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Miércoles, 23 de septiembre de 2020
Segunda parte y final:

En su análisis sobre la campaña presidencial del 70, ideólogo del PDC formula severas críticas al Mapu

Jaime Castillo Velasco(*)

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Jaime Castillo durante la defensa de los DD.HH bajo la dictadura militar. Archivo Fortin Mapocho
Jaime Castillo durante la defensa de los DD.HH bajo la dictadura militar. Archivo Fortin Mapocho

El abogado e ideólogo del Partido Demócrata Cristiano, llamado “El Maestro” por sus camaradas, prosigue aquí su análisis refiriéndose en primer lugar al “pluralismo político en la candidatura de Salvador Allende”.

El candidato de la "Unidad Popular" insiste sobre la convicción de que su plataforma es pluralista, que respeta a la oposición y que gobernará de acuerdo con los criterios establecidos por los diversos partidos políticos dentro de la unidad pactada.

Nosotros no negamos la intención de los contratantes en la mesa redonda. Pero objetamos la confianza ingenua en que ella se basa. La unidad allendista posee contradicciones objetivas.

Descansa en estrategias diferentes y en intereses sociales opuestos. Los partidos Socialista y Comunista han declarado reiteradamente que son colectividades de clase y que no permitirán el predominio de la burguesía o la pequeña burguesía. Esto significa que el radicalismo, la social democracia y aun el Mapu deberán someterse, a la corta o a la larga, a su férula. No les será posible trabajar en armonía con aquellos partidos que representan intereses diferenciados de clases. Y esto lo creen firmemente los socialistas y comunistas. Entre ellos mismos, por lo demás, la oposición de estrategias es algo completamente objetivo. Él problema internacional provocará de manera irremisible, y por añadidura, nuevas dificultades entre ambos partidos.

Sostenemos que la intención del senador Allende es honesta, pero la dinámica interna de su candidatura es conflictiva. No andará ni un paso sin que el Partido Socialista entre a discrepar de los radicales o los comunistas. El destino de la mayoría de los dirigentes, hoy aliados, es, en el caso eventual de una victoria, separarse entre sí o servir de trampolín a otros.

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Detractores de Alessandri. Foto de Ximena Castillo
Detractores de Alessandri. Foto de Ximena Castillo

7.-LA POSICION DEL MAPU

Los democratacristianos que forman el Mapu sostuvieron siempre que nunca romperían con el partido que los formó y que les entregó su confianza. Sin embargo, una derrota interna los hizo olvidar sus promesas. Formaron un movimiento nuevo e indicaron que seguirían trabajando por la unidad popular. Esta, para ellos, era el entendimiento entre los partidos de izquierda y la Democracia Cristiana. No hubo tal entendimiento. Nuestro partido creyó que estaba en su derecho para proclamar candidato y fijar bases de programa sin pedir un acuerdo previo al FRAP o al Partido Radical. Las colectividades de la izquierda tradicional a su vez lanzaron el peso de su antagonismo contra nuestro candidato Tomic. Si el Mapu fuese lógico consigo mismo, habría sostenido que se colocaba por encima de la controversia Allende-Tomic, que seguiría trabajando por la unidad y que trataría de disminuir roces o diferencias.

No lo hizo así. Tan pronto se planteó el problema presidencial dentro de la izquierda, el Mapu designó un postulante que participó en la batalla interna del allendismo. Es decir, entendió automáticamente que la unidad popular era posible aun cuando no estuviese representado el Partido Demócrata Cristiano, de donde ellos venían. Uno tiene derecho a preguntarse la razón por la cual estaban estos dirigentes militando dentro de él. Admitimos, en efecto, que sostuviesen la necesidad de aliarse con la izquierda. Si no se producía este  entendimiento, la unidad popular quedaba rota. Era lógico persistir en promoverla. Pero el camino elegido por ellos fue aceptar íntegramente la censura de la izquierda al gobierno de Frei, a la candidatura de Tomic, al Partido Demócrata Cristiano.

El autor de estas líneas entendía, desde hace mucho tiempo, que los actuales dirigentes del. Mapu, en gran parte y a pesar de sus muchos méritos y de su lealtad partidaria, concebían la democracia cristiana bajo un prisma que irremediablemente los llevaba a ser satélites del eje comunista-socialista. Lo anterior comprueba lo que pensábamos.

Hoy día, el Mapu se ha erguido en el principal acusador de la Democracia Cristiana. Para ello, ha debido olvidar la razón misma por la cual planteó su posición interna en nuestro partido.

Ha sido necesario que algunos de sus dirigentes (los jóvenes sobre todo) ignorasen las tesis por las cuales trabajaron dentro de nuestro partido, sin importarles el riesgo de dividirlo. Es bue no recordar que la teoría del "frente revolucionario", sostenida por los ex dirigentes juveniles del PDC, hoy militantes del Mapu, no ha sido jamás sostenida dentro del allendismo por ellos.

Sin embargo, en su calidad de democratacristianos ponían a su propio partido junto con los demás, en un proceso de "decantación", para tener derecho a ingresar como auténticos revolucionarios en el citado "frente".

Por último, lo más lamentable es que el Mapu ha aceptado un programa de gobierno en que la posición comunitaria, a la cual ellos contribuyeron dentro de nuestro partido, no es ni siquiera mencionada. En efecto, los dirigentes del Mapu no sólo hablan hoy de "socialismo" exactamente como lo hace el resto de los partidos allendistas; no sólo aceptan las consignas de lucha del allendismo tradicional; no sólo incluso evitan los pronunciamientos que les pediría su conciencia cristiana y democrática, sino que también aceptan un programa en que, como antes dijimos, hay zonas económicas: la del Estado, la mixta, y la privada, quedando totalmente excluida la de tipo comunitario.

A pesar de este hecho flagrante y objetivo, uno de sus senadores declaró, en cierta oportunidad, que se sentía ideológicamente satisfecho dentro del allendismo, pues ahí realizaba con plenitud su conciencia democrática y comunitaria...

8 -CAMPAÑA DEL TERROR.

Salvador Allende tiene la costumbre de interpretar todos los ataques a sus posiciones políticas y a los partidos que le acompañan como campaña del terror. Con eso excusó su derrota del año 64 y parece que se está apoyando en lo mismo para excusar su nueva derrota en 1970. Contra Allende hay algún tipo de campaña ilegítima, porque tiende, sin argumento alguno, a cultivar una imagen simplista y primaria de lo que es el mundo comunista de hoy día. Pero no podemos desligar a la candidatura de Allende de 1964, de la tremenda campaña personal y política contra Eduardo Frei, a quien se le acusó de nazista, fascista vendido al imperialismo extranjero, de hacer una campaña corrompida comprando a sus aliados, etc.

Todo esto se planteó en una reunión que el FRAP tuvo en Las Vertientes, aplicándose sistemáticamente con posterioridad. Hubo además constante agresión a los freístas, especialmente en las poblaciones y se trató, por todos los medios, de intimidarlos.

Hoy día, basta leer los avisos de la campaña de Allende para darse cuenta que también están destinados a crear un clima de intimidación. Durante toda la presidencia de Freí se ha procurado retratarlo como un gobierno enemigo de Chile, entregado a intereses extranjeros, o sea, como lo más denigrante y oprobioso que puede decirse de un gobierno.

Eso es campaña de intimidación y actualmente se está haciendo esto en forma muy violenta. Nosotros, los democratacristianos, no hicimos ninguna campaña del terror contra Salvador Allende en 1964; hicimos una argumentación política clara, precisa y fundamentada que ellos nunca pudieron contestar. En la presente campaña hemos hecho un esfuerzo máximo por no plantear la polémica en términos agudos; estamos silenciando muchos argumentos legítimos, porque creemos que no hay que dividir más al pueblo chileno y que las fuerzas políticas, cualesquiera que sean, pueden encontrar puntos de contacto en función de los problemas nacionales, ahora y después, para llegar a soluciones generales.

Sostenemos que los avisos de la llamada "campaña del terror son primarios y tienden a cultivar una mentalidad de miedo, pero, en última instancia, son argumentos sicológicos.

Para un marxista -como dicen ser el señor Allende y sus partidarios- poner como elemento decisivo el factor sicológico y excusar sus derrotas porque se usan esos métodos en su contra, significa no tener conocimiento alguno de lo que es el marxismo. SI fuese cierto que la base social chilena está con Allende, esa clase de argumentos en su contra sería risible y nadie los seguiría. Si alguien los sigue es porque hay en la base de esa postulación ciertas concomitancias políticas que el Partido Comunista o el Partido Socialista chilenos tienen con experiencias extranjeras y ello hace explicable para la masa este tipo de argumentos.

Usar la voz de Juana Castro para decir que se hace terror contra el señor Allende, todo ello es una argumentación impropia de gente que se dice revolucionaria.

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Simpatizantes de Alessandri entregan propaganda. Foto de Celeste Ruiz de Gamboa
Simpatizantes de Alessandri entregan propaganda. Foto de Celeste Ruiz de Gamboa

9.-LA VIOLENCIA INSTITUCIONALIZADA.

En las sociedades actuales, sean capitalistas o colectivas, hay un margen, que puede ser muy grande, de injusticias y desigualdades y de institucionalización de esa injusticia. En ese sentido, los sociólogos y los filósofos sociales tienen razón al decir que existe esta violencia institucionalizada en el régimen capitalista o en el régimen totalitario. La democracia es precisamente la manera de ir resolviendo, de común acuerdo, este tipo de problemas. Es el mejor régimen político, porque los demás sólo cambian una violencia institucionalizada por otra violencia, igualmente institucionalizada. Nosotros, por definición, somos contrarios al régimen que incluye la violencia como encarnada en las instituciones; creemos que es preciso modificarlo y pensamos que el mejor método para hacerla es la democracia y no otra forma de violencia. Por eso, la campaña de Tomic y el PDC insiste tanto en el hecho de que en las estructuras sociales del país subsisten todavía injusticias y opresión como en el hecho de que existen estrategias para derrumbar la democracia por la violencia; rechazamos ambas formas que deben ser superadas por métodos democráticos. '

10.-VIOLENCIA ESTRATEGICA.

El gobierno del Presidente Frei ha hecho un esfuerzo enorme y muy positivo para disminuir la violencia institucionalizada, al transformar grandemente las bases sociales, morales y económicas en que descansa el país, asegurando, además, la democracia. Contra este gobierno existen estrategias de violencia.

Desde la derecha, la estrategia es menos teórica y más práctica y consiste en oponerse a las leyes de transformaciones, incluso mediante el empleo de la violencia física, como se ha visto varias veces. Por el otro lado, hay una violencia teóricamente meditada, fundamentada en toda una literatura política y llevada a cabo persistente y progresivamente por grupos que están en la ultraizquierda, pero que afectan también al Partido Socialista y acorralan al Partido Comunista, obligándolo a un doble juego: por un lado estimula en cierto modo la violencia y por otro lado la detiene; y que lleva también al Partido Radical a una posición bastante difícil, al tratar de mantener una posición teórica contra la violencia, sin tener la capacidad suficiente para evitarla en los propios rangos de la candidatura Allende.

En esa doble tijera, el Gobierno tiene que emplear los métodos naturales de un gobierno para defenderse y cada uno de los hechos que ocurren -en los que puede haber extralimitaciones individuales en el caso de las fuerzas policiales- son la excepción de la táctica general, que consiste en reprimir manifestaciones que tienden en última instancia y a través de todo un proceso al derrumbamiento de la democracia.

En determinadas ocasiones se han producido lamentables desgracias, pero ello no es política ni moralmente imputable a un gobierno que está haciendo todo lo posible para transformar las bases sociales del país.

11.-LA RESPONSABILIDAD DEL GOBIERNO EN LOS HECHOS DE VIOLENCIA.

Ocurre que en Chile todas las tragedias de carácter político que se han producido 'son casos indeterminados; es decir, ha habido agresiones multitudinarias, manifestaciones y choques, de los que resultan individuos golpeados por la policía o que reciben una bala e incluso han muerto. Esto ha sucedido y cualquier gobierno del mundo está expuesto a ello. En los gobiernos comunistas, por ejemplo, se ve a cada paso que las manifestaciones estudiantiles son disueltas a base de violencia policial. Basta ver lo que dicen los estudiantes de Polonia e incluso de países como Yugoslavia, donde la situación es mucho mejor; los estudiantes protestan y siguen protestando contra lo que ellos llaman la brutalidad policial.

Sucede que en nuestro país todo aquel que es objeto de la violencia tiene un cartel moral y político y toda la prensa, la radio, la televisión, los partidos políticos, el Congreso, están presentes, descubren los hechos, acusan a los culpables e implicados, se hace un esfuerzo inmenso donde nada queda secreto y todo sale a la luz. En cambio, los mismos que protestan, son quienes alientan la existencia de regímenes donde jamás llega a conocimiento del ciudadano corriente un hecho semejante, donde no hay canales de televisión, ni radio ni prensa que den la versión de la víctima, ni de su familia, ni de su partido político.

Solamente se oye la voz del Gobierno que acusa a los protagonistas de esas revueltas, llegando incluso -como se ha visto tantas veces- a acusar a las propias víctimas. La situación en nuestra democracia, por muchas fallas que tenga, es muy distinta a la que subsiste en las dictaduras y en los países totalitarios.

Por otro lado, en Chile nadie tiene autoridad para inculpar al Gobierno del Presidente Freí. Con motivo de los sucesos de Puerto Montt, el señor Salvador Allende tomó la bandera de la denuncia contra el Ministro de Interior de entonces. Sin embargo, fue posible demostrar que el señor Allende y su partido eran responsables de lo que se llamó "la masacre de la Plaza Bulnes" porque ellos inmediatamente después ingresaron al gabinete del señor Duhalde, a quien se responsabilizaba de esa masacre. Entraron al gabinete y el señor Allende fue el senador que defendió en el Parlamento al Gobierno de Duhalde -radical-socialista y militar- contra Ios ataques del Partido Comunista.

El Partido Socialista ha hecho mucho alarde de que algunas de las víctimas son de sus filas. Pero tampoco reconocemos autoridad al PS, porque los socialistas también han tenido víctimas no producidas ni por los democratacristianos ni por la derecha, sino que, de acuerdo a sus propias denuncias, por el Partido Comunista. En 1947 el Partido Socialista denunció cinco asesinatos cometidos por los comunistas en sus filas; esto fue una denuncia oficial y el señor Allende y el señor Aniceto Rodríguez eran miembros de ese partido socialista. Recordamos aún el nombre de dos de las víctimas, de apellido Arbulú y Ortiz, ambos militantes socialistas asesinados por el Partido Comunista, según esa denuncia. En esa oportunidad prometieron no olvidar su memoria; sin embargo, han hecho alianzas sin recibir ninguna explicación y sin aclararse esos hechos con el partido que asesinó a sus compañeros. Consideramos que extremar la sensibilidad cuando se trata de ciertas víctimas y olvidarse de otras, es algo realmente inhumano.

Por último, podemos decir que un gobierno como el actual es democrático por esencia y procura afanosamente resolver los problemas del país respondiendo a una mentalidad que todos conocen. Otros partidos hacen cuestión de que su posición teórica es la violencia y concuerdan con Federico Engels, que decía que "la violencia es la partera de la historia". Los que teóricamente parten de ese principio, cuando llega el momento en que se despliega la violencia, no pueden negar su culpabilidad, porque esa violencia es sólo la resultante de sus principios. Por esto mismo, no es aceptable el argumento socialista, a través de su Secretario General, en el sentido de mirar en menos la denuncia de los campamentos guerrilleros, porque ellos son la aplicación de la tesis política, del pensamiento de la violencia.

Caen, por lo tanto, en una hipocresía que nadie puede creerles cuando dicen que no tienen nada que hacer con eso y que sus métodos no coinciden con los de los guerrilleros.

12.-NO DEJARSE ARREBATAR LA VICTORIA.

Se ha pretendido sostener que la victoria del senador Allende podría ser desconocida por la fuerza el día mismo de la elección.

Se pretende con eso, crear el clima para que esa derrota legítima -o la victoria legítima de otro candidato- sea interpretada fácilmente como un despojo y un robo, justificando así entonces el empleo de la violencia para llegar al poder. Plantear así las cosas, contribuye a crear un clima de inquietud y de inestabilidad muy peligroso para la institucionalidad democrática del país. Se dice con tanto énfasis y con tanta seguridad: "no nos dejaremos arrebatar la victoria"; pero ello está sujeto a opiniones. Incluso durante el día mismo de las elecciones, durante el recuento de los votos, fácilmente se puede decir que están siendo despojados de la victoria, que el gobierno está ocultando datos, que ellos tienen tales y cuales cifras. Con ese predicamento se podría justificar cualquier violencia, cualquier revuelta en el país. Echar a correr ahora esa tesis es pura y simplemente una campaña de terror y hay que condenarlo también enfáticamente.

El Gobierno entregará la Presidencia de la República a aquel que constitucionalmente haya sido designado para ello, venciendo en la primera o en la segunda etapa de la elección, según sea el caso. Esto, que es parte de nuestros principios, no autoriza a nadie para echar a correr desde ahora la tesis de que les está permitido organizarse para impedir ese supuesto despojo.

Ello, asimismo, quita valor a las declaraciones del candidato derechista, el cual pretende forzar a los otros a prevenirse desde ahora sobre la aceptación anticipada de la victoria para el que obtenga el primer lugar relativo.

Esta es una posición válida sólo en el caso de un candidato que posee la certeza de que, en caso de salir segundo, no tendrá mayoría en el Congreso. Tras una tesis aparentemente idealista y desinteresada, hay un concepto vinculado a los intereses concretos de la misma candidatura.

No vale la pena dar a esta posición mucha importancia.

(*) Extracto del libro “Teoría y práctica de la Democracia Cristiana chilena”, compilación de artículos del autor publicados por Editorial del Pacífico en 1972.

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