Estamos donde tú estás. Síguenos en:

Facebook Youtube Twitter Spotify Instagram

Acceso suscriptores

Viernes, 5 de Junio de 2026
Política internacional

Iván Cepeda, el político colombiano que puso a un ex presidente en el banquillo y ahora quiere llegar a la presidencia

Interferencia

Iván Cepeda perdió a su padre —senador de izquierda— en un asesinato político en 1994. Tres décadas después, logró que el expresidente Álvaro Uribe fuera condenado por manipulación de testigos y hoy disputa la segunda vuelta presidencial en Colombia con más de 9 millones de votos.

El 9 de agosto de 1994, Iván Cepeda iba en un bus hacia la Universidad Javeriana cuando se topó con ambulancias, patrullas y gente rodeando un automóvil acribillado. Era el de su padre, Manuel Cepeda Vargas, senador de la Unión Patriótica recién asesinado. Según relata La Silla Vacía, Iván no se quebró: sacó el artículo que su papá había escrito para Voz, cruzó a avisar a la familia y luego habló con la prensa. Contenido, pidió justicia. Años después diría: "cuando asesinaron a mi padre, yo ya sabía cómo debía actuar, qué debía decir". Ese instante definió su vida pública.

Cepeda nació el 24 de octubre de 1962 en Bogotá, en una familia donde la política era el aire que se respiraba. Sus padres, Manuel y Yira Castro, eran periodistas y militantes comunistas. Según Las2Orillas, la infancia de Iván transcurrió entre la clandestinidad, el exilio en Cuba y Checoslovaquia, y el ambiente intelectual que su padre construyó en casa: libros en varios idiomas, cerámica, poesía. Yira murió joven, cuando Iván tenía 17 años. Manuel quedó como centro de la vida familiar hasta que fue asesinado.

A los 13 años, Iván ya militaba en las Juventudes Comunistas. Su padre lo envió a estudiar filosofía en Sofía, Bulgaria, donde convivió con los privilegios de la burocracia del partido comunista bajo la Cortina de Hierro. Volvió en 1987 desencantado del marxismo soviético, más cercano a Foucault y Gramsci que a la ortodoxia, y comenzó a enseñar filosofía en la Javeriana. Quienes lo conocieron entonces recuerdan a un hombre jovial, teórico más que militante, con un seco sentido del humor.

La muerte de su padre lo transformó. Manuel Cepeda fue asesinado en el marco del exterminio casi total de la Unión Patriótica, el movimiento nacido de los diálogos de paz del gobierno Betancur. Como documenta La Silla Vacía, más de 5.700 militantes del partido fueron asesinados en una década, incluyendo dos candidatos presidenciales y cinco congresistas en ejercicio. Un genocidio político cometido uno a uno, a la vista de todos.

Iván respondió convirtiendo su duelo en causa pública. Creó la Fundación Manuel Cepeda, montó galerías de la memoria con objetos de víctimas, acompañó a huérfanos del conflicto y se obsesionó con esclarecer el crimen de su padre. Ese trabajo rindió frutos: el Consejo de Estado declaró responsable al Estado colombiano, la Corte Interamericana lo condenó y la Fiscalía calificó el crimen de lesa humanidad.

El adversario que terminaría de proyectarlo llegó después: Álvaro Uribe. El ex presidente se resistió a reconocer el asesinato de Manuel como un crimen de Estado y siguió vinculándolo públicamente con las FARC. Para Cepeda, esa negativa confirmó que el poder seguía negando la verdad de las víctimas. Ahí comenzó una confrontación que marcaría toda su vida pública.

En 2004, cuando los jefes paramilitares Mancuso, Báez e Isaza visitaron el Congreso para defender la Ley de Alternatividad Penal, Cepeda estaba en las barras con una foto de su padre. Ver a congresistas hacerle fila a los paramilitares fue el detonante: seis meses después creó el Movimiento de Víctimas de Crímenes de Estado (Movice), desde donde convirtió la búsqueda de verdad sobre los nexos entre Estado y paramilitarismo en el eje de su vida pública.

Llegó al Congreso en 2010, con una escoba y un balde como puesta en escena simbólica. Pasó cuatro períodos entre la Cámara y el Senado. Su capital político, anota La Silla Vacía, no proviene de construir mayorías ni de sacar reformas adelante, sino de sostener una agenda moral durante años: documentar responsabilidades del Estado, incomodar al poder militar y convertir a las víctimas en actores políticos.

Su batalla con Uribe pasó del terreno moral al judicial. En 2014 citó al ex presidente a debate desde el Congreso, lo que desencadenó un proceso por manipulación de testigos. En octubre de 2025, una jueza lo declaró culpable en primera instancia y lo condenó a doce años de prisión, aunque la condena fue revocada en segunda instancia un mes después. De todas formas, el hito de haber sentado a Uribe en el banquillo lo catapultó como heredero posible de Gustavo Petro. Como señala Las2Orillas, fue ese triunfo judicial el impulso que lo llevó a anunciar su candidatura presidencial en agosto de 2025, en Pasto.

El hilo conductor de su trayectoria, según La Silla Vacía, no es la justicia entendida como cárcel, sino la verdad: el reconocimiento de los crímenes del Estado, la reparación simbólica de las víctimas y la idea de que Colombia solo podrá ser una democracia real cuando el establecimiento confiese las responsabilidades sobre las que construyó buena parte de su poder. Esa convicción es el segundo punto de su programa presidencial: "la verdad como fuerza de transformación".

Cepeda fue también uno de los arquitectos conceptuales de la paz total de Petro, aunque esa política terminó con resultados decepcionantes. La Silla Vacía señala que su punto ciego fue subestimar la lógica criminal de los grupos con quienes se quería negociar, desconfiando de las cifras del Ejército y privilegiando las versiones de las comunidades. Una desconfianza comprensible en alguien marcado por un crimen de Estado, pero que terminó afectando el diseño institucional de la política.

A diferencia de Petro, Cepeda es descrito por quienes lo conocen como un político de convicciones más que de impulsos: más sobrio, más estructurado, más predecible. Quienes trabajaron con él destacan su estoicismo y una extraña mezcla de fragilidad física y fortaleza espiritual. Recién salido de un segundo cáncer, asistía a debates y convocaba reuniones para hablar de paz. También se diferencia en el uso de la palabra: mientras Petro gobierna hablando, Cepeda muchas veces influye callando, dejando que otros asuman el costo de las posiciones más polémicas.

Para su fórmula vicepresidencial escogió a Aida Quilcué, mayora del pueblo nasa y reconocida defensora de los derechos de los pueblos indígenas, quien como él perdió a un familiar en el conflicto armado. Según Las2Orillas, la elección no fue un gesto simbólico: refuerza el mensaje de que el cambio iniciado por Petro debe profundizarse y que los pueblos históricamente excluidos deben ocupar el centro del poder.

El 31 de mayo de 2026, Cepeda obtuvo más de 9,6 millones de votos en primera vuelta, quedando segundo detrás de Abelardo de la Espriella. Ahora enfrenta la segunda vuelta del 21 de junio con el desafío de conquistar el centro político.

En este artículo



Los Más

Ya que estás aquí, te queremos invitar a ser parte de Interferencia. Suscríbete. Gracias a lectores como tú, financiamos un periodismo libre e independiente. Te quedan artículos gratuitos este mes.

En este artículo



Los Más

Comentarios

Comentarios

Añadir nuevo comentario