más ventaja le ha dado al candidato opositor, mostró en su medición del 10 de septiembre a Bolsonaro adelante por apenas 46,4% contra 46,2%.
El promedio de sondeos que elabora CNN Brasil confirma la tendencia: Lula lidera la primera vuelta con 39% frente a 33% de Bolsonaro, y en un eventual balotaje la diferencia se reduce a un punto, 44% contra 43%. Con ningún candidato cerca del 50% necesario para ganar en primera vuelta, todo apunta a que la definición se trasladará al balotaje del 25 de octubre.





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