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Martes, 4 de agosto de 2020
Primer mundo vs Chile

Protestas en Francia: fuerte represión policial lleva al gobierno a objetar el actuar de la policía

Pedro Pablo Ramírez

La viralización de videos en redes sociales donde se aprecia el uso desproporcionado de la fuerza policial en contra de manifestantes, ha obligado al gobierno de Macron a dar un giro en su discurso, admitiendo y criticando la falta de ética por parte de las fuerzas de seguridad.

Francia ha experimentado en los últimos años el ascenso de su conflictividad social, y enfrenta actualmente una ola de protestas cuyo punto más alto se vivió en noviembre de 2018, con el estallido de los llamados chalecos amarillos

Desde entonces, las manifestaciones públicas no han cedido y su radicalidad es cada vez mayor, cuestión que se ha podido apreciar en las recientes y masivas huelgas en rechazo a la reforma a las pensiones que ha impulsado el gobierno de Emmanuel Macron. 

Como una escena que se repite a lo largo y ancho del globo, decenas de videos circulan diariamente por Instagram, Twitter y Facebook denunciado el uso desproporcionado de la fuerza por parte de la policía antidisturbios en contra de diferentes manifestantes. 

El 3 de enero, las redes francesas estallaron. A pasos de la Torre Eiffel, Cédric Chouviat, un repartidor de 42 años y padre de cinco hijos, murió de un infarto luego de ser asfixiado en el suelo tras ser reducido en un control policial. Los primeros informes indican que a la víctima le rompieron la laringe y acabó muriendo por hipoxia (falta de oxígeno), cuestión que derivó en un paro cardiorespiratorio.

El hecho sacudió Francia y a la comunidad europea, donde gran parte de sus estados también experimentan una escalada de descontento y oposición a las elites gobernantes, un fenómeno global que acá en Sudamérica se ha expresado con fuerza desde fines de 2019 con las protestas que se vivieron en Ecuador, Chile y Colombia. 

Con el caso Cédric Chouviat la prensa internacional encendió sus alarmas, pues en esta ocasión se encuentra en juego la imagen de una potencia occidental, antecedente que ha puesto a prueba la forma en que Macron ha resuelto el uso de la fuerza policial, un tema que a menudo ha sido utilizado para criticar a los países no alineados, como Venezuela, Cuba, Rusia, China o Irán. 

Pero en el análisis de los números, Francia reprueba.

Desde el inicio de las protestas de los chalecos amarillos en noviembre de 2018 se han registrado 2.448 manifestantes y 1.742 policías heridos. De acuerdo a las cifras que lleva a diario el sitio activista Mediapart, se han contabilizado; 318 heridos en la cabeza, 25 personas con lesiones oculares y dos muertes. Además de Chouviat, en diciembre de 2018 una mujer de 80 años murió por el impacto de una granada lacrimógena que cayó al interior de su apartamento en Marsella.

Cifras que empalidecen ante el caso chileno que, desde octure de 2019 -un periodo mucho menor al del caso francés- cuenta con 3.649 manifestantes heridos, 405 heridos oculares, de las cuales 33 perdieron la visión en el ojo lesionado, conforme a los últimos reportes del Instituto Nacional de Derechos Humanos (INDH)

Macron exige a las policías mejorar su comportamiento

La suma de los acontecimiento en Francia ha obligado al gobierno a dar un giro en su relato político, el que -hasta el momento- había respaldado el accionar policial, aceptando el uso indiscriminado de la fuerza por parte de su escuadrones antidisturbios. 

En su discurso a la Policía Nacional, el pasado lunes 13 de enero, el cuestionado ministro del Interior, Christophe Castaner, reaccionó por primera vez. Tras agradecer por un largo periodo el compromiso de los policías, abordó el caso del hombre fallecido en el centro de París: “pienso también en Cédric Chouviat, que fue arrestado en París la semana pasada y murió en circunstancias cuestionables que deben ser aclaradas".

Posteriormente, Castaner también se refirió a otro video que se ha popularizado al interior de Francia, donde se ve a un policía haciéndole una zancadilla a una manifestante; el registro es del 9 de enero en Toulouse.  

"Lo que está en juego es el honor de la Policía, no jugamos con la ética", afirmó frente a los uniformados el jefe de Interior, quien también les exigió un comportamiento ejemplar y aprovechó la ocasión para recordarles la obligación de llevar su número de identificación en el uniforme, cuya ausencia ha sido regularmente denunciada por manifestantes y diversos organismos de derechos humanos. 

Tras las declaraciones de su ministro, Macron salió al día siguiente al paso de las críticas por el uso desproporcionado de la fuerza policial: "Han existido imágenes muy claras, hay casos en los que se han visto o señalado comportamientos que no son aceptables".

Frente a esta situación, el presidente de Francia le exigió al Ministerio del Interior que presente rápidamente diferentes "propuestas para mejorar la deontología [ética]" de los policías. Dijo que "no debería haber complacencia" y al mismo tiempo cargó en contra de los manifestantes más radicalizados, lamentando la "violencia y el nihilismo político" en la que han caído, desde su posición. 

Desde su vereda, Interior afirmó que ya se encuentra trabajando en varios estudios sobre ética y control, además de la elaboración de un "Plan Nacional de Mantenimiento del Orden Público, cuyas conclusiones deberían estar listas en unas pocas semanas". 

Esta reacción no ha dejado satisfechas a las organizaciones de derechos humanos ni a los partidos de izquierda. Jean-Luc Mélenchon, líder del partido La Francia Insumisa, ha exigido la creación de una Comisión de Verdad y Justicia, que él mismo impulsaría en caso de llegar al poder, para investigar los “abusos de poder y los crímenes del régimen macronista”. 

Desde el mundo académico también han expresado su preocupación. En entrevista con France 24, Jacques de Maillard, profesor de ciencias políticas de la Universidad de Versalles Saint-Quentin y especialista en temas relacionados con la Policía Nacional comentó la situación: "Este recordatorio de las reglas no se había hecho hasta ahora y es importante que el gobierno lo haga porque hasta ahora había sido demasiado cauteloso y preocupado en tratar a la Policía con indulgencia". 

Sobre el mismo tema, Maillard llama a poner atención en el relajo que existido al interior de las fuerzas de seguridad en cuanto al respeto de sus protocolos. "Hubo más de 15.000 disparos de balines defensivos entre noviembre de 2018 y febrero de 2019. Esto es sintomático de un uso más fácil y masivo de la fuerza por parte de la Policía", dice el académico.

Según Maillard, la policía se ha visto en la obligación de enfrentarse a un número cada vez mayor de manifestantes que han radicalizado sus métodos y no dudan en confrontarlos físicamente. Cuestión que efectivamente la policía ha respondido con el uso masivo de armas no letales. 

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