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Miércoles, 23 de octubre de 2019
Sesgos cognitivos

'Facebook no me engaña, pero me preocupa que lo haga contigo'

Joseph B. Walther (The Conversation)

La red social produce un extraño efecto psicológico en las personas, en cuanto produce la sensación de inmunidad personal frente a la manipulación y los efectos de su publicidad y propaganda, a la vez que genera gran preocupación respecto de lo que eso mismo produce en los demás, lo que puede llevar a pedir excesiva regulación.

Algunas personas prominentes han pedido alguna vez algún tipo de regulación de Facebook. Esto incluye a un cofundador de la empresa y a un capitalista de riesgo, quien fue uno de los primeros patrocinadores de la empresa.

Gran parte de las críticas a Facebook se relacionan con la forma en que los algoritmos de la empresa dirigen la publicidad a sus usuarios y las cámaras de eco que muestran contenido sesgado a los usuarios.

A pesar de las críticas, la compañía ha registrado ganancias récord y miles de millones de personas, incluyendo más de dos tercios de los adultos estadounidenses, continúan usando la versión no regulada de Facebook que existe ahora.

Como profesor de comunicación y director del Centro de Información Tecnológica de la Universidad de California, Santa Bárbara, he estado estudiando la dinámica social de internet durante 30 años, y sospecho que lo que está detrás de estas aparentes contradicciones es algo psicológico.

Las personas conocen los problemas de Facebook, pero cada una de ellas asume que es inmune, incluso cuando se imagina que todos los demás son muy susceptibles de ser influidos. Esa paradoja ayuda a explicar por qué las personas siguen usando el sitio, que aún cuenta con un promedio de más de 2 mil millones de usuarios mensuales. E irónicamente, también ayuda a explicar qué hay detrás de la presión por regular a este gigante de las redes sociales.

No soy yo, son ellos

La tendencia psicológica aquí se denomina efecto en tercera persona, la cual consiste en la creencia de que los medios no me engañan a mi, y tal vez no engañen a usted, pero que de todas maneras lo hacen con otras personas más susceptibles.

Irónicamente, esta dinámica puede alentar a las personas a apoyar las restricciones al consumo. Si alguien usa, digamos, un sitio de redes sociales y se siente inmune a sus influencias negativas, desencadena otro fenómeno psicológico llamado influencia de la presunta influencia. Cuando eso sucede, una persona se preocupa de que todos los demás puedan ser víctimas de un sesgo y apoya los esfuerzos para proteger al común de las personas, incluso sabiendo que ellos mismos no necesitan dicha protección.

Esta podría ser la razón por la que hay muchos usuarios de Facebook que se quejan del peligro que Facebook representa para los demás, pero siguen usándolo.

Incluso el capitalista de riesgo y cofundador de Facebook, Roger McNamee, quien escribió un libro sobre lo malo que se ha vuelto Facebook, pudo haber sido presa de esta ironía psicológica. Como informa The Washington Post, "a pesar de su disgusto por los peores crímenes cometidos por las plataformas de redes sociales, McNamee no solo posee acciones de Facebook, sino que también se cuenta entre los más de 2 mil millones de usuarios del gigante. Después de todo, McNamee reconoce, encogiéndose de hombros y sonriendo: 'Tengo un libro para promocionar'".

No todos pueden estar por encima del promedio

McNamee puede pensar que es inmune a las cámaras de eco y otras influencias on line, las que, sin embargo, advierte, afectan al usuario promedio de Facebook. Pero ¿qué pasa si los usuarios promedio de Facebook piensan que no son el usuario promedio de Facebook y, por lo tanto, también creen que son inmunes a las influencias perniciosas de Facebook?

Exploré esta posibilidad en una encuesta a 515 adultos en Estados Uniodos quienes usaron Facebook al menos una vez la semana anterior al sondeo. Los participantes fueron reclutados por Qualtrics, una compañía que administró las preguntas de la encuesta. Los encuestados residían en los 50 estados del país. Su edad promedio era de 39 años, y reportaron un promedio de poco menos de 10 horas por semana de consumo de Facebook, lo que se estimó que es similar a la mayoría de los otros usuarios de Facebook.

La encuesta consistió en tres grupos de preguntas. Un grupo se refirió a la fuerza con la que creen que Facebook les afecta en una serie de importantes temas sociales y políticos, incluida la construcción de un muro en la frontera con México, la ampliación o derogación de la Ley de Protección al Paciente y Cuidado de Salud Asequible, si el presidente Donald Trump está haciendo un buen trabajo o no, y otros temas de importancia nacional.

Al segundo grupo, se le preguntó acerca de cuánto cree cada encuestado que Facebook afecta las percepciones de los demás sobre esos mismos problemas y acerca de cuánto afectan esas ideas a una 'persona promedio' de las redes sociales.

Al tercer grupo, se le preguntó acerca de la regulación de Facebook, a través de una variedad de estrategias posibles, las que incluyen resoluciones de la Comisión Federal de Comercio o de la Comisión Federal de Comunicaciones. Esto es dividir Facebook utilizando leyes antimonopolio, o requiriendo que Facebook revele sus algoritmos y otros pasos.

Ganas de proteger a los demás

Los encuestados creen que Facebook afecta las percepciones de otras personas mucho más que a las suyas. Y, en cuanto más piensan que los demás son vulnerables, más quieren regular Facebook.

Las personas que piensan que son menos afectas que otras y que quieren regular Facebook, también creen firmemente que el problema de Facebook radica en el poder de las cámaras de eco de la plataforma. las que repiten, amplifica y refuerzan las creencias de los usuarios. Eso es así a pesar de que también saben que serían afectados por dichas regulaciones.

Las cámaras de eco existen y afectan las percepciones de las personas, e incluso las llevan a disparar contra una pizzería que presuntamente es un antro de prostitución infantil (lo que fue una fake news). Pero la investigación reciente ha cuestionado la idea de que las cámaras de eco sean en extremo influyentes respecto de la opinión de la mayoría de las personas.

Desde mi punto de vista, es importante ayudar a las personas a comprender que están en algún nivel de riesgo respecto de los sesgos de Facebook, sea cual sea dicho nivel de riesgo. Al respecto, la sociedad puede asumir cierta responsabilidad, pero también deben hacerlo los usuarios individuales de Facebook. De lo contrario, ignorarán sus propias recomendaciones sobre el consumo de medios, al tiempo que respaldarán regulaciones de gran alcance, las que pueden ser demasiado fuertes y potencialmente mal dirigidas.

En última instancia, las personas necesitan preocuparse más de salvarse a sí mismas que de preocuparse de salvar a los demás.

Leer artículo original d The Conversation en inglés.

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