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Martes, 27 de octubre de 2020
EDITORIAL 4

El peligro del ‘Autoritarismo Democrático’

Interferencia

Toque de queda, detenciones de sindicalistas y de periodistas, represión de Carabineros ¿Nos estamos acostumbrando a esta nueva normalidad?

Gobiernos de todo el mundo han implementado -con mayor o menor énfasis- medidas que restringen las libertades civiles para hacer frente a la pandemia del coronavirus. Y, por lo general, las poblaciones han cumplido con lo decretado por sus autoridades.

La historia de la humanidad nos enseña que frente a crisis de proporciones, el ser humano tiende a priorizar su seguridad personal y familiar, a la libertad.

Obviamente, siempre hay excepciones. Por ejemplo, esos habitantes de Michigan, Estados Unidos, que ayer irrumpieron con armas en el capitolio de ese Estado para exigir el fin a las restricciones. O esos miles de chilenos, y en especial santiaguinos, que este fin de semana largo han salido de sus hogares para ir a lugares de descanso en la playa, montaña o campo.

Pero, nuevamente, en general los ciudadanos del mundo han respetado las medidas restrictivas. En Chile, La Moneda decretó un toque de queda nocturno a partir del domingo 22 de marzo para todo el territorio nacional. Este rige entre las 22 horas y las 05 horas de la madrugada, con patrullas militares recorriendo distintos barrios de las ciudades del país para asegurar su cumplimiento. Pocos países han tomado una medida tan drástica y -dicho sea de paso, de baja utilidad- para combatir la propagación del virus.

Si bien medios tradicionales como El Mercurio o TVN informan todos los días de gente detenida por infringir ese toque de queda, la experiencia de la mayoría de los ciudadanos es que la medida se ha cumplido.

No sucedió lo mismo durante la semana entre el sábado 19 de octubre y el sábado 26 del mismo mes, en pleno estallido social, cuando durante horas la gente seguía tocando sus cacerolas y protestando en las calles, muchas horas después incluso de iniciado el toque de queda.

¿Por qué? En octubre la gente clamaba por libertad, en abril clama por seguridad.

Pero, contrario a lo que pueden creer ahora altos funcionarios de gobierno, la calma actual es engañosa. A diferencia de muchos otros países, en Chile el coronavirus se vino a imponer a un enorme descontento social que, por algunas semanas, incluso puso en duda la continuidad del gobierno de Sebastián Piñera.

Basta con ver qué pasó ayer en Hong Kong. Después de tres meses de pausa, por el coronavirus, el viernes se reanudaron las protestas iniciadas a mediados del año pasado. En Chile está sucediendo algo similar.

Lo preocupante en Chile es que nuestras autoridades parecen estar contentas con las restricciones a los ciudadanos. No sólo eso, hechos recientes muestran que, con o sin querer, nuestros gobernantes están avanzando cada vez más hacia un estado de control y represión de las libertades civiles.

Ayer, por ejemplo, en el marco de la tradicional celebración del Día del Trabajador, efectivos de Fuerzas Especiales de Carabineros detuvieron en la Plaza Dignidad a 57 personas, entre estos dirigentes sindicales y periodistas. Las imágenes de TV muestran que no había más de un centenar de personas en el lugar.

La detención de dirigentes sindicales y periodistas debería ser algo completamente inaceptable en una democracia normal. Más aún, cuando el día anterior se reunió un grupo similar, o incluso mayor, para la breve reapertura del mall Apumanque en Las Condes. Transmitido en directo por los matinales de televisión, el alcalde de esa comuna y candidato presidencial del oficialismo, Joaquín Lavín (UDI), hizo de tribuno de un espectáculo romano de poca monta. Por cierto, no hubo carabineros para dispersar a la multitud compradora.

Registro negro

Chile todavía mantiene en lo formal los contornos de una democracia formal. Pero en una época en que las democracias de Occidente se debilitan, el país y sus líderes parecen ser parte activa de esa decadencia.

La idea de la democracia representativa ya lleva varios años en coma inducido. Lo que hemos observado en los últimos tiempos es un avance de autoritarismos que, al amparo de las urnas, se visten de democráticos. Ahí están a la vista supuestos liderazgos democráticos que, en el fondo, van consolidando la idea de una autoridad política única. Vladimir Putin en Rusia, Mateusz Jakub Morawiecki en Polonia, Viktor Orban en Hungría, Recep Tayyip Erdoğan en Turquía, Donald Trump en Estados Unidos y Jair Bolsonaro en Brasil, por nombrar a los más prominentes.

Bajo la excusa de haber sido electos de manera democrática, estos países avanzan en cimentar un nuevo autoritarismo. ¿Es el Chile de Sebastián Piñera muy distinto?

Desde el estallido social del 18 de Octubre, al menos 48 trabajadores de la prensa han sido heridos por Carabineros, según datos del Colegio de Periodistas. Esto es anterior a la detención de varios comunicadores ayer. En cualquier país de convicciones democráticas profundas la represión desatada en contra de periodistas sería un escándalo.

A ello se suman cientos de baleados, torturados y mutilados oculares a manos de las fuerzas policiales, lo que le valió a Chile al menos cuatro reportes internacionales denunciando la situación, sin que el gobierno remediara o tomara cartas en el asunto.

Es más, desde el 18 de Octubre se han aprobado una serie de leyes cortas que endurecen la represión, mientras que se han dictado otras que favorecen a actores como las AFP e isapres, además de grandes compañías que se han acogido a la llamada Ley de Protección de Empleo que, en el fondo, favorece más a los empleadores que a los empleados.

Así las cosas, se vislumbran dos escenarios para esa primavera chilena. El primero es que haya tantos chilenos desempleados y hambrientos, que agacharán el moño. El otro es que salgan con furia -no con buena onda- a las calles. Ninguno de los dos es deseable, pero La Moneda ha optado, con mirada cortoplacista, a creerse el cuento de que el estallido social se silenció con el coronavirus.
Pero, tal vez, suceda todo lo contrario.

Y así, mientras nuestras autoridades apuestan por una sumisión popular el debate entre libertad y seguridad aún no se resuelve.

Dwight D. Eisenhower, el ex general que combatió en la Segunda Guerra Mundial y entonces futuro Presidente de Estados Unidos, dijo una vez: “Si quiere seguridad total, vaya a una cárcel. Ahí lo alimentarán, lo vestirán, tendrá controles de salud. Pero habrá una cosa que no tendrá: libertad”.

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