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Sábado, 18 de Septiembre de 2021
Testimonio

Dominicano migrante: "Atravesé un campo minado en la frontera para ingresar a Chile"

Diego Ortiz

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Antoni Batista
Antoni Batista

Antoni Batista cruzó la frontera por el lado de Perú en 2015. Como no conseguió una visa turística -exigida por Chile a todos los ciudadanos de República Dominicana- entró de manera ilegal. “Me dijeron que llegaría en un bus, pero me hicieron caminar 16 horas y cruzar un campo minado”, cuenta sobre su travesía, un recorrido común para muchos dominicanos que llegan al país.

Recuerda Antoni Batista los eventos que lo trajeron a Chile desde su país, la República Dominicana, cuatro años atrás: 

Son las 9 de la noche en las afueras de Tacna cuando el coyote levanta su mano e indica unos puntos en el horizonte al grupo que hará cruzar por la frontera chilena: “¿ven esas luces de ahí? Eso es Chile. En unas horitas estarán ahí”. Los ocho dominicanos llevaban seis días viajando por tierra a través de Ecuador y Perú. A esas alturas, ver territorio chileno era una victoria. El coyote baja el brazo e inicia la caminata, sin advertir que se vendrían 10 horas de temperaturas bajo cero, deshidratación y fatiga. También olvidó mencionar que cruzarían una quebrada regada con minas antipersonales.

Un coyote es alguien encargado de ingresar grupos de personas al país por pasos no habilitados, de forma clandestina. Sabe cuándo y por dónde cruzar sin ser detectado por la policía.

A 9 horas de iniciar el trayecto a pie desde Tacna, un miembro del grupo cae a la arena producto de la fatiga. “Déjenla ahí que nos vamos. Si la esperamos se va a hacer la luz y nos va a encontrar la policía. Cargarla es imposible”. Con esas palabras, el coyote ordenó al grupo dejar a su suerte a Eléctrica (26 años). Desabrigada, sin agua y sin comida en el Desierto de Atacama a las 4 am, ser encontrada por la policía era el mejor destino posible para la mujer dominicana

“Llevábamos viajando todos juntos más de seis días. Ya nos conocíamos, ¿me entiendes? Nadie quería dejarla ahí”, cuenta Batista sobre su travesía hacia Chile. El grupo no cedió y exigieron al coyote que le diera agua a Eléctrica para recomponerse. A los pocos minutos, la caravana de migrantes ya estaba nuevamente en movimiento, a tiempo de llegar a territorio chileno bajo la protección de la oscuridad.

Batista, en tanto, se arrepentía.

“Me dijeron que cruzaría la frontera en bus, con mi pasaporte timbrado, pero no. Nos hicieron caminar 16 horas sobre arena con bolsos y mochilas. Nos hicieron cruzar un campo minado”. En entrevista con INTERFERENCIA, Batista explica cómo fue engañado y obligado a cruzar el desierto, pasando por la Quebrada Escritos, terreno plagado de minas antipersonales y antitanques. “No se lo deseo a nadie”, afima.

Convencido por amigos y familia de que en Chile encontraría un futuro auspicioso, con sueldos que doblaban y hasta triplicaban los montos recibidos en República Dominicana, Batista decidió comenzar una nueva vida al sur del continente. “Te venden buenos empleos, mucha mejor paga que allá en Dominicana, pero una vez acá vez que la plata no alcanza para vivir”.

“El dominicano solo te muestra sueños y buena vida”, explica, siendo lógico para un dominicano querer venir a Chile cuando sus compatriotas exhiben una vida de goce en el país al sur de Sudamérica. Pero no es fácil.

Visa para un sueño

Desde 2012, Chile exige una visa consular a todo dominicano que desee ingresar al país. Entre los requisitos se encuentra presentar una carta bancaria y un contrato laboral. Pero, Batista, al igual que la mayoría de los dominicanos sin mayores recursos, trabajaba de forma informal en su país, por lo que nunca conseguiría la visa. Era 2015, y tendría que entrar de manera clandestina.

Óscar Canelo, presidente de la comunidad de dominicanos en Chile, explicó en 2017 a El Mercurio que el efecto de la visa, cuyo objetivo era regular la migración del país caribeño a tierras chilenas, tendría un efecto contraproducente: "Yo dije que la inmigración clandestina ilegal iba a aumentar significativamente y así mismo ha sido. Según Extranjería, hay unos 10.000 dominicanos de manera legal, con su documentación, pero existen más de 15.000 de manera irregular, porque son más los ilegales que los legales”, registra el diario.

El 7 de marzo de 2015, Antoni Batista pasó a ser uno de los dominicanos que daría sustento a los dichos de Canelo dos años después.

168 horas de viaje

Batista pagó cerca de mil dólares por la promesa de ser trasladado a Chile. El trayecto sería largo, pero sin sobresaltos. Un avión lo dejaría en Quito, desde donde viajaría en bus, atravesando Ecuador y después Perú para llegar al paso fronterizo de Chacalluta, ubicado entre Tacna y Arica. Ahí, Batista -le aseguraron- ingresaría mostrando una visa falsa. Simple.

El trayecto comenzó el 27 de febrero de 2017 y se adecuó al plan hasta el 6 de marzo. Ese día salieron de Tacna en una van, bajándose en el desierto a pocos minutos de subirse al vehículo. Cerca de las 4 de la tarde, la caminata comenzaba.

“Se suponía que era un viaje en avión y en bus. No llevábamos abrigo. Yo tenía sólo un polo deportivo”. En ningún minuto fueron informados de lo que vendría. Cargando mochilas y bolsos con sus pertenencias, el grupo de dominicanos comenzaba una caminata de 16 horas por la arena del Desierto de Atacama. Los acompañaba un peruano, el coyote del grupo, quien guiaría el ingreso.

 “Kliver se llamaba el pendejo”, cuenta Batista. Según consigna Ciper, Kliver Zárate fue uno de los hombres detrás de la red de tráfico de migrantes más importantes de los últimos años (desbaratada el 2018 en la llamada Operación Desierto) siendo condenado a 10 años y un día de reclusión por la Justicia chilena.

Acostumbrados al calor del trópico, las frías temperaturas al caer la noche en el desierto amenazaban al grupo. Ya en territorio chileno y sin ningún tipo de preparación, la larga caminata comenzaba a hacerse sentir. “No teníamos agua ni comida, por eso es que Eléctrica se empezó a sentir mal”, relata Batista.

Kliver, en tanto, sí venía preparado. “Ellos iban abrigados y llevaban agua y comida”, explica. “Sabían a lo que van, no como nosotros”. Tras la orden de dejar a su suerte a Eléctrica, el grupo decidió amenazar al coyote con entregarse a la policía, cuestión que para los dominicanos significaría simplemente ser deportados de vuelta a Tacna. Para Kliver, en tanto, significaría la cárcel y el fin de su negocio.

El coyote entendió lo que estaba en juego. Tras recibir agua y abrigo, Eléctrica logró reponerse y, con ayuda del grupo, quienes por turnos la asistían al caminar, reinició su camino.

Siendo las 4 de la mañana y ya en tierra chilena, el grupo de dominicanos pensaba que lo peor ya había pasado. Pero no. “Vamos a ir en fila y tienen que ir todos caminando por mis huellas. Vamos a cruzar un campo minado”, advirtió Kliver.

De pronto, los dominicanos pasaron de la idea de un viaje en bus a caminar entre bombas antitanque

“Al principio pensé que el man exageraba”. Pero, el peligro se transformó en algo real al rato de caminar en fila. “Avanzamos así”, explica Batista, dibujando un patrón en forma de Z en una hoja de cuaderno. “Siendo más de las cuatro de la mañana y con el peligro de que saliera el sol y nos encontrara la poli, que tomáramos ese camino tan extraño tenía que significar que las bombas eran reales”.

Años después, Batista confirmaría que el miedo de ser herido por una bomba estaba justificado. El 22 de mayo de 2016, el dominicano Daniel Sosa perdió una pierna al pisar una bomba antipersonal en la Quebrada Escritos. “Ahora trabaja en La Vega. El Estado le pagó una prótesis y una indemnización”, asegura.

Más de 180 mil minas antipersonales y antitanques fueron sembradas en 1978 por el Gobierno Militar durante la dictadura. Tensiones en la frontera motivaron la decisión de llenar de bombas el paso, peligro que se mantiene hasta el día de hoy con miles de estas minas todavía activas en la zona.

Casi a las seis de la mañana del 7 de marzo de 2015, los ocho dominicanos que salieron de Tacna 16 horas atrás lograron ingresar al ‘Hotel El Cruce’ en Arica, lugar donde pudieron descansar antes de separarse y comenzar el rumbo a Santiago.

Indocumentado

Desde aquella travesía pasaron tres años para que Antoni Batista obtuviera la documentación que regularizaría su estancia en Chile. La amnistía entregada por el presidente Sebastián Piñera el 23 de abril de 2019 le permitió regularizar la situación a todos los extranjeros que ingresaron en sus circunstancias irregularmente al país. El 28 de abril, Batista recibió su visa permanente en lo que sería tildado por la prensa como un “perdonazo” del gobierno.

Lo concreto es que, a partir de la medida, 93 mil dominicanos forzados por la implementación -durante el primer gobierno de Piñera- de la visa de turismo obligatoria a ingresar de forma ilegal al país, lograron poner en regla su situación, bajo el segundio gobierno de la misma persona.

Hoy, Batista tiene un local propio. Trabajó largas jornadas descargando camiones en la Vega por menos del sueldo mínimo, pero tras ser oficialmente documentado, optar a un trabajo estable pasó a ser una posibilidad.

Ubicado en la calle Bandera, el local D’Ganster Comida Express es atendido por su dueño, cuatro años después de que cruzara -bolso en mano y sin ninguna iluminación- el desierto minado del norte de Chile.

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