A seis meses de instalado, el Gobierno de José Antonio Kast enfrenta un escenario económico que se le escapa de las manos: la inflación volvió a acelerar, el desempleo llegó a su nivel más alto en años, la actividad se contrajo en julio y el Banco Central acaba de recortar a la mitad sus proyecciones de crecimiento para este año. El resultado es un deterioro que se siente directamente en el bolsillo de los hogares y que ya se tradujo en la peor evaluación presidencial desde marzo.
El Instituto Nacional de Estadísticas informó este martes que el IPC de agosto cerró en 4,1% a doce meses, seis décimas más que en julio, mientras la variación mensual subió a 0,6%. La aceleración no fue pareja: nueve de las trece divisiones de la canasta aportaron alzas, con alimentos y transporte a la cabeza. Ahí está la parte que más duele. La carne de vacuno subió 3,9% en el mes y acumula 7,3% en el año, mientras las papas se dispararon 17,8% mensual y ya suman 49,2% de alza en 2026. En transporte, el peso mayor lo puso el transporte aéreo, con un alza mensual de 24,6% y un 32,6% en los pasajes internacionales. Son las cifras detrás de los "bencinazos" de marzo y de septiembre —justo antes de Fiestas Patrias— que la oposición viene denunciando hace meses como un costo político y social que el propio Ejecutivo se buscó.
El otro frente es el empleo, y ahí el deterioro es más profundo. La tasa de desocupación nacional subió a 9,5% en el trimestre móvil mayo-julio, un alza de 0,8 puntos en doce meses, explicada por una fuerza de trabajo que crece más rápido de lo que la economía es capaz de absorber. El propio Kast ha tenido que reconocerlo: admitió que el desempleo sigue siendo una de las materias pendientes de su gobierno, con cerca de un millón de personas sin trabajo, y anunció un plan de "modo empleo" con recursos públicos canalizados a través de privados para los próximos seis meses. Al mismo tiempo, responsabilizó a las administraciones anteriores por el escenario que recibió, apuntando a la baja inversión de 2023-2025 y al uso de fondos de estabilización y recursos del litio.
La actividad tampoco ayuda. El Imacec de julio cayó 1,5% respecto a igual mes del año anterior, y la serie desestacionalizada retrocedió 1,7% frente a junio, un resultado que el propio Banco Central atribuyó principalmente a la minería, afectada además por condiciones climáticas. La corrección de expectativas fue drástica: en su Informe de Política Monetaria de esta semana, el instituto emisor recortó su proyección de crecimiento para 2026 a un rango de entre 0,25% y 0,75%, muy por debajo del 1,0%-1,75% que manejaba en junio, y lejos del 1,8% que el propio Gobierno se había puesto como meta.
Con ese telón de fondo, el Consejo del Banco Central decidió este martes mantener la tasa de política monetaria en 4,5%, de forma unánime, buscando equilibrar los riesgos del escenario internacional con la debilidad de la economía interna. La cautela tiene sentido —la escalada del conflicto en Medio Oriente ha llevado el precio del petróleo cerca de los 100 dólares el barril— pero para las familias significa lo mismo de siempre: los créditos de consumo, las hipotecas y las tarjetas seguirán caros por un tiempo más, justo cuando más se necesitaría alivio.
El costo político de este cuadro ya es visible. La última encuesta Cadem registró una caída de cuatro puntos en la aprobación presidencial, hasta 34%, con la desaprobación en 61%, el peor resultado de Kast desde que asumió, en un sondeo que la propia consultora tituló señalando que el mal desempeño económico golpea la imagen del Gobierno. En el Congreso, la oposición no ha bajado el tono: la diputada Constanza Schönhaut resumió el diagnóstico señalando que hoy conviven precios al alza, desempleo al alza y una economía a la baja, mientras la bancada PPD-Independiente calificó de fracaso el balance económico y laboral del autodenominado "gobierno de emergencia" a seis meses de asumido.
Para el ciudadano común, la suma de estos indicadores no es abstracta: es la papa y la carne más caras en la feria, el litro de bencina que sube antes de cada Dieciocho, el crédito de consumo que no baja, y un mercado laboral donde conseguir o mantener un trabajo formal es cada vez más difícil. El Gobierno que llegó prometiendo un golpe de timón económico se encuentra hoy administrando, con cifras cada vez más adversas, la misma pregunta que le hacía a la administración anterior.





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