Si la idea de Kast es proyectar orden, autoridad y liderazgo regional, elegir a El Salvador de Bukele y a Panamá de Mulino como vitrinas, es un error que lo acerca a gobiernos cuestionados por sus métodos, vínculos y zonas oscuras. En política exterior, las fotos pesan tanto como las palabras, y esas imágenes pueden perseguirlo por años.
En Chile, esta gira no se leerá como diplomática sino como señal ideológica. No importa cuántas veces se hable de cooperación, inversión o seguridad. El mensaje simbólico ya está escrito: Kast elige el eje del poder oscuro, dictatorial, corrupto y no el de la institucionalidad democrática.
Los inexpertos asesores de Kast parecen ignorar que hoy la política exterior también se juega en Washington. Además, las embajadas extranjeras en Chile observan sus pasos y asociaciones. Lo ven como un hermano menor y “especial” que da pasos de novato y muy erráticos. Para ellos, la próxima gira y las fotografías en El Salvador y Panamá no tranquilizan: inquietan.
El próximo presidente de Chile carece de inteligencia sobre sus homólogos y no tiene expertos analistas internacionales que le adviertan de las consecuencias antes de programar sus giras. En esta columna le entregamos dos briefings sobre El Salvador y Panamá, y así sus asesores no tienen que prender sus computadoras mientras están en Zapallar. La siguiente información está en manos de diversos países:
- Nayib Bukele, El Salvador
Su cárcel de máxima seguridad es sólo pantalla. Bukele acordó con los líderes de las pandillas para liberarlos y darles protección. Muchos de ellos, que se suponía estaban detenidos en El Salvador, fueron arrestados en varios países y extraditados a Estados Unidos.
La violencia, asesinatos, extorsiones y secuestros continúan. La policía no los informa. La prensa es perseguida si lo publican.
No es el país más seguro de Latinoamérica. Es solo una frase del gran publicista, sin estudios de nada, que es Bukele. Cuando él sale a la calle lo hace rodeado de escoltas fuertemente armados y camionetas blindadas. El gobierno controla las cifras de delincuencia y las encuestas, que siempre son a su favor, ya que por miedo a ser encarcelados los ciudadanos temen desaprobarlo. Tal como sucede en Cuba y Nicaragua.
No olvidar que Bukele se tomó el Congreso con militares. Hizo renunciar a los cinco jueces de la Sala Constitucional de la Corte Suprema de Justicia, los reemplazó con abogados amigos de él, quienes después dijeron que era constitucional que Bukele sea reelecto.
Otra jugada antidemocrática fue cuando Bukele, cambió al fiscal nacional, porque no le servía en sus estrategias judiciales contra quienes lo cuestionaban. El rápido enriquecimiento de él y su familia ha salido a la luz pública. Tal como las millonarias compras de terrenos por más de 15 millones de dólares que obtiene a precios ridículamente baratos.
Bukele, lanzó su propia marca de café para exportación, hasta que, en abril del año pasado, fueron incautados en Panamá casi mil 200 paquetes de cocaína en containers de su compañía con destino a Bélgica.
Su plan de ser el país del bitcoin fracasó cuando perdió más de 700 millones de dólares, y usó como inversión el fondo de pensiones de sus ciudadanos. Desde que el Fondo Monetario Internacional le exigió que derogara la ley de las criptomonedas para prestarle mil 400 millones de dólares, dejó de hablar de las maravillas del bitcoin.
Su gobierno persigue periodistas y representantes de organizaciones de derechos humanos. Ordena torturas y asesinatos de opositores y sus familias.
Tiene socios narcotraficantes conocidos en Centroamérica. Las incautaciones de cocaína que realizan en su país son luego vendidas a cárteles mexicanos y la droga termina en EE.UU. Lo que se quema delante de la prensa es harina barata de origen chino.
Sus agregados policiales en el mundo no trabajan solamente para el gobierno, sino también para el narcotraficante José Adán Salazar Umaña (alias “Chepe Diablo”) quien les ordena a que infiltren a sus homólogos en varios países para obtener información de sus operaciones y perseguir a su competencia.
Estados Unidos, cada día se aleja más de Bukele, quien desde que visitó la Casa Blanca en abril del año pasado, no se le ha vuelto a ver en giras oficiales y no asistió a la asamblea de las Naciones Unidas. Trump raramente lo menciona. Ya lo usó y lo ocupará cuando lo necesite.
En EE.UU. a Bukele se le sindica como el autor intelectual de la muerte del jefe de la policía, Mauricio Arriaza Chicas, quien antes de fallecer, en un extraño accidente de helicóptero, dejó en manos de agentes norteamericanos y de Europa, oscuros antecedentes del gobierno salvadoreño y de la familia Bukele en actos de corrupción, narcotráfico y hasta en la venta de pasaportes salvadoreños y protección a terroristas sirios, palestinos e iraníes por parte de Emerson Bukele, medio hermano del presidente quien es el imam de la principal mezquita.
- José Raúl Mulino, Panamá
Panamá, en tanto, no es solo un hub financiero. Es un territorio atravesado por oscuros intereses empresariales, flujos opacos y un paraíso del lavado de dinero para narcotraficantes y terroristas.
El presidente de Panamá, José Raúl Mulino no llegó democráticamente a la silla presidencial. Por ley no estaba habilitado porque él era candidato a vicepresidente y acompañante en la lista de Ricardo Martinelli, quien fue acusado de corrupción y se asiló en la embajada de Nicaragua. A pesar de eso ganó las elecciones, pero no pudo asumir el cargo y luego se asiló en Colombia. Así Mulino quedó como presidente, a pesar de que en el principio el Tribunal Electoral no lo reconoció. Nunca se había dado un caso así, y fue la Corte Suprema, que por presión de la entonces embajadora de Biden en Panamá, que se le dio el título de presidente. Mulino es un presidente de Biden y no de Trump. Y eso en la Casa Blanca no se olvida.
Mulino, al igual que Martinelli, dice ser derecha, pero transita con la extrema izquierda sin ocultarlo. Martinelli, se asiló en el país de Daniel Ortega y luego en el de Gustavo Petro. Dos líderes comunistas que ayudan a un corrupto de derecha. ¿Solidaridad? No, solo dinero y órdenes de La Habana. El actual presidente de Panamá usa el mismo avión privado que utilizaba Nicolás Maduro y la familia Castro de Cuba, a quienes les da protección y grandes negocios en Panamá.
El presidente Mulino, estuvo en la cárcel acusado de corrupción mientras fue ministro de seguridad en el gobierno de Ricardo Martinelli.
El presidente panameño, ha comenzado a perseguir periodistas y opositores en un país que aumenta la cesantía, violencia, narcotráfico, lavado de dinero y donde Mulino y su familia hacen negocios millonarios.
El narcotráfico está tan desbordado en Panamá, que las mafias rusas, italianas, colombianas y mexicanas no se esconden y cuentan con la protección de la presidencia. A miembros del gabinete se les ve compartiendo a menudo con los capos de los cárteles en sus lujosos restaurantes.
La cercanía de Mulino con Cuba y Venezuela es a través de sus amigos y socios: los hermanos Carretero Napolitano, sancionados por Estados Unidos por corrupción, y a quienes se les sindica, junto a su primo, Félix Falabella Napolitano, como los operadores del gobierno de Mulino y quienes son realmente los que gobiernan Panamá, y obtienen todos los contratos millonarios en su país y también en Venezuela y Cuba.
José Raúl Mulino, apostó mal al apoyar recientemente a María Corina Machado, sin calcular que Trump no la soporta. A su vez, Trump no confía en Mulino por sus acciones pro-China y sus juegos con La Habana y Caracas. Es por eso que nunca lo ha invitado a la Casa Blanca, y aún mantiene la idea de “recuperar” el control del Canal de Panamá.
* Bonus track: en El Salvador, el director de inteligencia es Peter Dumas, un hábil funcionario. Su padrastro, un israelí y ex agente del Mossad, es su mentor y socio. Ambos, no miran bien a Kast, por el pasado nazi de su padre. Atento, a las escuchas en las habitaciones, vehículos oficiales, y no descuidar documentos, computadoras y teléfonos.
* Bonus track 2: Panamá: Las mismas precauciones. Mulino fue ministro de seguridad, fanático del espionaje. Su canciller, Javier Martínez-Acha, fue director del Consejo de Seguridad, aparato de inteligencia panameño. Lo que digan se sabrá en La Habana, Caracas y Beijing.
Kast debe aprender que, en política, las trampas más peligrosas no las tienden los adversarios, sino la propia ambición. El viaje a El Salvador y Panamá puede convertirse en el primer gran error estratégico de un liderazgo que todavía no termina de entender que gobernar Chile exige algo más que gestos de fuerza: exige inteligencia, prudencia y visión. Y esta gira, parece carecer de las tres.
Trump observa las jugadas de sus colegas y cambia de aliados a diario. Ve a los presidentes latinoamericanos como sus virreyes o gobernadores. El será quien dará las instrucciones a través de sus embajadores o en redes sociales. Los dos nuevos amigos de Kast (Bukele y Mulino) están en la lista negra de Trump. Ahora prefiere reunirse con Petro, si le sirve.
Saber leer a Trump no es fácil y ya hay molestia y desconfianza en Washington con el próximo canciller chileno y peor aún con el posible embajador en Estados Unidos, Andrés Ergas, ambos socios de Andrónico Luksic. Ante los ojos del Departamento de Estado, tienen fuertes conflictos de intereses para ser diplomáticos.
Los diarios conflictos internacionales y la rapidez con que Trump cambia el escenario, y las prioridades en Chile hacen de esta gira de Kast algo innecesario, con poca relevancia, sin preparación previa, y arriesgarse a quedar relacionados a dos líderes bananeros y despertar la molestia de Trump que puede afectar a la economía chilena.
Kast, debe ser informado a quien visitará y recordar el refrán: El que no conoce a Dios a cualquier santo le reza.







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