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Miércoles, 27 de Octubre de 2021
[reseña de libro]

La breve vida de Rodrigo Rojas de Negri

Ernesto Garratt

Cuando el eco de la memoria nos recuerda a un Rodrigo Rojas De Negri calcinado y en una agonía de cuatro días producto de las graves quemaduras y lesiones, buena parte de las 399 páginas de este libro de investigación titulado “Rodrigo Rojas de Negri: Hijo del Exilio”, de la periodista Pascale Bonnefoy, ofrecen una detallada y acabada imagen de un joven del exilio y su época. 

Cuando tanto estremece un asesinato como el del fotógrafo Rodrigo Rojas De Negri, quemado vivo por una patrulla militar en 1986 junto a la estudiante Carmen Gloria Quintana, la dirección más seductora para cualquier investigación periodística acerca del caso puede ser justamente sobrevolar y quedarse gran parte del tiempo arriba del cuadrante donde ocurrió el lugar del crimen: el barrio de Los Nogales en Estación Central, Santiago de Chile.

Pero la periodista y escritora Pascale Bonnefoy Miralles en su impecable libro periodístico “Rodrigo Rojas de Negri: Hijo del Exilio” (Debate, 2021) toma el camino más complejo y quizás opuesto: focalizarse en un Rodrigo vivo. Muy vivo.

Cuando el eco de la memoria nos recuerda a un Rodrigo Rojas De Negri calcinado y en una agonía de cuatro días producto de las graves quemaduras y lesiones, buena parte de las 399 páginas de esta investigación ofrecen una detallada y acabada imagen de un chiquillo de sumo especial. Un cabro entrañable que lo único que busca es saber de dónde viene y, desde allí, hacia donde podría haber crecido de no haberse topado con los psicópatas que lo asesinaron.

Pero durante este trayecto periodístico, nutrido con más de 80 entrevistas, con locaciones entre Chile y Norteamérica, lo que hay además son reconstrucciones de época y ambientes culturales.

Cuando todo el peso de la memoria enmudece con la muerte de Rodrigo, la pluma de Pascale Bonnefoy reconstruye con una tenacidad fabulosa los hitos de su breve pero acaso intensa existencia. En solo veinte años, la corta vida de Rodrigo transcurre de forma trepidante e itinerante: en sus primeros años en Valparaíso junto a su madre y en el seno de una familia “italiana”, luego la implacable dictadura los acecha y después, el exilio y la llegada a Estados Unidos, son todas paradas parte de un tren de alta velocidad que avanza hacia la inevitable tragedia.

Pero durante este trayecto periodístico, nutrido con más de 80 entrevistas, con locaciones entre Chile y Norteamérica, lo que hay además son reconstrucciones de época y ambientes culturales demasiado útiles para comprender, en lo posible, la mentalidad con la creció Rodrigo Rojas De Negri en el exilio.

Pascale Bonnefoy vivió y creció en Washington y quizás uno de los grandes aciertos de esta biografía es que contextualiza los lugares físicos y también los mentales de esta ciudad estadounidense donde Rodrigo pasó su niñez y adolescencia. Por ejemplo, la manera en que su madre, Verónica de Negri, se incorpora la dinámica de los exiliados chilenos en Washington, el tejemaneje del exiliado más cuico versus el de más de base, las relaciones entre las comunidades latinas y la distancia tácita entre ellas y los afroamericanos (algo que le preocupaba a Rodrigo según deja constancia el reporteo), son detalles que moldearon la percepción y personalidad singular de este joven que nunca gustó de fumar, con una serie de gustos restringidos como la música, la computación, el ajedrez, el conocimiento enciclopédico de armas y sobre todo la fotografía, su gran pasión. Faltaba seguido a la escuela gringa a la que asistía y en diálogos con adultos de su círculo buscaba la ansiada pertenencia que su desarraigo le impedía abrazar.

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Portada del libro.
Portada del libro.

“Rodrigo Rojas de Negri: Hijo del Exilio” en este sentido hace un aporte no solo en cincelar los rasgos de un chico a todas luces especial (por la manera en que es descrito tiendo a pensar que pudo haber estado en el Espectro Autista), sino que además también perfila el telón de fondo por donde, cámara en mano, fotografiaba a su paso su lugar en el mundo.

La estrategia de Pascale Bonnefoy funciona para asimilar la fuerza gravitacional ejercida por Chile en la construcción de la identidad de un joven que nunca escondió su incomodidad con el estilo de vida gringo.

A medida que uno va adentrándose en las capas de esta historia, con testimonios del círculo cercano de Rodrigo, incluida su propia madre, Verónica De Negri, su hermano menor Pablo, compañeros de colegio, algunos mentores, la estrategia de Pascale Bonnefoy funciona para asimilar la fuerza gravitacional ejercida por Chile en la construcción de la identidad de un joven que nunca escondió su incomodidad con el estilo de vida gringo, y cuya curiosidad permanente y capacidad autodidacta para aprender fueron las herramientas de sobrevivencia al desapego.

Muchos de los consultados en “Rodrigo Rojas de Negri: Hijo del Exilio” coinciden en que el joven residente estadounidense idealizaba a Chile en su cabeza durante su exilio en Norteamérica, entre Quebec y Washington. Y por eso quizás es que no habría podido resistir viajar apenas logró reunir algo de dinero y tener una edad razonable. Rodrigo no tenía problemas para ingresar al país del cual partió siendo un niño y sin saber que no volvería después de varios años. En cambio, su madre tenía prohibida la entrada. Poco después del Golpe, Verónica De Negri fue perseguida por el terrorismo de Estado de Pinochet y torturada en interrogatorios de la Armada y la infamia dio para que incluso fuera violada con ratones en aquellas sesiones.

La eficiente capacidad para investigar de la escritora y periodista Pascale Bonnefoy Miralles nos da información ordenada, clara y con la virtud de la interpretación para exponer los procesos que, tarde o temprano, tuvieron efectos en la familia De Negri antes y después del asesinato de Rodrigo: desde ausencia de la figura paterna en su vida, pasando por las simpatías y militancias de izquierda de abuela, madre y tías y tíos, algo que los condenó como objetos de persecución por parte del régimen ad infinitum, hasta las presiones de Estados Unidos hacia el régimen para esclarecer el caso.

“Rodrigo Rojas De Negri: Hijo del Exilio” nos sitúa del lado correcto de la historia y su análisis y conclusiones se hacen esenciales para aminorar, aunque sea en la zona de consuelo de lo ético, la enorme sensación de impunidad.

En momentos en que se relativiza el valor universal de los derechos humanos en la Convención Constituyente (el affair Arancibia), la lectura de “Rodrigo Rojas De Negri: Hijo del Exilio” nos sitúa del lado correcto de la historia y su análisis y conclusiones se hacen esenciales para aminorar, aunque sea en la zona de consuelo de lo ético, la enorme sensación de impunidad amparada por un simple hecho: hay responsables de este crimen caminando libres por las calles chilenas. Como si nada hubiera pasado. Como si nada hubiera importado.

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