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Sábado, 24 de agosto de 2019
Perfil del nuevo premier británico

¿Es Boris Johnson un anti-inmigrante, homófobo o solo le conviene por ahora?

Luke Reader (The Conversation)

El nuevo primer ministro británico parece cortado por la misma tijera que Donald Trump, pero hay elementos en su biografía que muestran que Boris Johnson actúa mucho más por conveniencia que por convicción.

Después de la elección de Boris Johnson como líder del Partido Conservador y -por lo tanto, de acuerdo al sistema político británico- como primer ministro ¿Gran Bretaña tiene a un político populista y nativista como su jefe de gobierno?

Es difícil de decir, pues Johnson ha sido un poco de todo durante su carrera.

A lo largo de tres décadas en la vida pública, Johnson ha cambiado, desde el liberalismo social a la provocación derechista. Como alcalde de Londres durante dos mandatos entre 2008 y 2016, habló de sus creencias pro inmigrantes y presentó a la capital británica como un crisol multicultural tolerante.

Respondiendo en 2015 a las falsas afirmaciones del presidente estadounidense, Donald Trump, en las que dijo que la policía británica había perdido el control de algunas partes de Londres ante grupos musulmanes radicales, Johnson respondió que "Londres es una ciudad donde se hablan 300 idiomas", y habló de la "orgullosa historia de tolerancia y diversidad” de la ciudad.

Pero cuando Johnson ingrese a la residencia del primer ministro británico, en Downing Street 10, sus opiniones ya se volvieron mucho más nacionalistas y populistas. ¿Es esto lo que se necesita para guiar a Gran Bretaña hacia el Brexit? ¿O Johnson deberá enfrentar un desafío a su liderazgo en un futuro cercano?

¿PRINCIPIOS O ESTRATEGIA?

Como historiador de la política británica, actualmente trabajando en un libro sobre el Brexit, puedo ver que la agitación populista ha servido bien a Johnson. Él ha usado durante mucho tiempo las declaraciones homofóbicas, racistas, sexistas e imperialistas para parecer más auténtico ante los votantes. Como por ejemplo como cuando describió a los ciudadanos no blancos de la Commonwealth a través del insulto racista picaninnies, o como cuando dijo a los electores que "votar tory [conservador] hará que tu esposa tenga los pechos más grandes”. Al respecto, Johnson dijo que esas declaraciones fueron "satíricas".

También mientras hacía campaña para abandonar la Unión Europea (UE) en 2016, Johnson dijo que esta entidad supranacional estaba tratando de terminar el trabajo iniciado por Napoleón y Hitler al integrar a Europa en un solo estado. "Napoleón, Hitler, varias personas lo intentaron y terminó trágicamente", dijo Johnson. "La UE es un intento de hacer esto por diferentes métodos", agregó.

El hecho de que los votantes tomaran en serio esta declaración de 2016 es consecuencia de la carrera que Johnson desempeñó durante los 90, cuando fue corresponsal de The Daily Telegraph en Bruselas. Desde esa posición creó una plataforma para una cruzada contra la UE. Esto, pues a diferencia de los periodistas estadounidenses, los editores británicos dan mayor libertad a sus reporteros para que inserten su propia opinión en sus reportes.

De tal modo, escribiendo para The Daily Telegraph durante la década de los 90, Johnson emprendió una guerra contra los "entrometidos burócratas" que -según sostenía- dirigían a los inmigrantes y refugiados a las asediadas islas británicas, regulando la curvatura de los bananos británicos, la color rosado del brazalete británico, el tamaño de los condones británicos, y los aromas en las papas fritas de cóctel de gambas, entre otras infracciones.

El problema es que ninguna de estas infracciones realmente sucedió.

Sin embargo, observadores influyentes creen que las fabricaciones y exageraciones de Johnson acerca de las regulaciones de la Unión Europea ayudaron a moldear la antipatía populista contra ella, por lo que muchos británicos terminaron percibiendo a la UE como rígida y dominante.

Este lado populista de Johnson nuevamente fue exhibido en 2016, cuando ayudó a avivar los prejuicios contra los extranjeros que querían emigrar al Reino Unido, en las últimas semanas de la campaña del referéndum del Brexit, tras el cual el país decidió abandonar la UE.

En ese entonces, típicamente Johnson manejó el tema en dos sentidos. Por un lado hizo campaña junto a políticos que reclamaban contra las largas filas de solicitantes de asilo a la espera de ingresar a Gran Bretaña, pero también instó a una amnistía para algunos inmigrantes indocumentados.

Así, Johnson instó a que se intensificara la inmigración al Reino Unido, a la vez que afirmó falsamente que Turquía se uniría a la UE, con lo que sus ciudadanos habrían adquirido el derecho a ingresar y trabajar en el Reino Unido.

Aquellos que querían que Gran Bretaña saliera de la UE finalmente ganaron el referéndum con una votación de 51,9% a 48,1%.

Los temores acerca de la inmigración probaron ser críticos en la victoria del Brexit en el referéndum. Las cifras oficiales publicadas un mes antes de la votación mostraron que casi un millón de inmigrantes ingresaron al Reino Unido entre 2013 y 2015. Johnson y sus aliados explotaron las preocupaciones del público sobre el rápido aumento de las tasas de inmigración, junto con la crisis de refugiados en el Mediterráneo y el terrorismo, para asegurar su victoria

REPRESENTANDO UNA NACIÓN 

Los líderes populistas han estado llegando al poder en toda Europa, alimentando el sentimiento nacionalista y antiinmigrante, en países tales como Hungría, Italia o Austria.

¿Es Johnson uno de ellos?

Johnson ahora lidera a 160.000 miembros del Partido Conservador, en su mayoría blancos, ancianos, antiinmigrantes y pro-Brexit. Es esta victoria la que le ha hecho primer ministro; pues los conservadores son el partido más grande en el Parlamento.

Pero la membresía del Partido Conservador no es representativa de la nación.

Es probable que su reciente abrazo del populismo no atraiga al 58% de los británicos que desaprueban sus juicios y su agenda. Johnson creó un gran alboroto al afirmar que las mujeres musulmanas vestidas con burka "eligen andar como buzones" y que podían parecerse a "un ladrón de bancos".

Sin embargo, perdido en la controversia está el hecho de que Johnson estuvo escribiendo una columna para The Daily Telegraph en la que condenaba la prohibición del uso del burka en Dinamarca. Y esta declaración no dañó la posición de Johnson ante los votantes. 70% de los encuestados en una encuesta de Sky News dijo que su declaración no era racista.

Co todo, su apoyo a un sistema de inmigración al estilo australiano, basado en puntos base, que tiene en cuenta la educación, las habilidades, la riqueza y otras características en las decisiones de inmigración, y su deseo de que sea obligatorio para los inmigrantes aprender inglés, responde al sentimiento antiinmigrante.

Y la amenaza de Johnson de usurpar la autoridad del Parlamento y forzar un Brexit sin acuerdo antes del 31 de octubre, una meta frustrada hasta ahora, apela a los votantes enojados porque el Reino Unido aún no ha abandonado la UE.

COMPARACIÓN LIMITADA CON TRUMP 

Algunos han comparado al nuevo primer ministro británico con Donald Trump. Pero más allá de la marca de cabello, y la bombástica y colorida vida privada de ambos, hay diferencias importantes.

Mientras que el agravio racial fue una táctica favorecida durante la campaña de Trump, Johnson siempre ha estado más interesado en lo que funciona políticamente. En este momento, el populismo funciona. Si así será en el futuro, habrá que verlo.

La conveniencia del momento lleva a Johnson a los brazos de la Casa Blanca. Fue el candidato favorito de Trump en la elección de líderes del Partido Conservador. Los informes recientes de The Guardian revelaron vínculos entre Johnson y Steve Bannon, el ex asesor de extrema derecha de Trump.

Las relaciones con los Estados Unidos son fundamentales para el éxito del Brexit. Los partidarios creen que un acuerdo comercial masivo con los Estados Unidos compensará la pérdida de los mercados europeos después de que Gran Bretaña abandone la UE. Tal vez esta fue la razón por la que Johnson no apoyó al ex embajador británico ante los Estados Unidos, quien describió a la administración Trump como incompetente, lo que terminó forzando su renuncia.

Pero los vínculos con la Casa Blanca podrían no ayudar a Johnson en el largo plazo. A los votantes les preocupa que un acuerdo Reino Unido-Estados Unidos de a las codiciosas compañías de seguros estadounidenses el acceso al Servicio Nacional de Salud, permitiendo que -en un dicho británico- el pollo estadounidense barato llegue a las mesas británicas.

Luego está el mismo Trump. Una de las pocas cosas en las que los británicos están de acuerdo es que no les gusta el presidente estadounidense: actualmente tiene un índice de aprobación del 26%.

Luke Reader es profesor del Departamento de Historia de Case Western Reserve University.

Leer el artículo original en inglés.

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