Estamos donde tú estás. Síguenos en:

Facebook Youtube Twitter Spotify Instagram

Acceso suscriptores

Jueves, 20 de Agosto de 2026
[Revisión del VAR]

Todos fuimos generales

Roberto Rabi González (*)

Hay una etapa de la vida en que los exfutbolistas, exentrenadores y exdirigentes empiezan a mirar el fútbol desde el recuerdo. Con los años, cada uno va construyendo su propia versión de lo que ocurrió, rescatando partidos, decisiones, aciertos y, también, algunas cuentas pendientes. El pasado tiene esa particularidad: siempre permite volver sobre lo que pasó y contarlo de nuevo; aparecen entonces muchas versiones sobre hechos, eventos, triunfos y derrotas. Y sobre los méritos.

El dirigente que alguna vez fue importante empieza a recordar que él consiguió al entrenador, él armó el equipo, él tomó las decisiones fundamentales. El futbolista recuerda que sin él su generación nada habría logrado. El técnico, naturalmente, también tiene su propia versión, generalmente lejos del autobombo. Y así, con el paso de los años, cada protagonista va construyendo una historia en la que los demás tienden a aparecer como actores secundarios.

Hasta que ocurre lo esperable: todos terminan siendo generales.

El round entre Peter Dragicevic y Lana Jozic es un ejemplo perfecto. Dragicevic acaba de relativizar la condición de ídolo del entrenador que dirigió a Colo Colo en la conquista de la Copa Libertadores de 1991. No solamente dijo que Jozic no es un ídolo para él. Lo definió como “un trabajador” al que Colo Colo entregó “todas las herramientas y toda la estructura” para conseguir aquello que consiguió. Destacando, por supuesto, que fue él quien lo contrató y puso dichos insumos a disposición del croata.

Es una manera bastante particular de mirar la historia: el hombre que dirigió al equipo que ganó la Libertadores pasa a ser, en esa versión, simplemente un empleado que tuvo la suerte de disponer de las herramientas que otros pusieron a su alcance.

La reacción de la hija de Jozic fue todavía más reveladora. Lana sostuvo que hay personas que, con el paso de los años, confunden “tener memoria con tener el derecho de reescribir la historia” y acusó a Dragicevic de relatar el pasado desde el “yo, yo, yo”. Después recordó algo que resulta bastante difícil de discutir: Mirko Jozic dejó a Colo Colo campeón de América y la Copa Libertadores de 1991 continúa en las vitrinas del club. 

Ahí está, quizás, el verdadero asunto.

No se trata de decidir quién tiene razón en una pelea de viejos protagonistas. Tampoco de negar el papel que tuvo Dragicevic en aquel Colo Colo. Un equipo que gana la Libertadores no lo hace solamente gracias a su entrenador. Hay dirigentes, jugadores, funcionarios, hinchas, médicos, preparadores físicos, ayudantes y muchas decisiones que se acumulan hasta convertir una temporada en una página de la historia.

Pero precisamente por eso resulta tan extraño que, con el paso del tiempo, algunos protagonistas necesiten achicar el mérito de los demás para agrandar el propio. Porque la historia del fútbol tiene una particularidad: es colectiva mientras ocurre y parece individual cuando se recuerda. Y quizás eso tenga que ver con la edad.

Los jugadores que fueron estrellas comienzan a hablar de su época como si hubieran sido responsables de todo lo bueno que sucedió en ella. Los dirigentes que ocuparon cargos importantes terminan hablando de los clubes como si todavía fueran propietarios de una parte de su historia. Los entrenadores recuerdan equipos enteros como extensiones de sus propias ideas. Y los que estuvieron cerca de un gran acontecimiento descubren, décadas después, que también fueron protagonistas de cada una de sus escenas.

Es una enfermedad bastante extendida en el fútbol. Lo desafío a encontrar un protagonista del fútbol de hace 30, 40 o 50 años atrás que comparta sus memorias desde una posición de  humildad. En realidad, si un ídolo es tal, no debería necesitar su propio amplificador para forjar tal imagen. Es cierto, a veces la memoria es muy frágil y son muchos los injustamente olvidados. Pero el difundir los logros propios para luchar contra dicha falencia de la memoria es -mínimo- poco elegante.

El problema es que los hechos son más porfiados que los recuerdos. Jozic puede gustarle más o menos a Dragicevic. Puede ser considerado ídolo por unos y simplemente un entrenador exitoso por otros. Todo eso pertenece al territorio legítimo de las opiniones. Pero hay una diferencia entre discutir una opinión y aprovechar el debate para construir el recuerdo colectivo sobre el mérito propio.

Jozic dirigió al Colo Colo campeón de América. Ganó la Libertadores. Ganó después la Recopa y la Copa Interamericana. Su nombre quedó asociado para siempre al período más importante de la historia internacional del club. Eso no lo convierte necesariamente en “el más importante” de aquella historia. Pero sí hace bastante difícil convertirlo retrospectivamente en un trabajador cualquiera. 

En el fútbol, a medida que pasa el tiempo, todos los viejos fuimos generales. Todos tuvimos la idea correcta. Todos vimos venir al rival. Todos recomendamos al jugador. Todos fuimos decisivos. Todos estuvimos en el lugar exacto cuando había que estar.

Olvidamos que los jóvenes disponen hoy de todo lo necesario para desnudar nuestro ego.

En este artículo



Los Más

Ya que estás aquí, te queremos invitar a ser parte de Interferencia. Suscríbete. Gracias a lectores como tú, financiamos un periodismo libre e independiente. Te quedan artículos gratuitos este mes.

En este artículo



Los Más

Comentarios

Comentarios

Añadir nuevo comentario