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Viernes, 6 de Marzo de 2026
[Interferencia América Latina]

En marzo comienza el “síndrome Doña Florinda”

Carel Fleming (desde Washington D.C.)

En Chile, ese síndrome tiene nombre propio desde hace años, pero ahora se verbaliza sin pudor. Las palabras: “roto”, “picante”, “flaite”, son la “chusma” en Chile. No es un insulto marginal, sino que ahora se usa como categoría política. La derecha dura la aplica para marcar territorio moral. Y lo más inquietante es que esa retórica es amplificada por sectores populares que votan contra sí mismos, convencidos de que pertenecen a otra sociedad, aunque nunca salen de la vecindad. 

La teoría del “síndrome de Doña Florinda”, desarrollada por el escritor argentino Rafael Ton, describe una patología social: el desprecio aspiracional. Gente popular que, en lugar de reconocerse como parte de una estructura desigual, se alinean con las élites, que a pesar de que no los toman en cuenta, desprecian a quienes consideran “más pobres” o la “chusma” para sentirse “más arriba”. En Chile les llaman: “Fachos pobres”. 

Doña Florinda no odia al sistema que la precariza, odia a Don Ramón y a la “chusma” de su vecindad a pesar de que vive ahí mismo. No interpela al poder, lo imita. No cuestiona la injusticia, la disfruta. En esa caricatura televisiva, Ton identifica una lógica profunda y persistente en América Latina, donde la identidad política se construye más desde el rechazo al semejante que desde la conciencia de clase.

En Chile, ese síndrome tiene nombre propio desde hace años, pero ahora se verbaliza sin pudor. Las palabras: “roto”, “picante”, “flaite”, son la “chusma” en Chile. No es un insulto marginal, sino que ahora se usa como categoría política. La derecha dura la aplica para marcar territorio moral. Y lo más inquietante es que esa retórica es amplificada por sectores populares que votan contra sí mismos, convencidos de que pertenecen a otra sociedad, aunque nunca salen de la vecindad. 

El triunfo de José Antonio Kast y el inicio de su gobierno en marzo no crea este fenómeno, pero lo acelera. Le da marco institucional. Lo que antes era resentimiento disperso hoy se transforma en identidad política. Ser “facho pobre” ya no es una contradicción: es una bandera, un modo de diferenciarse de la “masa” y del “roto” aun cuando comparten las mismas carencias: “Cuma” contra “flaite”. ¿Cuál es la diferencia? Exacto, ninguna. 

Los “Doña Florinda” de Chile, tienen la esperanza de que con Kast dejarán la vecindad por un barrio exclusivo y vivirán junto a sus Kikos, felices lejos de la “chusma”. Lamentablemente, han pasado años, múltiples gobiernos y aún siguen ahí. En el mismo pasaje del barrio y menospreciando a sus vecinos.

Cuando en la televisión entrevistan en las poblaciones a los “florindistas”, ellos dicen que están bien y que: “el peligro y la pobreza está a unas cuadras más pa’ dentro”, y cuando se llega a ese sector, otros responden lo mismo. Siempre hay alguien inferior. El vecino es el flaite o el roto, ellos no, tal como Doña Florinda ve a Don Ramón, y éste ve al “chavo”. 

El síndrome de Doña Florinda opera cuando el miedo reemplaza a la solidaridad. Miedo al que protesta, al que exige, al que incomoda. Miedo a caer más abajo, aunque ya se esté abajo. En ese escenario, el discurso del orden y la mano dura funciona como tranquilizante simbólico: no promete bienestar, promete castigo para otros y tener muchas cárceles.

Kast entiende ese código. Su narrativa no habla de redistribución ni de derechos sociales, habla de mérito, disciplina y enemigos internos. La “chusma” es el otro necesario para consolidar una identidad que se define por exclusión. No importa que ese otro sea el vecino, el primo o uno mismo hace diez años. Esto le ocurre a los Carabineros, que, a pesar de habitar en las mismas poblaciones pobres, se ven en un espejo, colgado en paredes de adobe o madera, como superior a los de su cité. 

La paradoja es que el desprecio baja en cascada. Las élites desprecian a los sectores medios, los sectores medios desprecian a los populares organizados, y los populares aspiracionales desprecian a la “chusma”. Nadie mira hacia arriba. Todos miran hacia abajo buscando a quién culpar.

En este clima, la división social deja de ser solo económica y se vuelve moral. No se trata de quién tiene más o menos, sino de quién “merece” y quién no. La pobreza deja de ser un problema estructural y pasa a ser un defecto personal. El pobre “correcto” es el que obedece, el que calla, el que agradece, el sometido. 

El síndrome de Doña Florinda se vuelve especialmente funcional a gobiernos conservadores porque desplaza el conflicto. Ya no es pueblo versus poder, es pobres contra pobres. La política se vacía de proyectos colectivos y se llena de identidades defensivas, ansiosas de aprobación desde arriba.

Chile entra así en una etapa delicada. No porque se radicalice la izquierda, como se repite hasta el cansancio, sino porque se normaliza el desprecio. Se institucionaliza la humillación como forma de gobierno. Se gobierna no para integrar, sino para separar, clasificar y señalar.

Los “fachos pobres” no son un insulto, son un síntoma. Son el resultado de décadas de abandono, educación desigual y promesas incumplidas. Pero también son el producto de un relato que les ofrece pertenencia simbólica a cambio de renunciar a la empatía por los demás. 

El riesgo para el gobierno de Kast no es solo la protesta social, sino el desgaste interno de esa identidad. Cuando el orden no trae prosperidad y el castigo no mejora la vida, el relato se agota. La frustración vuelve, y esta vez no encuentra a quién despreciar sin mirarse al espejo.

Rafael Ton, advierte que el síndrome de Doña Florinda se reproduce con la humillación y se debilita con la dignidad. Mientras el debate público siga celebrando el desprecio como virtud, la fractura social seguirá profundizándose.

Superar el síndrome de Doña Florinda implica reconstruir un “nosotros” donde hoy solo hay competencia y miedo. Implica recordar que nadie asciende despreciando al que tiene al lado, y que ningún país se ordena a punta de humillación.

Kast, debe cuidar que el hambre y las necesidades del “chavo” no aburran a sus “kikos” ni a los “fachos pobres” como “Don Ramón”, ya que en marzo comienza la nueva “vecindad chilena” que no será bonita cuando salgan a las calles la “chusma” y las “Doñas Florinda” a exigirles lo prometido, mientras los carabineros les disparen “sin querer queríendo”. 

La serie durará cuatro años. Y si los capítulos no son del gusto de los “señores Barriga”, dueños del nuevo presidente y sus ministros, bajarán el telón y Kast no podrá decir: “es que no me tienen paciencia”. 

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Mal oliente. Picante Resentido Persona cavernaria Eso es la persona que escribió este articulo

No tiene que ver con la pobreza. Y el autor escribe como si todos fuéramos iguales, como si no hubiesen flaites ni ladrones, escribe desde el resentimiento. Lo cierto es que con esfuerzo es posible surgir, y cuando se tiene suficiente Libertad. Hasta Marzo eso sí, tendremos que seguir soportando a los moralmente superiores que venían a cambiarlo todo, y que al final resultaron muchísimo peores que los que tanto criticaban, demostrando que hay motivos para no elegir a ignorantes o peor, a rotos violentos y picantes para puestos de poder.

Lo mismo ocurre con la izquierda ipocrita cuando habla de que ayudar a los más pobres miro hacia arriba y se despreocúpo de los mas necesitados undiendolos mas, ahora el pueblo en chile quiso un cambio porque el actual no goberno para los mas pobres solo lo hizo para su incumbencia siempre fue para su bolsillo), hora solo queda que este gobierno entrante haga los cosas mejor que el saliente.

Por qué en Marzo si en el año 1972 Salvador Allende después de haber estado con el pueblo y al llegar a casa decía ....."déjen sacarme el olor a roto" y de inmediato comparto con ustedes

Pónganse a trabajar comunistas ckuliaos

Toda la razón, en Chile se necesita un periodismo verdadero, eficaz y valiente.... Que diga las cosas como son..... No .e identifico con la derecha porque siempre he Sido de izquierda. De la que defiende al trabajador, a los niños,a la mujer y a la tercera edad y sobretodo a la mujer trabajadora.

MARAVILLOSO

Quiten el periodismo a los zurdos xd

Excelente artículo

Que contrariedad que un " gringo " nos vea así , como ciudadanos de una República Bananera

Columna totalmente anacrónica, Lo único que busca es resucitar la lucha de clases, gente que no puede entender que haya "pobres" que voten por la derecha, se creen dueños de esos votos y siguen sin entender que la gente vota así porque quiere romper ese círculo y ese estigma

Gracias. Por informarnos

Éste post demuestra lo resentidos que son y lo feliz que se sienten en la mediocridad.

Me encantó, realmente genial y por demás toda la verdad.

Interesante la analogia, nada nuevo, en la epoca de la esclavitud habia el concepto del mas negro, el mas morenito era rey.

Excelente artículo, la verdad sociológica es dura, me consta como la gente viviendo en la misma población se creen superiores y no dejaban que sus hijos o hijas se juntaran con los demás, nunca se cambiaron de barrio hasta que fallecieron.

Ser pobre es sinónimo de ser flaite o cuma? Es en este mismo artículo que queda patente la decadencia de la izquierda, porque no tienen auto crítica, se comportan como un niño mimado que no puede comprender por qué no salieron elegidos sus candidatos.

Artículo lleno de lágrimas de zurdo que se cree dueño de los votos de los pobres, la frase que faltó es que las Doñas Florindas vieron que la izquierda robaba a manos llenas incluso en catástrofes y las platas que duelen más, que son para ayudar a los necesitados de incendios y que Doña Florinda votó Boric y está arrepentida pq el gobierno resultó ser la peor catástrofe de todas.

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