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Sábado, 18 de Septiembre de 2021
[Sábados de streaming]

Documentales - Colectiv: una madeja infinita

Juan Pablo Vilches

El incendio de un club en Bucarest inició un reguero de revelaciones sobre la salud, el gobierno y el poder en Rumania. Mientras más sale a la luz, más oscuro se vuelve todo. 

Una de las películas que puso a Rumania en el mapa cinematográfico mundial fue La muerte del Sr. Lazarescu (Cristi Puiu, 2005), una sátira a su pesar sobre el sistema de salud rumano y su capacidad de matar a sus pacientes. Ya sea por indolencia, flojera o saturación, el anciano Sr. Lazarescu recorre en ambulancia las afueras de Bucarest buscando un hospital que lo atienda, para tratar una crisis reciente de una dolencia que los sucesivos médicos no logran determinar (ni para eso sirven, según el film) hasta que finalmente es recibido por un ser humano. Demasiado tarde, eso sí.

Alexander Nanau, el realizador de Colectiv (2019) no necesitó remontarse al vía crucis ficticio del Sr. Lazarescu para denunciar las múltiples y expandidas miserias del sistema sanitario rumano, sino que bastó con desenredar algo parecido a una madeja de lana. Una que comienza con el incendio del club Colectiv en 2015, durante un concierto de rock.

La tragedia –muy semejante a la ocurrida en el club Cromañón, en Buenos Aires, 11 años antes– develó una maraña de mentiras, prácticas corruptas y falencias en el sistema de salud para responder a este tipo de hechos, lo que generó protestas callejeras suficientemente potentes como para forzar al partido Socialdemócrata a renunciar al gobierno.

En eso nos sorprende el comienzo del documental. Entre conferencias de prensa y testimonios de víctimas o de sus familiares, aparece el enjambre reporteril habitual, donde se destaca la figura de un periodista avezado llamado Catalin Tolontan, editor del Sports Gazette, un medio deportivo que estaba reporteando las consecuencias del incendio.

La primera mitad de Colectiv se centra en Tolontan y su equipo, siguiéndolo a la sala de redacción y a las reuniones de pauta, enterándonos antes que nadie (bueno, ya no) sobre los golpes periodísticos que irán desenredando la madeja de la que hablamos más arriba.

La primera mitad de Colectiv se centra en Tolontan y su equipo, siguiéndolo a la sala de redacción y a las reuniones de pauta, enterándonos antes que nadie (bueno, ya no) sobre los golpes periodísticos que irán desenredando la madeja de la que hablamos más arriba. Primero está la inexplicable razón por la que fallecieron tantos sobrevivientes a causa de infecciones intrahospitalarias.

Efectivamente, las personas con quemaduras están más expuestas a esas infecciones, pero el documental nos explica –siguiendo a los periodistas que a su vez siguen a los responsables– que una empresa rumana vende desinfectantes adulterados con concentraciones más bajas que lo declarado. Es decir, de las 64 víctimas en total, los que no murieron por un incendio en un club que nunca debió funcionar, lo hicieron por ser atendidos en hospitales llenos de gérmenes.

Como mecanismo para generar asombro e indignación, esto funciona. Más aún si con bastante sobriedad agrega piedras al monumento al periodista héroe. “Cuando la prensa es servil, el pueblo es maltratado; aquí y en cualquier lado”, dice Tolontan en una aparición televisiva.

Colectiv se apoya y apoya el mito heroico del periodista, pero lo hace priorizando el resultado –el sucesivo develamiento de irregularidades y mentiras– por sobre el proceso, siempre más laberíntico, con pistas falsas, errores y verdades impublicables por falta de fuentes dispuestas a hablar.

Sin embargo, el hilo sigue saliendo de la madeja cuando Tolontan y su equipo descubren que el Estado sabía lo de los desinfectantes diluidos hacía casi diez años, y la furia popular se vuelve a tomar la calle. Y todo cambia.

El documental acentúa su ritmo de denuncia e investigación con otras formas de sobrevivir la tragedia y superarla. Si bien el tiempo en pantalla no es mucho, la historia de una sobreviviente –quien exhibe sus quemaduras en fotografías artísticas– aspira con cierta obviedad a tener una connotación luminosa en medio de una opacidad que progresivamente deviene en desesperanza.

Si la primera mitad de la cinta se sostiene en Tolontan y su equipo, la segunda migra su foco en el nuevo ministro de Salud. Vlad Voiculescu es un joven economista que trabajó en Viena y que es reclutado para contener daños.

Si la primera mitad de la cinta se sostiene en Tolontan y su equipo, la segunda migra su foco en el nuevo ministro de Salud. Vlad Voiculescu es un joven economista que trabajó en Viena y que es reclutado para contener daños y hacer lo que pueda para reformar un sistema corrompido hasta la médula.

Y este es un gran hallazgo del documental. Por dos razones. Uno: si bien Tolontan descubre realidades terribles, es un agrado verlo en su elemento, donde se maneja magistralmente conduciendo sus hallazgos y sus golpes, uno tras otro, y donde la película gana con ese vértigo. Voiculescu, en cambio, es un personaje en permanente aprendizaje y cuyo rostro transmite la paulatina comprensión de las fuerzas que en verdad está enfrentando.

Sin embargo, y esta es la razón número dos, el carácter del nuevo Ministro tiene el doble atractivo de la resolución y de cierta parsimonia de espíritu que le hace enfrentar los infinitos obstáculos que se le aparecen sin dejar de ser quien: sin estallar, sin quebrarse y, lo más importante, sin endurecerse.

Una vez que entramos en el mundo del ministro, las apariciones de Tolontan y sus denuncias se reducen, pero sus consecuencias se toman la película, la que se vuelve una secuencia de reuniones y llamadas telefónicas, los ladrillos que la película nos entrega para que construyamos nuestro diagnóstico. Sobre el club Colectiv, el sistema de salud, el gobierno y Rumania en general: pese a que Ceausescu fue ajusticiado hace más de 30 años, muchos aspectos de la vida rumana se siguen rigiendo con la misma verticalidad y corrupción de la época comunista, los que sin embargo responden a estructuras mucho más antiguas –casi feudales–, que antecedieron y sobrevivieron al comunismo y a su omnipotente líder.

Ante esa realidad desoladora, el documental vuelve a apostar por mostrar a las flores de humanidad que crecen en la periferia. En los cementerios, con los deudos que recuerdan a sus familiares fallecidos en el club Colectiv. En los laboratorios, donde se desarrollan prótesis para las víctimas. O en el mismo auto de Voiculescu, quien mantiene su temple pese a los sucesivos embates políticos que recibe a lo largo de la película.

Sin embargo, las flores no alcanzan a adornar las cadenas que nos ha mostrado convincentemente el realizador Alexander Nanau, pero sí convirtieron a la película en un producto más digerible, lo suficiente como para llegar a la lista corta del Óscar al mejor documental de este año. 

Aunque probablemente también ayudó el claro tono pro-occidental a la hora de encuadrar toda la situación. 

Acerca de…

Título: Colectiv (2019)

Nacionalidad: Rumania

Dirigida por: Alexander Nanau

Duración: 109 minutos

Se puede ver en: HBO Max

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