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Viernes, 5 de marzo de 2021
Capítulo 10

El imperio de los yakuza viaja hacia el occidente

Manuel Salazar Salvo

Esta es la décima entrega de 24 capítulos de la investigación del periodista Manuel Salazar sobre organizaciones criminales alrededor del mundo, contenido en el libro 'Conexiones Mafiosas', de 2008. En este artículo, el autor analiza el desarrollo de la mafia japonesa, conocida como yakuza, y su particular código de honor inspirado en los samurais.

En 1983, la policía japonesa tenía registrados a unos 99 mil yakuza que pertenecían a poco menos de 2.500 bandas. Las más importantes, en orden decreciente, eran: Yamaguchi-gumi (10.400 miembros); Sumiyoshi-rengo (6.723); Motokyokuto Aioh Rengo-kai (4.416); Inagawa-kai (4.347); Ichiwa-Kai (2.800); Matsuba-kai (2.147); Nippon Kokusui-kai (943); Dai Nippon Heiwa-kai (914); y, Toa Yuai Jigyo Kumiai (796).

Sus negocios eran de una versatilidad sorprendente. Iban desde el apoyo monetario a las campañas electorales de los partidos de derecha, hasta el manejo de locales nocturnos que ofrecían camareras, prostitutas y todo aquello que la población quería pero que estaba prohibido.

Dominaban los gremios de estibadores de los puertos, los sindicatos de jornaleros de la construcción y los miles de vendedores callejeros; extorsionaban desde pequeños bares a grandes empresas; dirigían todos los tipos de juegos de apuestas posibles, incluido el boxeo, el sumo y las luchas greco romanas.

En conjunto, manejaban casi un centenar de empresas productoras de espectáculos y decenas de agencias de artistas. Casi todas las compañías cinematográficas también estaban en sus manos.

La policía calculaba que casi la mitad de los ingresos percibidos por los yakuza provenía de la venta de anfetaminas, y que desde los años 70’s habían empezado a incursionar en la usura, el contrabando y la pornografía, incluida la infantil.

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Grupo de samurais en 1890.
Grupo de samurais en 1890.

Un pormenorizado estudio policial realizado en 1982 sobre las actividades de las sociedades yakuza estableció que poseían 4.616 cafeterías; 4.276 oficinas de préstamos; 2.291 baños turcos, estudios de desnudos y locales de strip-tease; 2.156 empresas de construcción; 571 compañías inmobiliarias; y 366 empresas de transportes, entre otros muchos intereses.

Las empresas que les servían de pantalla presentaban ofertas para los proyectos de obras públicas como construcción de redes de metro y de aeropuertos. También dirigían equipos de béisbol, carreras de caballos y subastas de propiedades hipotecadas. Se apropiaron de hospitales, academias de inglés, productoras de juegos de videos, empresas extractoras y recicladoras de basura; e incluso, dominaban las empresas de seguridad.  

El más respetado

En julio de 1981 falleció de un ataque cardíaco Kazuo Taoka, cabeza durante 35 años de la Yamaguchi-gumi, la más poderosa organización criminal japonesa. Poco después, en la ciudad de Kobe, se reunieron 1.300 yakuza, pertenecientes a unas 200 bandas, para honrar al jefe difunto. La ceremonia se efectuó en un enorme sitio baldío donde se erigiría el Edificio Taoka, destinado a recordarlo. Presentes en el lugar estaban las principales figuras del espectáculo nacional, entre ellas la mayor estrella del cine, el galán Ken Takakura, protagonista de decenas de películas sobre los yakuza.

El fallecido había llegado a controlar más de 2.500 empresas que le reportaban anualmente a su organización cerca de US$ 470 millones.

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El joven emperador Meiji.
El joven emperador Meiji.

La muerte de Taoka sumió a la Yamaguchi en una prolongada lucha interna por la sucesión, similar a las observadas en la Cosa Nostra estadounidense, que derivó en alianzas y pactos con otras agrupaciones similares existentes en el mundo, tales como las tríadas chinas, las mafias italianas e incluso los en ese momento nacientes carteles colombianos de la cocaína. 

Este sindicato del crimen fue fundado en 1915 por Harukichi Yamaguchi y medio centenar de estibadores del puerto de Kobe. Yamaguchi-gumi obtuvo el derecho a manejar el mercado al por mayor de Kobe y a controlar el mundo del espectáculo, extendiendo luego su influencia a todo el país.

Desde los años 60’s editaba su propia revista, que era distribuida entre todos los miembros del clan. En uno de sus números, Taoka había explicado las directrices morales de la sociedad: “Recomiendo a los socios de la Yamaguchi-gumi que pongan todo de su parte para evitar el odio del pueblo. Es preciso mostrarse gentil y bondadoso, y siempre se deberá exhibir una sonrisa y obrar con sinceridad”.

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Toyama, “El emperador de los tugurios”, y Uchida, su brazo derecho.
Toyama, “El emperador de los tugurios”, y Uchida, su brazo derecho.

Pasado medieval

El origen de los yakuza se remonta a comienzos del siglo XVII cuando Ieyasu Tukugawa unificó a Japón, puso fin a siglos de guerras civiles e inició la época del shogunato, transformándose él mismo en el primer gran shogun.

La paz dejó sin trabajo a unos 500 mil samurai, muchos de los cuales se hicieron mercaderes o ingresaron a la nueva administración del estado. Otros, optaron por los caminos de la aventura, a veces como bandoleros errantes y en ocasiones como defensores de los más desamparados. Entre ellos estaban los ronin, los samurai sin señor, que luego se transformaron en los kabuki-mono (“los locos”), que vestían ropas extravagantes, usaban extraños cortes de cabello y llevaban largas espadas.

De éstos, surgieron dos grupos claramente diferenciados: los hatamoto-yakko (“servidores del shogun”) y los machi-yakko (“servidores de la ciudad”), agrupados para enfrentar los excesos y abusos de los delegados del shogún.

Entre los machi-yakko, todos de extracción plebeya y humilde, fue posible distinguir a partir del siglo XVIII dos vertientes: los bakuto (tahúres) y los tekiya (buhoneros). Los primeros se situaron en los caminos y en las ciudades; los segundos, en las ferias y en los mercados. Tenían territorios propios muy delimitados y se caracterizaban por una gran cohesión entre ellos.

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Ultranacionalista asesina a dirigente político.
Ultranacionalista asesina a dirigente político.

Ambos tipos se organizaron a partir de familias que adoptaban a nuevos integrantes y que se ligaban siguiendo uno de los conceptos principales de la cultura japonesa, la relación entre oyabun y kobun (condición de padre y condición de hijo). El primero presta consejo, protección y ayuda; el segundo, ofrece lealtad y obediencia a toda prueba. Es una especie de vínculo entre maestro y aprendiz, entre señor y vasallo, entre cabeza y parte de un clan.

La okka (familia) se constituye jerárquicamente: primero el oyabun, luego el subjefe, los maestros, los soldados y finalmente los aprendices.

El oyabun asignaba los puestos y las funciones, cobraba los arriendos y los  pagos por protección.

Los nuevos miembros se iniciaban intercambiando tazas de sake frente a un altar dedicado a Shinto, la deidad autóctona de Japón.

Expulsados o mutilados

En 1740 algunos tekiya fueron nombrados intendentes de ferias y se les confirió la dignidad de “un apellido y dos espadas”, propia de los samurai.

Los bakuto, en tanto, se afincaron en el Camino Imperial de Tokaido, la ruta principal que unía a Kioto con Edo (hoy Tokio), donde controlaban cerca de 60 posadas, que servían de albergue a los viajeros y donde se practicaban juegos de apuestas.

Fue aquí donde los tahúres comenzaron a emplear el nombre “yakuza”. El término procede del punto más bajo del juego de naipes hanafuda (naipes de flores). Cada jugador recibe tres naipes, y el último dígito de la cifra total será la puntuación de la mano; por tanto, si la mano del jugador es 20 el total será cero. La peor mano es la secuencia de 8, 9 y 3, números que en japonés se pronuncian ya, ku, sa.

El nombre sirvió luego para designar a los tahúres como personas inútiles, nacidos para perder. Más tarde se extendió para referirse no sólo a los bakuto y tekiya, sino para todas las bandas delictivas del Japón.

Las reglas de ambos grupos se hicieron cada vez más rígidas. La cobardía, la desobediencia y la revelación de secretos no sólo eran una traición sino que un ultraje al honor del grupo. A excepción de la muerte, la pena más severa era la expulsión, que se hacía saber a todas las otras bandas. Incluso hoy, cuando un yakuza es expulsado, se envían cientos de postales sin sobre a todas las “familias” con el anuncio oficial de la medida y pidiendo que se rechace cualquier relación con el afectado.

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La ceremonia del yubitsume.
La ceremonia del yubitsume.

Como había faltas graves que no merecían ni la muerte ni la expulsión, se adoptó el yubitsume, una ceremonia en que el trasgresor se cercena la falange superior del dedo meñique. Si el individuo cometía una nueva falta, se debía amputar la segunda falange del mismo dedo o la primera del siguiente. Un estudio realizado por el gobierno japonés en 1971 reveló que para esa fecha el 42 por ciento de los bakuto se había amputado una falange, y que el 10 por ciento había cumplido el rito por lo menos en dos ocasiones.

La sanción buscaba debilitar la mano del responsable para que no pudiese sostener con firmeza la espada y, a la vez, aumentaba aún más la dependencia de su protector.

Los tatuajes, otra de las costumbres de los yakuza, también se extendió en este período. Inicialmente fue una señal de castigo empleada por la autoridad para marcar a los proscritos de la sociedad; por cada delito se tatuaba al infractor un anillo de color negro alrededor del brazo. Su carácter de estigma, sin embargo, tuvo también una vertiente honrosa que fue adoptada no sólo por los yakuza, sino que incluyó a geishas y prostitutas que se grababan el nombre de su cliente preferido en el interior de los muslos.

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Funeral de un jefe yakuza.
Funeral de un jefe yakuza.

Dioses famosos, héroes legendarios, dragones, tigres y crisantemos, poblaron los cuerpos de los integrantes de los clanes, como una prueba de fuerza, coraje y virilidad. Hoy la autoridad de saunas y baños públicos de Japón obliga a poner anuncios que advierten: “No se permite la entrada a personas con tatuajes”.

El último shogun

En 1867 abdicó el decimoquinto y último shogun de la familia Tokugawa. Lo sucedió el joven emperador Meiji, que inició el período de la restauración. Se rompieron entonces los últimos lazos feudales y se liberaron las capacidades comerciales e intelectuales. El país ya albergaba a 45 millones de habitantes.

Entre 1890 y 1914 Japón dobló su producción industrial y triplicó el número de fábricas. Nació y maduró el primer parlamento, así como los primeros partidos políticos. Creció y se hizo poderoso el ejército que luego invadiría China y Corea y que saldría victorioso de una guerra con Rusia en 1905.

Los yakuza se expandieron entre los obreros de la construcción, los estibadores de los puertos y los conductores de los rikshaw, nuevos carruajes de los cuáles sólo en Tokio funcionaban 50 mil. Y mientras los cambios se multiplicaban y la nación se democratizaba, crecía y se desarrollaba el ultranacionalismo.

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Taoka y Inagawa, jefes yakuza.
Taoka y Inagawa, jefes yakuza.

A fines del siglo XIX surgió en Fukuoka, en la isla Kiushu, en el extremo más próximo a la costa de Asia, el bastión de la nueva corriente militarista y patriótica que invadiría Japón. Irrumpió Mitsuru Toyama, “el emperador de los tugurios”, creador de la Genyosha, la “Sociedad del Océano Tenebroso”, quien vinculó desde allí en adelante a las sociedades delictivas con la vida política.

Su propósito era aprovechar los sentimientos nacionalistas de los antiguos samurai para lograr el sometimiento de otras naciones y la instauración de un régimen autoritario en Japón. El “océano tenebroso” era para Toyama y sus partidarios el estrecho pasaje que separa a Japón de Corea y de China.

Los yakuza se convirtieron en la antítesis de sus orígenes; pasaron a ser hampones de alta categoría, imbuidos del patriotismo que proclamaba Toyama.

La “Sociedad del Océano Tenebroso” envió agentes a China, Corea y Manchuria en misión de espionaje. En sus escuelas se instruyó a toda una generación de partidarios del ultranacionalismo en artes marciales, lenguas extranjeras y técnicas conspirativas. Ellos fueron los cimientos de una red de inteligencia creada bastante antes de la Segunda Guerra Mundial.

Paralelamente, reprimieron el malestar público, intimidaron a candidatos políticos y a votantes, suprimieron a dirigentes sindicales y estudiantiles.

En 1895, un grupo de ninjas se introdujo en el palacio imperial y asesinó a la emperatriz de Corea, suceso que contribuyó a invadir el país donde el Japón permaneció por casi 50 años.

Surgieron cientos de sociedades secretas ultranacionalistas en todo el país. Solían llevar nombres como “Cuerpo del Compromiso de Sangre”, “Grupo de Leales a la Sinceridad”, “Cuerpo de Campesinos Temerarios”, “Asociación para las Operaciones Celestiales” y otros por el mismo estilo. Algunas eran patrocinadas por personas acaudaladas, pero otras se financiaban mediante delitos que se mantienen hasta hoy entre las bandas yakuza: el juego, la prostitución, el chantaje, el control de los sindicatos y las ventas callejeras.

Sociedad del Dragón Negro

En 1901, Ryohei Uchida, brazo derecho de Toyama, fundó la “Sociedad del Dragón Negro”, cuyo objetivo era dominar y dirigir todo el continente asiático, que impulsó la guerra con Rusia y ayudó a preparar la tan ansiada invasión de China. Su período de esplendor duró 30 años, en los que se dedicó a exhortar a los japoneses para que emprendieran una guerra santa contra el capitalismo, el bolchevismo, la democracia y el mundo occidental.

En 1919, Toyama, Uchida y Tekejiro Tokunami crearon la Dai Nippon Kokusui-kai (“Sociedad de las Esencias Nacionales del Gran Japón”), la primera federación nacional de bandas mafiosas, que agrupó a 60 mil hampones, trabajadores y partidarios del nacionalismo, que eran el equivalente a los Camisas Negras de Mussolini en la Italia de esos días.

Con el tiempo, la Kokusui-kai se convirtió en el brazo paramilitar del Seiyukai, uno de los principales partidos políticos de la época. La otra gran fuerza política, el Minseito ya había creado su propia fuerza de choque con miembros de las bandas yakuza del rubro de la construcción.

En el mismo momento en que los nazis se apoderaban de Alemania y los fascistas subían al poder en Italia, en el Japón creció un ambicioso movimiento militarista. Se hallaba próxima para ellos la “Esfera de la Coprosperidad del Gran Extremo Oriente”, el esperado momento en que el poderío nipón barrería a las potencias occidentales instaladas en la región. Y también era el momento tan esperado por Kazuo Taoka, el jefe de la Yamaguchi-gumi, la sociedad yakuza que reinaría de ahí en adelante entre las sociedades criminales del Japón.

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Los tatuajes, elemento fundamental de la cultura yakuza.
Los tatuajes, elemento fundamental de la cultura yakuza.

Al otro lado de los mares

El director de cine estadounidense Sydney Pollack eligió a los actores Robert Mitchum y Ken Takatura como protagonistas de su película “Yakuza”, estrenada en 1975, una notable aproximación a los códigos de honor de la delincuencia nipona. No obstante, los torsos tatuados y las amputaciones de dedos no impresionaron mayormente a los norteamericanos. Para ellos los yakuza eran algo exótico y muy distante. 

Dos décadas más tarde, sin embargo, directores como Teruo Ishii, Seijun Suzukii, Quentin Tarantino, Takeshi Kitano y Takashi Miike, entre otros, capturarían la atención de las nuevas generaciones sobre la cultura yakuza.

En 1983, el presidente Ronald Reagan creó una comisión especial para investigar a las sociedades delictivas y pidió a sus integrantes una especial preocupación sobre los yakuza. El FBI ya le había advertido que los hampones japoneses estaban presentes en diversos estados y que se dedicaban preferentemente al contrabando de armas y de pornografía, pero que también incursionaban en el tráfico de drogas, en la trata de blancas y en el juego.

Durante las sesiones de la comisión, donde incluso prestaron testimonio algunos japoneses encapuchados, quedó claro que las organizaciones yakuza estaban asentadas en una docena de ciudades y que penetraban rápidamente en variados ámbitos de la sociedad norteamericana.

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Miembros de las mafias yakuza.
Miembros de las mafias yakuza.

Diversas agencias de seguridad tenían en sus archivos pruebas de las relaciones que desde la década de 1930 mantenían las bandas asiáticas con la mafia ítalo-norteamericana para suministrarle grandes partidas de morfina, heroína e incluso cocaína. También habían participado en el negocio del juego en toda la costa occidental, desde Seattle hasta la frontera con México, actividades que se interrumpieron el 7 de diciembre de 1941, tras el bombardeo a Pearl Harbor, pero que, 40 años después, reaparecían con más vigor que antes.

Esta vez, además, existían decenas de denuncias de mujeres que alegaban haber sido llevadas bajo engaño a Japón para una vez allí obligarlas a trabajar como prostitutas. El FBI, por su parte, tenía identificadas a diversas empresas que operaban en el rubro de la construcción y de los negocios inmobiliarios, e incluso en exploraciones petrolíferas y en procesamiento de gas natural, todas ellas estrechamente ligadas a inversiones de la yakuza. Ya no cabían dudas: una nueva invasión, ahora más silenciosa, había comenzado. 

Mañana: Los mariachi entran al baile 

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