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Domingo, 1 de Marzo de 2026
[Interferencia América Latina]

Boric y otros ministros se quedarían sin visa

Carel Fleming (desde Washington D.C.)

No es un rumor diplomático: el presidente Gabriel Boric y otros ministros serían los próximos sancionados por el Departamento de Estado norteamericano. Lo que nadie dice es que, además de la seguridad, la corrupción también fue un elemento clave para la decisión de cancelar visas. La lista de otros nombres, que no se harán públicos, es más extensa. 

En Washington están las pruebas. Tienen detalles de las negociaciones de Chile con China. Desde los contratos hasta las coimas. Aparte de la actual administración chilena, existen otros nombres que están siendo considerados para cancelación de visas. Conocidos empresarios como aquellos que desayunan en el mall Casa Costanera mientras hacen negocios con cárteles mexicanos, mafias rusas y hasta envían dinero a grupos terroristas como Hamas. Otros que lavan dinero y viven la mitad del año en Suiza, y hasta ejecutivos de televisión que aceptan dinero e invitaciones de China y Rusia para hacer propaganda de ambas dictaduras. 

Lo que casi nadie dice en Chile es que estas sanciones no llegan solamente por los acuerdos con China. El comercio no es el problema central. El verdadero motivo, es que la inseguridad va de la mano de la corrupción. Las coimas, los intermediarios, los beneficios personales y las redes de favores disfrazadas de cooperación estratégica son el punto de quiebre con Estados Unidos. 

Aunque la embajada tuvo que salir a aclarar que no fue un mensaje para Kast, el próximo gobierno y el país lo entendieron claramente. Es imposible que Estados Unidos entregue un cheque en blanco a un futuro presidente y su gabinete con la esperanza que no serán corruptos bajo la constante presión de millones de dólares en coimas chinas. El que Kast opte por Washington y no Beijing, no es un blindaje automático para que su gobierno delinque. 

Hay que dejar en claro que la información y razones para cancelar visas no proviene de los embajadores, sino más bien de las agencias en las embajadas que con evidencias en mano deben dar las razones para dichas sanciones. En muchas ocasiones, los antecedentes de Estados Unidos provienen de los propios funcionarios del gobierno chileno que denuncian a sus superiores.

El embajador Brandon Judd, no hubiera jugado esta carta diplomática sin evidencias claras que respalden su decisión. Si Chile busca que EE.UU. le muestre pruebas, será aún más humillante para la administración Boric. Solo le queda a Kast realizar la investigación y persecución en tribunales. 

Lo que dolió en Chile fue que es primera vez que se quitan visas en público. Aunque la embajada no reveló los nombres, fueron los mismos afectados quienes lo dijeron. Para los diplomáticos norteamericanos es contra la ley mencionar la identidad, por la privacidad de los afectados, a no ser que sea el secretario de Estado quien lo anuncie, como ocurre con sanciones más drásticas. 

Las coimas chinas 

Por años, autoridades de gobiernos de izquierda y derecha han recibido millonarias coimas de China, es por eso que la advertencia norteamericana también fue para la próxima administración de Kast, en la que su sector hizo grandes negocios y se rehúsan a abandonar la gallina de los huevos de oro.

Las sanciones y cancelaciones de visas no son algo nuevo, ni una idea de Trump. En gobiernos demócratas, Estados Unidos ha cancelado visas aplicando sanciones más severas como declarar a presidentes latinoamericanos de corruptos, y hasta perseguirlos en tribunales norteamericanos. El mensaje del Departamento de Estado ha sido explícito en privado y cada vez menos cuidadoso en público: no se puede hacer negocios con China que afecten la seguridad nacional y, menos aún, hacerlo bajo esquemas corruptos. 

Chile, sin embargo, parece olvidar que, durante el gobierno de Piñera, los acuerdos con China se multiplicaron, especialmente en universidades con falsas subvenciones y convenios que escondían su verdadera intención de ser sistemas de captación de información, espionaje y sabotajes a satélites. Incluso China tenía cárceles clandestinas en Chile para sus ciudadanos enemigos del régimen comunista. De eso casi no se habló. Quizás porque los encargados de la seguridad o eran muy ingenuos o muy sucios. 

En esa época, la embajada norteamericana en Chile fue pasiva. No hubo sanciones, no hubo cancelaciones de visas y no hubo advertencias públicas. Ni el presidente Piñera, ni su familia, ni sus ministros, ni los empresarios que se beneficiaron económicamente fueron sancionados. Aunque sí hubo presión durante el gran negocio para Piñera y no para Chile la idea de que los pasaportes chilenos fueran hechos en China. Ahí no solamente Estados Unidos advirtió el riesgo de seguridad y la corrupción que existía en la licitación, sino que varios otros países se sumaron al reclamo.

La administración de Biden profundizó esa pasividad. Prefirió mirar hacia otro lado, mantener las formas diplomáticas y evitar tensiones con gobiernos aliados. El resultado fue una sensación de impunidad transversal, donde derecha e izquierda asumieron que los negocios con China podían hacerse sin costo alguno.

Una de las ideas que hoy se discute seriamente es eliminar la Visa Waiver para Chile. No como represalia emocional, sino como reordenamiento del sistema. La alternativa sería integrar a los chilenos al programa Global Entry, reservado solo para quienes tengan visa estampada, antecedentes limpios y validación previa de seguridad. La confianza se perdió también por los múltiples robos de chilenos en EE.UU. 

Para Washington el criterio es claro. No se puede hacer negocios con China que comprometan la seguridad estadounidense, recibir coimas por ello y luego gastar ese dinero en Miami, paseando por el Aventura Mall como si nada hubiera ocurrido. Esa doble moral es la que se busca cortar de raíz.

En ese contexto comienza un nuevo ciclo político con Kast. El embajador norteamericano ha dicho que no se trata de una amenaza, pero en diplomacia se les llama advertencias. El mensaje fue leído correctamente por quienes saben leer entre líneas.

La disyuntiva es explícita, aunque nadie la diga en voz alta. O se hacen millonarios a través de coimas y favores vinculados al Partido Comunista Chino y se pierde la visa, o se mantiene el acceso a Estados Unidos renunciando a ese dinero fácil y opaco. No hay tercera vía. 

Boric dejó la tarea a Kast para la aprobación del cable submarino China-Chile. En unos días más, cuando el líder electo viaje a reunirse con el presidente norteamericano, se lo dirán en español y muy claro: Estás con o en contra de Trump. 

Kast no tiene salida. Está jaque mate. Si cierra las puertas a China, pierde autoridad y el repudio de Chile por no defender la soberanía de su país. Sus amigos empresarios y aliados políticos perderían millones de dólares en sus negocios privados y China lo tendría en la mira.  La otra opción es dejar que China siga operando normalmente y se convierta en enemigo de Trump, y lo dejen impedido de ir a Disney con su familia o hasta termine de compañero de celda de Maduro. El embajador ya movió sus piezas, ahora es el turno de Kast. 

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