El cronista chileno Juan Pablo Meneses acaba de publicar ‘Postfútbol’ (Planeta, 2026), su nuevo libro, en el cual sostiene que el juego ha experimentado una transformación radical en el siglo XXI, dejando atrás su esencia de deporte colectivo para mutar en una práctica individualista. Esta metamorfosis, según el autor, está impulsada por las lógicas del mercado global y la influencia de la cultura digital.
En entrevista con Interferencia, el escritor aborda distintos aspectos de este ejercicio literario sobre el fútbol actual, en el que pretende explicar que está sucediendo con el juego sin cegarse por la nostalgia o el rechazo total, sino comprendiéndolo como un reflejo directo de la sociedad contemporánea. Entre pantallas, algoritmos, métricas, redes sociales, patrocinadores y apuestas, Meneses cree que este ‘postfútbol’ trasciende lo meramente económico para consolidarse como una nueva cultura.
En ese escenario, el texto plantea cómo la dinámica del hincha ha evolucionado: el foco se ha desplazado del seguimiento de equipos al de jugadores individuales; la emoción se concentra en los fichajes más que en los goles, y las camisetas se han convertido en artículos de moda efímera. Los clubes, por su lado, operan como marcas de alcance global, y los estadios sirven como escenarios donde el fútbol ya no es el protagonista principal.
Según Meneses -autor de 'Niños Futbolistas' en 2013, publicación que fue traducida a cinco idiomas en distintas ediciones a lo largo de estos años- el Mundial de 2026 marcará la consolidación plena de esta lógica, al tratarse de un evento que se caracterizará por contar con múltiples sedes, horarios fragmentados, precios prohibitivos y una experiencia diseñada prioritariamente para el consumo a través de televisión y plataformas de streaming, relegando la vivencia directa en el campo de juego.
Una de las frases con las que cierra el capítulo final de ‘Postfútbol’ es “el fútbol ha muerto, viva el postfútbol”. Es una afirmación que tú ya habías manifestado en el pasado, en particular tras la publicación de tu libro ‘Niños Futbolistas’ en 2013. ¿Esta conclusión la tenías antes de publicar ese texto o apareció durante la investigación para el mismo?
Me gusta eso, porque están totalmente conectados esos dos proyectos, y eso que ha pasado bastante tiempo, más de 12 años. Cuando yo terminé de hacer ese libro una de las conclusiones, pero casi más íntimas te diría, era esta cosa de que el fútbol está muerto tal como lo conocimos, por varias cosas que ahora parecen más lógicas, pero en ese momento yo las veía por primera vez y no la había visto en otros lados. No tienen que ver con ningún descubrimiento teórico, sino que fue totalmente en la práctica.
Lo anterior, por ejemplo, al poner una fila de niños en Lima, en Valparaíso o en Buenos Aires y preguntarles “¿cuál es el tu equipo, dónde quieres jugar?” Y que me dijeran el Barcelona o el Real Madrid y no sus equipos locales. O consultarles ¿qué harías con tu primer sueldo? Y dijeran, “Quiero comprarme una lavadora o quiero comprarle un taxi a mi abuelo”. Y no me dijeran “Quiero ser campeón del mundo” como como decía Maradona cuando tenía 10 años. Entonces era evidente que éste era otro deporte. Esta es una nueva era.
Durante mucho tiempo y casi en todas las entrevistas de ‘Niños Futbolistas’, que además fue un libro que se tradujo a cinco idiomas y que me permitió viajar a muchos lugares, empezó a aparecer el tema de que el fútbol ya no no es lo que era, el fútbol está muerto, estamos en una nueva era que se llama “postfútbol”. Y eso lo empecé a decir, a repetir durante mucho tiempo. Entonces, de ahí viene este libro, digamos, de preguntarse “¿Qué es lo que pasó ahora?”.
Porque decir “el fútbol murió, estamos en una nueva era” es algo que podía durar una página o dos, entonces poder explicar eso, poder darle mayor amplitud, me hizo entrar de nuevo a ese concepto y entender cosas nuevas de lo que yo decía. Y una de las cosas nuevas, por ejemplo, escribiendo sobre fútbol, pude darme cuenta que yo soy hijo de un futbolista. Y nunca lo había pensado de esa manera.
Obviamente, un tipo que todos los domingos se levanta a las 8 de la mañana y se pone vendas en los tobillos, canilleras y medias largas hasta las rodillas y se junta con otros tipos iguales y precalienta y después se tiran ánimo, se matan la cancha y si ganaron el domingo el resto con la familia va a ser feliz, pero si perdieron va a ser horrible y todo eso. Ese tipo es futbolista y ese tipo es mucho más futbolista que los que jugaron el domingo pasado.
Entonces, este libro consolida un término que yo vengo transmitiendo hace más de 10 años y en distintos países, pero también abre una nueva perspectiva de lo que significa realmente el fútbol que vivimos hoy, que es tan distinto del antiguo.
En el libro comentas varias maneras en las que cambió el fútbol y las razones tras ello, pero también enfatizas que esta aparición del ‘postfútbol’ no fue de golpe, sino que siempre fue más bien sigilosa y avanzó por etapas “como avanzan los cambios profundos cuando todavía no tienen nombre”. ¿Cuáles fueron esas etapas que tú pudiste ir detectando?
Me acuerdo exactamente una anécdota. Ya se había publicado ‘Niños Futbolistas’ y yo estaba en un café en Barcelona, porque el libro primero se lanzó allá. El tema es que justo había unos niños en el local y estaban hablando de la contratación que había hecho el Barcelona FC por Neymar en esa época y uno le dice al otro, “oye, hostia, pagamos no sé cuántos millones por Neymar”. Y el otro niño le responde, con el papá al lado, “ojalá podamos recuperar esa inversión”. Nunca se me olvidó esa frase, porque para que un niño se preocupara de eso en vez de decir “ojalá pueda hacer miles de goles. Ojalá nos saque campeón de todo”, algo grande había cambiado. Ese germen que vi ahí se ha potenciado por mil. Hoy el fútbol es una variable económica importante.
También está todo el tema de la tecnología. Muy poca gente va al estadio sin teléfonos. Y esa es la que lo pasa peor en todos los tiempos muertos, de revisar el VAR y todo eso, porque son momentos muy aburridos. La televisión se ve más entretenida porque repiten imágenes, pero el tipo que está ahí en el espectáculo en vivo está destruido por ese otro tipo que lo mira a distancia. Junto a ello, vinieron las apuestas online en los últimos años y con ellos también los cambios en la moda. Antiguamente habían dos camisetas por temporada, igual como en las tiendas había dos dos temporadas, que era primavera-verano y otoño-iinvierno. Ahora ya existen más de seis camisetas por temporada. Y además que nos han obligado como hincha a que siempre tenemos que tener la última. Entonces, yo me compro la última camiseta sabiendo que pronto saldrá otra nueva. Entonces en el libro se abordan los cambios no sólo en el deporte en sí mismo, sino también en lo que lo rodea.
¿Te parece que en ‘Postfútbol’, como ensayo y ejercicio de escritura, predomina más un componente nostálgico o tiene más bien un rol de evidenciar la época en la que estamos viviendo? En el sentido de que puede que en realidad esta situación se ha normalizado a un punto donde ya ni siquiera hay espacio para la nostalgia y se da por sentado esto de que pareciera que el fútbol siempre fue así, como se vive en la actualidad
Claro, ese es el peor final que puede tener esta historia, ¿no? Que alguien diga que el fútbol siempre fue así, y no, no lo fue.
Yo creo que estoy escribiendo sobre una actividad que está en desaparición. Pero por otro lado, no es un un texto que sea “anti” lo que está ahora, porque lo que está ahora tiene mucha adrenalina, tiene mucha tensión, tiene muchos cambios. Yo soy profesor universitario y he visto alumnos míos que le aciertan a un resultado rarísimo en una apuesta y tú ves cómo les cambia la vida y ellos me dicen, "Profesor, usted no sabe lo que significa apostarle a tu equipo y que encima ganes dinero”. O sea, negocio redondo. Después de eso ya no se puede volver.
Entonces, es un deporte nuevo y distinto, que tiene muchos componentes que son muy adictivos. Lo que pasa es que el juego ya importa cada vez menos, por no decir que francamente ya no importa nada. Pero todos los otros componentes son muy entretenidos porque están hechos siempre para un estímulo instantáneo, para que sea una recompensa rápida al usuario, que sea muy muy acelerado.
Por eso yo digo el mundial que viene ahora es el “mundial 100% postfútbol”. Y si tú no entiendes entiende el postfútbol, no va a entender este mundial. Si tú no sabes lo que significa postfútbol, te parecerá rarísimo.
¿En qué aspectos se verá reflejado?
No vas a entender que cuando haya unos cortes en la mitad del partido, que en teoría son para tomar agua, también serán claves para pasar publicidad, que era el requisito que históricamente los gringos habían pedido para que ingresara el futbol a Estados Unidos. Por ejemplo, en los entretiempos de los partidos en Argentina ya no entran los niños de las divisiones inferiores a jugar un rato y a sentir el ambiente, ahora ingresan clientes de tarjetas de crédito a tirarle penales a un arquero retirado como parte de la experiencia asociada al consumo.
Si tú no lo entiendes que es parte del mismo engranaje te lo vas a perder, lo vas a ver como una acción más de marketing y no es eso, es un nuevo deporte que engloba todo eso. Y donde el juego es cada vez más parecido a los equipos. Cada vez hay menos espacio para los distintos. Cada vez tenemos más directores técnicos que los único que hablan es de métricas y datos.
Revisando tu carrera, que formalmente comienza con ‘Una granada para River Plate’, justamente un texto de lo que sucede alrededor de un partido de fútbol ocurrido hace 30 años en la semifinal de la Copa Libertadores 1996 entre la Universidad de Chile y ese club argentino, ¿cómo crees que hubiese cubierto ese Juan Pablo Meneses los incidentes que sucedieron el año pasado en el partido entre el mismo equipo chileno e Independiente de Avellaneda? ¿Crees que se podría haber escrito un texto similar?
Mira, cuando pasó lo de Independiente y me empezaron a llamar, me pedían entrevistas y cosas así, lo primero que pensé, desde el lado más horrorosamente egoísta del cronista, fue algo como “pucha, qué bueno que una crónica después de 30 años siga estando presente y que la gente lo recuerde todo”.
Dicho eso, sirve también para la posteridad, porque eso es lo que quiere el cronista. La diferencia del periodista al cronista es que el periodista quiere dar el golpe que se termina al otro día y el cronista que su texto dure casi para siempre. Entonces, en ese sentido me ponía contento, pero también servía para ver los cambios. Y alguna gente lo hizo, ¿no? Eh, aprovechó ese testimonio histórico ahí en sitio para comparar con lo que sucedió ahora.
En lo que respecta a los incidentes, hubo algunos cambios respecto de lo que pasó en 1996. Precisamente, yo te diría que este tipo de zonas liberadas son más de ahora que de antes. Son más de postfútbol que de fútbol. ¿Por qué? Porque lo que ocurrió 30 años atrás, en la época del fútbol, fue que primero hubo un pitazo final y luego la policía nos barrió a palos.
Acá veo que sucede algo totalmente distinto, que me parece postfútbol, porque la policía desaparece, o más bien nunca estuvo. ¿Por qué la policía desaparece? Porque hace 30 años en los estadios estaban todavía los locales y los visitantes, había más conflictos dentro de los estadios. Pero ahora se transformaron derechamente en parte del negocio, junto con los barras que también lo son.
En Argentina los barras son dueños de los locales de comida del estadio, de los kioscos aledaños, algunos tienen porcentajes de jugadores, entonces por eso exigen que los pongan, porque si venden ese jugador se llevan una parte, y tienen casi el dominio completo de la seguridad dentro de los estadios. Por ello, la policía no entra.
Entonces, si me hubiera tocado ahora, en las circunstancias actuales, habría sido un suplicio porque diría “que estoy haciendo acá”. Pero claro, si me preguntas por el cronista de ese tiempo, de quien era yo en esa época y estaba dispuesto a todo por seguir a mi equipo, por supuesto que habría ido. Porque, de hecho, el objetivo inicial de ‘Una granada para River Plate’ es que yo quería seguir a la U. Yo quería ir a ese partido pero no tenía un peso, no tenía nada y entonces se me ocurrió ofrecer esto para poder ir a ver al partido.
Y luego pasó que a la vuelta de eso, lo que vivimos fue tan increíble que yo dije “yo me quiero dedicar a esto, me quiero dedicar a viajar y escribir historias”. Pero ahora yo creo que habría funcionado igual y que me habría metido ahí, pero habría visto alguna diferencia, digamos, de épocas.
A mí me parece que acá el tema de las barras bravas no se ha abordado cómo se debería, desde esos años hasta ahora. En esa época se conocía quién era los líderes de las barras, uno podía estar a favor o en contra, pero se sabían los nombres. De hecho yo hice un organigrama de Los de Abajo y de la Garra Blanca en la revista El Gráfico, lo que me significó que me amenazaran de muerte desde la barra colocolina durante harto tiempo y de hecho en el libro ahora yo hablo de esa amenaza y digo, ojalá que en este libro no reflote y que ya haya expirado. Pero ahora no sabemos nada, no sabemos quiénes son los dueños de los clubes, no sabemos quiénes son los líderes de la barra. No sabemos prácticamente nada.
A propósito de esa experiencia en el Estadio Monumental de River Plate, ese recinto hoy parece ser precisamente un laboratorio de ‘postfútbol’ en Argentina, con pantallas LED, asientos VIP y otro tipo de servicios muy del fútbol actual, lo que incluso ha sido criticado por los propios socios de River. Tú que conoces bien la realidad de Argentina y su fútbol, ¿qué te parecen estas modificaciones y el hecho de que desde el gobierno de Javier Milei se intente imponer el tema de las Sociedades Anónimas Deportivas en desmedro de los clubes como asociaciones civiles?
En primer lugar, que ese estadio tiene dentro un restaurante buenísimo. Mira, es algo que está abordado en el libro y es el tema del estadio. Nos han hecho creer, y es cierto, que el estadio hoy es parte del postfútbol. Sin embargo, hace pocos meses se jugó la Supercopa entre Flamengo y el Paris Saint Germain, que termina siendo un gran clásico mundial, podríamos decirlo, de equipos sin estadio. Uno juega en en el Parque de los Príncipes y otro juega en el en el Maracaná, ambos estadios no son de ellos. Pero los dos equipos llegaron a la final.
Entonces el estadio termina siendo importante, pero no por el fútbol. O sea, tanto el estadio de River, como ahora acá el Claro Arena de la Universidad Católica, básicamente son salas de concierto. Tienen muchos más ingresos por cosas que no están relacionadas con el juego. El Claro Arena lo hicieron para que venga Shakira y Taylor Swift, para que ese tipo de figuras brillen ahí. No para que el equipo haga cuatro goles, eso háganlo el domingo en la tarde, el fin de la semana.
No son proyectos del fútbol clásico, son proyectos del postfútbol donde el estadio es realmente una fábrica de dinero que usa el nombre del fútbol, pero en realidad se usa para otra para otras cosas. Entonces cuando se dice, por ejemplo, que la U no tiene un estadio yo planteo dos cosas: primero, que si la U hace un estadio, yo no voy a ir nunca porque no va a ser un estadio de la U, va a ser un estadio de Azul Azul, pero además porque no tiene nada que ver con el partido que ahí se va a jugar.
Pasa también en Colo-Colo. Se dice que quieren rehacer su estadio y están viendo el estado de los camarines y todo eso, pero en realidad la maquinaria tiene que ver en cuántos eventos se pueden hacer a la semana y eso termina afectando al fútbol. El mejor ejemplo es que San Carlos tiene la cancha con pasto sintético para que pueda ser realmente una sala de conciertos sin complejidades, entonces eso termina primando. Católica juega en una sala de conciertos.
En cuanto a la llegada de las SAD a Argentina, yo parto diciendo todo el tiempo que mi experiencia con la sociedad anónima es que el equipo de fútbol del que yo era hincha, porque muchas veces hablo en pasado de ese nexo, no sé quiénes son sus dueños. No sé quiénes lo manejan. Si eso parece normal y encima aparecen cosas relacionadas con una cosa delictiva y todo eso. Pero acá me quiero detener un poco porque al igual que las apuestas, al igual que las cámaras de vigilancia, al igual que muchas cosas del postfútbol, no partieron en el fútbol.
Las sociedades anónimas no partieron por el fútbol. Entonces, no le podemos exigir al fútbol que solucione el tema de las SAD. Los déficit que pueden generar. Las apuestas no partieron en el fútbol. Entonces, no podemos obligar al fútbol que solucione el tema de la apuestas y lo que sucede a nivel juvenil. El fútbol lo que hace es agarrar todas estas cosas para sacarle su provecho y y rentabilizar y sacar un poco más un poco más de negocio.
Nunca he creído en el tema de la sociedad anónima, pero tampoco veo factible volver al modelo antiguo, donde estaba un tipo que era una especie de renacido que estaba a cargo del equipo y que si las cosas iban bien se robaban los fondos y si estaba muy mal ponía plata de su bolsillo, que después la cobraba más caro. Tampoco creo en ese modelo.
Como te decía al comienzo, a mí me gusta abrir temas más que cerrarlos. Yo creo que el cronista tiene que poner más sobre la mesa más que bajar una línea. Entonces, yo con este libro no estoy diciendo “esto es lo que hay que hacer”, sino más bien, “pongamos ojo acá”. A mí me gusta mucho el fútbol y consumirlo, pero también me gusta a partir de eso tratar de explicarnos nuestras vidas, ¿no? Como dice el refrán, “explícamelo con fútbol y así lo entiendo”.
¿Cuáles son algunos elementos del postfútbol que te parecen atractivos y cuáles te disgustan?
Para alguien con déficit atencional tan marcado como el que yo he tenido toda mi vida, el postfútbol es maravilloso, porque siempre pasa algo. De hecho, uno de los partidos más entretenidos y que tuvo mayor sintonía el año pasado fue el de los incidentes con Independiente, porque se transformó en espectáculo. Yo en ese momento estaba con el teléfono, con la televisión y con una radio, todo al mismo tiempo. Estaba tratando de seguir todo, no lo podía creer. Ese hiperestímulo constante me parece que es muy adictivo. No sé si sea bueno o malo, pero es muy adictivo.
Lo que no me gusta es que se perdió el hecho de que el fútbol es un deporte colectivo, mientras que el postfútbol es un deporte individual. O sea, que un jugador haga dos goles en un partido y ya se olvidó del resto porque está negociando para ese otro lado, junto con la rotación de los equipos, que cambian cada seis meses y uno no se alcanza a aprender los nombres de ningún plantel.







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