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Sábado, 24 de agosto de 2019
Comicios en Israel

Reñida elección pone en suspenso continuidad de Netanyahu

Diego Ortiz

El Primer Ministro de derecha, que busca su quinto mandato, peleaba voto a voto la victoria con el centrista Benny Gantz hasta altas horas de la noche de ayer. Sin embargo, Netanyahu cuenta con el respaldo de partidos ortodoxos y de ultraderecha, lo que le permitiría formar nuevamente un gobierno.

Tras una de las elecciones más reñidas en los 70 años de historia de Israel, ambos candidatos y sus coaliciones –el partido Likud de Netanyahu, que es la derecha tradicional, y la centrista alianza Azul y Blanco de Gantz, que se formó hace poco tiempo– buscarán generar alianzas que les permitan tener los ansiados 61 escaños en el Knéset. Con ello tendrán la posibilidad de que el presidente de Israel, Reuven Rivlin, los convoque para formar gobierno.

Según los últimos cómputos, el Likud habría obtenido 37 escaños, seguidos muy de cerca de Azul y Blanco, con 36. En tanto, el tradicional y otrora poderoso partido Laboral de orientación socialdemócrata, que tuvo como figuras a líderes como Yitzhak Rabín y Shimon Peres, ha pasado al olvido en estos comicios.

Lo que estaba en juego en esta elección era continuar con la política de ocupación de territorios palestinos que ha llevado adelante Netanyahu o, del otro lado, implementar una faceta más amable y abierta al diálogo por parte de Gantz.

Los 120 escaños del parlamento israelí elegidos en estos comicios serán repartidos proporcionalmente de acuerdo con el número de votos obtenidos por cada lista, siendo excluidas de la repartición las que obtengan menos de un 3,25% del sufragio. Llenadas las 120 plazas, el presidente Rivlin decidirá quién ejercerá como primer ministro, tomando como principal factor la capacidad de formar una mayoría dentro del parlamento, es decir, una coalición de 61 o más diputados. Esto pondría en ventaja al actual primer ministro, quien contaría con el respaldo de partidos más pequeños de la ultraderecha y del judaísmo ortodoxo para obtener una mayoría.

Lo que estaba en juego en esta elección era continuar con la política de ocupación de territorios palestinos que ha llevado adelante Netanyahu o, del otro lado, implementar una faceta más amable y abierta al diálogo por parte de Gantz.

Netanyahu ha contado con el abierto respaldo internacional de Donald Trump y del presidente derechista de Brasil, Jair Bolsonaro. Gantz, por su parte, basó gran parte de su campaña electoral en la acusaciones de corrupción que pesan sobre el primer ministro, prometiendo que lo llevaría a la justicia en caso de ganar. Eso le valió las simpatías del electorado progresista de Israel.

Sin embargo, en el tema palestino, Gantz también tiene tejado de vidrio. Este ex militar fue el jefe de las Fuerzas de Defensa de Israel y lanzó dos grandes operativos, en 2012 y 2014, contra militantes palestinos en Gaza que, según la ONU, dejaron más de dos mil muertos, la mayoría civiles.

Un empate con sabor a victoria

Ante el virtual empate en las elecciones generales, lograr la jefatura de gobierno dependerá de las capacidades de ambos candidatos para lograr una coalición dentro del parlamento, en un país donde nunca un solo partido ha conseguido la mayoría. Por eso, el líder del partido más votado, no necesariamente será el próximo primer ministro.

Estos comicios fueron una suerte de referéndum acerca de Netanyahu, De mantenerse en el poder, mantendría su política de asentamientos judíos en territorios palestinos ocupados y continuaría con el giro a la derecha que le dio a su política exterior,.

Previo a los comicios, las encuestas indicaban como más probable la formación de un gobierno de derecha, al calcular al bloque de centro e izquierda entre 56 y 60 escaños y a la derecha entre 60 y 66. De todos modos, lo ajustado de estos resultados hacen que todo sea

Las opciones que tiene Netanyahu para lograr la mayoría es igual que en ocasiones anteriores: pactar con otros partidos de derecha y extrema derecha, como el caso de Zehut, considerado el conglomerado más derechista, que podría obtener al menos cinco escaños. Otro partido con el que tendría que formar coalición es el de derecha radical, Israel Beiteinu, que le aportaría cerca de tres puestos en el Knéset, el parlamento israelí. El resto de partidos de derecha más moderada que formarían gobierno junto al Likud podrían ser Shas, representante del sector sefardí; Judaísmo Unido de la Torá, que forma parte del sector ultra ortodoxo haredí; y el centroderechista Kulanu, que ya ha formado parte del gobierno. De igual manera, estaría Nueva Derecha, partido creado a finales de 2018, que se estima que aportaría con seis escaños.

Del otro lado la tarea parece más difícil. La coalición Azul y Blanco está formada por el partido Israel Resilience, fundado en diciembre por Benny Gantz y Yesh Atid, partido de centro dirigido por el periodista y presentador israelí, Yair Lapid, que en las últimas elecciones obtuvo 11 escaños. A pesar de que llegaron en un virtual empate con el Likud, para lograr mayoría, esta nueva coalición tendría que unirse al partido de izquierda Meretz, a la Unión Sionista (de centro-izquierda) y a Balad-UAL (alianza formada por los partidos árabes). Su gran problema es que Gantz ha manifestado en distintas ocasiones que no se aliará con los árabes, que fueron la tercera fuerza política en las elecciones de 2015.

Según muchos analistas, estos comicios fueron una suerte de referéndum acerca de Netanyahu, de 69 años, que lleva 10 años en el poder y que podría convertirse en el líder de Israel con más tiempo en el cargo. De mantenerse en el poder, mantendría su política de asentamientos judíos en territorios palestinos ocupados y continuaría con el giro a la derecha que le dio a su política exterior, al mismo tiempo que en el plano interno asentaría su exitosa política de acallar casi por completo al movimiento pacifista israelí.

De haber un cambio y vencer Gantz, podrían darse algunos cambios en relación a la política con los palestinos. No obstante, el retirado militar aseguró que actuará de forma decisiva y firme ante posibles ofensivas de tampoco ha hecho mención a detener los asentamientos judíos en Cisjordania.

Al final, todo indica que las elecciones de Israel dejaron como vencedores a dos halcones: uno dispuesto a usar sus garras y otro no. Pero ambos son halcones al fin.

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