En un tiroteo indiscriminado en la plaza principal de Cracovia, un sitio frecuentado por miles de turistas al día, un hombre que se desplazaba en un vehículo negro abrió fuego ayer por la tarde con un arma automática contra decenas de personas que, pese a las bajas temperaturas, se encontraban en las terrazas exteriores de los numerosos restaurantes y cafés de la plaza.
Hasta el cierre de esta edición, las autoridades habían confirmado seis personas fallecidas y 16 heridos, muchos de ellos en estado crítico. Hasta ahora, entre las víctimas fatales se han identificado tres mujeres polacas y un hombre británico. Entre los heridos figuraban ciudadanos de Austria, Alemania, Portugal, Rusia, además de británicos y polacos.
La policía confirmó ayer por la noche que el autor de la masacre sería un ciudadano polaco de 24 años, que profesaba una ideología ultraderechista. El presunto autor fue capturado aproximadamente una hora después del tiroteo, a unas quince cuadras del lugar de los hechos, cerca del Castillo Real de Wawel y del tradicional barrio judío de Kazimierz. En un intercambio de disparos con fuerzas policiales, el tirador y dos uniformados resultaron heridos y fueron trasladados a distintos hospitales de la ciudad.
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Una portavoz de la policía de Cracovia aseguró que el atacante llevaba ropa de estilo militar y un chaleco antibalas. En su vehículo se encontraron varios armamentos adicionales y se cree que utilizó un fusil semiautomático AR-15 durante el ataque en la plaza.
El primer ministro de Polonia, Donald Tusk, condenó los hechos a través de su cuenta en X. “Nuestras condolencias más profundas a las familias y seres queridos de las víctimas de este trágico ataque en Cracovia. Y nuestro mayor elogio a los heroicos oficiales de la policía que actuaron arriesgando sus propias vidas”.
Varias horas después de la masacre, Tusk confirmó que el autor provenía de Ostrowiec Świętokrzyski, una ciudad situada a unos 140 km al noreste de Cracovia. En su hogar se encontraron los cuerpos de tres familiares cercanos: dos mujeres y un hombre. Informes posteriores indican que se trata de los padres y la hermana del tirador.
En el lugar de los hechos... en vivo.
Aproximadamente a las 14:45 de ayer, sábado, salí de mi pequeña habitación en una casona antigua del centro de Cracovia para ir a una farmacia. Me dolía la garganta y quería comprar paracetamol. Google Maps me arrojó la ruta hacia la botica abierta más cercana.
Era fácil. Una cuadra y media hacia arriba, doblar a la derecha, pasar la plaza principal y ahí estaría mi lugar de destino a mano izquierda, en total unos cuatro minutos a pie. Después lo supe: la ruta pasaba exactamente por la esquina donde ocurrió lo peor de la matanza.
En los días anteriores, había cruzado o recorrido varias veces los bordes de esta explanada de 40.000 m2, considerada la plaza medieval más grande de Europa.
Iba caminando por la callejuela Jagiellońska, a una cuadra de la plaza, cuando escuché lo que me parecieron los estallidos de unos petardos. Bum-bum… bum-bum-bum. Me detuve y me puse a escuchar con más atención. Los pocos peatones en este callejón seguían caminando. Y después, nuevamente los petardos, sólo que con una secuencia más intensa: bum-bum-bum-bum…. Bum-bum. El sonido rebotaba en las calles y, claramente, provenía de un lugar muy cercano a donde estaba.
Y fue ahí cuando vi a personas corriendo por las dos calles que venían de la plaza. ¿Será un tiroteo como los que hay en Estados Unidos?, pensé. “No, no”, me convencí, algo así no puede estar ocurriendo en Cracovia. Deben ser fuegos artificiales de alguna festividad local, y nadie avisó a los foráneos ni a los turistas.
Tras lo que pareció un minuto, retornó el estruendo de las ráfagas y ahora la gente no sólo corría, sino que gritaba. Varias entraron a la calle Jagiellońska, donde yo permanecía cerca de la esquina de una de las calles que daba a la plaza, la cual debía cruzar para llegar a la farmacia (ver mapa).
De pronto, viví una escena que me pareció surreal. Apareció galopando a toda velocidad uno de los típicos carruajes majestuosos, tirado por dos caballos recios, que suelen pasear a los turistas por el centro de Cracovia. Gritaban algo en polaco, que no entendí, pero sus gestos eran evidentes: ¡váyanse, escóndanse, protéjanse! Mientras tanto, los petardos, que ya sabía que eran disparos, rebotaban con un estruendo inmenso por las callejuelas.
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Con un grupo de personas, una familia inglesa y varios polacos, ingresé rápidamente a uno de los edificios antiguos de la callejuela. Por suerte, la puerta no estaba cerrada con llave. Escuchamos unos disparos más y, después, silencio. Pero antes, también hubo un breve lapso de silencio. Seguimos esperando. Escuché las primeras sirenas de los vehículos de emergencia.
Estoy bastante seguro de que no pasaron más de dos minutos antes de que volviera a salir a la calle. Lo sé porque, nervioso y ansioso, fumé un cigarrillo a toda prisa. Y en un estado así, tardo dos minutos o menos en consumirlo hasta el filtro mismo.
En las calles apenas había gente, pero se me gatilló la curiosidad que muchos periodistas hemos convertido en profesión. Me fui acercando a la plaza. Llegué por la calle del medio, miré y, en la esquina a mi derecha, vi dos autos policiales. Me acerqué y me di cuenta de que, parados cerca de las entradas de sus locales, estaban los camareros de los numerosos locales que dan a la plaza. Pero no había ningún comensal sentado afuera.
Me acerqué a uno, a unos 20 metros de la esquina, y le pregunté si había visto lo que había pasado. “Sí, sí, pasó un auto y un hombre comenzó a disparar desde el interior contra las personas que estaban ahí”, dijo, señalando los locales del lado adyacente a la plaza. “Creo que llevaba una AK-47”.
Me acerqué a unos pocos metros de donde estaban los policías. Todo había sido tan reciente que aún no habían asegurado y despejado la escena. Y ahí vi a varias personas tiradas en el suelo, sus cuerpos parecían inertes. En medio de la calle había un hombre, pelado y de unos 50 años. Poco después, un policía le puso una manta encima. Estaba muerto. Durante todo este rato, una policía no dejaba de realizarle reanimación cardiopulmonar (RCP) a una mujer rubia de unos 40 años, cuyo cuerpo yacía en la acera. Más allá, logré divisar al menos dos cuerpos más.
En cuestión de pocos minutos, el casco antiguo de Cracovia se llenó del llanto de las sirenas de policías, bomberos y paramédicos. Con un tremendo bullicio, también aterrizó un helicóptero sanitario en medio de la plaza. Los servicios de emergencia comenzaron a establecer los primeros perímetros, al principio sólo en torno a donde había cuerpos. Al cabo de una hora, toda la plaza estaba cercada.
“Esto no pasa aquí”
En la entrada de un pequeño hotel, a unos 20 metros del lugar del crimen, vi uno de esos grandes maceteros que suelen adornar algunos espacios públicos hecho pedazos.
Un hombre en una silla de ruedas fumaba con la misma ansiedad que yo. Le pregunté si había visto lo que había sucedido. “Oh sí, me dijo. Yo estaba ahí, en ese local”, me dijo, gesticulando hacia el local de la esquina donde estaban los cuerpos. “No sé cómo, pero mi polola reaccionó muy rápido al ver el auto y me arrastró al suelo, pero tres personas en la mesa de al lado se levantaron rápidamente, y después cayeron al suelo, supongo que les dieron”.
“¿Vio a la mujer rubia que está ahí en el suelo?”, me preguntó. Asentí con la cabeza. “Ella era una de las que estaban en esa mesa”.
Unas horas después me encontraba en uno de los pocos locales cercanos a la plaza que no habían cerrado. Estaba lleno de turistas ingleses y holandeses. “Esto nunca ha ocurrido, nunca, nunca”, aseguró una joven camarera.
Piotr, un comensal de unos 30 años sentado en la barra, asintió. “Nunca he sabido de algo así en Cracovia”, dijo, mientras acariciaba a su perro salchicha llamado ‘Pedro’, la versión española de su nombre. ”Cuando llegaron los nazis, tal vez fue así o peor, pero no desde entonces”, afirmó, en referencia a la ocupación alemana de Polonia entre 1939 y 1945.
Según datos del Rockefeller Institute of Government de Estados Unidos, entre 2000 y 2025 no se registró ningún tiroteo de este tipo en Polonia. En el mismo período, hubo 24 de estos incidentes en Rusia, 8 en Francia y 6 en Alemania y Serbia, respectivamente. En Estados Unidos fueron 384.
Pero esas cifras no le servirán de mucho consuelo al país. Tusk declaró dos días de duelo nacional y el alcalde de Cracovia, tres días de luto en la ciudad.





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