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Miércoles, 28 de octubre de 2020
Muere Marcos Mundstock, de Les Luthiers

Johann Sebastian Mastropiero va de luto

Ricardo Martínez

A los 77 años falleció Marcos Mundstock, miembro fundador de la agrupación argentina Les Luthiers, dejando un legado cultural que trascendió varias generaciones y muchos países del continente americano. Acá un perfil de la genialidad del artista que con una carpeta roja dio vida al legendario personaje Johann Sebastian Mastropiero.

Durante los años 80 y cuando el cassette se había transformado en el principal soporte de la música sucedió algo que en inglés se denominó la cassette culture, que consistía básicamente en el intercambio de cintas de 45, 60 o 90 minutos, llamadas C-45, C-60 o C-90, con audios que no circulaban de otro modo, que no se escuchaban en la radio y cuyos videos no rotaban en los programas televisivos.

Esta cultura subterránea y secreta solía considerar mucho de la música del Canto Nuevo, o registros publicados o inéditos de Silvio Rodríguez, pero también otros tipos de estilos, como aquellos más subidos de tono del sello Star Sound, o copias grabadas desde el longplays de vinilo del punk o el post-punk.

A esa lista diversa pertenecían Les Luthiers.

Formados a fines de los 60 básicamente por estudiantes de Ingeniería de la Universidad de Buenos Aires en Argentina, este conjunto al inicio medio inclasificable, había tomado su nombre del oficio de quienes construyen o reparan instrumentos musicales, en especial de cuerda, los “luteros” o “lutiers”. Ello, porque desde su génesis uno de los elementos esenciales de su propuesta consistía justamente en el uso de instrumentos confeccionados por ellos mismos combinando elementos inverosímiles que resultaban en artefactos que rayaban en la patafísica: latín o violín de lata, contrachitarrone da gamba, lira de asiento o lirodoro, bass-pipe a vara, entre decenas de otros.

Junto con eso, en sus actuaciones en vivo los Les Luthiers llevaban a cabo una interpretación conceptual, cómica y absurda de la historia de la música y de los géneros musicales que casi siempre requería de algún conocimiento de dicha historia y de dichos géneros para comprenderse y disfrutarse más plenamente.

Abundaban en sus obras composiciones como candombes-milongas (Candonga de los colectiveros), tradicionales alucinógenos (Chacarera del ácido lisérgico) o cantares bastante de gesta (Epopeya de Edipo de Tebas), deteniéndose en muchas ocasiones en chistes internos de esos mismos géneros, como en la asombrosa La payada de la vaca en que se humoriza con la estructura en octosílabos y cuatro versos de las payas tradicionales, vulnerándose reiteradamente dicha estructura canónica.

Cada acto de Les Luthiers consideraba no solo la interpretación mediante los instrumentos inverosímiles de las obras problematizadoras de los géneros, sino que muchos momentos de diálogo, en que las voces cantantes las llevaban principalmente dos de ellos: Daniel Rabinovich, quien falleció en 2015 y Marcos Mundstock, quien ha muerto en la presente semana.

El locutor chiflado

Mundstock habitualmente no participaba de la interpretación musical y solo en contadas ocasiones acometió alguno de los instrumentos, como el gom-horn. Sobre él descansaba la locución de los espectáculos en vivo, en que premunido por un registro de bajo-barítono, presentaba cada entremés casi siempre leyendo desde una carpeta roja en que se indicaba el listado de instrumentos ocupados en la pieza, el nombre de la obra, el género ficticio, híbrido o cómico al que pertenecía, así como introducciones a las mismas piezas que en muchas ocasiones habían sido compuestas por un músico ficticio llamado Johann Sebastian Mastropiero.

Las lecturas de las carpetas rojas de Mundstock eran el puntapié inicial de las carcajadas que se sostendrían a lo largo de cada uno de los entremeses, casi siempre con efectos de non-sequitur, esto es, absurdos, malentendidos, malas interpretaciones, ambigüedades lingüísticas.

Como cuando lee “versículo lix… ¡LIX está en números romanos!” (El sendero de Warren Sánchez), o "homenaje al cual acudieron miles… eh, perdón, Miles Flannagan y tres personas más” (Quién mató a Tom McCoffee).

Gran parte de lo gracioso de estos absurdos descansaba en que Mundstock solía representarlo de la manera más ceremoniosa que cupiera. Así, su tono de voz de locutor, su impronta, vestimenta, y lenguaje no verbal, lo convertían en algo que el humor occidental ha explotado al menos desde la ópera: la imagen del bajo bufo, que tiene ejemplos señeros en Don Alfonso, de Cosi fan tutte, de Wolfgang Amadeus Mozart o Don Bartolo de El barbero de Sevilla de Gioachino Rossini.

Como se señalaba más arriba, los Les Luthiers no solían aparecer en programas radiales, ni en espectáculos televisivos en los 80 en Chile, pero teniendo a su haber los registros musicales en diversos longplays (como Sonamos pese a todo de 1971, Les Luthiers volumen 4 de 1976 o Les Luthiers hacen muchas gracias de nada de 1980), estos empezaron a circular de copia en copia y de mano en mano en formato de cassette colaborando a la formación de una fanaticada incondicional que tuvo la ocasión de poder presenciar sus espectáculos en dieciocho visitas de los trasandinos al país y en especial a Santiago -casi siempre en o bien el Teatro Oriente o bien el Teatro Municipal- la primera en 1977, mientras que la decimonona estaba proyectada para julio de este 2020.

Y así como circulaban sus cassettes y sus visitas resultaban legendarias, la fanaticada que los seguía incondicionalmente conocía muchos de sus temas de memoria. Obras como La Tanda o Cartas de Color, que duran muy largos minutos son conocidas al dedillo en todos sus detalles por generaciones que van fácilmente desde los 25 a los 80 años, que es las edades que ahora tendrían sus integrantes iniciales.

Riéndose de las tendencias culturales y musicales a lo largo de cinco décadas, en las canciones y entremeses de Les Luthiers no faltaban alusiones a melodías que iban desde las baladas bucólicas de Sandro (Solo necesitamos), hasta el rap (Los jóvenes de hoy en día (RIP al rap)), pasando por la revitalización del canto gregoriano (Educación sexual moderna).

Y Marcos Mundstock solía ser el anfitrión de cada una de aquellas empresas.

Se pueden citar algunos de sus altos momentos recordados.

- Mi nombre es Oblongo, que en dialecto Sswahili quiere decir “más largo que ancho”” (Cartas de Color).

- Tal vez quien más ha reflexionado sobre la música para televisión sea el compositor Pierre Pérez Pitzner, autor del libro titulado "La corchea y el orticón, interacción y propuesta". A dicho libro pertenece la célebre frase que dice: "De cada diez personas que ven televisión, cinco... son la mitad". (La Tanda).

- Actualidad latinoamericana. El presidente de la hermana República de Feudalia, mariscal Manuel Anzábal, toma el juramento de práctica a nuevos ministros, en una ceremonia que se lleva a cabo en el circo estatal capitalino. Juran los nuevos ministros. De salud pública, general Roberto Freggioni. De agricultura, contraalmirante Esteban Rómulo Capdeville. De vías navegables, brigadier Jorge McLennon. Y de educación y cultura, cabo 1º Anastasio López. (Los noticiarios cinematográficos, en una alusión clara al Chile de la dictadura).

Aunque en los últimos años, aparte de muchos cambios de integrantes, la calidad de la propuesta de Les Luthiers se resintió y del mismo modo muchos de sus sketchs han empezado a problematizarse, en particular por el trato hacia las minorías. De tal modo pervive la sensación en muchos de sus seguidores de que lo que los argentinos facturaron algo que trasciende a su época inicial y las fronteras latinoamericanas, y que la carpeta roja tiene un lugar asegurado en la cultura del continente.

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