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Martes, 27 de octubre de 2020
El flanco de Jacqueline van Rysselberghe

La batalla por el alma de la derecha dura

Maximiliano Alarcón G.

No es la disidencia interna lo que tiene preocupada a la presidenta de la UDI. Su verdadero temor es el forado ideológico que José Antonio Kast le abrió por el extremo, poniendo en peligro el futuro político del partido.

A fines de abril la presidenta de la Unión Demócrata Independiente (UDI), Jacqueline van Rysselberghe, recibió un llamado del presidente Sebastián Piñera que la invitaba a participar de su gira internacional a Brasil, Argentina y Perú.

El gesto del mandatario no era una simple cortesía. La líder del gremialismo se había convertido, desde la asunción misma del gobierno de derecha en marzo, en una de las voces oficialistas más críticas de La Moneda. De hecho, nada más conocerse los primeros nombramientos de gobernadores de Piñera, Van Rysselberghe comenzó a lanzarse en contra de algunas designaciones, en especial las que involucraban su propia región, del Bío Bío.

Por eso, cuando el jefe de Estado la invitó a esa gira de abril, en la conversación entre ambos se habría producido el siguiente diálogo, según lo consignó el diario La Tercera.

"Pórtese bien", le dijo Piñera.

"Yo me porto bien", le habría contestado la timonel gremialista.

"Pues no le resulta mucho", replicó el Presidente.

La UDI tiene razones para temer esta irrupción. Kast no sólo sacó poco más de 8% en la primera vuelta presidencial de 2017, sino que además ha logrado más de 14.000 adherentes a su movimiento,

Sin embargo, el problema de fondo entre ambos socios políticos no se reducía a un mero problema de clientelismo regional.

La jefa de la UDI ha arremetido una y otra vez sobre el gobierno. Dos hechos lo ilustran de manera clara.

En abril, cuando el Ejecutivo estaba elaborando la ley de Identidad de Género, Van Rysselberghe se lanzó con fuerza en contra de La Moneda. "Hay que gobernar con nuestras ideas y evitar que se generen falsos consensos por miedo, por comodidad, por la razón que sea”, afirmó a la prensa.

Y en mayo, cuando se incorporó la figura de Augusto Pinochet en una exposición del Museo Histórico Nacional titulada “Hijos de la Libertad”, la entonces ministra de Cultura Alejandra Pérez solicitó la renuncia del director del recinto tras una la ola de críticas. Van Rysselberghe cuestionó la medida. “Uno podrá tener la opinión de lo que pasó en nuestra historia, de la figura del general Pinochet, del gobierno militar, de todo lo que pasó en esa época”, afirmó a los medios de comunicación. "Pero es parte de la historia, lo que no se puede borrar es la historia”.

El fantasma de Kast

Los ataques de la jefa de la UDI en contra de su propio gobierno se anclan en un temor ideológico. Y este es que la figura de José Antonio Kast, ex militante de ese partido, y su recién creado movimiento Acción Republicana succionen el alma del partido de derecha que en los últimos 30 años ha monopolizado ese espectro de la política chilena.

La UDI tiene razones para temer esta irrupción en su flanco derechista. Kast no sólo sacó poco más de 8% en la primera vuelta presidencial de noviembre de 2017, sino que además ha logrado más de 14.000 adherentes a su movimiento, aunque muchos de ellos tengan una suerte de doble militancia con la UDI. Ese partido tiene oficialmente poco más de 40.000 militantes. Según el Observatorio de Políticas y Redes Sociales de la Universidad Central, José Antonio Kast es actualmente el político chileno con mayor influencia en la red social Twitter.

Además, la UDI perdió más de 220.000 votos en las elecciones a diputado entre 2013 y 2017, perdiendo de paso su posición hegemónica en la derecha. Actualmente, Renovación Nacional es el partido de derecha con mayor representación parlamentaria.

Kast ha capitalizado un discurso populista de derecha que no teme hacer apología de la dictadura de Pinochet. Subiéndose a la ola neo-derechista que recorre varios países de Occidente, este ex diputado de la UDI incluso tiene programado reunirse con el candidato ultraderechista brasileño Jair Bolsonaro. Se trata de un ex capitán de Ejército que en alguna ocasión afirmó que la dictadura de su país debió haber matado a más comunistas.

La UDI perdió más de 220.000 votos en las elecciones a diputado entre 2013 y 2017, perdiendo de paso su posición hegemónica en la derecha.

Esta actitud de “no tomar prisioneros” le ha valido los aplausos de la ultraderecha chilena, pero ha puesto en aprietos a la UDI, que ve cómo en su flanco extremo se ha abierto un forado que, potencialmente, puede poner en peligro a su buque.

Y es que Kast aglutina el entusiasmo de los viejos estandartes del gremialismo que fundaron la UDI al alero de Pinochet y la dictadura. Se trata de un espíritu que, según los seguidores de Kast, se habría perdido, partiendo por el llamado “cosismo” de Joaquín Lavín a fines de los años 90, y que se profundizó con la política más pragmática que ese partido adoptó para formar parte del primer gobierno de Piñera (2010-2014).

Uno de los aliados de Kast, Gonzalo Rojas, profesor universitario y columnista estable de El Mercurio, escribió en marzo que “desde el asesinato de Jaime Guzmán, nadie había osado vulnerar los santuarios de la izquierda, nadie se había atrevido a pisar territorios liberados por la guerrilla cultural”.

Poco puede ser mucho

Kast parece ser hoy la figura más atractiva de la derecha dura chilena. Si bien sus puntos de vista chocan con el sentir de muchos -como, por ejemplo, abogar por la libertad condicional de los militares condenados por crímenes de lesa humanidad que estén en una situación médica o de edad delicada-, lo cierto es que sus ideas y accionar están en sintonía con lo que está sucediendo en el mundo occidental.

Y el ex militante de la UDI tiene una hoja de ruta bastante nítida. Esta se ajusta a los caminos recorridos por Donald Trump en las primarias republicanas de 2016 y a la vocal oposición a la Unión Europea del Partido de la Independencia del Reino Unido (UKIP), que contando con poco menos de 12% de los votos logró forzar a los Tories a un plebiscito que terminó en el Brexit.

Kast y sus seguidores tienen conciencia de que no necesitan ser una mayoría electoral para influir de manera decisiva en las políticas del país.

En otras palabras, Kast y sus seguidores tienen conciencia de que no necesitan ser una mayoría electoral para influir de manera decisiva en las políticas del país.

Probablemente están observando de cerca fenómenos políticos como los de Alemania. En una encuesta dada a conocer este viernes, el partido de ultraderecha AfD se posicionó por primera vez como la segunda fuerza de ese país, superando a la socialdemocracia. Quienes más han sentido esta presión de la extrema derecha no son los partidos de centroizquierda, sino la centroderecha que encabeza la canciller Angela Merkel. Por eso, hace semanas la CDU de la jefa de gobierno está enfrascada en una dura disputa en torno a la inmigración con su partido hermano CSU de Baviera.

Kast ha sabido leer este nuevo escenario internacional. Jacqueline van Rysselberghe también. Por eso, esta última ha implementado una estrategia similar a sus símiles de Inglaterra y Alemania. Estrategias que hasta ahora han fracasado a la hora de frenar el avance de los grupos más de ultra de la derecha.

 

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