El Festival Periférica está de vuelta este año, poniendo el foco en niñas, niños y jóvenes como actores clave en la construcción cultural de sus comunidades. La edición 2026 se está desarrollando desde marzo hasta mayo en las comunas de Pudahuel, Maipú, Peñalolén y Puente Alto, con una programación diversa, que incluye intervenciones callejeras, talleres y encuentros que buscan dialogar con las historias y habitantes de cada territorio.
Financiada por la Fundación Colunga, que apoya iniciativas para el bienestar de la niñez y adolescencia, esta edición también considera un componente académico. En colaboración con la Universidad Diego Portales, se organizará un seminario para reflexionar sobre el impacto social, educativo y cultural de las prácticas artísticas que surgen en zonas periféricas.
El festival culminará con una exposición en el Museo Violeta Parra, donde se mostrarán los resultados de los talleres y procesos creativos desarrollados con los participantes.
Periférica 2026 da continuidad a un proceso colectivo de más de diez años. Este programa ha sido impulsado por artistas que han desarrollado prácticas de creación, investigación y mediación cultural enfocadas en la memoria y las expresiones de diversas comunidades.
En esta nueva edición, se busca generar experiencias artísticas que integren el juego, la mediación y la colaboración creativa. El objetivo es acercar las prácticas artísticas contemporáneas tanto a las nuevas generaciones como a comunidades que, históricamente, han permanecido al margen de los circuitos artísticos tradicionales.
Interferencia conversó con el artista visual Cristian Inostroza, director y curador de Periférica. Consultado por cuáles son las novedades de esta nueva edición respecto de la anterior y cuáles son las proyecciones que esperan para este año, Inostroza describió que “en esta nueva edición hemos centrando todos nuestros esfuerzos en actividades dedicadas a las nuevas generaciones. Nos dimos cuenta que en el violento contexto social que nos encontramos, es de vital importancia aportar a la formación de infancias y juventudes de comunas periféricas de Santiago de Chile, por esto hemos trabajado en un despliegue de intervenciones callejeras, exposiciones y talleres de artes visuales en sus propios barrios”.
“Pasamos de hacer una gran muestra que trataba de interpelar desde nuestras prácticas artísticas al elitista y endogámico mundo del arte, dando cuenta de un proceso de artistas visuales y colectivos de origen poblacional o con vínculos profundos con los movimientos sociales de los últimos 15 años, a un evento centrado en aportar decididamente a los procesos culturales que los mismos territorios periféricos sostienen, con múltiples acciones en barrios, establecimientos educacionales y centros culturales que buscan dar oportunidades para niñas, niños y adolescentes, además de nuevas experiencias que les ayuden a desarrollar sus capacidades y talentos. En ese camino, ha sido fundamental el apoyo y financiamiento de Fundación Colunga, que este año se suma a Periférica como un aliado clave para hacer posible esta edición. Su respaldo permite dar viabilidad a esta programación, reforzando una convicción compartida: que el arte, la creatividad y la experiencia cultural de calidad debe llegar también a niñas, niños y jóvenes de los territorios periféricos, allí donde muchas veces estas oportunidades son más escasas, pero donde existe una enorme potencia cultural”, apuntó.
Respecto a cuál fue la intención y qué esperan conseguir con la acción de acercar el arte contemporáneo a comunas alejadas y centrarse en las niñas, niños y jóvenes que habitan esos territorios, el director de la instancia sostuvo que “la oferta del arte contemporáneo está altamente concentrada en el barrio alto y el centro de Santiago, como también el acceso a la educación con un enfoque integral. Quienes vivimos en la periferia, tenemos que transportarnos horas para llegar a los museos más importantes del país (imagínate en regiones diferentes a la capital) y son casi inexistentes las ocasiones donde podemos ver o experimentar arte de este tipo en los centros culturales de nuestras comunas. A pesar del esfuerzo que hacen algunas organizaciones culturales, los municipios, algunos colegios o instituciones, el ejercicio de las prácticas de las artes de la visualidad siguen siendo el privilegio de unos pocos. Aun así, con todo en contra, las niñas, jóvenes y creadores de nuestros barrios o comunidades se expresan desbordando talento y la creatividad haciendo con lo que tienen a la mano, buscan tutoriales, becas y créditos para estudiar, recuperan conocimientos y técnicas de sus ancestros, se organizan para buscar recursos, etc.”
“Ya varios de ellos actualmente, debido a su prolífica producción y compromiso social, generan cambios relevantes en su contexto o destacan en el circuito del arte nacional e internacional. Periférica intenta apoyar y difundir esos procesos, trabajar por instaurar en Chile un programa de artes de la visualidad en poblaciones periféricas y rurales no solo como una plataforma educativa, laboral o de difusión, sino que llegue contundentemente a las personas comunes y se genere un ecosistema más democrático y participativo. Porque estas prácticas creativas son importantes para el desarrollo de todas las niñas, niños y jóvenes sin importar de donde vengan o a lo que se dediquen en el futuro, cada experiencia artística es una oportunidad y todos merecen tenerla”, aseveró.
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En cuanto a la convocatoria de artistas para este año y los nombres a destacar, Inostroza manifestó que “nuestras actividades principalmente son de trasmisión de conocimiento de calidad, intervenciones callejeras, como también provocar acercamientos tempranos para niñas, niños y jóvenes en las diferentes prácticas contemporáneas de las artes visuales. Tendremos talleres textiles, de dibujo, comics, máscaras y proyecciones lumínicas impartidos por artistas de relevancia nacional e internacional como los son el cineasta Tomás Alzamora, el dibujante y académico Javier Rodríguez, las artistas contemporáneas Natalia Montoya, Catalina Huala o Claudia Gutiérrez, el colectivo Delight Lab de los hermanos Gana, las muestras de cine para la familia, videoclips para jóvenes y adolescentes de los cineastas Cecilia Toro o Leonardo Beltrán por dar algunos ejemplos”.
“Destaco también el acompañamiento que está realizando la tremenda Muralista Steffi Leyton con apoyo del premio nacional Mono González al colectivo muralista RUA conformado por niñas, adolescentes y jóvenes de Peñalolén, este grupo lleva un tiempo organizándose y pintando, por lo que nos pareció importante que la nueva y vieja escuela del muralismo chileno pueda aportar al proceso creativo de este grupo, como también las intervenciones en establecimientos educacionales del proyecto Viceversa que a través del juego con instalaciones conceptuales realizadas con desechos de diversas materialidades, crea experiencias en un espacio que acercan a las infancias a la experimentación con colores y formas, desarrollando la imaginación y la creación artística con los valores del reciclaje”, dijo.
Ante la consulta sobre qué les parece realizar esta versión 2026 en las primeras semanas de un gobierno como el de José Antonio Kast, donde ya se han visto recortes en cultura y medidas que apuntan a un alza importante en el costo de vida de las personas, el curador de la instancia aseguró que “cuando se anuncian recortes en cultura y en las condiciones materiales para vivir, lo primero que suele ponerse en cuestión es precisamente para lo que trabajamos: crear experiencias sensibles, críticas y colectivas desde la creación artística, investigación y gestión cultural. Desde esa perspectiva, Periférica no se repliega, sino que se vuelve más necesaria. Nuestro trabajo es disputar el derecho a imaginar, a crear y a habitar nuevos mundos posibles, especialmente para niñas, niños y jóvenes que históricamente han sido excluidos. Este escenario reafirma algo que ya veníamos observando: que los procesos culturales en las comunidades no pueden depender exclusivamente de las voluntades del gobierno de turno. Por eso hemos apostado por que nuestro trabajo fortalezca y amplíe redes con organizaciones, artistas y comunidades, como también difunda la cultura que emerge desde los bordes”.
“Al mismo tiempo, creemos que es importante no naturalizar el debilitamiento de la cultura como derecho. Nos interesa que estas acciones también funcionen como una forma de visibilizar esa desigualdad estructural en el acceso a las artes y, de alguna manera, tensionar ese escenario mostrando que hay otras formas de hacer política cultural: más cercanas, más horizontales y más comprometidas con la vida cotidiana de las personas. En ese sentido, más que un obstáculo, este contexto nos interpela y nos empuja a profundizar nuestra convicción: que el arte no es un lujo, sino una herramienta fundamental para el desarrollo integral, la dignidad y la construcción de una sociedad más justa”, cerró.








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