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Viernes, 24 de mayo de 2019
Libro de terror

Los 200 años de Frankenstein, el monstruo más famoso de Occidente

Nicolás Massai D.

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Foto: Editorial Zig-Zag
Foto: Editorial Zig-Zag

La novela de Mary Shelley Frankenstein o el moderno Prometeo se publicó en 1818 y hoy un grupo de escritores nacionales e internacionales decidieron homenajearlo a través de relatos de ficción. Al momento de escribir solo contaban con un pie forzado: hablar del monstruo.

Corría el año 1816 y en la Villa Diodati, en Suiza, se reunieron distintos intelectuales de la época en la casa de Lord Byron. Entre ellos estaba John William Polidori –autor de El Vampiro (1819)– y el matrimonio conformado por Percy y Mary Shelley. En plena conversación, Byron, famoso poeta inglés, los desafió a escribir un relato terrorífico, que siguiera el canon del género gótico.

Mary se tomó el reto muy en serio, y dos años después, en 1818, publicó la primera edición de Frankenstein o el moderno Prometeo, que narra la historia del científico suizo Víctor Frankenstein, quien crea un ser viviente juntando distintas partes del cuerpo de otros cadáveres, desafiando las leyes de la naturaleza y aquellas establecidas por la religión.

A dos siglos de ese hecho, la editorial Zig-Zag publica El legado del monstruo, un libro que reúne distintos cuentos –casi todos inéditos– de autores nacionales e internacionales que escriben con un solo pie forzado: homenajear a Frankenstein o a cualquier tema que lo rodee.

En conversación con INTERFERENCIA, el escritor, antologador de la publicación, experto en cine y literatura de terror, Jesús Diamantino, dice que a lo largo de las 240 páginas se aborda la trama desde distintas perspectivas.

“Hay autores que revisan al monstruo desde la clave de la ciencia ficción. Hay otros que lo revisan a partir de la locura, donde está la exageración de la violencia. Y hay otros escritores que homenajean la figura de Mary Shelley. Los lectores se van a encontrar con diversas visiones sobre la monstruosidad”, afirma.

¿Cuál es la importancia de Frankenstein hoy en día?

Lo que hace Frankenstein, de alguna forma, es lidiar con dos formas de representación literaria. Por una parte, aborda el debate ético que existe detrás de la creación del monstruo, que al final es una exageración de lo que implicaría seguir experimentando e interrumpiendo el ciclo de la naturaleza –que ocurre actualmente con la clonación, las cirugías estéticas, la experimentación con células madres–; y por otra parte, nos encontramos con la imagen simbólica de la monstruosidad, que encarna también la marginalidad, la soledad, lo desconocido. El monstruo es rechazado por toda la humanidad, incluido su creador, su padre, quien a su vez es rechazado por ser distinto. La importancia de Frankenstein es que es una representación versátil de los miedos del hombre moderno y contemporáneo.

¿Cómo se aborda en la novela el tema del cuerpo?

Fue Percy Shelley, junto a otros intelectuales, quienes influenciaron a Mary Shelley respecto a la concepción del cuerpo. Ella se vio muy inspirada en las conversaciones que tenía su esposo con Lord Byron sobre los nuevos descubrimientos científicos. En el prólogo de una edición posterior a la primera, ella dice que los escuchaba a ambos conversar detrás de la puerta sobre los nuevos experimentos con la anatomía. Ella se fascinó con esa idea. Y también explora en el sentido moralista de la novela gótica, eso de dejar una enseñanza moral que observa como negativo todo lo depravado, todo lo inhumano, todo aquello que significa un exceso. Es decir, junta toda su fascinación por los avances de medicina, pero explora cómo estos mismos progresos científicos pueden llevar a traspasar los límites de lo que es la naturaleza, que es un pecado, al fin y al cabo.

¿Es importante que esta novela haya sido escrita por una mujer hace 200 años?

La primera escritora que se hace popular con los relatos de terror es Ann Radcliffe, y que se le considera la madre de la novela gótica. También en la misma época, Jane Austen, que es la autora de Orgullo y prejuicio (1813), también experimentó con el terror. Por lo tanto, ahí tenemos dos voces femeninas muy imponentes en Inglaterra antes de Mary Shelley, quien escribe este relato de terror inspirada en las novelas góticas que ya habían sido escritas por mujeres. Es una visionaria, pero lo que estaba haciendo en ese minuto no es algo extraño. Ya se estaba trabajando desde hace tiempo.

¿Y plantear el terror desde la intervención del cuerpo? ¿Eso es nuevo?

Ahí hay dos cosas interesantes. El terror desde la intervención o destrucción del cuerpo, y después, el ensamble de éste. Antes de eso estaba la figura del cadáver, de la descomposición, unida con los escenarios góticos y románticos, como los cementerios. Pero no había un ahondamiento tan profundo en lo que sería la vida después de la muerte, a través de la unificación de diferentes partes del cuerpo. Lo interesante que hace Mary Shelley es crear una metáfora y un arquetipo de la monstruosidad, porque la criatura de Frankenstein es más bien la unión de muchas partes de diferentes cuerpos. Es un ser tan heterogéneo, tan imposible de imaginárselo, que Shelley crea un arquetipo monstruoso nunca antes visto.

¿Frankenstein ha inspirado crímenes en la vida real?

No me atrevería a decir que Frankenstein influenció directamente ciertos crímenes, yo creo más bien que el arte y la literatura son un reflejo de la sociedad. Como lo que afirma ese asesino de la película Scream (1996), cuando dice que 'las películas de terror no tienen la culpa, solamente nos dan buenas ideas'. Por ahí va la cosa. La idea del crimen, la violencia, la desarticulación y el desmembramiento del cuerpo, es una estética que se propone en Frankenstein, pero que más adelante se empieza a desarrollar. Por supuesto que las mentes criminales, el desquicio y la locura han existido siempre, y yo creo que Frankenstein refleja también esa intención del ser humano de interrumpir el ciclo natural alterando a una persona.

¿Cuáles son los distintos legados que observa en Frankestein

El primero tiene que ver con los personajes, que son arquetipos culturales. Por una parte está el científico que crea a la criatura, y que después se arrepiente de su propia creación. Se da cuenta que ha contravenido a la naturaleza, y lo rechaza. Ahí también está la figura monstruosa del padre que reniega de su hijo, y es la figura de aquel intelectual o el hombre que se atreve a interrumpir el ciclo de la naturaleza, y de alguna manera se enfrenta a Dios. Y por otra parte, tenemos la figura de esta monstruosidad que es una hipérbole y que calza con cualquier tipo de discriminación y con cualquier tipo de marginalidad. El monstruo es un ser que atenta contra la naturaleza y nuestros propios principios de racionalidad, entonces de alguna manera este monstruo está dialogando constantemente con todas las aprensiones que tiene el ser humano, por eso ha pervivido todos estos años.

Cara a cara con Drácula

Durante el siglo XIX, aunque de manera posterior, se publica Drácula (1897), que también trabaja con arquetipos. Hay una necesidad en esas novelas de construir estos personajes, ¿no?

Sin lugar a dudas, Frankenstein y Drácula son los dos grandes arquetipos culturales de la monstruosidad, que están hoy en día posicionados en la conciencia colectiva. Siempre habrá un símil entre los dos, porque ambas figuras representan esta idea del miedo, una idea simbólica de lo que el ser humano repudia, y lo que no le gustaría ser. El vampiro y el monstruo son un arquetipo de la soledad.

¿Cómo se comparan estas dos obras?

En el caso de Frankenstein, la dicotomía entre el bien y el mal no existe: o tomas partido por el doctor o por el monstruo. Los crímenes que comete el monstruo son una venganza por el rechazo que tuvo de su padre. Cuando el padre rechaza al hijo, cuando rechaza su creación, este monstruo lo acepta pero le pide que cree una mujer para él, para que lo acompañe, como Adán y Eva. Pero qué pasa con Víctor Frankenstein: se arrepiente de crear a esta mujer, porque piensa que el ser que creó tiene sentimientos propios, y le está prometiendo una mujer, pero esa mujer quizás tenga otros planes. Por eso la criatura se venga asesinando a sus seres queridos.

En cambio, en Drácula sí está el sentido del bien y el mal. No se puede obviar que Bram Stoker era un escritor creyente, y ve en ciertos personajes, como Abraham van Helsing, una figura sacerdotal, que representa la idea de bien. Y por otro lado, está este ser monstruoso del vampiro, que es una figura que quiere hacer el mal, porque quiere instaurar un imperio del terror. Lo que es ambiguo en Drácula son los deseos de ciertos personajes; el porqué se dejan seducir por Drácula. ¿Representa éste, acaso, una suerte de deseo reprimido?

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