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Domingo, 25 de octubre de 2020
Escritora argentina

Selva Almada: "Da la impresión que cuanto más salimos a la calle, más violenta es la respuesta del machismo"

Paula Huenchumil

"Las cifras de femicidios descorazonan porque esto se mantiene igual o crece", dice la autora del libro Chicas Muertas. Almada, conversó con INTERFERENCIA sobre los cambios en la prensa a la hora de retratar noticias de violencia de género, de la legalización de aborto y sobre el impacto de la performance de LASTESIS.

“Tres adolescentes de provincia asesinadas en los años ochenta, tres muertes impunes ocurridas cuando todavía, en nuestro país, desconocíamos el término femicidio”, así Selva Almada inicia su libro “Chicas muertas” (2014), un relato basado en hechos reales de violencia de género, ocurridos mientras en Argentina se festejaba el regreso de la democracia, tras la dictadura militar.

Selva Almada, periodista y escritora argentina, nació en la provincia de Entre Ríos en 1973, a 200 kilómetros de Buenos Aires. Cuando tenía 13 años escuchó en la radio que en su pueblo habían encontrado el cuerpo apuñalado de Andrea Danne, de 19 años. El crimen la dejó impactada por mucho tiempo.

“Siempre pienso que para mí fue muy revelador ese caso, porque empecé a ver algo que me hacía ruido. Después, con el tiempo, el interés y las lecturas y porque también se empezó a hablar de femicidios y violencia de género en Argentina, pude darme cuenta de que lo que le pasó Andrea no había sido casual, en el sentido de que no había sido una desgracia, como muchas veces se calificaba a este tipo de casos, como '¡ay, qué desgracia lo que le pasó!'. No, no era una desgracia, era una cuestión mucho más profunda y que tenía que ver con lo cultural y con cómo las mujeres somos vistas y tratadas en la sociedad argentina en este caso, pero que se puede hacer extensiva a toda América Latina. Fue un caso que fue tan violento y tan terrible para mis 13 años que nunca lo pude olvidar”, señala.

Su producción literaria se llevó los elogios de la crítica en 2012 con la novela El viento que arrasa, la cual fue traducida al francés, portugués, holandés y alemán.​ Obra con la que obtuvo el premio al Primer Libro del Festival Internacional del Libro de Edimburgo 2019. Sin embargo, es su libro de no ficción el cual no pierde actualidad: Chicas Muertas. El texto fue publicado un año antes del movimiento Ni una menos (2015), contexto que generó que siguiera circulando y leyéndose en Argentina. 

En el marco de la conmemoración del 8 de marzo, la escritora Selva Almada conversó con INTERFERENCIA acerca de violencia de género, el rol de la prensa frente a ello y la situación de las mujeres en el país transandino.

- ¿Ve alguna transformación visible del tratamiento de la prensa al abordar casos de femicidios?

Pasó muchísimo tiempo para que los femicidios hayan dejado de ser una noticia policial. Y te digo que en Argentina es relativamente muy nuevo todo esto. Hasta no hace muchos años, todavía a los femicidios los diarios no los llamaban femicidios, sino que seguían insistiendo en esto que era un crimen pasional o un crimen doméstico.

Hay medios que se lo toman más en serio que otros, o que tienen una preocupación particular sobre cómo transmitir o sobre cómo informar sobre eso, y hay otros que lo siguen haciendo como se hacía hace 30 o 40 años atrás, que siempre ponen primero el ojo en la vida privada de la víctima. O sea, como si de alguna manera se buscaran argumentos que justificaran el asesinato de una mujer o la violencia que se ejerce sobre una mujer. Eso todavía existe, lamentablemente, en los medios, y lo único que hace es fomentar prejuicios que ya están en la sociedad. 

Por otro lado, creo que sí hay un crecimiento en ese sentido, hay una toma de conciencia, hay cada vez más periodistas feministas cubriendo este tipo de información, y eso es fundamental para que también desde los medios que más consume la gente, como la televisión,  se contribuya a que el tema se empiece a analizar desde un punto de vista comprometido y serio, no desde el chismorreo de “bueno, si tenía la falda corta”, “si tenía escote o no tenía escote”. Eso ya está instalado en la sociedad. Lo que hay que hacer es desterrar ese tipo de prejuicios y los medios ahí tienen un papel fundamental, del que deberían ser conscientes.

- Chicas Muertas de alguna forma devela que existe un triple riesgo cuando se es mujer, pobre y joven, y eso no solo sucede en Argentina, sino que en Chile y en América Latina ¿Cómo analiza esta situación?

Sí, los casos que yo tomo en el libro son casos en sí de adolescentes, de mujeres muy jóvenes en el momento de ser asesinadas. Y son casos de personas que tenían un nivel económico bastante bajo, o sea, mujeres pobres y, además, viviendo en una ciudad al interior del país, o sea, muy lejos de Buenos Aires. De todas maneras, el problema de la violencia de género atraviesa las clases sociales, no es solo un problema de las clases bajas. Lo que pasa es que como en todas las demás cuestiones, por supuesto la mujer pobre siempre está más desprotegida y es más vulnerable y a veces no se anima a ir a denunciar o no es bien tratada cuando va a ser la denuncia por la propia policía o por quienes se tendrían que encargar de protegerla.

El Estado tampoco, sobre todo este último tiempo en que se venían haciendo muchas cosas en cuanto al tema en Argentina y después de estos cuatro años de Macri como presidente, fue muy pobre todo lo que se hizo. El presupuesto del año pasado para ocuparse del tema de la violencia de género, acá, era de 16 pesos argentinos por mujer, esto es nada, centavos de dólares.

Pero bueno, sí, obviamente las mujeres pobres siempre son las que tienen menos herramientas para poder denunciar, para por defender, para poder irse, o sea, en la mayoría de los casos sabemos que quienes violentan son las propias parejas, o el propio entorno masculino de esta mujer. También la mujer pobre tiene menos posibilidades de poder mudarse, de poder alejarse de su agresor, y muchas veces se ve obligada a seguir bajo el mismo techo, ya sea por mantener a sus hijos, porque no tienen plata para vivir en otra casa. Pero no es un problema solo de las clases bajas.

- En estos retrocesos de parte de las políticas del Estado que comenta,  ¿cómo está la situación en Argentina respecto al proyecto de legalización del aborto?

Justo hace unos días, el domingo, el presidente Alberto Fernández dio un discurso donde se comprometió a enviar un proyecto de ley de la legalización del aborto. Lo que se cuestiona un poco era que el proyecto ya estaba y era el que habíamos acordado todas las mujeres, el cual redactó la campaña nacional por el derecho al aborto, que es un grupo que viene trabajando desde hace décadas, por lo menos dos décadas, para lograr la legalización del aborto, o la despenalización del aborto. 

Ahora el presidente dijo que va a presentar su propio proyecto. Lo que yo le cuestionaría es por qué presentar otro proyecto si hay uno en el que ya estamos todas de acuerdo y que es el que logró la media sanción en diputados hace dos años, cuando se trató como ley. Pero creo que sí hay una intención firme de lograr la Intervención Voluntaria del Embarazo. Espero que eso se logre en el transcurso de este año, lo que de todas maneras no dice que vaya a estar todo solucionado porque de todas maneras va a haber que seguir insistiendo y luchando para que los médicos practiquen los abortos, para que se haga en el hospital público, porque también hay una resistencia muy grande de los grupos provida. Entonces, lograr la ley por supuesto es el gran paso, pero quiero decir que después igual va a haber que seguir militando la ley.

- ¿Qué le pareció la famosa intervención de LAS TESIS?

En Argentina tuvo harta repercusión y fue muy fuerte primero cuando nos llegó la performance a través de lo que sucedía en Chile y después se replicó acá, por lo menos en una o dos oportunidades. Ahora hace un poco, el 19 de febrero, hubo un pañuelazo en apoyo de la ley de legalización del aborto e hicieron la misma performance un montón de mujeres. Ver tanta mujeres reunidas cantando lo mismo, los movimientos, es muy elocuente, muy fuerte verlo.

- En una entrevista señaló que la violencia machista “sigue avanzando sobre el cuerpo femenino”, ¿continúa afirmando ello?

Sí. Por momentos siento que pasa algo que es bastante desolador, que da la impresión de que cuanto más salimos a la calle, que cuanto más espacio de poder ocupamos, también es más violenta la respuesta del machismo, del patriarcado. Entonces, eso es lo que a veces me asombra porque digo bueno, no sé, esto parece cada vez más complicado, no es suficiente con salir a la calle, no es suficiente con denunciar esto una y otra vez. De hecho, hoy vi unas cifras, de que hoy mismo acá en Argentina, en lo que va de este 2020, ya hubo 63 femicidios, 63 que son los que salen en los diarios, porque el observatorio de la Mujer se guía por la información que sale en los medios, así es que probablemente haya otros de los que ni siquiera nos enteramos.

Y no está contado tampoco un caso terrible que hubo hace un par de semanas, cuando violaron a una mujer y mataron a su hijo. La mujer está viva, pero a mataron a su hijo de cuatro años que estaba con ella. Esa muerte no está contada dentro de los 63 femicidios, pero también está relacionada con la muerte de género. Y no están dentro de esos 63 los travesticidios que también son muchísimos por año. Esos números descorazonan porque esto se mantiene igual o crece, y la verdad es que es bastante desalentador. 

- ¿Por qué cree que los números de femicidios siguen siendo tan alarmantes?

No es un trabajo de un día para el otro, porque nacemos y crecemos con ese discurso del machismo. Digo, más allá de que obviamente con el paso del tiempo y con el trabajo de hormiga del feminismo,  todo eso en algún momento va a cambiar.

Hay cambios, porque hoy lo notas mucho en los y las adolescentes. Hay un montón de cosas que cuando chicos debían ser así, porque así lo enseñaban los adultos, y que hoy son cosas desterradas o en camino a ser desterradas, como el hecho de 'la prueba de amor'. Por ejemplo, cuando yo era adolescente acostarte con tu novio cuando eras virgen era una prueba de amor que te pedía el varón. Yo creo que eso ya hoy en día la mayoría de las adolescentes es algo a lo que no accedería, o es lo que yo espero. 

Pero todavía hay muchísimo por hacer, y cuando ves las estadísticas, cuando ves los números, al final parece que nunca se mueve, que nunca cambia, que siempre está igual. Entonces por eso te decía que por momentos es muy desmoralizante.

- “Tenemos que corregir al que abusa y también tenemos que decirle a la persona abusada que no puede permitir que eso ocurra, y que la sociedad entera la va a ayudar”, dijo el pasado lunes 02 de marzo el Presidente Sebastián Piñera para promulgar la Ley Gabriela, la cual tipifica el asesinato de una mujer por parte de su pareja o ex pareja sin convivencia ¿Qué le parecieron estas declaraciones?

Es como el discurso que había en Argentina en la época de la dictadura, que era “algo habrás hecho”. Eso mismo se sigue aplicando en la violencia machista, es como “te violó porque lo provocaste”, “te pegó porque habrás hecho algo para que te pegue”, o “qué hiciste para que te pegue”. Acá hay una anécdota de una conductora de televisión, con Mirtha Legrand, que hace un par de años, fue a su programa una vedette a quien su pareja golpeaba, y ella lo había denunciado por ese tema. Cuando ella contaba que la ex pareja la golpeaba, esta conductora le preguntaba “¿pero y vos qué hacías para que te pegara?”. Ese tipo de discursos tienen que ver con lo que hay que ir desmontando, y obviamente es imperdonable que lo diga un presidente de un país, más allá de después cuáles fueron las aclaraciones. 

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