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Sábado, 20 de julio de 2019
Frédéric Martel, autor de 'Sodoma'

“La Nunciatura de Sodano fue infiltrada por agentes de Pinochet y Karadima”

Carlos Tromben

Tras años de investigación y un asombroso trabajo de fuentes, tanto en el corazón de la curia romana como en sus márgenes, el periodista francés Frédéric Martel acaba de lanzar uno de los retratos más descarnados de la Iglesia Católica. Esta es su conversación con INTERFERENCIA.

Son las 8:30 en el Hotel Ismael y Frédéric Martel desciende a desayunar. Nos saludamos la noche anterior, durante la previa a la presentación de su libro Sodoma, a estas alturas un best-seller mundial. Esta vez se trata de una entrevista más íntima para INTERFERENCIA.

Martel estuvo cuatro veces en Chile desentrañando una de las historias menos conocidas de la dictadura: el estrecho círculo gay del régimen que se nucleó en torno al nuncio Angelo Sodano y que protegió los abusos de Fernando Karadima. Pero esta es solo una de las historias de un libro ambicioso, doloroso y a la vez cómico, que intenta retratar la compleja psiquis de una curia divida entre el deseo y el ocultamiento, el anticomunismo visceral y una homofobia de conveniencia. 

- Entre los años 80 y hasta hace muy poco, el Vaticano se lanzó en una guerra santa contra los homosexuales. ¿Cuál fue el motivo y qué ganó con ello?

- Para mí sigue siendo algo bastante misterioso. Hay que considerar que Juan Pablo II tenía otras prioridades, fundamentalmente la lucha contra el comunismo y, aquí en América Latina, la lucha contra la teología de la liberación. La postura oficial respecto de la sexualidad antes del matrimonio, sobre la homosexualidad y, globalmente, sobre las mujeres no le importaban tanto.

Fue Pablo VI quien cerró las puertas que el Concilio Vaticano II hubieran podido abrir en estas materias. Creo que la homosexualidad muy sublimada, muy escondida de los cardenales del entorno de Juan Pablo II pudo haber desempeñado un rol en radicalizar su oposición a la sexualidad. Cuando usted es homosexual y la ley de la iglesia lo prohíbe, usted hará todo lo posible para mostrar que no es homosexual. Y ese fue el caso de un parte muy importante del entorno de Juan Pablo II.

- Aparte de esto, ¿hubo quienes se sumaron a esta cruzada moral por convicción? ¿O que se opusieron a ella?

Hubo una oposición fuerte a este conservadurismo de Juan Pablo II, especialmente de parte de los cardenales Carlo María Martini y Walter Kaspers, que mostraron una verdadera disidencia al interior del Vaticano, específicamente respecto de la teología de la liberación, pero globalmente respecto de la modernidad y la revolución sexual.

"Muchos cardenales se derechizaron fuertemente, se sumaron a la línea de Juan Pablo II y fueron incluso más allá. Es posible que contribuyeran a radicalizar las posturas del mismo papa respecto de América Latina y a los asuntos morales".

Después, como en toda organización de poder, hubo gente que se dedicó a endurecer este discurso. El colombiano Alfonso López Trujillo, por ejemplo, el italiano Sebastiano Baggio y, por cierto, Josef Ratzinger. Muchos cardenales se derechizaron fuertemente durante este período, se sumaron a la línea de Juan Pablo II y fueron incluso más allá. Es posible que contribuyeran a radicalizar las posturas del mismo Papa respecto de América Latina y a los asuntos morales.

Tenemos el caso de gente como los nuncios Angelo Sodano en Chile o de Pio Laghi en Argentina, muy cercanos a las juntas militares de cada país. 

- ¿Cómo explicarse en el contexto europeo de los últimos años el desfile de arzobispos contra el matrimonio igualitario? Llegaron a usar argumentos tan extremistas que terminaron alienando a muchos católicos moderados. 

Bueno, muchos de ellos son gente de derecha dura, algunos incluso de extrema derecha. La oposición a las uniones civiles y el matrimonio igualitario fue coordinada desde las conferencias episcopales, incentivadas y excitadas diría yo por el Vaticano. Aquí tengo la impresión de que hubo más unidad que contra la teología de la liberación. A pesar de su derrota en la conferencia episcopal de América Latina (CELAM) en 1979, la teología de la liberación resistió el asalto de Juan Pablo II y hoy en día figuras como los teólogos Gustavo Gutiérrez y Leonardo Boff han sido reivindicados por el Papa Francisco. Él está en esa frecuencia, si bien con matices. 

En los temas de liberación sexual hay un discurso en la iglesia que se quedó bloqueado en los años 50. Es como un programa que no ha sido desinstalado.

Hay que reconocer que ha habido coherencia en eso; no cabía esperar que Juan Pablo II se uniera a la marcha del orgullo gay. Sin embargo, un discurso de humanización de la sexualidad sí hubiera sido escuchado. Incluso el discurso sobre el aborto hubiera sido escuchado si, al mismo tiempo, el discurso contra la contracepción hubiese sido más leve, menos brutal. Lo que hicieron finalmente fue cerrar todas y cada una de las puertas.

"En Chile la Nunciatura bajo Angelo Sodano durante la dictadura de Pinochet fue infiltrada y vigilada por al menos seis personeros y agentes de la dictadura. Personas cercanas también a Fernando Karadima".

- A la hora de explicar la homofobia discursiva del Vaticano ¿cabe atribuirla a un sistema de chantajes entrecruzados al interior de la curia? ¿o hubo otras fuerzas del exterior que presionó a los cardenales secretamente homosexuales?

Bueno, aquí en Chile la Nunciatura bajo Angelo Sodano y sus sucesores durante la dictadura de [Augusto] Pinochet fue infiltrada y vigilada por al menos seis personeros y agentes de la dictadura. Personas cercanas también a Fernando Karadima. Eso quiere decir, primero, que los abusos sexuales de este sacerdote eran conocidos por la dictadura; y segundo, que la homosexualidad eventual de ciertos nuncios también era conocida por la dictadura. ¿Qué tipo de proximidad existió entre los nuncios y estos personeros de la dictadura? Al menos cuatro de estos hombres de Pinochet eran homosexuales [en el libro aparecen mencionados Jaime Guzmán, Francisco Javier Cuadra, Roberto Arancibia Clavel, Sergio Rillón y un tal Rodrigo Serrano Bombal, agente de la DINA y reservista de la Armada].

En Cuba, y aquí creo que mi libro es uno de los primeros en aportar antecedentes al respecto, el régimen también manipula la homosexualidad de una parte del episcopado. Por tanto, lo que vemos en un régimen fascista como el de Pinochet reaparece también en un régimen comunista como el de Fidel Castro. 

- Por lo que usted muestra en su libro, las nunciaturas, misiones vaticanas en el exterior, son oportunidades de liberación para numerosos sacerdotes.

Sea cual sea la libertad que uno busca, con mujeres, drogas, hombres, etc. Las nunciaturas son oficinas muy pequeñas, por cierto. No son la embajada de Francia. Y como en todo servicio diplomático los nuncios comienzan sus carreras en países lejanos y problemáticos, en África, Asia o América Latina. 

- Con respecto al oficio del periodismo y a la precarización del trabajo en los medios tradicionales. ¿Cree usted que el periodismo de investigación está emigrando hacia los libros?

Casi todos los periodistas que escriben libros me dicen ¿cómo lo hiciste? Yo no tengo los medios. Creo que es una cuestión de voluntad. Yo no soy una persona de dinero y dediqué cuatro años de mi vida a hacer esto, utilizando mis recursos de manera muy artesanal. Trabajé con muchos amigos que me ayudaron, y del total de 80 investigadores que tuve remuneré a tres.

No tuve ayuda de mis editores sino hasta el final del proceso. Utilicé los recursos que gané de mis libros precedentes, lo que me permitió tener libertad. Siempre viajé en turista y me quedé en hoteles normales, aprovechando de hacer despachos para Radio France, que no sufragó ninguno de mis viajes. Es una cuestión de creer en el proyecto de uno. Si usted como periodista espera que le den cien mil euros para abordar un tema complejo, no lo hará nunca. 

- ¿Cómo logró llegar al corazón del Vaticano, residir en sus dependencias y tener acceso a los cardenales?

Es parte del oficio y jamás mentí respecto de quién yo era. Desde el comienzo hubo sacerdotes homosexuales que me ayudaron sabiendo quién era yo. Tuve fuentes cercanas al papa que sabían también lo que yo hago. Con los cardenales sostuve entrevistas muy específicas. Me instalé en Roma una semana por mes, al principio en departamentos AirBnB y de a poco me fui acercando al Vaticano.

Fueron los cardenales quienes me invitaron, tal como lo hacen con otras personas, familiares, etc. Allí participé de cenas privadas con otras personas de la curia, cercanas a Benedicto XVI o al cardenal Tarcisio Bertone [ex secretario de estado], quienes sabían quién yo era. Nada de lo que allí se discutió fue usado formalmente en el libro, pero estas conversaciones me permitieron comprender muchas cosas, unir cabos, entender contextos.

Algunas personas que hablaron conmigo me pidieron hacerlo off the record; otras no dijeron nada pese a ver la grabadora y las notas que yo tomaba en un cuaderno. Y me dijeron on the record cosas como “este cardenal se acuesta con tal asistente”. Yo no utilicé esta información, pese a tenerla, por constituir un atentado contra la vida privada de ciertas personas y, además, un riesgo jurídico.

No pude entregar todas las claves de este “desfile salvaje”, como digo en el libro citando a Rimbaud, pero sí profundizar en detalles literarios que no son frecuentes en un libro periodístico: la decoración, los perfumes, los vestidos, las puertas secretas. Es un libro perverso, vamos.

- Después de todo lo que usted escuchó y vio con sus propios ojos, ¿cree que la iglesia es reformable? ¿Cambiará algún día?

No lo sé. No es mi trabajo. No escribí este libro para cambiar a la iglesia. No tengo una agenda política al respecto. 

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