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Domingo, 16 de junio de 2019
Experimentación genética

¿Frankenstein? Científicos chinos insertan genes humanos en cerebros de simios

Diego Ortiz

Un grupo de científicos chinos insertó copias de genes cerebrales humanos en monos, los que posteriormente presentaron mejores resultados en pruebas de memoria y reacción que otros simios en estado natural. El experimento divide a la comunidad científica por sus alcances éticos.

El 27 de marzo pasado fue publicado por la revista National Science Review uno de los principales experimentos del Instituto de Zoología de Kunming, en China: Macacos Rhesus con genes cerebrales humanos implantados en su ADN logran mejores resultados que sus símiles no transgénicos.

Esto ha generado un importante debate entre las ventajas que entregan experimentos genéticos al conocimiento y la ética dentro de la manipulación genética en seres vivos. Se trata de un experimento que, según sus autores, arrojará luz sobre la evolución de la inteligencia humana.

En un artículo publicado por la revista tecnológica del Massachussets Institute of Technology (MIT), se explica cómo el experimento buscaba acercar a la comunidad científica al objetivo de comprender el salto genético del cerebro de un primate al humano, utilizando para ello monos transgénicos.

Los once monos a los que fue implantado ese gen mostraron mejores resultados en pruebas de memoria a corto plazo con colores y cuadros en bloque,

Los once monos a los que fue implantado ese gen mostraron mejores resultados en pruebas de memoria a corto plazo con colores y cuadros en bloque, así como tiempo de reacción en comparación con monos salvajes. Sin embargo, sus cerebros necesitaron más tiempo para desarrollarse, como sucede con los niños humanos.

"Este fue el primer intento de comprender la evolución de la cognición humana utilizando un modelo transgénico de mono", dijo Bing Su, el genetista del Instituto de Zoología de Kunming que dirigió el estudio.  Sin embargo, los científicos no constataron que el cerebro de esos monos creciera más que los de sus congéneres de un grupo de control.

El gen introducido corresponde al MCPH-1, o microcefalina, elección que se da por dos motivos complementarios: por un lado, los humanos con algún daño en la microcefalina nacen con cerebros pequeños y menos desarrollados, relacionándose el MCPH-1 al tamaño del cerebro. Además, el gen presenta diferencias con su similar en el mono, un animal que comparte el código genético humano en un 98%.

El descubrimiento -que pareciera salido de la película El planeta de los simios- se da en la capital de los estudios del genoma humano en China y, también, cuna de los experimentos con simios en el mundo. Con más de 4 mil monos, el Instituto de Zoología de Kunming asoma como uno de los principales centros de producción de monos para estudios, una práctica científica altamente cuestionada fuera de la pequeña ciudad al sudeste de China.

Un arriesgado camino

"El uso de monos transgénicos para estudiar genes humanos relacionados con la evolución del cerebro es un camino muy arriesgado", dijo James Sikela, genetista que realiza estudios comparativos entre primates en la Universidad de Colorado, a quien le preocupa que el experimento muestre indiferencia hacia los animales y que pronto conduzca a modificaciones más extremas. "Es un problema clásico de pendiente resbaladiza y algo que podemos esperar que se repita a medida que se realiza este tipo de investigación", dijo en declaraciones a la revista estadounidense MIT Technology Review.

Respecto de la evolución de la inteligencia humana, lo que se sabe es que los cerebros de nuestros ancestros semejantes a los humanos crecieron rápidamente en tamaño y poder. Para encontrar los genes que causaron el cambio, los científicos han buscado diferencias entre los humanos y los chimpancés, cuyos genes son similares en un 98% a los nuestros. El objetivo, dijo Sikela, era localizar "las joyas de nuestro genoma", es decir, el ADN que nos hace exclusivamente humanos.

Trabajando con tecnología de punta y con una colonia de monos para investigación más grande que en cualquier otra parte del mundo, los experimentos llevados a cabo en Kunming agregan polémica al debate en torno a la experimentación genética con seres vivos.

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