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Lunes, 13 de julio de 2020
A mediados de 1970, en revista Ercilla, opinan los involucrados

Los argumentos a favor y en contra del proceso de la Reforma Agraria

Fernando Barraza

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Valle del Choapa en el Norte Chico, en 1970. Foto de Hernán Castillo.
Valle del Choapa en el Norte Chico, en 1970. Foto de Hernán Castillo.

Este artículo corresponde a la tercera entrega de INTERFERENCIA acerca del balance de la Reforma Agraria efectuada durante el gobierno del presidente Eduardo Frei Montalva.

La ley de Reforma Agraria incorporó un caudal polémico al canal de la historia legislativa chilena. Creó el sistema de asentamientos (comunidad de campesinos que se harían cargo de la explotación, dirigidos por un comité elegido por ellos mismos) asociados a la CORA y asistidos técnicamente por el Instituto de Desarrollo Agropecuario (Indap), mientras se les entregaran los títulos definitivos de dominio; autorizó el pago diferido de las expropiaciones, mediante bonos reajustables; modificó el régimen jurídico de las aguas de riego y autorizó la inmediata toma de posesión de los predios expropiados. Como herramienta legal complementaria, en 1968 se promulgó la ley número 16.465, que prohibió la división de fundos mayores de ochenta hectáreas. 

Pero las leyes importan en la medida en que trasladan la letra muerta de los textos legales a la brecha viva del diario acontecer. Desde 1965 –en los primeros años, el gobierno de Frei utilizó la Ley 15.020, promulgada en el sexenio de Alessandri y bautizada como "reforma de macetero"– hasta 1969, la CORA expropió 1.118 predios, con una superficie total de 2.871.500 hectáreas (248 mil de riego y dos millones 600 mil de secano), favoreciendo a 20 mil familias, incorporadas hoy a los predios expropiados, a través de 633 asentamientos. La superficie agrícola total del país asciende a casi 33 millones de hectáreas y el área regada a un millón 300 mil hectáreas. 

La aplicación de la ley resucitó las discusiones que originaron su gestación y tramitación parlamentaria. Para Benjamín Matte, se fue mucho más lejos que el texto legal: 

–La ley es facultativa, descansa en el criterio con que se aplica. La Reforma Agraria se ha usado con sentido político, ha acrecentado odios y se ha desprestigiado. A los campesinos no se les escuchó, no se respetaron sus intereses. En "La Piedad", después del desgraciado accidente de Linares, la fuerza pública sacó a ocho familias a la calle. La aplicación de la Reforma Agraria es dogmática y existe persecución a los agricultores. 

Las municiones no sólo vinieron de la vereda empresaria. Enrique Avendaño Arenas, presidente nacional de la Federación Campesina e Indígena "Ranquil" (agrupa a 50 mil afiliados en todo el país y es una de las tres federaciones campesinas), piensa que el proceso es demasiado lento, que el traje legal le queda grande a lo realizado en estos cinco años:

–La dictación de la ley y la sindicalización campesina son un paso adelante, pero el gobierno ha sido débil y tímido frente a los terratenientes. Se han expropiado sólo tres millones de hectáreas en seis años, apenas el 10 por ciento de la superficie total. Nosotros propiciamos un cambio sustancial. Ahora sólo se han hecho algunas reformas para calmar el descontento de los campesinos, siguiendo la receta de Punta del Este. Sólo cuando se modifique el sistema podremos tener una Reforma Agraria auténtica. Por ahora hay que insistir en una lucha frontal, para exigir que se cumpla todo lo que se prometió. 

Dudas repetidas 

Este tiempo no solamente tatuó un nuevo rostro para el campo, Conceptos y principios fundamentales entraron en revisión. El choque fue inevitable y la Reforma Agraria cosechó dudas surtidas. La propiedad es una palabra que se puso la camiseta polémica. Durante siglos imperó un criterio sin restricciones: "El fundo es mío, yo siembro lo que quiero, en la parte que yo quiero". Hoy día –en 1970- ello ya no es posible.

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El paisaje tradicional del campo durante décadas. Foto de Hernán Castillo.
El paisaje tradicional del campo durante décadas. Foto de Hernán Castillo.

Aun dentro del sistema de propiedad privada, el propietario debe subordinar sus caprichos a indicaciones y resoluciones de tipo técnico, tomadas con un sentido regional y nacional. Acá trigo, allá lecherías, más allá lentejas. Todo integrado a un plan previamente estudiado. 

En esa disparidad de aplicaciones para un concepto hasta ahora rígido, se estrellaron los que discrepan de la Reforma Agraria: "El Estado es el dueño, le usurpa la tierra al propietario y no se la entrega al campesino". El ataque se explica, pero no se justifica. En el asentamiento, los trabajadores deciden, dentro de determinadas alternativas fijadas con criterio técnico. La novedad se produce con los títulos de dominio. El campesino recibe su casa y un huerto, cuya extensión se determina en cada situación. El predio, en la mayoría de los casos, es asignado a una cooperativa que integran todos los beneficiados y a la que pueden incorporarse como socios los familiares que aporten trabajo.    . 

Las dudas sobre la entrega de títulos no terminaron ahí: "Les dan unos cartones amarillos, que no se pueden inscribir en el Conservador de Bienes Raíces". Voceros de CORA se hicieron cargo de la imputación: 

–Ciertamente, el "cartón" no es la escritura misma, porque a nadie le vamos a entregar 25 ó más hojas a mimeógrafo, con las cláusulas legales. Pero cada campesino está recibiendo su verdadero título de propiedad. 

A futuro, la incertidumbre subsiste. "La CORA debe definir qué va a suceder con el sector privado, que aporta el 80 por ciento de la producción agrícola nacional", reclama Benjamín Matte, A juicio de Rafael Moreno, el problema se centra indebidamente en la propiedad: 

–Creo que la propiedad agrícola privada va a subsistir. Así lo han dicho todos los candidatos presidenciales. Pero la propiedad, siendo un elemento importante, no es definitivo. Lo que realmente interesa es la capacidad de uso del suelo.

Las discusiones sobre la propiedad ocultan el verdadero sentido de la Reforma Agraria. Para Juan Phillips Dávila y Andrés Vergara, jefes, de Obras Civiles y de Programación de CORA, respectivamente, no es justo que las discusiones empiecen y terminen en las expropiaciones: 

–Se han construido seis mil casas –agrupadas en villorrios que reemplazan los ranchos aislados– mil 500 escuelas rurales, 50 kilómetros de caminos, 1.200 de cierres y 250 de canales, se recuperaron 32 mil hectáreas en dos años y se plantaron 1.700 hectáreas de nuevos frutales en el mismo período. Los aportes presupuestarios a CORA son significativos. En 1965, el Fisco contribuía con 86 millones de escudos (81 por ciento) y los asentados con sólo siete millones de escudos (7 por ciento). El año pasado, el aporte fiscal alcanzaba a 322 millones (un 52 por ciento), mientras los asentados contribuyeron con 124 millones de escudos, vale decir un 20 por ciento del presupuesto total de CORA.

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Asentamiento Coirón, los pimientos se sonrojan en otoño. Foto de Hernán Castillo
Asentamiento Coirón, los pimientos se sonrojan en otoño. Foto de Hernán Castillo

Las estadísticas son importantes, pero insuficientes para un balance certero, que vaya más allá de fórmulas económicas. Ercilla visitó decenas de asentamientos y conversó con los verdaderos protagonistas de la Reforma Agraria: los campesinos y sus familias. 

Dignificación humana

Los pormenores variaron, al igual que el grado de alegría o descontento, pero un elemento se repitió y pasó a ser el denominador común: el trabajador agrícola aprendió a mirar de frente, a discrepar, a plantear sus propios puntos de vista, ajeno a presiones o temores. 

En el asentamiento Llimpo, en el valle de Choapa a pocos kilómetros de Salamanca, los villorrios brotaron generosamente, pese a la sequía de la región. Leonor Cortez, casada con Nicanor Rojas, cuatro hijos, acababa de mudarse a su nueva casa: 

–Tiene dos dormitorios, Iiving-comedor y cocina. Estamos muy contentos, pero el niño mayor no se me acostumbra. Echa de menos el rancho en que vivíamos. 

Reinaldo Espinoza (35 años, 6 hijos, oriundo de la zona) detalla sus condiciones de vida, mientras corta un árbol, que le hace demasiada sombra a su flamante habitación: 

-Entre Llimpo y Jorquera viven 68 familias. Las casas son nuevas, con agua y luz. Sembramos porotos, papas, maíz y nueces. Recibimos 15 escudos diarios (el anticipo de subsistencia de la CORA) y en la cosecha del año pasado, yo obtuve 1.257 escudos. 

 Muchos campesinos de la zona, por primera vez en su vida se han visto con tanto dinero en las manos. Las inversiones fueron contradictorias. Un asentado explicó:

–"Lo primero, iré a Illapel y le compraré un sombrero a mi señora". El despilfarro pareció evidente, hasta que la explicación se completó: "La patrona del fundo siempre usaba sombrero y yo pensé que si algún día podía...". 

Un breve vistazo a la región puede ayudar a comprender mejor esa realidad. El analfabetismo llega al 80 por ciento –el índice más alto de Chile–, la promiscuidad es normal en muchos asentamientos y los brujos tienen tanta vigencia como un médico en una ciudad.   

Luis Tapia Castillo, vicepresidente del asentamiento San Agustín, a 18 kilómetros al norte de Salamanca, cerca del río Chalinga, recordó sin ira: 

–Ganábamos 6 escudos diarios y vivíamos en ranchas. Cuando llegaba un familiar, teníamos que dar cuenta al administrador. En la cosecha, era obligación poner un "peón segundo", vale decir un hijo de 12 ó 13 años, que ayudara en la faena, todo por el mismo salario. ASÍ, los niños no podían ir a la escuela. Ahora tenemos 700 hectáreas de regadío y 300 cabezas de ganado. 

En Quelén, otro asentamiento del Choapa, Violinda General (casada con Hernán Farías, ocho hijos) parece menos convencida: 

–Sacamos como quinientos escudos mensuales. En las cosechas nunca nos ha tocado nada. Sí..., la casa es buena. 

Sus vecinos, en cambio, son optimistas. Luis Alberto Olivares (72 años) y Melania Tapia, de 65, tienen veinte hijos: 14 mujeres y 6 varones. 

Dos de las hijas confidencian: 

–Estamos bien felices, en el asentamiento vivimos quince de los hermanos. Ahora estamos preparando porotos para el almuerzo. Aquí cerquita hay una escuela nueva... 

Para todos los gustos 

No todos los asentados se muestran contentos con su suerte. En el asentamiento El Cerrillo, de Molina, su presidente, Pedro Pavez, disparó sin timideces: 

–Nos han tramitado con los títulos de propiedad. Total, por ahora el fundo es del Fisco, cualquier persona que llega se queda y no se va nunca. Nosotros queremos ser propietarios y ahí veremos. Cada uno tendrá la gente contratada que desee. En ciertas ocasiones estamos peor que antes. Sacamos 15 escudos diarios, pero sin ración, ni nada. Antes ganábamos cuatro escudos diarios, más un quintal de porotos, otro de papas y de trigo, 320 galletas por cuadra y dos talajes para animales. 

Alguien le hace notar que tienen casas nuevas y tres tractores propios, pero Pavez no se da por vencido: 

–Bueno, las casas las arreglaron y dicen que van a ser propias, pero vamos a verlo. Además no tienen luz, porque la CORA no ha querido hacer la instalación. Todos los otros fundos de por aquí tienen luz, menos nosotros. Los tractores, bueno..., sí, pero son de la CORA.

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En el villorrio Llimpo las casas reemplazan a los ranchos. Foto de Hernán Castillo.
En el villorrio Llimpo las casas reemplazan a los ranchos. Foto de Hernán Castillo.

Pedro Rebolledo (38 años, 7 hijos), vicepresidente de la Federación de Asentamientos de Talca (agrupa a 33 asentamientos y 1.200 familias), asentado en San Valentín, en Talca, es el reverso del pesimismo: 

–Yo antes vivía en una ruca de madera, sin ninguna posibilidad de progresar. Ahora, la Reforma Agraria ha significado que vamos a tener tierras propias donde trabajar y mayor bienestar de vida. 

Santiago Araya, del mismo asentamiento (49 años, dos hijos), corrobora la opinión de Rebolledo: 

–Ganamos 15 escudos diarios. El primer año saqué 4.600 escudos líquidos y el segundo año, 1.200. Compré dos vacas, un caballo y arreglé la casa. Antes vivíamos muy mal y los niños no tenían oportunidad de estudiar. 

Una evaluación seria de la Reforma Agraria tal vez tardará en llegar. Se trata de un proceso a largo plazo y sus consecuencias sobre la economía nacional y la producción agropecuaria no se pueden medir con huinchas electoreras o políticas. La tierra expropiada llega solamente a un diez por ciento del total de la superficie agrícola del país. 

Pero en el aspecto humano, los frutos se cosechan de inmediato. En la ex casa patronal del fundo "El Porvenir", de Talca, funciona un centro de capacitación campesina, para asentados de Curicó y Talca.

Ercilla conoció, de primera mano, las respuestas escritas a una reciente prueba de evaluación. Melanio Crisóstomo detalló las características que, a su juicio, debe tener un asentado: 

–Ser responsable, ser honrado, ser prudente, ser libre de compadrazgos, ser parejo con todos, dejar que la asamblea opine. 

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