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Sábado, 24 de agosto de 2019
Jugadores e hinchas militantes

El partido de fútbol entre ingleses y catalanes para conmemorar la lucha antifascista contra Franco

Carlos Tromben

La semana pasada tuvo lugar en el barrio barcelonés de La Verneda un peculiar partido de fútbol. Sin estrellas millonarias, grandes auspiciadores ni turistas asiáticos pagando 100 euros por ver a Lionel Messi, el encuentro organizado por el ayuntamiento de la ciudad reunió a dos equipos amateurs, el local Club Esportiu Júpiter y el Clapton Community FC de Londres.

Más de 15.000 camisetas del Clapton Community FC de Londres se han vendido en el Reino Unido, Irlanda y España en los últimos meses. Casi tantas como las de un equipo de la Premier League como el Newcastle. El motivo es sociológico y se relaciona con el momento político que vive Europa.

El Clapton CFC es la antítesis del famoso guitarrista y cantante, quien en 1976 declaró que Gran Bretaña corría el riesgo de transformarse en una "colonia negra”. Es un equipo de la decimosegunda división con sede en el barrio de Hackney y se declara una agrupación antifascista; sus colores son el rojo, amarillo y morado de la república española y su lema el “no pasarán” de la trágica guerra civil española de los años 1936-1939, en la que combatieron 60 mil voluntarios de distintos países.

Júpiter, por su parte, nació a comienzos del siglo 20 en los círculos anarcosindicalistas del barrio obrero de Poblenou y fue un símbolo de la resistencia a la dictadura de Franco.

Los británicos suelen sentir fascinación por todo lo español, por las playas, el clima, la comida y, para algunos, la historia. Es uno de los países donde la experiencia republicana española sigue concitando atención.

En el campo de la Verneda había ese día numerosos británicos e irlandeses con sus infaltables cervezas alentando al Clapton entre canciones antifascistas de Woody Guthrie. Algunos residen en Barcelona, otros están de paso o vinieron especialmente.

Y es que los británicos suelen sentir fascinación por todo lo español, por las playas, el clima, la comida y, para algunos, la historia. Precisamente el Reino Unido es uno de los países donde la experiencia republicana española sigue concitando atención. Venir de una monarquía y de una sociedad de tradición clasista es uno de los motivos, como también el recuerdo de los que combatieron contra Franco, con George Orwell a la cabeza. Su extraordinaria crónica de la guerra, Homenaje a Cataluña, sigue impactando con su autopsia implacable de las contradicciones de la izquierda.

En cambio, en España, el republicanismo es un recuerdo complejo y que ha experimentado cambios en el último tiempo. Durante la transición de los años 70 del siglo pasado, la República no emergió como referente para la izquierda; tendrían que pasar décadas hasta la crisis financiera de 2008 para que las banderas republicanas volvieran a figurar en las grandes manifestaciones contra los ajustes y el salvataje a la banca con dinero público. Fue una suerte de talismán para los indignados y para los fundadores de Podemos (hoy Juntas Podemos), el partido que disputa el espacio de izquierda al PSOE y el tercer lugar en votos al centroderechista Ciudadanos.

Con medio millón de militantes inscritos, Podemos es más o menos el partido de los republicanos, pero de un modo peculiar y muy español. A comienzos de abril su líder, el polémico Pablo Iglesias Turrión, visitó un cementerio en Valencia donde fueron enterrados cientos de fusilados de la dictadura franquista, incluyendo su tío paterno. Junto con este gesto testimonial destinado al corazón republicano de sus 3 millones de votantes, Iglesias ha armado una estrategia de campaña que no busca excitar el sentimiento antisistémico, sino blindar los derechos sociales ya establecidos en la constitución española, debilitados por los gobiernos de derecha durante la última crisis financiera.

La bandera republicana

Así, en el enrarecido clima político actual, es frecuente ver la bandera republicana disputando el espacio a la bandera oficial española en los balcones y pisos de Madrid, Coruña, Salamanca o Sevilla. En Barcelona, en cambio, los colores republicanos brillan por su ausencia.

El motivo no es tan difícil de adivinar: los catalanes tienen sus propias banderas. De hecho, más de una: la bandera oficial del gobierno autonómico, la Generalitat, y la de una eventual (y según algunos quimérica) República Catalana, similar a la de Cuba, pero con los colores rojo, amarillo y azul. Sumadas a la del Barça, a la de la Unión Europea y el Sí a la independencia, el balcón promedio de Barcelona puede tener hasta cuatro banderas.

Fútbol

Ingleses y catalanes, unidos por la historia.
Ingleses y catalanes, unidos por la historia.

Si España fuera un país latinoamericano, con este número de símbolos superpuestos y antitéticos habría explotado hacía rato, como de hecho lo hizo en 1936. Ahora es un país de adultos mayores y de quienes los cuidan. Un país que se da poco tiempo para recordar a sus fantasmas y a sus muertos.

El partido que disputaron Clapton y Júpiter fue, en este sentido, una excepción. Terminó con un triunfo claro de los locales por 5 goles a 0. A las decenas de ingleses, escoceses e irlandeses que se encontraban en las graderías de La Verneda poco les importó. Venían a beber cerveza, pasarlo bien y recordar a sus abuelos y bisabuelos que vinieron hasta aquellas tierras a decir No Pasarán.

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