Estamos donde tú estás. Síguenos en:

Facebook Youtube Twitter Spotify Instagram

Acceso suscriptores

Martes, 22 de Septiembre de 2026
[Revisión del VAR]

Una competencia con B, de buena

Roberto Rabi González (*)

Y eso es quizás lo más atractivo: la B no parece estar esperando simplemente a que los grandes vuelvan a ocupar su lugar. Está construyendo su propia historia. Una historia en la que el peso de la camiseta importa, pero no alcanza; en la que cada punto puede modificar completamente el escenario y donde los clubes de regiones vuelven a tener la posibilidad de instalarse en el centro de la conversación. 

El fútbol chileno parece estar obligado a mirar siempre hacia el mismo lugar. Santiago concentra los focos, los nombres conocidos, las contrataciones que generan titulares y buena parte de la conversación. Los devenires de los grandes. Sus lamentaciones. Pero mientras todos miran hacia arriba, hacia los grandes y sus urgencias, algo interesante está ocurriendo bastante más lejos de la capital. Y quizá la mejor manera de comprobarlo sea mirar la Primera B.

La tabla tiene, a esta altura, una particularidad que hace tiempo no se veía con tanta claridad: hay muy poco espacio entre los protagonistas. Santiago Wanderers lidera con 44 puntos, pero Cobreloa tiene 42, San Luis 41 y Magallanes 40. Detrás aparecen Antofagasta y Recoleta con 38, y luego San Marcos de Arica y Unión Española con 36. Es decir, a falta de varias fechas para terminar la fase regular, la pelea por los puestos decisivos está abierta y reúne a clubes con historia, hinchadas y ambiciones muy distintas. 

Y ahí aparece Wanderers, que esta semana protagonizó una historia todavía más grande. El club porteño llegó hasta el Santiago Bernabéu para disputar la final de la Copa Intercontinental Sub-20 frente al Real Madrid, después de haber conquistado la Libertadores de la categoría. Perdió 3-1, pero llevó al fútbol chileno hasta un escenario extraordinario: más de 52 mil personas asistieron a una final juvenil en Madrid. No vamos a profundizar en lo lamentable del arbitraje que perjudicó a los del puerto, para centrarnos en lo que queda.

Hay algo particularmente llamativo en esa imagen. Mientras el primer equipo de Wanderers pelea el ascenso en la B, sus juveniles se enfrentaban al Real Madrid en el Bernabéu. No es una postal habitual del fútbol chileno. Y quizás tampoco debiera ser entendida solamente como una hazaña aislada. Puede ser la expresión de que, fuera del circuito más evidente, existen clubes y proyectos capaces de producir historias futbolísticas de enorme dimensión.

Porque Wanderers no está solo. Cobreloa aparece nuevamente en la parte alta; San Luis también pelea arriba; Magallanes está metido en la discusión; Antofagasta y Recoleta se mantienen en posiciones expectantes; San Marcos de Arica sostiene una campaña competitiva. Incluso Unión Española, recién descendida, está obligada a disputar una categoría en la que cualquier distracción puede dejarla fuera de la pelea. La Primera B de 2026 tiene nombres suficientemente grandes como para que nadie pueda sentirse seguro. 

Y eso es quizás lo más atractivo: la B no parece estar esperando simplemente a que los grandes vuelvan a ocupar su lugar. Está construyendo su propia historia. Una historia en la que el peso de la camiseta importa, pero no alcanza; en la que cada punto puede modificar completamente el escenario y donde los clubes de regiones vuelven a tener la posibilidad de instalarse en el centro de la conversación. Y con tramas recurrentemente buenas, emotivas. Año tras año.

Wanderers, además, tiene algo que trasciende la tabla. Su recorrido internacional juvenil acaba de ponerlo frente a uno de los clubes más poderosos del planeta. El resultado del Bernabéu será recordado, pero probablemente lo sea todavía más la pregunta que deja: ¿por qué un club chileno de Primera B no podría convertirse también en un modelo de formación, identidad y competencia capaz de trascender nuestras fronteras?

Quizás la revolución no esté donde habitualmente buscamos. Quizás no siempre ocurra en el Monumental, en el Nacional o en San Carlos. Quizás también esté en Valparaíso, en Calama, en Quillota, en Talca, en Arica o en cualquiera de esos lugares donde el fútbol sigue teniendo una relación mucho más profunda con la ciudad.

La Primera B todavía no tiene campeón y nada está resuelto. Precisamente por eso resulta tan atractiva. Hay nombres fuertes, una tabla apretada y una cantidad de historias que esperan su desenlace. Y en medio de todas ellas aparece un Wanderers que acaba de jugar una final contra el Real Madrid.

Mientras en Santiago seguimos discutiendo quién tiene el mejor plantel, quién debe contratar a quién y cómo los grandes afrontan sus recurrentes crisis sin avanzar en lo deportivo, la verdadera revolución quizá esté ocurriendo en otra parte. Y, por ahora, tiene forma de Primera B.

En este artículo



Los Más

Ya que estás aquí, te queremos invitar a ser parte de Interferencia. Suscríbete. Gracias a lectores como tú, financiamos un periodismo libre e independiente. Te quedan artículos gratuitos este mes.

En este artículo



Los Más

Comentarios

Comentarios

Añadir nuevo comentario