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Lunes, 23 de noviembre de 2020
La marcha más grande de la historia

A un año del 25-O: Así está la democracia directa en los barrios Villa Olímpica y Yungay

Francisco Velásquez

Los primeros días de la revuelta social estaban teñidos de incertidumbre, sin embargo, las organizaciones territoriales en los diferentes barrios emergieron como un soporte para canalizar las diversas demandas que surgían en el Chile territorial. Tras la gran marcha del 25 de octubre de 2019, muchos vieron en esos cabildos un germen constituyente. Volvimos a dos barrios particularmente activos un año atrás.

Hoy no solo se celebra un plebiscito para saber si Chile se dotará de una nueva constitución o no. Además de eso, se cumple un año desde la llamada marcha más grande de la hirstoria, que convocó a un millón y medio de personas solo en Santiago.  La manifestación incluso superó a la vivida en 1988, durante las movilizaciones en favor del NO – a continuar la dictadura e Pinochet – en la avenida Panamericana.

Con esa demostración de fuerzas, la atención fue a los barrios, que se autoconvocaron para organizarse frente a la ausencia y desligitimación de los dispositivos estatales, en algo que muchos vieron como un germen constituyente.

Durante las jornadas del 25 y 26 de octubre del año pasado, INTERFERENCIA visitó diferentes barrios de la capital para saber cómo se estaban organziando los cabildos territoriales y, también, para dar a conocer qué tipo de reflexiones emanaban de estas asambleas. Todo durante un momento donde la incertidumbre parecía reinar.

La Villa Olímpica fue uno de esos barrios. Ubicado en la comuna de Ñuñoa, la Villa consiste en un conjunto habitacional conformado por 82 blocks y cerca de 2.600 viviendas, destacado históricamente por la resistencia presentada a la dictadura encabezada por Augusto Pinochet (1973-1990).

Para esta comunidad, el estallido social significaba un nuevo inicio: "Estamos partiendo de cero. Para nosotros es como comenzar una nueva historia de aquí en adelante, que no se repita lo del 73. Acá existe una comunidad en su conjunto. Hoy en día tenemos en jaque a todo el espectro político, desde el gobierno hacia abajo... Los territorios, el ciudadano común y corriente, que no obedece a ningún actor político, tiene una tremenda desconexión social, que ha existido siempre. En este momento, los ciudadanos son los representantes de sus propias demandas". Así explicaba el contexto que se vivían los primeros días del estallido social en Villa Olimpica la presidenta de la junta de vecinos, Tusy Urra.

Hoy, a un año de ese episodio, la dirigenta nos explica que la organización del barrio no ha cesado durante estos 12 meses. Incluso, asegura se ha intensificado, ya que existe cada día una mayor demanda de información por parte de los vecinos. “Hemos seguido estando en la calle, con comités de emergencia, actividades culturales, actividades en las sedes y en las plazas y trabajos de abastecimiento. La organización ha estado muy activa”, explica la dirigenta.

Cabe recordar que la conformación de una nueva Constitución en reemplazo de la establecida por Augusto Pinochet llegó 29 días después del 18 de octubre. En aquella oportunidad, se difinió que llevar a cabo un plebiscito que resolvería el recambio o la permanencia de la carta magna establecida en dictadura. La negociación duró cerca de 48 horas, mientras la gente se seguía manifestando en las calles para pedir mayor justicia social.

En aquella instancia, el ministro del Interior, Gonzalo Blumel, explicaba que aquel día “es un momento histórico. Hoy tenemos un acuerdo por la paz social y la nueva Constitución, con el cual empezaremos a construir nuestro nuevo pacto social. Hemos tenido días difíciles. Todos hemos escuchado, todos hemos aprendido”.

Aunque este "acuerdo por la paz" pretendía poner paños fríos a la revuelta social, las demandas por justicia social y participación no han cesado, llegando a colmar las calles a un año de los hechos relatados. Incluso, hoy; la posición que manifiesta Tusy Urra, presidenta de la Junta de Vecinos de Villa Olimpica, da luces de esa sensación que existe en los territorios frente al plebicito.

“Más que el plebiscito, llevamos muchos años propiciando cambios profundos en el territorio y para afuera. En este sentido, es un logro más el plebiscito, pero teniendo consciencia que nace del trabajo territorial y de las luchas que han generado los estudiantes y los territorios para que esto se cumpla. Existe claridad en que hay que eliminar la Constitución de Pinochet, pero esto no para con el plebicito del domingo ni tampoco avalamos el acuerdo que hicieron los conglomerados políticos. Nosotros vamos por más y seguiremos en las calles”, profundiza la dirigenta social.

Otro territorio emblemático respecto a su organización social de Santiago es el barrio Yungay, lugar donde llegó INTERFERENCIA durante los primeros días del estallido social.

En este sector, durante la parte más algida de las manifestaciones, se desarrollaban asambleas a diario. Había una necesidad de protección y seguridad por los saqueos, pero también por la infiltración de desconocidos dentro del barrio.

Al igual que en Villa Olímpica, la organización social del barrio Yungay no ha cesado durante todo el año. Incluso, advierten que durante este periodo han preparado la primera candidatura de un “alcalde constituyente”, el que tiene como proyecto de gobierno las demandas emanadas de las diversas organizaciones sociales del territorio y proclamarán el próximo noviembre en las primarias para las elecciones municipales.

A un día del plebiscito, Carmen Muñoz, presidenta de la ONG Hijos e Hijas del exilio y vecina del barrio Yungay explicó: “Vemos esto con cautela, vemos que es una oportunidad de conseguir los anhelos para Chile, los anhelos que exige el pueblo en la calle, en Plaza Dignidad. Creemos que es una oportunidad, pero también es el inicio de un proceso en el que vamos a tener que luchar y defender en el caso de la convención constituyente. Acá no hemos ganado nada, sino que se nos abre por fin, después de cuarenta años desde el inicio de la dictadura a la fecha; una posibilidad que nos llevará a revertir, derrocar y ponerle fin al sistema neoliberal que tanto daño le ha hecho a la sociedad chilena y que tantos derechos nos ha quitado”.

La vecina de Yungay comenta que en uno de los grupos en que participa se puede percibir que “hay mucho entusiasmo, hay muchas ganas de celebrar, de hacer catarsis, porque ha habido un esfuerzo colectivo comunitarios barrial de hacer campaña por el apruebo en el caso nuestro y así concretar aquellos sueños y anhelos que tenemos en beneficio de nuestras comunidades. También con cautela para ver los resultados. Esperamos tener un resultado de 70 por ciento sobre 30 frente al rechazo, y esperamos que vaya a votar la mayor cantidad de personas posible”.

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